Gerd Müller: ¿El desprecio del goleador?


Si el fútbol es gol, Gerhard Müller, goleador por excelencia, ¿por qué no está considerado uno de los mejores jugadores de todos los tiempos? Estrella del Bayern Munich de los años setenta, estamos hablando de un tipo que marcó para el equipo bávaro 566 goles en 607 partidos. Con 365 goles en la Bundesliga sigue siendo el máximo goleador en la historia de la competición. Dado que jugó 427 goles, tiene un promedio goleador de 0,85 goles por partido. 40 marcó en 1971-72, récord vigente. En el año calendario de 1972 anotó 85 goles. récord sólo superado por Messi (y Chitalu). Superó aquel año la increíble cifra de los 75 goles del gran Pelé, si bien 12 goles los logró en un torneo temporal que instauró la Bundesliga porque el inició de ésta se había retrasado con motivo de los Juegos Olímpicos.

Müller, el bombardero, como fue conocido mundialmente, ganó cuatro títulos de Bundesliga, tres Copas de Europa, la Recopa del año ’67 y la única Copa Intercontinental que se dignaron jugar en 1976. Fue campeón de Europa en 1972 con la selección de Alemania Occidental y, además, Campeón del Mundo en 1974. En 2 mundiales que jugó, anotó 14 goles en 13 partidos, incluyendo el decisivo de la final de 1974 y el no menos decisivo frente a Polonia en la ronda semifinal de ese mismo mundial. En la selección marcaría 68 goles en 62 partidos (1,1 goles por partido). Miroslav Klose tuvo que jugar 137 partidos para marcar los 71 goles que supera (si bien no en el promedio) los goles marcados por Müller.

El bombardero fue nombrado balón de oro por la Revista France Football en 1970. Entonces, cabe aclarar, el trofeo se otorgaba al mejor jugador europeo, luego Pelé y compañía no entraban en competencia. Pero ganó. En 1972, compartió el balón de plata con otro grande del fútbol alemán: Günter Netzer. Ambos detrás de Beckenbauer. En 1973 fue balón de bronce. Es curioso que en los años de mayor gloria deportiva, 1974, cuando ganó la Copa de Europa con el Bayern y el Mundial, 1975 y 1976 cuando el Bayern completó el triplete, no estuvo entre los tres mejores.

Son cifras impresionantes que hablan de un jugador superlativo. A Müller le pasa en Alemania un poco como a Garrincha en Brasil. El mundo lo reconoce, pero el mejor era Pelé … salvo para los brasileños. El dominio del fútbol aleman en la primera mitad de los setenta se fundamenta en la calidad y visión de Franz Beckenbauer. Pero un alemán nunca dejará en el tintero el nombre de Gerd Müller. Sin embargo, destaca que fue nombrado el jugador del año de Alemania en 1967 y 1969, bastante antes de alcanzar sus mejores logros.

Nacido en Nörlingen, Müller, hincha declarado del Nuremberg, nunca pudo jugar en el equipo de sus amores. Fue el Bayern quien lo llamó en el ’64 para que contribuyera con sus goles al ascenso. El entrenador, Tschik Cajkovski lo apodó el ‘pequeño gordo Müller’. A él le parecía un levantador de pesas.

El físico no le impidió triunfar. Fue siete veces goleador de la Bundesliga  (en dos ocasiones compartió honores) y bota de oro europea en 1970 y 1972.  ¿Por qué, entonces, no se considera a Müller uno de los más grandes de la historia?  ¿Por qué no está en el Olimpo con los Pelé, Di Stéfano, Cruyff, Maradona o Messi?

Müller era un rematador. Lo que con los años se vino a conocer como el ‘típico’ tanque alemán. El lo decía, “gol es gol, desde que cruce la raya”. Es decir, su problema era recibir y/o controlar, disparar y celebrar. Quizás, aunque sea cierto que el fútbol es gol, el deporte rey sea algo más complejo. Esos grandes cracks del Olimpo podían no sólo seguir la receta de Müller. Además podían inventarse un gol de la nada. El alemán no era ningún tronco. Era excelente en el control del balón. Pero no tuvo nunca la elegancia de un Pelé o Cruyff, ni la versatilidad de un Di Stéfano. Menos la habilidad de un Maradona o un Messi. Beckenbauer, para muchos el mejor jugador alemán de la época (posiblemente de todos los tiempos), no era un goleador. Pero era él quien organizaba y generaba el fútbol que permitía que un goleador como Müller se luciera. Su elegancia era su sello. El mejor, para el gran público, era el más elegante, no el que más goles metía. Al final, el fútbol es un deporte de equipo. Si Müller necesitaba al elegante atrás, éste requería un goleador que la metiera.

Müller vivía para el gol. Sus goles hicieron historia. Pero para estar entre los mejores de la historia -y no deja de ser curioso- se requiere algo más que gol. Es, en todo caso, uno de los mejores goleadores que han existido.

 

 

 

El fútbol en altura: Más mito que realidad


Jugar en altura, por encima de los 2,500 metros aproximadamente, siempre ha sido un reto para los futbolistas que no están acostumbrados a ello. Nadie pone en duda que tiene algún impacto físico y para corroborar tal hipótesis hay suficientes análisis médicos que corroboran diferentes efectos en el cuerpo humano.

El fútbol, siendo un deporte global se juega en todo tipo de condición climática. No sólo hay fútbol a los 4,000 mts. de La Paz. También en la humedad de Barranquilla, en el frío del Norte de Europa y hasta mundial habrá en el desierto de Qatar. ¿Existe evidencia que sugiera que aquellos que están acostumbrados a algún tipo de situación extrema realmente se benefician?

La Copa Libertadores es quizás el torneo indicado para establecer si la altura realmente da algún tipo de ventaja. Desde que inició el torneo en 1960, sólo un equipo cuya sede quede por encima de los 2,500 metros de altura ha quedado campeón: la LDU de Quito en 2008. Manizales, recordemos, está a unos 2,160 metros de altura. Es decir, en términos de victorias relevantes, jugar por encima de los 2,500 metros apenas si da réditos.

Lo anterior, por supuesto, es apenas evidencia casual. No sólo no ganan los equipos que ganan en la altura, sino que apenas si ganan lo equipos que no son de Argentina, Brasil o Uruguay, considerando este último desde una perspectiva histórica.

Hay diversos trabajos académicos que utilizando datos de selecciones intentan establecer enlaces causales entre la altura y la probabilidad de victoria. Éstos, analizando datos de selecciones suramericanas desde 1900 o basados en datos de las eliminatorias de 1998, 2002 o 2006, suelen ligar el resultado de un partido como función de la altura (o el cambio de altura) y diferentes controles que también pudiesen afectar el resultado. En general los resultados sugieren, aunque de manera inconclusa, que la altura no tiene ningún impacto en el resultado de un partido.

En un trabajo reciente que publiqué en el Journal of Quantitative Analysis in Sports, evalué el tema de la altura utilizando datos de la Copa Libertadores de 2013. La literatura económica que se enfoca en el comportamiento del ser humano sentó las bases a evaluar. Traslados al fútbol, tal literatura sugiere que los individuos tienen una idea preconcebida de lo que deben esperar en cierta situación. Esto se denomina el punto de referencia: aquel en el que por experiencia propia o ajena, el jugador asume que jugar en altura representa un reto físico y/o psicológico y debido a ello no podrá desempeñarse como lo haría en circunstancias normales. Ello explicaría que en tales circunstancias se comportarán de manera más conservadora.

Para corroborar tal hipótesis comparé la efectividad de los pases que ejecutan los jugadores de equipos cuya sede se ubica a menos de 2,500 metros cuando juegan de visitante en estadios ubicados por encima de ese nivel relativo a cuando juegan de visitante en estadios ubicados por debajo de ese nivel. Por ejemplo, se compara la precisión en el pase de un jugador del Corinthians (cuyo estadio queda a menos de 2,500 metros) cuando juega en Bogotá vis a vis un partido en Tijuana. Esta estrategia elimina, además, el efecto de la localía.

En resumen, la ideas es establecer si esa pequeña diferencia que se observa en la gráfica de abajo es estadísticamente significativa. Es decir, si es relevante desde un punto de vista estadístico y futbolístico.

Copa Libertadores 2013: Altura

 

Son varios los resultados que se discuten en el documento en cuestión, pero aquí me enfocó en el principal. Un jugador (de un equipo cuya sede está ubicada a menos de 2,500 metros sobre el nivel del mar) es un 5,6% más efectivo en el pase cuando juega en altura que cuando juega por debajo de los 2,500 mts. Esto implica una mejora de unos cuatro puntos porcentuales respecto a la media.

La mayor precisión que se detecta cuando se juega en altura no se observa cuando ese jugador realiza pases en el campo del rival. Es decir, el resultado se explica por la mayor precisión del jugador en el campo propio.

Estos resultados nos devuelven al argumento original. Los jugadores (y las mismas estrategias) se adaptan. Cuando atacan, cuando pisan el campo rival, no hay diferencia en la precisión en el pase. Los jugadores arriesgan igual tanto en altura como a nivel del mar. Sin embargo, cuando están jugando (siempre de visitante) por encima de los 2,500 metros, se vuelven más conservadores, aseguran más el pase. El punto de referencia que definimos arriba entra en juego y lleva al jugador a tener una mayor consciencia sobre el destino del  balón. Perder el balón en campo contrario siempre será menos arriesgado que perderlo en campo propio. Las opciones de reorganizar la defensa son mayores. Pero perderlo en campo propio, y además en altura, implica un esfuerzo extra que puede tener importantes consecuencias negativas. De forma preconcebida, cuando el balón está en campo propio, el destino del balón se precia más.

El trabajo, siempre abierto a extensiones, sugiere que un equipo no gana por la altura. Tampoco pierde. Un equipo y sus jugadores se adaptan a jugar de una manera diferente que hace que las diferencias, al final, sean fruto de la calidad de cada equipo, no de los factores externos, sea lluvia, sol, pasto alto, cancha embarrada …. o la altura.

 

Fútbol por televisión: el mayor espectáculo del mundo


En estos días que se jugó el Superbowl, la final del fútbol americano, no faltaron los entusiastas del deporte más popular de los Estados Unidos en afirmar que ese partido era el espectáculo deportivo más visto en el planeta. En efecto, tiene una gran audiencia televisiva. La final del 2015, entre los New England Patriots y los Seattle Seahawks fue vista en los Estados Unidos por la no despreciable cifra de 112,2 millones de espectadores. No hay cifras del resto del mundo. Sin duda es un evento que genera interés. Seamos muy generosos y digamos que se puede añadir un 20% más a esa cifra. Es decir, aproximadamente 135 millones de personas vieron la gran final del fútbol americano.

El deporte más popular del mundo, al menos en cobertura, si no también en practicantes, es el fútbol. Soccer como se llama en Estados Unidos. El origen de la palabra, por cierto, es británico.  no de los Estados Unidos. En el siglo XIX, cuando se escribían las primera reglas, nació en Cambridge, 1848, el Association Football. Este iba en contraposición al Rugby Football, aquel que se jugaba con las manos.  A los practicantes de este último, la tendencia fue decirles ruggers. A los otros, soccers, derivado directamente de la palabra association.

Volviendo a la televisión, antes de cada mundial los medios no dudan en difundir lo que la FIFA afirma: Serán más de 1.000 millones de telespectadores los que vean la final del Mundial de Fútbol. Claro, que no sin cierta mentalidad Fast Food, también los hay que dicen que el Superbowl es visto por 1.000 millones de personas.  Hay cifras, más conservadores que hablan de 700 millones de televidentes viendo la final del mundial de fútbol.

Para resolver el enigma, remitámonos al reporte de audiencias que desarrollo la propia FIFA sobre el Mundial de Sudáfrica 2010.  Si bien la fuente no pueda considerarse la más objetiva, las cifras que presentan son de lo más sensatas. La final, el partido entre España y Holanda, el mayor espectáculo del mundo, fue visto en directo por 489 millones de espectadores en promedio . Si se añaden los 41 que lo vieron en diferido, la cifra llega a los 530 millones. Estas cifras son hogares que vieron el partido. Aquellos que lo vieron en grupo no están ahí considerados. Claro que ello también es cierto para cualquier otro gran evento, incluyendo el Superbowl.

Las cifras del Mundial del 2014 son aún difusas y se encuentran dispersas. Buscando en diferentes fuentes se encuentra que la final entre Alemania y Argentina en Brasil rompió récords de audiencia para un partido de fútbol en los Estados Unidos: 26.5 millones de espectadores. Es algo menos de la cuarta parte de la audiencia de un Superbowl. Pero puesto en contexto la cifra es histórica. La serie final de la NBA de 2014 tuvo un promedio de 15.5 millones de espectadores, donde se llegó a tener 18 en el partido decisivo. La Serie Mundial del Baseball de 20113 promedió 14,9 millones, con 19,2 millones de espectadores atentos al partido decisivo.

Sumando el rating de otros países que se puede encontrar por Internet, encontré que la final del Mundial de Brasil fue vista en China por 87 millones de espectadores, 34,6 en Alemania, 14,9 en el Reino Unido, 10,5 en Polonia, 1,9 en Hungría, 1,8 en Austria, 857 mil en Irlanda, 12,7 en España, 13,4 en Francia y 1,1 en Australia. Esas cifras casuales, de unos pocos países suman 205 millones aproximadamente. A esto habría que añadir América Latina, cuyo datos de rating  no se encuentran reportados por número de televidentes, pero sin duda son otros buenos millones Igual que en África y en Asia.

En resumen, el Superbowl es el espectáculo local más grande del planeta. El evento global más importante es la final del mundial. Ahora, en eventos anuales, la final de la Champions es vista por algo más de 165 millones según datos de la UEFA.  Los puristas podrán hablar del cricket, que tiene competiciones que en ocasiones reporta más de 1000 millones de espectadores. Quizás. Yo no estaría en condiciones de confirmar tales cifras.

En resumen, el fútbol sigue siendo un espectáculo global cuya partido estrella, la final del mundial, sigue teniendo cobertura planetaria.

¿Alcanzará Messi a Ronaldo en el ‘Pichichi’ 2014/15?


A veces siento que escribo demasiado de Messi y Ronaldo. Pero después, en frío, creo que no. Estamos viviendo una época estelar en el mundo del fútbol. Como en los 80 la NBA tuvo la batalla única y espectacular de Bird y ‘Magic’ Johnson; o en Tennis, Connor y McEnroe destrozaban rivales para luego retarse por los títulos (con permiso de Bjorg), la lucha entre Messi y Ronaldo pasará a los anales del fútbol. En 15, 20 o 30 años, los jóvenes hinchas sentirán envidia al escuchar que cada ocho días podíamos ver en acción a Ronaldo y sólo unos minutos después a Messi.

El lector asiduo conoce mi opinión sobre el rol que la historia otorgará a cada uno. Messi ya está en el Olimpo. A Ronaldo, además de por su potencia goleadora, se le recordará como el único futbolista contemporáneo que fue capaz de hacer temblar al gran Messi, aquel que luchaba por llegar al nivel de Pelé, de Maradona, de Di Stéfano, de Cruyff. No crea el fanático de Ronaldo que eso es poco. Di Stéfano jugó con Puskás. Aquel que lideró la que para muchos ha sido la mejor selección de la historia, la maquina húngara de los años cincuenta. Sin embargo, Puskás no está en el Olimpo del fútbol. Como tampoco Kubala, húngaro también pero que se exilió demasiado pronto para poder participar de esa gran selección. Ello no fue obstsáculo para que brillará. Desde Barcelona lideró la resistencia al Madrid que arrasaba en Europa. Maradona se enfrentó a Platini. Y hasta ganó menos a nivel de clubes. Pero sólo el argentino piso el Olimpo.

Pero ninguna batalla entre cracks ha durado tanto tiempo. Quizás sea la internacionalización definitiva del fútbol, pero la pelea entre Ronaldo y Messi es única y pasarán años, décadas y quizás siglos hasta que el fútbol vuelva a ver una lucha de semejantes titánes.

En la temporada 2014/2015 Ronaldo va camino de romper el récord de goles en el fútbol español. Aquel récord de Zarra y Hugo Sánchez, quienes marcaron 38 goles, quedan empequeñecido ante la capacidad anotadora de Messi y Ronaldo que año tras año superan la cifra a la que nadie podía siquiera acercarse. Ronaldo en la primera vuelta marcó 28 goles. Messi, ‘apenas’ 19. Pero a Ronaldo lo expulsaron estrenando la segunda vuelta. Messi, mientras tanto, marcó dos más para la colección. La pregunta que hinchas y amantes del fútbol se hacen es sí Messi será capaz de alcanzar a Ronaldo en la carrera por ser goleador de España y posiblemente Bota de Oro europea.

Para sentar cifras al debate, la siguiente gráfica ilustra la estacionalidad goleadora de los dos futbolistas únicamente en partidos disputados en la liga española. Ronaldo, como se observa, está muy por encima de sus promedios históricos. De poder mantenerlos, sin duda, sería inalcanzable. Nótese el eje vertical. Está marcando dos goles por partido en liga. Durante el “bache” de noviembre marcó gol por partido. En enero marcó poco relativo a la frecuencia que traía. Pero tuvo un promedio de 0.75 goles por partido. Son cifras inalcanzables para la mayoría de grandes goleadores.

Messi y Ronaldo Goles Mes a Mes

Messi arrancó apenas en sus promedios. Debe anotarse que el promedio de Messi incluye desde su estreno en el Barcelona. Los de Ronaldo incluyen desde su llegada al Manchester United. Es decir, los promedios de ambos están sesgados hacia abajo por la baja frecuencia goleadora que ambos tuvieron en sus primeros años.

Hecha la aclaración, Messi estuvo prácticamente todo el semestre por debajo de sus promedios históricos. La navidad le sentó bien. Se disparó el crack argentino y está en cotas que rozan los 1.5 goles por partido.

Al momento de escribir esto, Ronaldo puede ser sancionado entre 2 y 4 partidos por su agresión a un jugador del Córdoba. Si Messi marca 1.5 goles por partido, puede que Ronaldo vuelva con Messi respirándole en la nuca: 27 goles.

La gráfica muestra que Messi suele anotar más en el segundo semestre de la temporada. Ronaldo es más constante, aunque está temporada tiene importante altibajos. La pelea por el pichichi es un incentivo más para seguir de cerca los partidos de este par de cracks.

Falcao y las razones de Van Gaal


A Van Gaal en su época de entrenador del Barcelona lo representaban con una cabeza en forma de ladrillo. Era, para la prensa deportiva, un tipo excesivamente rígido y cuadrado que nunca encajo del todo en la siempre soleada España. Efectivamente ,es un tipo terco, que ha tenido problemas con múltiples jugadores incluyendo cracks de la talla de Román Riquelme.

Falcao, el hasta hace poco mejor “9 del mundo”, parecía en agosto de 2014 llegar por fin a un equipo de primer nivel mundial. Nunca entendimos, nosotros los simples mortales, el manejo que Falcao dio a su carrera. Se fue del Atlético de Madrid ad portas de romper la historia para jugar en el juguete de un millonario ruso que acababa de comprar a un equipo recién ascendido. Para los miles de hinchas que tiene es frustrante no haberlo visto jugar nunca en plenitud de condiciones la Champions League.

Siendo Falcao, llegó por supuesto al equipo rojo en horas bajas. La salida de Alex Ferguson tras 27 años dirigiendo a los Diablos Rojos ha tenido un impacto importante en el equipo. Moyes fue incapaz de clasificar al equipo a competición europea alguna y Falcao por tanto, llegó a un gigante que sólo se codearía con sus pares ingleses. En cualquier caso, era la gran oportunidad del ‘tigre’.

Van Gaal lo recibió sin mayor entusiasmo pero con cierta esperanza. Llegaba un goleador que en sus mejores años había plantado cara a Messi y Ronaldo. Falcao, ni Van Gaal lo pone en duda, lucha cada balón. Siempre atento, a su calidad añade ese espíritu de lucha que lo ha hecho destacar en Europa. Pero al ‘ladrillo’ holandés no le llena que el ‘tigre’ luche. El quiere ver goles, y los goles no llegan.

Es cierto que una inoportuna lesión lo marginó. Pero en la temporada 2014/15, antes de la lesión, Falcao había participado en 4 partidos del Manchester United y 3 con la selección Colombia. Muy pocos con el club, demasiados con la selección. Van Gaal, no lo duden, tenía esas cifras en la cabeza. No jugó el 20 de octubre del 2014 (6 días antes había jugado con Colombia), y ya no volvería a un campo hasta el 29 de noviembre. Demasiados días lesionado que irritaron al holandés.

Y es que la efectividad de Falcao ha ido cayendo con el tiempo. Su productividad goleadora se ha desplomado desde aquellas épocas en que marcaba más de un gol por partido. Siguiendo la metodología descrita en detalle en Números Redondos, la siguiente gráfica ilustra la evolución goleadora del ídolo colombiano.

Falcao

 

Como revela la gráfica, Falcao no ha sido el de sus mejores años hace ya un tiempo. Pero aún cuando pasó del Atléti al Mónaco era un jugador que marcaba 1 gol cada 2 partidos. Allí tuvo una ligera recuperación que ya no pudo sostener. Y en Inglaterra está obteniendo  los peores registros de su carrera.

La imagen en la cabeza de Van Gaal es la de la siguiente gráfica. El rendimiento en el Manchester United es muy inferior a lo que del ‘tigre’ se espera. Por ello, después de disputar 90 minutos el 17 de enero frente al Queens Park Rangers, Van Gaal dijoque estaba satisfecho con el rendimiento de Falcao, pero que “debió haber marcado”. A un goleador se le mide por los goles que marquen. Falcao es un goleador y como tal lo ficharon.

Falcao

En defensa de Falcao, ha estado lesionado y no ha jugado demasiados partidos enteros. Pero Van Gaal le dio el fin de año para demostrar su valía. Entre el 26 de diciembre de 2014 y el 4 de enero de 2015 jugó cuatro partidos enteros de la EPL. Apenas pudo marcar un gol.

Al siguiente partido, sacaron a Falcao y surgieron los rumores de su salida. En esto, el comportamiento del técnico holandés ha sido errático. Generalmente, tras esa oportunidad perdida, el jugador (sea crack o no) está sentenciado. Pero volvió a jugar el 17 de enero. Falcao, profesional único como es, debe estar dándolo todo en los entrenamientos, al punto de haber convencido a su entrenador de darle esa nueva oportunidad. Pero no le sale a Falcao.

En el Porto marcó 1 gol cada 98 minutos. En el Atléti, 1 gol cada 111 minutos. En el Mónaco, salió a gol cada 122 minutos. Incluso con la selección Colombia (donde estuvo discutido un buen tiempo) ha marcado 1 gol cada 188 minutos. El problema es que en el United apenas ha marcado un gol cada 258 minutos, es decir de tres partidos enteros que juegue, Falcao no marca en el primero, ni en el segundo, ni tampoco en el primer tiempo del tercer partido. Termina anotando a falta de 10 minutos para acabar ese tercer partido. Aún con lesiones de por medio, es demasiado para un jugador valorado en 65.000.000 de dolares que cobra alrededor de 400.000 dólares en una semana.

Además, el United no está haciendo la mejor temporada. Van Gaal también busca defender su cabeza, y entregará la de Falcao en bandeja de plata si es lo que cuesta mantener el cargo y, según él, conseguir la vital clasificación para la Champions League.

Lo verdaderamente triste sería ver a Falcao de regreso en el Mónaco o deambulando por toda Europa. Muchos goles le quedan a Falcao. Los grandes goleadores duran mucho años viajando por equipos importantes del viejo continente. Eto’o, por ejemplo, acaba de fichar por la Sampdoria de Italia. Pero mucho me temo que si no es en el Manchester, la oportunidad de ver a Falcao jugar la Champions en un grande es ya una vana ilusión del hincha incondicional.

 

 

 

 

 

 

Lamento Sudaca


Durante años, una de las expresiones más despectivas que se escuchaba en España hacia el inmigrante latinoamericano era aquella que lo tildaba de “sudaca”. Dado el trabajo estereotipado al que se dedicaban ecuatorianos, colombianos, caribeños y demás hijos del nuevo continente, la expresión era un insulto multidimensional.

Pero había una donde el insulto simplemente rebotaba. En fútbol eramos históricamente superiores. Pero no sólo eramos superiores a España. Mirábamos de tú a tú a las grandes potencias europeas. Nuestro fútbol destacaba a nivel de selecciones y a nivel de clubes. Si el Liverpool arrasaba en Europa, el Flamengo lo arrasaba en Tokio.  Si el Milan de Sacchi le metía cinco al Madrid en la Copa de Europa, apenas derrotaba al Nacional con un gol al minuto 119. El mayor desarrollo, la mayor riqueza del viejo continente no fue nunca obstáculo para que el fútbol suramericano destacará en sus enfrentamientos.

En mundiales nos respetaban e incluso nos temían. En la Intercontinental la excusa siempre fue la falta de interés. La realidad es que el Campeón de Europa no podía pasarle por encima al campeón de la Copa Libertadores. Era un partido donde llegaban los mejores del mundo y con frecuencia, en la cancha, se demostraba que el mejor del mundo venía de Sur América. La foto es Arrigo Sacchi metiéndose a la cancha en 1989 a celebrar el gol que les daba la Copa Intercontinental; aquel título que ‘no importaba’.

Sacchi 1989

Pero el cambio de Intercontinental a Mundial de Clubes ha resultado nefasto para Sur América. No por el cambio, sino porque el fútbol cada vez deja en evidencia que a éste lado del Atlántico el fútbol que se juega ya no es el que fue. El desastre suramericano no tiene que ver con el cambio de nombre o formato del torneo. Los resultados son consecuencia de un proceso que ha llevado a que el futbolísta suramericano se forme para irse.

A 2014, incluyendo la primera edición, casi pirata, del año 2000, se han disputado 11 ediciones del Mundial de Clubes. Europa ha vencido en 7 oportunidades. Esas victorias han llegado en las últimas ocho ediciones disputadas. Sólo el Corinthians, que derrotó al Chelsea, fue capaz de ganar el partido. Es casi un error estadístico.

Aún más, de las últimas cinco ediciones, en sólo tres, el finalista ha sido el campeón de la Copa Libertadores. En las otras dos, el segundo lugar fue el campeón  africano. Nuestro fútbol, el de clubes, se hunde y no pareciera que la Conmebol o las diferentes asociaciones suramericanas se dieran cuenta.

La respuesta a estos deplorables resultados no puede ser criticar que Messi, Di María, Agüero, Neymar, Falcao, James o Luis Suárez jueguen en los mejores equipos del mundo. Los mejores cracks suramericanos, desde hace décadas, juegan en los grandes clubes europeos.

El motivo de la mediocridad evidente de nuestro torneo continental es que ahora se van hasta los jugadores de medio pelo.  Según el CIES football Observatory en la temporada 2013 – 2014 había 31 jugadores colombianos jugando en las cinco grandes ligas europeas, 7 peruanos, 8 venezolanos, 2 ecuatorianos, 20 chilenos, 7 paraguayos y, por supuesto, 112 argentinos y 130 brasileros. Eso, insisto, sólo en Alemania, España, Francia, Inglaterra e Italia en sus diferentes categorías.

El siguiente cuadro refuerza el argumento. El 82,6% de los jugadores registrados por Sur América para disputar el Mundial de Brasil jugaban fuera de la liga doméstica. El 66% fuera de América. Aunque varios de ellos que lo hacían en América lo hacían fuera de Sur América, generalmente en México o la MLS de los Estados Unidos.

Lugar de juego de jugadores Brasil 2014

En la MLS, un torneo deportivamente lejos de las grandes ligas, en 2014, había 60 jugadores suramericanos inscritos, 18 argentinos, 18 brasileros, 11 colombianos, 7 uruguayos, 3 ecuatorianos, 1 chileno, 1 peruano y 1 venezolano.

Es decir, es cierto que Sur América no puede retener a un Messi, un Neymar o un James. Si antes el objetivo del fútbolista suramericano era triunfar en el club de sus sueños, sea River, Boca, Peñarol, Nacional, Millonarios o Alianza Lima, ahora el sueño es emigrar lo más pronto posible. Muy hinchas serán Falcao de Millonarios o Messi del Newell’s, pero allí no jugarán. Otros, y se viene a la cabeza Mao Molina, hincha del Medellín, prefieren hacer su carrera en exóticas ligas como la surcoreana.

El sueño hoy día no es la gloria, es el dinero. A la gloria se aspira después, por supuesto, pero en tierras extrañas. Es la consecuencia de un mundo globalizado y tal realidad hay que aceptarla. Pero las ligas nacionales, la Conmebol tiene que entender que hay que devolverle identidad al fútbol suramericano, hay que volverlo algo deseable y hay que lograr que esos jugadores aceptables prefieran jugar en San Lorenzo, Universitario, Colo Colo o Santa Fe por el mismo dinero que recibirían en la MLS, Corea del Sur o la B de Francia, Alemania o Inglaterra. Quizás un primer paso sea eliminar esos torneos de 6 meses que premia la mediocridad. El mejor debe serlo después de un trabajo planificado de un año. Quizás haya que coordinar mejor los torneos domésticos con la Copa Libertadores y la Suramericana. Quizás la Copa Libertadores deba disputarse con cierto orden, no mil partidos donde se pierde el hilo de la ronda que se disputa, donde se parte en la mitad por el Mundial o la Copa América de turno. Quizás los torneos de playoffs impiden el triunfo de los equipos estructurados premiando la suerte de los que se arman para el corto plazo. Quizás … pero algo hay que hacer.

Porque el dinero es mucho, pero no lo es todo. El Eibar, jugando por primera vez en la primera división española, tiene un presupuesto de US$19.400.000. Y no va precisamente de último.

El San Lorenzo, que con tanto temor se enfrentó al Madrid en la última final del Mundial de Clubes, tiene un prespuesto de 12 millones de euros. Algunos dirán que la diferencia de presupuesto con el Madrid (55 veces superior) explicaría el temor con que se plantó en la cancha. Yo no he visto al San Lorenzo asustado cuando se enfrenta al Boca Junior o Cruzeiro (al que eliminó camino al título de Copa Libertadores), equipos con un presupuesto 6 veces superior. ¿A partir de cuándo comienza a dar miedo? El Eibar ha jugado de tú a tú ante Madrid y Barça. Nunca lo vi asustado como vi al San Lorenzo.

La prensa argentina habla de derrota digna y, cómicamente en Fox Sports, durante la transmisión llegaron a hablar de ‘campeón moral’. Pero era el Campeón de América. Heredero de una saga que durante décadas se plantó orgullosa ante el Campeón de Europa sin miedo y aspirando a algo más que a no salir goleado.

El fútbol suramericano, humillado en Brasil 2014, requiere una inyección de confianza y dinero que retenga a esos jugadores que, sin ser el Maradona o Messi de la época impidan que en España se vuelva a escribir lo que, no sin razón, escribió Relaño en su editorial del Diario As: “El salto entre Europa y el resto de continentes es tal que este campeonato [El Mundial de Clubes] resulta deslucido por lo desequilibrado. Lo fue la propia final, a pesar del innegable oficio de todo jugador y equipo argentino. San Lorenzo retrasó su derrota embarrando el partido en la primera parte, con faltas, protestas y barullo. El Madrid pareció perderse por ese camino durante bastantes minutos. No hizo lo que debía, no  respondió con fútbol a la estrategia de San Lorenzo de alborotar.

Aquello de que el fútbol suramericano es toque y el europeo es fuerza ha pasado a la historia. Ahora alborotamos, como cualquier mosquito … pero no llegamos a picar. La triste realidad.

 

Una visión diferente de la historia y las estadísticas del fútbol

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