Tres puntos por victoria: ¿Un experimento útil?


Ganar un partido da tres puntos. Actualmente se toma como dado. Pero no siempre fue así. De hecho, durante buena parte del Siglo XX el fútbol en todo el mundo otorgaba dos puntos por victoria. Pero todo comenzó a cambiar cuando al iniciar la temporada inglesa de 1981 – 82 se decidió otorgar al vencedor tres puntos en lugar de dos.

La racionalidad de tal medida era que un punto adicional por victoria llevaría a los equipos a tomar una actitud más ofensiva, lo cual generaría a su vez mayores asistencias. Y es que a principios de los años ochenta, si bien el fútbol inglés dominaba Europa, las perspectivas no eran las mejores. Bert Millichip, recién llegado a la Federación Inglesa (FA), planteó desde su primer discurso dos problemáticas que no lo dejaban dormir: (i) el fenómeno del hooliganismo y (ii) lo obsoleto que eran los estadios ingleses. Sobre el punto primero, reconoció que no sabía que hacer. Las tragedias relacionadas con el fenómeno que recorrieron Inglaterra y Europa a lo largo de los ochenta le darían la razón al dirigente inglés. Sobre el segundo tema le preocupaba sobremanera lo oneroso que resultada renovar los viejos estadios ingleses. Los costos, afirmó, lo hacían prohibitivo.

El público, quizás consciente de la importancia de los dos puntos que cito Millichip, había dejado de asistir a los estadios. La liga inglesa tocó fondo en la temporada 1980-81 al registrarse los peores promedios de asistencia de público desde la Segunda Guerra Mundial.

Jack Dunnet, también nuevo en la presidencia de la Liga Inglesa, coincidió parcialmente con Millichip. Los estadios viejos, dijo, efectivamente frenan la llegada de aficionados, pero sólo de aquellos ocasionales. Un equipo con estadio bello y hermoso no lograría llenarlo si sus resultados deportivos son desastrosos. Los dos, Dunner y Millichip, coincidieron en lo básico: El hincha no acudía al estadio porque el espectáculo que se ofrecía era pobre: más allá del resultado, poco importaba.

Con esta premisa decidieron realizar, como lo calificó Dunnet, un “experimento”. El objetivo era comprobar si al otorgarse un punto adicional por victoria se lograría dar mayor entretenimiento al fútbol inglés. Lo más interesante del experimento inglés es que nunca se hizo una evaluación ex-post (al menos pública) para ver si había logrado su efecto primario: más goles como indicador de mayor entretenimiento. Y lo realmente curioso es que aún sin esa evaluación, eventualmente el resto del mundo la copió.

En la liga inglesa, entre 1950 y 1960 se marcaron 3,42 goles por partido. Fueron 3,14 entre 1960 y 1970 y 2,5 entre 1970 y 1981. El descenso de goles era evidente. El impacto positivo no es particularmente evidente. Entre 1981 y 1992 se marcaron en promedio 2,6 goles por partido. Fueron 2,59 goles por partido entre 1992 y 2000 y 2,64 entre 2000 y 2005.

A pesar de que el resultado era, cuando menos cuestionable, la FIFA anunció en 1993 que a partir del Mundial de Estados Unidos 1994 se premiaría la victoria con 3 puntos. Adicionalmente, el 11 de noviembre de 1994, FIFA emitió una directiva ordenando tres puntos por victoria en todas las ligas. El Calcio italiano introdujo la medida en 1994-95, Colombia en 1995 y la Liga Española, así como la Alemana y la Portuguesa en 1995-1996. En Italia si pareció funcionar. Se pasó de 2,45 goles por partido en el período 1990 a 1994, a 2,61 goles en el período 1994 – 2000. En España también aumentó la cifra de goles por partido. Fueron 2,44 goles por partido entre 1990 y 1995. Entre 1995 y 2005 se marcaron 2,67 goles por partido.

Estas, sin embargo, son cifras descriptivas. Es difícil llegar a una conclusión clara sobre los efectos negativos o no del cambio de norma. Hay sin embargo algunos estudios que han realizado el ejercicio estadístico de manera formal. En 2009, Diger y Geyer publicaron en el Journal of Sports Economics un documento sobre los efectos de la medida en la Bundesliga. Utilizan datos del período comprendido entre 1985-86 y 2004-05 de la Liga y la Copa. La idea de utilizar datos de Copa es que asumen que la única diferencia en el tiempo entre ambos torneos es la regla de tres puntos pues, al ser la Copa un sistema de eliminación directa, esa regla no es relevante. Encuentran como resultado más interesante que el número de empates a cero en Liga cayó de 8,17% a 6,93%, mientras que en la Copa hubo una caída, pero no fue diferente en sentido estadístico. Esto, combinado con una caída registrada en los empates a cero en Liga sugieren que la medida de tres puntos si funcionó en Alemania. Los resultados los corroboran con técnicas estadísticas de diferencia en diferencias. Es decir, la medida habría funcionado en Alemania. Sin embargo, en 2014, Hon y Parinduri publicaron en la misma revista un ejercicio donde evalúan si la medida llevó a un incrementó en el número de goles en Alemania. Los resultados son negativos. Lo más que encuentran es que la regla de los tres puntos aumentó el número de goles marcados por equipos que iban perdiendo el partido en el primero tiempo.

En 2014, en su libro Beatiful Game Theory, Palacios-Huerta hizo un ejercicio similar para la Liga Española. Encuentra que efectivamente cayó el número de empates y que la iniciativa de ataque aumentó en España. Es decir, hubo más tiros al arco y más tiros de esquina. Pero, como efecto no deseado, el número de falta aumentó. El efecto neto es que el número de goles no aumentó.

En resumen, los ingleses cambiaron, y el mundo los siguió. Pero no hay evidencia concluyente de que la medida haya logrado los efectos deseados. En cualquier caso, tampoco hay evidencia que indique que la medida haya perjudicado el espectáculo. Así que por ahora la victoria seguirá valiendo tres puntos. Cabe preguntarse ¿Habría efectos sobre el número de goles por partido si ganar un partido supusiese cuatro puntos en lugar de tres?

El patrimonio de un club siempre juega … al principio.


Las grandes figuras se fichan por cifras escandalosas. Falcao, Ángel Di María, Neymar, Luis Suárez, James Rodríguez son traspasados de un equipo a otro por millones y millones de euros. Los entrenadores los reciben, pero no siempre con los brazos abiertos. Si a Di María o a Falcao parece que Van Gaal los recibe con una gran sonrisa en el Manchester United no pasa lo mismo con otros cracks traspasados recientemente. Neymar, que ya lleva un año en el Barça, ha salido tres veces consecutivas desde el banco. Luis Enrique evita cualquier piropo aún cuando marque 2 goles en los escasos 25 minutos que juega. James sufre con las comparaciones. No se ubica en el terreno de juego y su entrenador, Ancelotti, tampoco ayuda mucho. El público y la prensa comienza a mirarlo con lupa. Pero Neymar y James jugarán por un buen tiempo más de manera asidua. El club espera, debe esperar. Sin necesidad de ser explícitos, Luis Enrique en el Barça o Ancelotti en el Madrid entienden que sus jefes exigen que 80 millones (o más) de euros no se pueden quedar sentados en el banquillo.

Quizás, más adelante, llegue el momento en que el jugador no rinda y el entrenador decida jugársela toda con la suya. Pero para sentar al crack de los millones y millones de euros tiene que pasar tiempo. Así que por ahora, James, en la picota pública hoy por hoy, tiene tiempo. El entrenador, recordemos, siempre es el eslabón más débil. Así lo hizo explícito Ramón Mendoza, el presidente del Madrid de los ochenta.

Ese maravilloso Madrid de finales de los ochenta nunca pudo lograr lo que con tanto anhelo buscó: la Copa de Europa. Tenía un gran equipo, temido en España y en Europa. Era el Madrid de la Quinta del Buitre. El Buitre (ver vídeo), para aquellos jóvenes que sólo lo conocen como directivo del Madrid actual, era un jugador elegante, fino, de poco peso, pero muy rápido en el arranque y  hábil en el regate. Era el ídolo máximo del Real Madrid que, como siempre, estaba plagado de estrellas.

En las semifinales de la Copa de Europa de 1988, el Madrid no pudo derrotar al PSV Eindhoven. Era el holandés un equipo que se había armado para Campeón de Europa con el dinero recibido por la millonaria venta de Ruud Gullit al Milan italiano. Ese partido, esa eliminación dolió, mucho en las huestes blancas.

Pero como dijo alguna vez Kempes, el fútbol siempre te da revancha. Así que un año después el Madrid se encontró nuevamente en frente al PSV Eindhoven, entrenado entonces por Guus Hiddink. Esta vez el partido era en cuartos de final de la Copa de Europa.

Leo Beenhakker, el entrenador holandés del Real Madrid decidió sentar al Buitre, que por aquellos años aún brillaba más que nadie. Era el partido de vuelta y el Madrid partía con ventaja tras haber empatado a uno en tierras holandesas. Beenhakker, decidió poner de titular a Paco Llorente, jugador rápido cuya mejor referencia era ser sobrino de Paco Gento, la mítica Galerna del Cantábrico, único futbolista en ganar 6 títulos de la Copa de Europa.

El Madrid ganó 2-1, pero Butragueño decidió apretar a Beenhakker después del partido: Sabía desde por la mañana que no me iba a alinear. Me llamó para mantener una reunión a solas, y antes de que empezara a hablar yo ya sospeché de qué se trataba. Tardó 30 segundos en explicarme que iba a ser suplente“. Luego, ante la prensa, el entrenador justificó la decisión en que la velocidad del sobrino de Gento era clave para “tapar las subidas del lateral Gerets“. Butragueño respondió: “Yo creo que un delantero debe salir al campo a jugar al fútbol y no pensando en marcar a un lateral contrario“. Desde Barcelona, por supuesto, se atizaba el fuego. Cruyff declaró: Yo no hubiera dejado a Butragueño en el banquillo, porque creo que tiene que jugar siempre. El Madrid es Butragueño y 10 más“. El holandés respondió: “Si yo tuviese a Lineker en mi equipo, jugaría los 90 minutos

Lo mejor, lo que hizo historia, llegó unos días después. Ramón Mendoza, presidente blanco se reunió con Butragueño y luego con Beenhakker quien había llegado a pedir una sanción económica al jugador por quejarse de su suplencia. Contrario a lo que el holandés pensó, Ramón Mendoza fue muy claro.

- “¿Sabe usted lo que ha hecho?” preguntó el gran jefe.

- “Eliminamos al PSV y alcanzamos la semifinal de la Copa de Europa”, respondió orgulloso el entrenador.

- “Ha jugado usted con el patrimonio del club”, le recriminó Mendoza.

Al final, quizás lo mejor hubiese sido no pasar a semifinales. Ese Madrid, ya con Butragueño, más Gordillo, Martín Vázquez, Schuster, Michel, Hugo Sánchez y hasta el simpático Paco Llorente, sería vapuleado 5-0 por el Milan de Sacchi y los tres tulipanes: Rijkaard, Gullit y Van Basten.

Pero el patrimonio del club primó. Tiempo después, Beenhakker fue despedido del Madrid, siendo líder en la liga, porque jugaba feo. En Colombia hay nervios porque James no logra destaparse en el Madrid. Quizás por obvio no haya necesidad de recordarlo, pero James no llegó como Rincón o Congo al Madrid. James llegó como estrella por mucho dinero. Así que tiene tiempo. Neymar tuvo una primera temporada bastante opaca. Aún está por verse si triunfa de verdad en el Barça. Pero ahora parece consciente que tiene que trascender en el juego azulgrana para ganarse la confianza del entrenador, el equipo y de la afición. Ese ataque de personalidad es el que necesita James.

El Madrid y su afición son impacientes, no lo esperarán eternamente, pero es muy joven y sentarlo sistemáticamente es jugar con el patrimonio del equipo. Personalmente no creo que Ancelotti sea de los que juega con el patrimonio del equipo que le paga. Habrá que ver.

 

Millos, Boca … ¿para qué echar al entrenador?


Alfredo Davicce, presidente de River Plate entre 1989 y 1997 afirmó con cierto dejo de sabiduría en alguna ocasión que  “como presidente tengo la obligación de respaldar al entrenador hasta cinco minutos antes de echarlo”. Los entrenadores siempre deben estar con la maleta empacada. Ellos lo saben.

Howard Wilkinson, a la fecha el último entrenador inglés que logró campeonar en Inglaterra, afirmó, como si hubiese conocido a Davicce, que “hay dos tipos de entrenadores: los que acaban de ser despedidos y los que están a punto de serlo” . Ellos, como dijo Lillo, cuya aventura en Millonarios terminó abruptamente, no tienen derecho a dudar.

A los entrenadores, nos dicen un par de investigadores europeos (en artículo recientemente publicado en el Journal of Sports Economics), los echan por los malos resultados . Suena casi tautológico, pero en realidad hay algunas conclusiones muy interesantes en este trabajo.

El estudio se basa en 1.213 despedidos forzados de entrenadores principales en las cuatro principales divisiones del fútbol inglés entre las temporadas 1949-50 y 2007-08. Exploran las razones de corto y largo plazo que puede explicar el despido de un entrenador. Revisando los resultados de las dos semanas previas encuentran que un mal desempeño aumenta la probabilidad de ser despido. Lo mismo sucede evaluando razones de largo plazo. Esto último lo miden revisando las posiciones que sube o cae el equipo desde que el entrenador está a cargo. A medida que cae posiciones, su probabilidad de ser despedido aumenta.

Lo anterior poca información da al aficionado al fútbol Eso, en esencia, es lo que todos lo hinchas ya sabemos. Lo que no sabíamos, al menos para el fútbol inglés, es que por cada año adicional que tenga un entrenador, su probabilidad de ser despedido aumenta en 0.39 puntos porcentuales. Tampoco sabíamos, pero quizás si intuíamos, que un entrenador de la cuarta división tiene 5.5 puntos porcentuales más de ser despedido que un entrenador de la primera división. Esto de alguna manera sugiere que a medida que un equipo gana seriedad institucional, menos movimiento tendrá del entrenador.

La experiencia del entrenador, medida como el número de años que ha entrenado en equipos ingleses parece relacionarse negativamente con la probabilidad de ser despedido. El resultado sin embargo no es concluyente, quizás porque el indicador sólo captura la experiencia obtenida en la liga inglesa, no la que pudiese haber tenido en otros lugares del mundo. Quizás, entre los años cincuenta y ochentas esta manera de medir experiencia es apropiada, pero desde luego no lo parece los últimos 15 a 20 años.

Otro resultado interesante es que el entrenador que fue jugador internacional con su selección tiene un mayor riesgo de ser despedido que aquel que no fue jugador internacional. Es decir, poner una cara famosa llena prensa el día de la presentación, pero no da al entrenador más seguridad laboral. En cambio, es más difícil echar a aquel que fue jugador del equipo que entrena. Un hombre de la casa tiende a ser menos probable que lo despidan.

Pero el resultado más interesante es aquel en el que encuentran que es mucho más fácil despedir a un entrenador en la actualidad que hace 10, 20 ó 40 años. Un entrenador en 2005, con igual desempeño, edad y experiencia que un entrenador en 1950, tenía mayor probabilidad de ser despedido. Es decir, con el tiempo, los nervios se han acrecentado. Quizás, como dicen los autores del estudio, por la competencia en la liga, o quizás, por la presión mediática que hoy día es muy superior a la de décadas anteriores.

Los nervios son notorios. Un entrenador en Inglaterra, durante el período considerado por los autores, dura en el cargo apenas 62.2 semanas, poco más de una temporada y media. En Colombia, mostré en los Números Redondos, un entrenador dura apenas 1,8 semestres, es decir de enero a más o menos la tercera semana de octubre. Los nervios, la impaciencia parece universal.

Pero, ¿para qué echar al entrenador? Millonarios, uno de los históricos de Colombia, despidió a Lillo tras fracasar en la Copa Suramericana, la Copa Postobon y ser incapaz de sostener al equipo en el grupo de los ocho mejores que disputarán el título de liga. Boca, hizo lo mismo con Bianchi, el hombre que los llevó a la gloria. Pero tras hacer 3 puntos de 12 posibles, y llegando de campañas muy pobres, el otrora Virrey, debió abandonar la dirección del histórico equipo del Barrio de La Boca.

Tras el despido, el amanecer de Millos y Boca fue diferente. Mientras el equipo argentino ganó a Vélez, Millonarios con una nómina raquítica, siguió perdiendo, esta vez frente al Atlético Huila.

¿Existe evidencia que sugiera que es bueno echar al entrenador en plena disputa por el título? No conozco un ejercicio para Argentina o Colombia pero, utilizando datos desde las temporadas 1972-73 a 1999-2000, si hay un estudio con datos para la liga inglesa. Los autores de ese estudio encuentran que si se despide a un entrenador mientras la temporada está en curso, los resultados empeoran durante los dos primeros partidos, no se empeora en los siguientes 3 a 10 partidos, pero se vuelve a empeorar entre el partido 11 y 16. En otras palabras. Se tarda unos 16 partidos (alrededor de 3 meses), en lograr que el nuevo entrenador logre estabilizar el equipo. Es decir, en promedio, cambiar de entrenador en la mitad de la temporada parece mala idea.

Estos, por supuesto, son resultados promedios. El presidente o propietario del equipo cambia de entrenador con frecuencia en la mitad del torneo porque considera que se puede salir del promedio. Alguno, sin duda, lo logrará. Pero “alguno”, son pocos. La mayoría sigue la tendencia (que por ello es tendencia) y terminará perjudicando el desempeño del equipo. Es un problema mediático. En realidad, echar a un entrenador en la mitad de la campaña, más que ser indicativo de la decisión del presidente o propietario de turno de ajustar el equipo, es la revelación implícita de que la tarea se hizo mal antes de comenzar la temporada. O no se trajeron los jugadores requeridos, o el entrenador no podía con ellos (deportiva o administrativamente).

En el caso de Millonarios, la respuesta parece sencilla. La base sigue siendo el equipo que ganó la estrella 14. Una estrella que se ganó con justicia, pero que se consiguió con las uñas. Aquel logro debió entenderse como un primer paso para renovar el plantel poco a poco, con tranquilidad pero con firmeza. Pero entusiasmados en los grandes nombres para la delantera, nunca se pudo renovar el arco, la defensa o el medio campo. La renovación, triste para los hinchas azules, llegará a las patadas. Porque toca. Echaron a Lillo. Pero no se imagina uno como Guardiola o Mourinho lograrían levantar un equipo futbolísticamente tan pobre. Y es “difícil” que llegue Guardiola o Mourinho.

 

 

La dificultad para triunfar en el Madrid: de Zidane a James


El debate sobre la compatibilidad de James Rodríguez con la táctica y las demás estrellas del Real Madrid recuerda lo sucedido cuando llegó Zinedine Zidane al equipo blanco.

En julio del 2001 el Real Madrid presentó al entonces jugador más caro de la historia. Ante 300 periodistas, Florentino Pérez se mostró orgulloso de su último fichaje galáctico. Poco importaban los 70 millones de euros que acaba de desembolsar a la Juventus deTurín. Estaba destinado a hacer historia en Madrid. Lo que pocos imaginaban, eran las críticas fuera de tono que llegó a recibir durante sus primeros meses en el equipo.

Zidane, como se lo recordaría al mundo entero en la final del mundial del 2006, tenía un temperamento fuerte y agresivo más allá de su inigualable clase. Así que llegó al Madrid con cuatro partido de sanción en la Champions League. En consecuencia, durante los primeros meses de la temporada, el crack francés debía demostrar la valía de su fichaje en la Liga.

El Madrid se estrenó aquella temporada frente al Valencia con derrota uno por cero de visitante. Si bien para el Madrid la derrota nunca se acepta como algo natural, no era un resultado inesperado. El Valencia era un gran equipo que, a la postre, se coronaría como Campeón de Liga.

Pero el debate comenzó. La prensa cuestionaba la posición idónea de Zidane. Aquel día, dicen las crónicas, arrancó por izquierda, cerca de Figo y Roberto Carlos. Pero su juego no tuvo el esplendor ni la constancia esperada y terminó ofreciendo poco de su excelso repertorio.  Con el correr de los partidos las cosas no mejoraban. Transcurridas seis jornadas, el Real Madrid registraba el segundo peor arranque de su historia. Habían logrado apenas 5 puntos de 18 posibles. Cero puntos de visitante. Era, junto al Espanyol, el equipo más goleado de la liga con un promedio en contra de dos goles por partido. El descenso directo estaba a un punto. El Madrid galáctico naufragaba.

Zidane, individualmente, rendía. Era el máximo goleador de equipo, y destacaba por su calidad. Pero el Madrid obtenía mejores resultados cuando él no jugaba. Eran los mismos jugadores blancos los que justificaban el pobre desempeño en la liga en los problemas de Zidane para ajustarse tácticamente a las necesidades del equipo. El Madrid, argumentaban, había jugado la temporada anterior con dos medios defensivos definidos: Helguera y Makelele. La llegada de Zidane obligaba a plantear un rombo donde Makelele era el único medio defensivo definido. Éste llegó a afirmar en L’Equipe “que el Madrid no defendía como un equipo”.

Figo, el primer galáctico, había sido decisivo la temporada anterior, particularmente en ataque. Su capacidad de desborde y sus centros de rosca perfectos para Morientes, Guti o Raúl destrozaron defensas contrarias. Su rendimiento en la nueva temporada, sin embargo, no era el mismo. La explicación, según sus propias palabras, era simple: “Con un único medio centro debo defender más que con doble pivote”. No había necesidad de nombrar a Zidane para señalarlo con el dedo. Salgado, el correoso marcador derecho, venía a decir lo mismo: “ahora [sin Makelele y Helguera en la zona de volantes de contención] todos tenemos que estar más atentos en defensa“.

Mientras tanto, en la Champions League, sin Zidane por la mencionada sanción, el Madrid había logrado cuatro victorias en cuatro partidos, marcando 12 goles a favor y 2 en contra.

A pesar de ello, la prensa y afición reconocía que el fútbol de Zidane era el esperado. Incluso era visto como el mejor del equipo en el empate de local que antecedió a su debut en liga de campeones. En aquel partido ante el Celta, Vicente del Bosque, entrenador del Madrid retiró a Zidane a falta de 10 minutos. El Bernabéu explotó contra cuerpo técnico y jugadores: “¡fuera, fuera!“. Del Bosque diría después que “hasta mi mujer y mi hija de seis años me han preguntado por qué cambié a Zidane“. Era ya el mejor, pero el equipo no rendía con él.

El crack francés intentaba entender lo que pasaba: “Es verdad que nos falta compenetración, automatismos, el hecho de buscarse con los ojos cerrados”. Tales eran sus quejas ante la negativa de sus compañeros a devolverle la pared que con tanta calidad él proponía. De cara a su debut ante la Roma, Zidane lo tenía claro:  “los miércoles el equipo juega bien y gana y llega el sábado o el domingo y no funciona tan bien. Creo que sólo es un bache. Espero ganar al Roma porque si perdemos o empatamos será algo grave. Grave para mí”. No ganó el Madrid, pero tampoco perdió.

Afortunadamente para el Madrid existe el Barça. Y afortunadamente para el Barça, existe el Madrid. Cuando el uno o el otro está mal, ganar al eterno rival permite, al menos, campear el temporal. Y así sucedió con el Madrid. En noviembre de 2001, en la jornada 11, el Madrid venció 2-0 al Barcelona.  Los catalanes llegaban segundos, detrás del Deportivo; el Madrid era un equipo de media tabla: puesto 10. Terminada la jornada, el Barcelona era tercero y el Madrid séptimo. Se dio un respiro.

Aquella temporada, el Madrid terminó tercero, detrás de Valencia y Depor, pero, por encima de todo, logró su novena Copa de Europa. Venció en cuartos de final al Bayern Munich, en semifinales al Barcelona y, en la final, frente al Bayer Leverkusen, Zidane marcó uno de los mejores goles de la historia de la competición. La floja temporada liguera quedó para siempre oculta tras la gran temporada europea y el golazo de Zidane. El gol de la novena.

James llega al Madrid con 23 años. Zidane llegó con 29. Para entonces el francés ya era Campeón del Mundo, de Europa, de todo lo que había por jugar. Pero, como Zidane, la calidad de James nadie la discute. Se discute la ‘táctica’ que debe seguir el equipo. Al final, De Bosque, como años atrás Zagallo, entendió que la labor del entrenador consiste también en adaptarse para que los mejores rindan lo mejor posible. Ancelotti, el entrenador actual del Madrid, añorará a Di María porque era la pieza ideal para ajustar su esquema táctico. James, no es Di María. Aún es joven para saber hasta donde llegará. Pero insisto. Como Zidane, su calidad no se discute. Es labor del entrenador engranar las piezas.

Las frustraciones olímpicas del fútbol peruano


El 8 de agosto de 1936 la prensa española, el Mundo Deportivo de Barcelona en particular, escribía entre sorprendida y entusiasmada: “parece que Perú ha progresado mucho y puede casi ya codearse con los argentinos y uruguayos y por ello el pronóstico debe ser favorable”. Hacía referencia a la holgada victoria inca en primera ronda por 7-3 sobre un congelado equipo fines en los Juegos Olímpicos de Berlin, aquellos en los que Hitler demostraría al mundo la indudable superioridad de la raza aria.

Infortunadamente para el líder nazi, Alemania en fútbol no era lo que fue después y aunque ya se encontraban vendidas todas las entradas de la semifinal y final para ver el triunfo teutón, Alemania fue eliminada en segunda ronda por el equipo de Noruega.

Perú, en cambio, liderado por el ‘Lolo’ Fernández, quien aún hoy es considerado el máximo ídolo de Universitario, enfrentaría a la selección de Austria rumbo a las semifinales del torneo. Austria, por aquellos años, aún contaba con el gran Sindelar, aclamado por votación popular el mejor deportista austriaco del siglo XX.  Pero como las demás estrellas austriacas, Sindelar no jugó el torneo olímpico. El fútbol en las olimpiadas era en aquellos años un torneo amateur. Así como Italia llegó al torneo con un combinado de estudiantes, Austria también dejó fuera de competencia a los grandes componentes del Wünderteam.

Perú, por el contrario, presentó una gran nomina, ya que el torneo local aún era amateur. El caracter aficionado del torneo de fútbol no le quitaba interés en aquellos años. 35.000 espectadores presenciaron la remontada peruana ante Austria. Los centroeuropeos ganaban 2-0 hasta el minuto ’75 cuando llegó el descuento de Alcalde. Perú empató 6 minutos después y en tiempo extra logró imponerse gracias a dos goles adicionales de ‘Manguera” Villanueva y el ‘Lolo’Fernández.

Así que para el 10 de agosto, el diario Mundo Deportivo pronosticaba un partido muy igualado entre Polonia y Perú por las semifinales olímpicas. Daba, sin embargo, ligera ventaja a los polacos.  Pero tal partido nunca se jugó.

Los motivos han generado mil historias. Especialmente en el Perú, pero también avivadas por grandes literatos latinoamericanos. La historia que más caló en un principio fue que a los peruanos, como a Owen, Hitler ordenó sacarlos del torneo. Seguramente, pensarían en Perú, eran demasiado ‘cholos’ para los gustos arios del líder alemán.  Tal historia se mantuvo hasta prácticamente el año 2000 cuando en el mismo Perú, investigaciones serias concluyeron que Hitler no tuvo nada que ver. Quizás nunca se enteró de lo ‘cholos’ que eran o no eran los peruanos. El tema tuvo motivaciones más futboleras.

Aunque el debate siempre estará abierto, en el fondo fueron los actos violentos en el terreno de juego lo que llevaron a anular aquel partido. El Mundo Deportivo, en su crónica de los hechos afirma que la FIFA ordenó la repetición del partido a raíz de “una serie de incidentes (…) de los que fueron protagonistas jugadores y delegados peruanos además de algún sector del público, terminando con la expulsión de un delegado peruano que fue arrojado del terreno de juego a empellones”. El partido, ordenó la FIFA, debería repetirse el 10 de agosto. La versión moderna en el Perú sugiere que hinchas peruanos entraron y agredieron a jugadores y delegados del equipo rival. Algún diario inglés, seguramente exagerando, incluso habla de 1.000 hinchas peruanos. Habría que ver, eso sí, como llegaron en 1936 1.000 hinchas peruanos al estadio.

Los peruanos, felices por el triunfo, se negaron de plano a que el partido se repitiera. Llegado el momento del encuentro, la delegación peruana no se presentó. Los peruanos, en sus crónicas modernas hablan de una segunda reprogramación para el día 11 de agosto. Sobre este hecho, no encuentro nada. Si hubo, en cambio, solidaridad latinoamericana. Los delegados de Chile y Uruguay decidieron adherir a la protesta peruana dirigida a la FIFA. Además, la delegación peruana se retiró de los Juegos Olímpicos.

Sin embargo, Perú, preocupados porque su partida se tomase como una descortesía con Alemania aceptó, entre otras, jugar un partido amistoso contra el equipo alemán y otro contra Austria en Viena. No he encontrado referencias de estos partidos, pero considerando que las crónicas peruanas cifran la llegada de vuelta a Lima el 17 de septiembre de 1936, y dado que el viaje de ida tomó tres semanas es muy posible que tales partidos efectivamente se hayan jugado.

La pregunta que siempre quedará es por qué se negaron a jugar nuevamente los peruanos. Ellos afirman (de ahí las historias) que el árbitro los desfavoreció durante todo el partido. Pero sin jugar quedaron eliminados. Jugando, podrían haber rozado la gloria. Siempre es mejor jugar.

Fichando al ‘desconocido’ James


Si algo me ha sorprendido en las primeras semanas post-mundial es el aparente desconocimiento de la existencia de James por parte de los especialistas del mundo del balón. Nadie, pienso yo, lo daba como candidato a máximo goleador del torneo. Pero los que seguimos el fútbol, al menos algunos, ya lo considerábamos un crack (ahí está escrito). La foto de portada de Gol y Fútbol, además, es un penal cobrado por James durante el mundial Sub 20 del 2011 en el Estadio El Campín de Bogotá, frente a Francia. Penal, que por cierto, falló.

Por otra parte, es normal que el gran público no lo conociese. Jugar en el Banfield, Porto y Monaco no es la vitrina más popular. Ni siquiera habiendo sido traspasado por €45m de Portugal a Monaco. Son dos ligas importantes en Europa, pero muy lejos de los niveles de audiencia que tiene la Premier y la Liga español o, incluso el Calcio y la Bundesliga.

El Manchester United, dicen, lo estuvo siguiendo en los tiempos de Ferguson. Pero al final no movió ficha. Sólo un millonario ruso, con exceso de efectivo, fue capaz de sacarlo del fútbol portugués. Pero hace apenas un año, James, quién ya había brillado en el Mundial sub – 20, en Argentina, en Portugal (y competiciones europeas) y en Francia, no era material para un Real Madrid o un Barcelona.

No deja de ser curioso que en el superprofesional fútbol de hoy, donde las estadísticas, los números, los indicadores están analizados al detalle, no haya habido interés real de los gigantes europeos por James Rodríguez. ¿Será cierto qué entre los Ph.D. que manejan las cifras de los diferentes futbolistas del mundo y los miles de ojeadores que cada club grande de Europa tiene desparramados por el mundo nadie se fijó en James antes de su golazo contra Uruguay?

Seguramente sí hubo algún miembro de esos grupos de ojeadores que tenía a James en su libreta. Pero desde luego la élite del fútbol parecía desconocer de su existencia. Antes del mundial, Franz Beckenbauer decía sobre el grupo de Colombia que “quién sabe, tal vez un equipo que no es tenido en cuenta rompa todos los pronósticos. Pero no lo creo. El Grupo C, con Colombia, Japón, Grecia y Costa de Marfil, no parece ser el caso”. Mourinho, quizás llevado por el amiguismo afirmaba que  Colombia no llegaba a segunda ronda y que en el grupo C pasarían Costa de Marfil y Grecia. Dijo “estoy con mis amigos Grecia y Costa de Marfil, pero claro, Colombia es un muy buen equipo”. Y eso que siendo portugués, debía conocer a James.

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, siempre atento a los mejores jugadores del mundo, especialmente a aquellos mediáticos, estaba preocupado tras conquistar la Décima. No había en el mercado un jugador disponible que generará la ilusión con la que suele agasajar a su afición cada verano. Sólo Luis Suárez estaba a tiro, pero entre el interés de éste por jugar en el Barça y los mordiscos que repartió en Brasil, nadie, ni el campeón mundial Toni Kroos, podía generar esa ilusión a la que ya acostumbró a la hinchada merengue.

Hasta que James marcó aquel gol contra Uruguay. Una media vuelta, de espaldas, desde fuera del área, en fase de eliminación directa, en el Maracaná, en un Mundial de fútbol. Tras ratificar su valía ante Brasil en cuartos de final, habiendo sido goleador del mundial, James ilusionaba. El requisito sine qua non para llegar a precio de galáctico al Real Madrid.

La calidad de James debe permitirle triunfar en el Madrid. Pero nadie debe olvidar que al mismísimo Zidane lo querían devolver a Italia en el mes de noviembre de su primera temporada en el Club Blanco. Pero más allá de sus opciones de triunfo, siempre quedará la duda. ¿James, siendo el mismo del mes de abril, poco antes del mundial, cuando costaba 50 ó 60 millones de euros, no servía para el Madrid? ¿Será que antes de fichar, Florentino (o los demás grandes de Europa) le echan un vistazo a las tendencias de Google?

Los dos picos de la gráfica de James corresponden a los partidos de la selección Colombia frente a Uruguay y Brasil. El tercer pico es el día de su fichaje. Esos picos de la gráfica, ¿valen 30 o 40 millones de euros?

James y Falcao tendencias Google

 

Una visión diferente de la historia y las estadísticas del fútbol

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