La Champions League: Un torneo sin sorpresas


Atlético de Madrid – Bayern Munich. Manchester City – Real Madrid. Las semifinales de la Champions League la disputan dos equipos de España, uno de Alemania y uno inglés. Nada sorprendente. Desde la primera edición de la Copa de Europa en 1955/56 siempre ha habido al menos un equipo de estos países o Italia. En sólo 5 ediciones no ha habido al menos un equipo español, alemán o inglés. La última en la temporada 1995/96. Hace ya 20 años.

El país más exitoso en Copas de Europa es España. De 244 cupos en semifinales entre la primera edición y la 2015/16, 53 han sido para equipos españoles (22%), 16% ingleses, 15% italianos, 13% alemanes, 6% franceses, 5% holandeses y 4% portugueses. Es decir, el 66% de los semifinalistas provienen históricamente de las cuatro grandes ligas. Adicionando países relativamente exitosos como Francia, Holanda y Portugal, se concluye que el 81% de los semifinalistas se originan en apenas en 7 países.

Con dificultades en su primera edición –cuando el Chelsea rechazó la invitación–, el espíritu de la Copa de Europa era desarrollar una competición entre los mejores equipos de cada liga. Por ello en sus primeras ediciones equipos hoy casi desconocidos fueron protagonistas en Europa. Stade Reims, Eintracht o Partizan jugaron finales en los años 60. El Vasas húngaro, FC Zurich o el Dundee escocés disputaron semifinales.

Hasta 1969/70, el 72% de los semifinalistas provenían de las 7 grandes ligas (55% de Alemania, España, Inglaterra e Italia). La cifra se mantuvo a medida que en los 70 y 80 se consolidaba el torneo. Hasta 1991/92 el 69% de los equipos provenían de los 7 grandes (53% de los cuatro grandes). En 1992/93 se estrenó la Champions League con sus multimillonarios contratos de televisión. Pero aún competían sólo los campeones de liga o el campeón de año anterior si no conquistaba la liga. Así el Nottingham Forest es el único equipo que ha ganado más Copas de Europa (2) que ligas (1).

El torneo continuó siendo exclusivo para campeones hasta que en la temporada 1997/98 se abrió cupo a los subcampeones de las 8 mejores ligas. Poco antes, 1996/97, entró en vigor la Ley Bosman por la cual cualquier jugador de la Unión Europea no ocupaba plaza de extranjero en cualquier país de la Unión. Los cambios fueron notables. Entre 1992/93 y 1996/97 el 85% de los semifinalistas llegaron de las 7 grandes ligas.

Porcentaje de semifinalistas de las grandes ligas

En 1999-2000, impulsado por las grandes ligas de Europa, se amplió el número de participantes en la Champions League permitiendo hasta 4 participantes de las mejores ligas. Desde aquel año el 100% de los semifinalistas se originan en las 7 grandes ligas; el 94% provienen de las 4 grandes.

La gráfica ilustra el proceso por quinquenios. Las 7 grandes ligas, hasta mediados de los noventa, siempre representaban aproximadamente 3 de cada 4 semifinalistas. Las 4 grandes ligas rondaban, en promedio, 2 de cada 4 semifinalistas. Incluso en los 90 se daban casos como el de la temporada 1992/93 en la cual el Olympique y el Milan eliminaron en semifinales al Glasgow Rangers y al Goteborg. La Ley Bosman primero y la ampliación de la Champions League después llevaron a que todos los equipos, desde hace 16 años provenga de las 7 grandes ligas. El último equipo no alemán, español, inglés o italiano en jugar las semifinales fue el PSV Eindhoven en 2005. Hace más de una década!

El fútbol que se verá en las semifinales de la Champions será de alto calibre. Pero la certeza que a semifinales (y casi que a cuartos) llegarán siempre los mismos hace del torneo de la Champions un evento cuyas primeras rondas son cada vez más anecdóticas.

No sorprende el interés de estas ligas en organizar un torneo cerrado para ellos mismos. En la práctica lo que buscan es un torneo que genere máximo interés todo el año, no sólo en su fase final. Los equipos de Polonia, Rumania, Suiza sobran en la gran fiesta del fútbol europeo.

La excesiva concentración de la riqueza fruto de cambios regulatorios impulsados por los propios interesados impacta la competencia y, en el largo plazo, puede afectar negativamente al mismo fútbol. Es decepcionante que hoy por hoy el mundo no pueda disfrutar domingo a domingo de jugadores de la categoría de Arda Turan o James Rodríguez. Apenas son suplentes en los dos gigantes del fútbol español. Es deseable una mayor concentración? Terminaremos todos hinchas de 4 o 5 equipos? Qué bonito cuando un Malmo o un Celtic jugaban y hasta ganaban la Copa de Europa. Un sueño imposible en el futuro cercano.

Mundial con 40 equipos: malo


La gran carta de Havelange para acceder a la presidencia de la FIFA en los años setenta fue prometer una ampliación en el número de equipos participantes en los mundiales de fútbol. Hasta 1978 el número de participantes era de 16. En Uruguay 1930 y Brasil 1950 sólo 13 equipos participaron porque europeos y asiáticos (en 1950) decidieron eventualmente declinar la invitación.

Así, acompañado por Pelé, Havelange logró el apoyo africano y con ello se hizo con las riendas del ente rector del fútbol mundial. Gianni Infantino, conocedor de la historia, parece haber repetido la estrategia. El 26 de febrero de 2016 fue elegido presidente de la FIFA prometiendo un Mundial de 40 equipos. Políticamente la posición es razonable pero, ¿deportivamente es acertada? En el pasado ya se ha tocado el tema. Pero la victoria de Infantino fortalece esa posibilidad que sigue pareciendo errada.

Habrá opiniones encontradas, pero el Mundial más aburrido de la historia fue el de Italia 1990. Allí participaron 24 equipos. Los 32 equipos de Alemania en 2006 no superaron el aburrimiento de 26 años antes, pero casi. La relación con el número de equipos no es una verdad matemática pero es razonable argumentar que si la concentración de calidad se mantiene estable, a más equipos menor calidad habrá en el torneo. Podría argumentarse que los húngaros y checoslovacos de los mundiales en blanco y negro son, en color, Francia y España. La sorpresas como lo fue Portugal en 1966 lo sería Croacia o Bulgaria. Pero esencialmente los que ganan y llegan a semifinales son los mismos. Es decir, por más que Pelé predijera en 1990 que el fútbol africano pronto dominaría el mundo del balón, la realidad es que aún no logran pasar de cuartos de final. Y allí llegan esporádicamente. El fútbol asiático, más allá del impulso oficial a Corea del Sur en 2002, es aún menor que el africano. Un mundial de 40 equipos llenaría de aburrimiento la primera fase. Y buena parte de la segunda.

Hay cierta evidencia que refuerza lo anterior. Los debutantes (y habría muchos con 40 equipos) tienden a ser menos precisos en el pase. El porcentaje de acierto en el pase de los equipos debutantes es estadísticamente inferior al acierto en el pase de los equipos que ya han jugado participado antes en el mundial.

La gráfica compara el acierto en el pase de los equipos debutantes vs. lo que ya han participado en alguna edición previa. Quizás no sea sorpresa que los equipos experimentados tienen una precisión superior en el pase. La línea gruesa horizontal dentro de las cajas indica la mediana, es decir el número de pases tal que por encima y por debajo hay igual número de equipos. La caja representa el 50%. En otras palabras, el 50% de los equipos experimentados aciertan entre el 76% y el 83% de sus pases. En el caso de los equipos debutantes, el 50% acierta entre el 73% y el 82%. Algún equipo incluso ha acertado menos del 65% de los pases, cifra impropia de equipos mundialistas. Tal fue el caso de Corea del Norte en 1966.

Esto último también es cierto para equipos “experimentados”. Pero mirando los nombres, fueron equipos que participaron gracias a la generosidad en el número de participantes o al factor geográfico: Noruega (1994), Polonia (2002), Irán (1998), Japón (2010). Por cierto, la mediocridad del Mundial de 1990 fue tal que Brasil apenas acertó el 67,93% de sus pases. Y apenas Maradona los pudo eliminar.

 

Acierto en el pase Mundial de fútbol

 

Lo anterior es cierto también para el porcentaje de acierto en el pase en campo contrario.

Acierto en el pase campo contrario

 

Además, aunque no es concluyente, también tienden a ser cometer más faltas.

Faltas cometidas Mundiales de Fútbol

El análisis es apenas sugerente pero la preocupación es real. El planeta fútbol no tiene 40 equipos buenos de fútbol distribuidos geográficamente como quisiera la FIFA. Un Mundial de 40 equipos puede ser una gran idea en el corto plazo, pero en el largo plazo puede terminar afectando el interés por el torneo, particularmente en sus primeras rondas.

 

El Barça que recibió Cruyff


En el verano de 1988, en pleno dominio de la Quinta del Buitre, Nuñez (presidente del Barcelona) decía que no podía renunciar porque estaba “moralmente obligado a seguir en la entidad” pues él y Schuster (que ese verano emigraría al Madrid) estaban en libertad provisional acusados de defraudar a Hacienda. En 18 años el Barça había ganado dos ligas. La de Cruyff en 1974 y la de 1985 con Venables en el banquillo. A ese club llegó Cruyff cuando el 4 de mayo de 1988 firmó por apenas una temporada. Premonitorio Cruyff declaró ese día que tenía “la intención de marcar una época excepcional para este gran club”.

El Barça era un equipo fracturado. El año anterior, el ‘motín del Hespería’ había rotó la comunicación entre directiva, jugadores y afición. El 23 de julio del ’88, día de la presentación del nuevo equipo, los gritos y abucheos de 30.000 hinchas que acudieron al Camp Nou impidieron escuchar las palabras del capitán Alexanco. Mientras tanto, empleados del club echaban del césped al escocés Steve Archibald quien, aún con contrato en vigor, no contaba para Cruyff.

El equipo se fue de pretemporada a Holanda, buscando tranquilidad, cuando el 4 de agosto la policía irrumpió en el hotel del Barça en la localidad de Papendal para arrestar a Alexanco acusado de violar a una empleada del hotel. Tras cinco días en la cárcel Alexanco fue liberado por falta de pruebas. Llegaría a jugar tres minutos, tras sustituir a Guardiola, en la final de Wembley de 1992.

El Barça de Cruyff gustó en el trofeo Gamper donde derrotó al Steaua de Bucarest y se ‘vengó’ de la derrota de la final de la Copa de Europa de 1986. Pero las piedras en el camino seguían apareciendo. Cruyff no cumplía con lo exigido a entrenadores extranjeros: ejercer un mínimo de 3 años en clubes de máxima categoría. Decían que tres años y 5 meses, 2 Copas de Holanda y 1 Recopa con el Ajax no eran suficientes. Al final, en medio de protestas, tendrían que reconocerlo como entrenador del Barça. Mientras tanto Beenhakker, entrenador del Madrid colaboraba: “Me da igual que Cruyff pueda sentarse o no en el banquillo; (…)  que Cruyff no diga tonterías. Es mentira que tenga la misma documentación que yo. A él le han regalado el carné, en una decisión de la federación holandesa que yo respeto profundamente, pero a mí no me lo han regalado. Yo tengo el título nacional de entrenador profesional desde hace 20 años y he pasado por las diversas fases que se exigen, desde juveniles hasta aficionados, ayudante de un técnico profesional en Primera División y la máxima categoría”. El primer partido de liga lo vio desde el palco del Camp Nou. Como ganaron 2-0 al Español (todavía no era Espanyol), la prensa dictó sentencia: “Vibró el Camp Nou y el cambio es un hecho”. Cualquier parecido con el ‘efecto Zidane’ de la prensa madridista de la actualidad no es coincidencia.

Mientras tanto los entrenadores españoles protestaron: durante una jornada de liga decidieron que no se sentarían en el banquillo. El Comité de Entrenadores rechazaba que la Federación Española hubiese alterado su dictamen permitiendo a Cruyff (y Antic, por cierto) entrenar en España. “No se trata de una huelga”, decían. Es un “acto simbólico de protesta ante la Federación”.

El Barça, campeón de la Copa del Rey, procedió a jugar la Supercopa con el Madrid. Salió con su portero líbero (Zubizarreta), dos defensas marcadores (Recarte y Julio Alberto), Alexanco en el centro y Milla con Roberto, Bakero y Soler en el mediocampo. Tres delanteros: el ‘Lobo’ Carrasco, Julio Salinas y Txiki Beguiristaín (el hoy director deportivo del Manchester City). La prensa lo reconoció: “El esquema de Cruyff rompe todos los precedentes del fútbol español”. Pero el esquema no estaba ajustado: “se pierden muchísimos balones, y parece como si existiese casi un desprecio absoluto por controlar y retener la pelota”. 2-0 ganó la ida el Madrid. Además, Julio Alberto, se rompió los ligamentos. El 2-1 de la vuelta le dio el trofeo al Madrid.

La madriditis del Barça de la época comenzó también a afectar a Cruyff. Ya en mayo decía que al Madrid los árbitros le habían regalado 7 puntos. Así que en su primera temporada el Barça de Cruyff se tuvo que contentar con la Recopa que ganaron a la Sampdoria. Tras la final, Barcelona se echó a la calle. Eran años en los que solo se celebraban trofeos menores.

El rol secundario del Barça no era sólo cosa de los árbitros. En mayo, apurando sus últimas opciones de liga, ya campeón de la Recopa, perdieron 2-0 ante un Murcia que esa temporada acabaría descendiendo. Para el siguiente partido de liga Cruyff lo tenía claro: “hay que prepararse para la próxima temporada. Los jugadores que quieran quedarse deberán hacer méritos en los cinco partidos que restan”.

Dos temporadas pasaron y Cruyff no lograba quebrar la hegemonía del Madrid. Al comenzar la temporada de 1990/91 decía: “El Barcelona en 25 años apenas ha conseguido 2 ligas. Las cosas funcionaban mal. Hay que cambiar radicalmente” Y despachaba jugadores. Autorizó la venta de Milla al Madrid porque se negó a renovar. Luego lo mismo con el internacional español Roberto Fernández. Pero iban llegando otros: Stoichkov, Koeman. Al finalizar aquel año el Barcelona ganó la liga. Esa victoria no fue un título de liga normal. Entonces nadie lo sabía. Pero Cruyff había roto en dos la historia del Barcelona, quizás la del fútbol español.

Cruyff: Profesional y supersticioso


El Jueves Santo del 2016 se asociará a la eternidad con la partida de uno de los cinco futbolistas más grandes que haya dado el deporte rey. El mejor de todos los que han nacido en el viejo continente. Se lo llevó un cáncer de pulmón, quizás castigando esa costumbre suya de fumar hasta en el entretiempo de los partidos.

Cruyff, hijo y parte creador de la Ámsterdam revolucionaria de los 60s, la de Provos, la que rompió con esa generación holandesa conservadora que prefería no hablar de lo ocurrido en la segunda guerra mundial, no veía porque, si era el mejor, no podía fumarse un cigarrillo a mitad de cada partido. En 1991 el estrés y el cigarro le afectaron el corazón. El vicio lo cambió por una chupa-chups, una colombina que se llama al otro lado del Atlántico. Pero ya era tarde. El cigarrillo había dejado facturas que se cobraron ese Jueves Santo de 2016.

Cruyff con Chupa Chups

Hay libros, casi bibliotecas escritas sobre Cruyff. Su influencia es tal que abarca desde su debut el 2 de febrero de 1964 –cuando con 17 años recibió el permiso de su señora madre para viajar a partidos de visitante con el Ajax–, hasta el Messi de hoy. En retrospectiva quizás haya que lamentar que Cruyff no estuviese todavía entrenando al Barça cuando otro genio, Maradona, aterrizó en el cuadro catalán. Quizás aún el gran Diego hubiese dado más de lo mucho que dio.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras:

Padre Hijo Espíritu Santo

La influencia de Cruyff en el fútbol y la sociedad no se puede entender sin otro genio del deporte: Rinus Michels. Los historiadores del deporte aún están decidiendo cuánto del fútbol total se le debe a Michels y cuánto a Cruyff. El punto es que la historia es caprichosa y juntó a los dos magos que revolucionarían el fútbol para siempre.

A finales de 1966, terminando su primera temporada completa como entrenador del Ajax, Michels instó a la Junta Directiva del equipo a pagar y garantizar un sueldo decente a los jugadores. El fútbol holandés era aún un deporte  de aficionados.

Cruyff, huérfano de padre desde los 12 años, ayudante en todos los quehaceres domésticos del Ajax desde niño al tiempo que su madre laboraba limpiando los vestidores, trabajaba entonces para la revista Sport World. No era reportero. Sus labores incluían repartir la revista a través de la ciudad.

Cruyff decía que el primer profesional del fútbol holandés fue Piet Keizer, hasta entonces comerciante de tabaco. El segundo fue él.  De Keizer, quien jugaría 364 partidos con el gran Ajax, dijo el escritor holandés Nico Scheepmaker: “Cruyff es mejor, pero Keizer es el mejor“. El tiempo desmentiría tal afirmación.

Pronto Cruyff se dio cuenta que él era el artista. La gente pagaba por verlo a él y a sus compañeros. También era consciente que su carrera, la de futbolista, era corta. Por ello fue apenas natural su interés en explotar el profesionalismo en su beneficio: “Cuando mi carrera termine no puedo ir a la panadería y decir, soy Johan Cruyff, deme pan”.

De allí la famosa anécdota en la que se molestó cuando descubrió que los dirigentes de la Federación Holandesa de Fútbol viajaban con seguro, pero los jugadores no. Eran épocas en que jugar en la selección era un honor. Así lo entendía Cruyff también. Pero honor o no, exigió y eventualmente logró el cambio. Por ello también, cuando lo expulsaron en su segundo partido como internacional frente a Checoslovaquia, se negó a aceptar la sanción de la Federación: le prohibían jugar con el Ajax, pero no con la selección. El problema era simple. Era el Ajax quien le pagaba, no la selección. El honor no da para comer.

La racionalidad económica de Cruyff no fue obstáculo para que como todo futbolista, tuviese agüeros especiales. De hecho el Ajax era un equipo de muchas supersticiones. El fisioterapeuta, Bennie Muller, debía ir a todos los partidos con el sombrero de la suerte, un gorro de ski.

En la Copa de Europa de 1966/67 el Ajax se presentó a Europa. En segunda ronda se enfrentó al Liverpool que no sólo era el campeón inglés, sino que además estaba dirigido por una leyenda: Bill Shankly. Cinco goles marcaron los holandeses. Ese partido contra el Liverpool, reconoció alguna vez Cruyff, fue el comienzo del Gran Ajax. Shankly, al final del partido, anunció que el Liverpool ganaría 7-0 la vuelta.

Rumbo a Liverpool, para disputar el partido de vuelta, Maup Caransa, uno de los mayor inversores del Ajax de aquellos años le prometió a Cruyff un bono extra especial si marcaba un gol en los primeros 15 minutos. La amenaza de Shankly era creíble. Cruyff, solidario él, le respondió que lo discutiría con los muchachos. “Pero sabe que nosotros pensamos en grandes sumas de dinero. Igual que usted“. El Ajax empató a 2. Cruyff marcó dos goles, pero en el minuto 49 y en el 71. Desconozco si Caransa les dio algún premio. Pero ahí nació el gran Ajax.

Ya en cuartos, el Ajax se enfrentó al Dukla de Praga. El empate 1 -1 en Ámsterdam obligaba al Ajax a remontar en Checoslovaquia. Un penal y un autogol contrarrestaron el gol de Sjaak Swart. Michels culpó a Soutekouw, autor del autogol. Nunca más jugaría con el Ajax. Los jugadores culparon a la mujer del fisioterapeuta Muller: olvidó empacar el gorro de la suerte.

Cruyff, por supuesto, también era supersticioso. Como cada jugador, debía recibir masaje en el orden exacto. Al finalizar el masaje, el bueno de Muller debía decir a cada jugador una frase. La misma por jugador. A Cruyff le decía “yogi twee”. Muller, en el libro de Winner “Brilliant Orange” dice que no recuerda porque le decía Yogi. Pero la frase quería decir: “marca dos goles“.

Icónica es su foto con el número 14 a la espalda. Cruyff, como todo delantero que se respetase usaba la 9, tanto en el Ajax como en la selección de Holanda. Pero lesionado a inicios de la temporada 1970/71 no regresó hasta un partido con el PSV en octubre.

cruyff y el número 14

A su regreso, Gerrie Muhren entró al camerino a tomar el número 7. Profesionales o no, el uniforme aún lo lavaba la esposa del utilero. Pero la señora refundió el 7. Cruyff le sugirió entonces que usará el 9 y él se pondría el 14, número asociado a los suplentes en una época en que los titulares siempre vestían del 1 al 11. Ajax ganó y cuenta la leyenda que Cruyff le sugirió a Muhren que mantuviese la 9 y él se quedaría con la 14. Así nació la leyenda del 14, el número que en 2007 el Ajax retiró para siempre.

En el Ajax ganó tres Copas de Europa. Hizo historia en el Ajax y en el Barça, aunque fue en el cuadro catalán donde hace historia en el otro ámbito del fútbol: como entrenador: Alguna vez afirmó: “Lo más bonito en nuestra vida es jugar, pero lo que más cerca queda de esa sensación es entrenar”. Se fue en 1996, echado por las directivas que no entendieron que el Barça estaba en proceso de rearmarse. Dicen que tenía ya apalabrado a un muchacho que despuntaba: Zinedine Zidane. Nunca sabremos como habría sido es Dream Team II.

Se fue el hombre. Nace la leyenda.

 

 

 

 

¿El ocaso del fútbol Colombiano?


En 1994, cuando expulsaron a Maradona por doping del Mundial de EE.UU., la tristeza se apoderó de muchos hinchas del fútbol. En pocos lugares las manifestaciones de dolor y rabia fueron tan fuertes y radicales como en Bangladés. Allí, cuenta Kuper en Soccer Against the Enemy, 20.000 personas marcharon por Daca, la capital, exigiendo que a Maradona se le dejara jugar. Incluso, ejerciendo a fondo su profesión, Mohammed Anwarul –abogado bangladesí– demandó al entonces presidente de la FIFA, Havelange por 1000 takas (unos US$20) debido a los trastornos mentales que le había supuesto la expulsión de Maradona del Mundial.

La anécdota resalta las pasiones que el fútbol despierta. Pero llama la atención que en ciertos lugares la pasión no es sobre lo que se tiene a mano sino sobre lo que llega por la televisión. Particularmente cierto es esto en el sudeste asiático, región futbolera por excelencia. Allí los ídolos no juegan en Tailandia o Malasia sino en Inglaterra o España. La lejanía hace que el interés se cultive a través de la televisión. Las apuestas en torno al fútbol europeo, el inglés y la Champions en particular, es otro ingrediente que impulsa constantemente el interés por seguir los pasos de Messi, Robben o Agüero.

En América Latina, en Colombia en particular, el interés por el fútbol doméstico es muy superior al que se tiene en esa zona de Asia. Sin embargo, la emigración del talento local (y de muchos sin tanto talento valga decir), nos deja un torneo cuya calidad cada vez está más comprometida. La evidencia anecdótica sugiere que poco a poco los jóvenes se interesan, como los asiáticos, más por los enganches y goles de Ronaldo o Rooney que por el despliegue físico de Robayo o Roa. No hay encuestas sistemáticas que permitan probar la hipótesis. Pero decidí indagar esto con los estudiantes de mi curso de Fútbol, economía y sociedad que dicto en la Universidad de Los Andes.

A 59 estudiantes del curso les pregunté cuál era su equipo preferido en Colombia. También les pregunté por su equipo preferido en el exterior. Finalmente les pedí que me indicaran si preferían el equipo de Colombia o el del exterior. El 53% indicó que prefería un equipo extranjero. El 47% aún prefiere un equipo colombiano.

Preferencias FES 2016

Los resultados del ejercicio no son más que una muestra sesgada de un grupo de estudiantes que tienen interés en el fútbol. Por lo tanto no es posible sacar conclusiones definitivas sobre las preferencias de la población. Pero son llamativos y ante lo que observamos a diario en radio, prensa, televisión e Internet, no parecen resultados sorprendentes. Quizás los entes que manejan los hilos del fútbol en Colombia deberían investigar sobre el tema para poder actuar de manera adecuada. No sea y estemos viviendo el ocaso del fútbol colombiano y no nos hayamos dado cuenta.

¿Modric? El crack es James


El Madrid perdió por tercera vez consecutiva ante el Atlético de Madrid en el Santiago Bernabéu.  Nunca, ningún equipo, había logrado tal hazaña. Cuando en la final de la Copa del Rey de 2013 el Atléti venció al Madrid 3-1, no sólo ganó el trofeo sino que derrotó por primera vez en el Siglo XXI a su eterno rival. La historia, también en el fútbol, es de ciclos. Hoy, el equipo más rico del mundo, se está hundiendo.

En abril de 1987 tras la debacle ante el Bayern Munich en el primer partido de semifinales de la Copa de Europa, el Madrid anunció el extraño fichaje de Milan Jankovic. La hepatitis de Valdano, unido a la compleja situación de Juanito (tras pisar la cabeza a Mattheus en Múnich) abría el camino a un miembro de la Quinta del Buitre que aún no lograba afirmarse en el equipo: Rafael Martín Vásquez. Ramón Mendoza, entonces presidente, apostó en cambio por un semidesconocido yugoslavo proveniente del Estrella Roja de Belgrado quien apenas había sido 7 veces internacional con su selección.

Jankovic estuvo a punto de debutar el 12 de abril frente al Barcelona, equipo que según sus declaraciones era “el segundo mejor equipo de España”. No se estrenó aquel día, pero sí el 18 de abril ante el Sporting en el Molinón. Marcó el gol de la victoria. Jankovic terminó siendo pieza importante esa temporada logrando con la Quinta del Buitre la segunda de las cinco ligas consecutivas que ganarían. La temporada siguiente fue el hombre por el que pasaba todo el juego del Madrid. Pero en semifinales de Copa de Europa, ante el PSV holandés, nuevamente el Madrid no pudo alcanzar la gloria. La ida en Madrid se saldó con empate a uno. En la vuelta, con la estrella del Eindhoven -Ronald Koeman- sancionado por haber felicitado a su compañero de equipo Gilhaus por lesionar de forma premeditada al francés Tigana, del Girondins de Burdeos en el partido de ida de los cuartos de final de la Copa de Europa, ni siquiera una espectacular chilena de Hugo Sánchez fue suficiente para batir la valla de van Breukelen.

Era ese un Madrid ultra ofensivo. Defensa de tres, Gallego (el 10 antes de la llegada de Jankovic) y Gordillo (flecha andaluza por la izquierda) por delante. Michel, Jankovic y Martín Vázquez más adelante. Arriba los dos cracks: Butragueño y Hugo Sánchez. Jankovic triunfó siendo un jugador correcto, simple, sin complicaciones. No destacaba pero cumplió a cabalidad lo que se le pidió esa temporada.

Pero en el verano del ’88 Mendoza comprendió que al Madrid tenía que moverlo un crack superior. Schuster, estrella ocho años en el Barcelona, se puso a tiro. A Jankovic lo mandaron al Anderlecht belga y con el alemán dirigiendo la orquesta el Madrid encandiló a los amantes del fútbol. Ganó la liga perdiendo un solo partido. Consiguió además la Copa del Rey. Los éxitos domésticos no se pudieron refrendar en Europa porque en semifinales se cruzó el Milan de Sacchi que les metió 5 en Milán. Las grandes victorias requieren también de algo de suerte. Lo que le sobró de calidad a la Quinta, le faltó de suerte.

Modric me recuerda a Jankovic. Es un jugador correcto, simple, que cumple. Pero no es el jugador desequilibrante que necesita un Madrid trabado. La prensa madridista suele salvar a Modric de las debacles que se suceden cada vez con más frecuencia. Lo hacen porque pasa fácil, corre mucho, aprieta. Pero ni desequilibra ni marca diferencias. Quien puede desequilibrar es James Rodríguez. Pero desequilibrar es más difícil y cuando no se puede se nota. James es un jugador superior, lo mostró con Colombia en el Mundial y con el Madrid la temporada pasada. Más allá de sus desavenencias con Benítez, de las preferencias de la prensa de Madrid por Isco, Modric y hasta el tal Borja Mayoral, James bien ubicado debería ser el Schuster que afine la orquesta. Salvo que efectivamente tenga unos problemas que escapan al gran público, es sobre su figura que Zidane debería comenzar el trabajo de reconstrucción.

Una visión diferente de la historia y las estadísticas del fútbol

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