Neymar, ¿comparable con Pelé?


 

A raíz de los cuatro goles que marcó Neymar contra el seleccionado japonés el pasado 14 de octubre de 2014, muchos comenzaron a compararlo con Pelé. El origen de la comparación es que también con 22 años Pelé alcanzó a la cifra de 40 goles con la selección de Brasil.

Aún los más furibundos admiradores de Neymar deben sentir cierto escalofrío al comparar a la joven estrella del Barcelona con el Rey del Fútbol. ¿Realmente son comparables Neymar y Pelé?

F- G. Breta?a

La gráfica muestra la evolución goleadora hasta los  22 años del Rey y de Neymar. Pelé comenzó su carrera goleadora muy joven. Cuando Pelé marcó su gol número 40, ya había sido dos veces campeón del mundo y apenas si había jugado 36 partidos tipo A con la selección de Brasil (es decir, contra otras selecciones).  Neymar ha sido campeón de la Copa Confederaciones pero si por algo se recordará su debut mundialista será por su golpe en la espalda y la vergüenza brasilera en las semifinales ante Alemania. Neymar, cierto, no jugó aquel partido, pero creería que existe unanimidad universal en que su presencia no habría impedido una goleada alemana. Los 40 goles de Neymar, además, incluyen los 3 que marcó en los juegos olímpicos de 2012. Es válido considerar ese torneo, pero no deja de ser un torneo menor.

Las cifras pueden, por tanto, ser engañosas. La siguiente gráfica muestra la evolución goleadora de Neymar y Pelé en sus primeros 58 partidos. Es decir, los que le tomó a Neymar llegar a 40.

Pelé y Neymar por partido jugado en Brasil

Las cifras, vistas de otra forma, son elocuentes. En sus primeros 58 partidos Neymar ha marcado 40 goles. Pelé estaba jugando su tercer mundial, estaba siendo sacrificado por los portugueses en el Mundial de Inglaterra y ya rondaba los 60 goles con la selección brasilera.

La respuesta a la pregunta del titulo de la columna es contundente. No. Neymar actualmente no es comparable con Pelé. Está aún a años luz. Quizás más adelante. Su fútbol parece aún endeble para entrar en esa lista de cracks universales. No parece consistente, no es la figura en la que se pueda confiar para cambiar el signo de un partido.

Dicho esto, a algunos les puede sorprender que su desempeño goleador sí sea comparable con el de Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, los dueños del fútbol mundial durante la última década. La capacidad goleadora del portugués y el argentino está fuera de toda discusión, aún para sus más fuertes contradictores. Lo sorprendente es que Neymar, que aún no convence a todos, lleva mejores números que Ronaldo y Messi a la misma edad.

Messi Ronaldo Neymar Evolución Goleadora

La gráfica revela que desde su debut, Neymar siempre ha llevado mejores registros que Messi y Ronaldo a una edad comparable. Es cierto, Neymar debutó en Brasil, un torneo inferior en calidad a la liga inglesa o española. Pero Neymar, muy joven, fue campeón de la Copa Libertadores. En la final del Mundial de Clubes su Santos fue aplastado por el Barcelona pero, como alguna vez dijo Guardiola, ese quizás fue el mejor partido que él vio a los azulgrana. Y ese Barcelona es uno de los mejores equipos dela historia. Poco que criticarle a Neymar.

La gráfica además muestra que la tendencia goleadora de Neymar no se ha resentido sustancialmente desde su arribo al fútbol europeo. Si bien parece que le costó arrancar, la curva parece retomar la tendencia de sus mejores años.

Neymar es joven. Por fútbol y desempeño futbolístico es difícil compararlo actualmente con Pelé, Messi o el mismo Ronaldo. Aún no se le ve un golazo memorable en Europa. Pero marca goles. Muchos goles. Quizás con mayor confianza, con mayor decisión en sus arrancadas, Neymar se destape como el verdadero sucesor de la dupla Messi-Ronaldo en el fútbol mundial. Puede ser una bonita espera.

 

Los 20 equipos del FPC: Un diagnóstico equivocado


El 7 de octubre del 2014 la Dimayor, ente rector del Fútbol Profesional Colombiano (FPC), decidió ampliar la primera división de 18 a 20 equipos. La justificación oficial de tal decisión es que había que buscar una “repontencialización de las competencias. Era importante en un momento coyuntural darle un oxigenación a la Liga buscando mejores réditos y mejores resultados en asistencias de taquilla, en temas de televisión y sobre todo en temas de sponsorización”. Los ocho equipos ‘clase A’ de la B de Colombia jugarán dos cuadrangulares para elegir a los 2 beneficiados.

La medida se tomó en los medios y las redes sociales como un acto desesperado para ascender al América, inmerso hace ya años en una infructuosa lucha por ascender a la primera división. El América es, junto a Nacional y Millonarios, el equipo con más hinchada en Colombia. Sus aficionados viajan por todo el país, particularmente desde Cali y Bogotá, alegrando estadios por doquier. La presencia del América en la A es, por tanto, importante pues, como se mostró en Números Redondos, las asistencias en Colombia, particularmente por el surgimiento de equipos sin ninguna tradición, son absolutamente pírricas desde todo punto de vista.

La decisión, por tanto, parece tener sentido. Hay que ascender al América y los estadios se llenarán. Los equipos sin afición juegan frente a público sólo cuando enfrentan a equipos como Millonarios, Nacional, Santa Fe y, en menor medida, Cali, Junior o Medellín.  Así que tener una taquilla extra no les vendrá mal.

Pero la evidencia mundial sugiere que, en realidad, el números de espectadores en un estadio no depende del número de equipos en la liga. La siguiente gráfica toma una muestra de las asistencias de varias ligas del mundo durante la temporada que va del segundo semestre de 2013 al primero del 2014 y las compara con el número de equipo en la primera división de cada país. Aunque son varias las ligas que tienen playoff o algún sistema de eliminatorias para seleccionar al campeón, en la gráfica sólo se incorporan los datos de la temporada regular. Esta elección es debido a que los problemas de asistencia son principalmente en la temporada regular. En Colombia, aún los equipos sin afición reciben más afición en los playoff en la medida que enfrenten equipos más tradicionales.

Asistencia y Número de Equipos

La gráfica revela que la correlación entre el número de equipos y las asistencias promedio por partido es, esencialmente, inexistente. Las ligas con asistencias por encima del promedio de la muestra son las cinco grandes de Europa, México y Holanda. El caso mexicano ya lo discutimos en Números Redondos. En esencia es la liga latinoamericana con mayor fortaleza económica. Si bien no logra competir con las europeas, si logra retener en América Latina algunas estrellas del fútbol regional. Holanda, que dispone de excelentes estadios, tiene 3 equipos con gran cantidad de seguidores: Ajax, PSV y Feyernoord, pero también Heerenveen, Twente y Groningen, Utrecht y Vitesse tienen excelentes promedio de asistencia.

Colombia, en términos de asistencia, no destaca en absoluto. Ni por mucho, ni por poco. No hay razones evidentes para creer que con 20 equipos (aunque esté el América), el FPC va a situarse por encima de la línea roja en la gráfica.

La asistencia no fue la única explicación que se dio para aumentar de 18 a 20 equipos. También se justificó la medida por la parte comercial. Por supuesto, con el América en la A, la audiencia de televisión va a subir, y lograran vender en unos pesos más el fútbol profesional colombiano.

En Inglaterra, lo escribimos hace unas semanas, cuando las asistencias se resintieron hicieron un diagnóstico diferente. El problema radicaba en la baja calidad del espectáculo, los malos estadios y la violencia alrededor del fútbol. Si bien en Colombia la violencia en los estadios ha descendido, la violencia en torno al fútbol sigue siendo un problema demasiado frecuente. Los estadios, aún aquellos remodelados para el reciente Mundial Sub 20 de 2011, son obsoletos, incómodos y poco amigables con el espectador.

Pero, sobretodo, el espectáculo es deplorable. Ver un partido promedio del fútbol colombiano puede ser un verdadero suplicio para el aficionado desprevenido. Shankly, el legendario manager del Liverpool en los 60s y 70s, lo tenía ya en esa época muy claro: “el objetivo primordial es que el jugador controle el balón y haga lo básico: control y pase, control y pase“. Los futbolistas colombianos que están capacitados para hacer lo primordial, o están en el exterior, o están concentrados en, siendo muy generosos, 5 o 6 equipos.

El problema esencial de la asistencia de hinchas al estadio radica en la falta de espectáculo. Por ello no se entiende que la plata del patrocinador decida repartirse entre 20 equipos, en lugar de en 18 (o incluso menos) equipos. El número ideal es quizás 16. Darle plata a los equipos para que logren mantener las figuras, al menos mientras son jóvenes, lograría que los equipos que participan en torneos internacionales puedan, sistemáticamente, destacar. Alguien debe preguntarse por qué Falcao, James, o Quintero apenas si jugaron en el torneo colombiano. El caso de Juan Fernando Quintero, que se fue directo a Italia, quizás sea razonable (así haya sido a un equipo muy secundario). Pero Falcao y James debieron irse a Argentina a triunfar. Los equipos colombianos no logran armar combinados competitivos, ni siquiera a nivel regional. Los triunfos de equipos colombianos en los torneos continentales son, literalmente, triunfos de todo el fútbol colombiano. Pero dispersando el escaso dinero entre muchos simplemente contribuye a igualar por lo bajo el torneo doméstico. Al final, el castigado es el espectáculo. Las asistencias caerán y seguirán pensando que el problema es incrementar el número de equipos.

Una preocupación final …. ¿y si no sube el América? ¿se ampliará la liga a 22, 24, 26, 28 … hasta que ascienda?

 

Barcelona en los ochenta: La década perdida


El Barcelona de los ochenta no era el Barcelona de la actualidad. Si bien entonces como ahora, era un club poderoso económicamente, a diferencia de hoy era un club eminentemente perdedor.  A comienzos de los ochenta, el Barcelona era todo ilusión. A tierras catalanes llegó el que, para muchos, llegó a ser el mejor jugador de fútbol de la historia: Diego Armando Maradona. Pero entre la hepatitis B que contrajo, la patada criminal de Goicoetxea que le rompió el tobillo, las peleas con el presidente Nuñez y, seguramente la rumba que lo llevó allí a iniciarse en las drogas, Maradona no logró triunfar.

Pero nada parecía importar cuando el 7 de mayo de 1986 el Barcelona saltó al Estadio Ramón Sánchez Pizjuán de Sevilla para disputar la final de la Copa de Europa ante un desconocido Steaua de Bucarest. Abarrotado de barcelonistas, ausentes los rumanos –  Rumanía estaba detrás de la Cortina de Hierro- nadie dudaba de la victoria azulgrana. La primera Copa de Europa estaba al caer.

Pero el partido terminó 0-0. Schuster, aunque flojo todo el partido, era la máxima estrella y el mejor cobrador de penales que tenía el Barça. Pero fue sustituido por José Moratalla en el minuto ’85. El alemán, siempre agresivo, se fue directo al vestuario y abandonó el estadio sin esperar a saber el resultado final. Viajaría luego de Sevilla a Barcelona por su cuenta, acompañado por su mujer. Nuñez diría al día siguiente que “lo de Schuster es una película que ya se repite demasiado. No creo que juegue más en el club azulgrana”. Schuster jugaría en el Barça hasta 1988.

En la tanda de penales, Urruti, histórico golero barcelonista tapó los dos primeros disparos del Steaua. Pero Ducadam, un nombre vetado para cualquier hincha azulgrana, también tapó los dos primeros. Alexanco y Pedraza fallaron. Al tercer turno, Lacatus anotó por los rumanos pero ‘Pichi’ Alonso falló. Nuevamente, como antes, Ducadam detuvo el penal. El cuarto penal rumano lo marcó Balint. Finalmente Ducadam detuvo el penal de Marcos Alonso que para más inri era hijo de Marquitos, marcador derecho del Real Madrid que de la mano de Di Stefano y Gento ganó cinco Copas de Europa.

A pesar del fracaso en la final, Terry Venables, entrenador escocés que los había conducido a ser campeones de liga en 1985 después de once años sin ganarla habría de dirigir al equipo hasta finalizar la temporada 1986/87. Tenía la curiosa costumbre, al menos en sus inicios, de ver el primer tiempo desde arriba, en la gradería. Al campo bajaba para el segundo tiempo.

Venables siguió a pesar de la derrota porque en realidad no había razón para echarlo. De su mano, en dos años, el Barcelona había ganado una liga y había rozado la Copa de Europa. Claro que en 1986 no sólo perdió el Barça la Copa de Europa, el Madrid ganó la liga. Y para desespero del barcelonismo aquello era simplemente el comienzo de un dominio absoluto del equipo de la capital de España. La Quinta del Buitre era joven y después se reforzaría con cracks de la talla de Hugo Sánchez o el mismísimo Schuster. Habrían de ganar cinco ligas seguidas hasta la de 1989/90.

Así que el Barça, el todopoderoso Barça, entre las temporadas 1960/61 y 1989/90, tres décadas que se dicen fáciles, apenas si logró obtener dos títulos de liga. El mencionado de Venables, y el de Cruyff en 1973/74. En ese período el Real Madrid ganó 19 ligas. El Atlético ganó 4, y el Athletic de Bilbao y la Real Sociedad 2 cada uno. En aquellos años, no era desde luego una liga de dos. El Barcelona, por resultados, era simplemente uno más.

Así que el Madrid ganaba y el Barça sufría. En 1987 Nuñez decide contratar a Luis Aragonés ya entonces un entrenador reputado por el fútbol de contraataque típico de la época en el Atlético de Madrid. Aquel año el Barça tampoco ganó la liga. De hecho, tuvo casi tantas derrotas como victorias. 15 victorias, 14 derrotas. Terminó sexto, detrás del Osasuna. Pero la tragedia que marcaría un antes y un después ocurrió el 28 de abril de 1988.

Tras la derrota de Sevilla, Schuster siguió en el Barcelona pero en conflicto permanente con el Club. Entre pleitos jurídicos que iban y venía, se filtró a la prensa en algún momento el contrato de imagen entre el Club y Schuster. Esta figura de pago era lo suficientemente novedosa en España para que aún no estuviese regulada. Hacienda simplemente tuvo que leer el periódico ‘La Vanguardia’ para constatar que había diferencias significativas entre las declaraciones de renta de los futbolistas y los tributos del club que aparecían en el contrato de Schuster. La situación, vale anotar, no afectó sólo al Barcelona, sino a todo el fútbol de élite español.

En cualquier caso, Hacienda inició con las citaciones a los clubes y futbolistas para resolver quien se haría cargo de las multas y las cantidades reclamadas por el fisco. Es en este contexto que los directivos del Barça deciden negociar desde febrero de 1988 con los futbolistas para regularizar la situación con el Estado y acordar qué parte de los impuestos debían pagar los jugadores y qué parte debía pagar el Club. Pero encabezados por los capitanes Alexanco (el mismo del penal fallado dos años antes) y Victor, los jugadores exigían al Club que pagará la totalidad del monto adeudado. Luis Aragonés, ex-futbolista él, se alineó con sus dirigidos.

La presión de Hacienda y la falta de acuerdos con Nuñez llevó que el 28 de abril de 1988 se reunieron en el Hotel Hesperia toda la plantilla profesional (salvo  López López —convaleciente de una operación—, Lineker —de regreso en un partido con Inglaterra— y Schuster, que ya iba camino al Real Madrid aunque estos dos dijeron apoyer el comunicado) y Luis Aragonés para emitir un comunicado en el que exigían la dimisión del presidente del Club y su Junta Directiva. De ahí el nombre de la “Motín del Hesperia” con el que se conoce el incidente.

La nota de los jugadores fue extremadamente dura. “Hemos perdido toda la confianza en el presidente, que nos ha decepcionado como persona y humillado como profesionales” señalaba el texto. La nota, que curiosamente no mencionaba la raíz del problema , terminaba anotando que “a los jugadores nos produce tristeza ver cómo este histórico club, con valores que siempre han representado la idiosincrasia del pueblo catalán, se va deshumanizando de esta forma.” 

Aunque en declaraciones posteriores los jugadores quisieron expresar que la preocupación de ellos iba más allá de los problemas con el fisco, las palabras de Zubizarreta, entonces arquero de la institución, fueron claras: “Sabemos el riesgo que corremos y lo hemos valorado. Nos han toreado durante tres meses”. Victor, uno de los capitanes, fue de los más expresivo: “Yo tengo una conclusión muy particular: Núñez no es un forofo ni tampoco barcelonista. Se quiere a sí mismo y ésa es su única bandera”.

Nuñez no dimitiría y, como se temían los jugadores, las represalias fueron contundentes. Aragonés abandonó el club. Despidió a 14 jugadores, de los 26 que había en nómina y fichó 11 jugadores. Además el 4 mayo de 1988, apenas unos días después del ‘Motín del Hesperia’, llegó a Barcelona Johan Cruyff. Firmó por una sola temporada y requirió de diferente avales bancarios por parte del Barcelona para solucionar las múltiples deudas que entonces tenía en la ciudad.

Los primeros años de Cruyff son en sí mismo, una historia para contar. Esa queda pendiente para la próxima semana.

Tres puntos por victoria: ¿Un experimento útil?


Ganar un partido da tres puntos. Actualmente se toma como dado. Pero no siempre fue así. De hecho, durante buena parte del Siglo XX el fútbol en todo el mundo otorgaba dos puntos por victoria. Pero todo comenzó a cambiar cuando al iniciar la temporada inglesa de 1981 – 82 se decidió otorgar al vencedor tres puntos en lugar de dos.

La racionalidad de tal medida era que un punto adicional por victoria llevaría a los equipos a tomar una actitud más ofensiva, lo cual generaría a su vez mayores asistencias. Y es que a principios de los años ochenta, si bien el fútbol inglés dominaba Europa, las perspectivas no eran las mejores. Bert Millichip, recién llegado a la Federación Inglesa (FA), planteó desde su primer discurso dos problemáticas que no lo dejaban dormir: (i) el fenómeno del hooliganismo y (ii) lo obsoleto que eran los estadios ingleses. Sobre el punto primero, reconoció que no sabía que hacer. Las tragedias relacionadas con el fenómeno que recorrieron Inglaterra y Europa a lo largo de los ochenta le darían la razón al dirigente inglés. Sobre el segundo tema le preocupaba sobremanera lo oneroso que resultada renovar los viejos estadios ingleses. Los costos, afirmó, lo hacían prohibitivo.

El público, quizás consciente de la importancia de los dos puntos que cito Millichip, había dejado de asistir a los estadios. La liga inglesa tocó fondo en la temporada 1980-81 al registrarse los peores promedios de asistencia de público desde la Segunda Guerra Mundial.

Jack Dunnet, también nuevo en la presidencia de la Liga Inglesa, coincidió parcialmente con Millichip. Los estadios viejos, dijo, efectivamente frenan la llegada de aficionados, pero sólo de aquellos ocasionales. Un equipo con estadio bello y hermoso no lograría llenarlo si sus resultados deportivos son desastrosos. Los dos, Dunner y Millichip, coincidieron en lo básico: El hincha no acudía al estadio porque el espectáculo que se ofrecía era pobre: más allá del resultado, poco importaba.

Con esta premisa decidieron realizar, como lo calificó Dunnet, un “experimento”. El objetivo era comprobar si al otorgarse un punto adicional por victoria se lograría dar mayor entretenimiento al fútbol inglés. Lo más interesante del experimento inglés es que nunca se hizo una evaluación ex-post (al menos pública) para ver si había logrado su efecto primario: más goles como indicador de mayor entretenimiento. Y lo realmente curioso es que aún sin esa evaluación, eventualmente el resto del mundo la copió.

En la liga inglesa, entre 1950 y 1960 se marcaron 3,42 goles por partido. Fueron 3,14 entre 1960 y 1970 y 2,5 entre 1970 y 1981. El descenso de goles era evidente. El impacto positivo no es particularmente evidente. Entre 1981 y 1992 se marcaron en promedio 2,6 goles por partido. Fueron 2,59 goles por partido entre 1992 y 2000 y 2,64 entre 2000 y 2005.

A pesar de que el resultado era, cuando menos cuestionable, la FIFA anunció en 1993 que a partir del Mundial de Estados Unidos 1994 se premiaría la victoria con 3 puntos. Adicionalmente, el 11 de noviembre de 1994, FIFA emitió una directiva ordenando tres puntos por victoria en todas las ligas. El Calcio italiano introdujo la medida en 1994-95, Colombia en 1995 y la Liga Española, así como la Alemana y la Portuguesa en 1995-1996. En Italia si pareció funcionar. Se pasó de 2,45 goles por partido en el período 1990 a 1994, a 2,61 goles en el período 1994 – 2000. En España también aumentó la cifra de goles por partido. Fueron 2,44 goles por partido entre 1990 y 1995. Entre 1995 y 2005 se marcaron 2,67 goles por partido.

Estas, sin embargo, son cifras descriptivas. Es difícil llegar a una conclusión clara sobre los efectos negativos o no del cambio de norma. Hay sin embargo algunos estudios que han realizado el ejercicio estadístico de manera formal. En 2009, Diger y Geyer publicaron en el Journal of Sports Economics un documento sobre los efectos de la medida en la Bundesliga. Utilizan datos del período comprendido entre 1985-86 y 2004-05 de la Liga y la Copa. La idea de utilizar datos de Copa es que asumen que la única diferencia en el tiempo entre ambos torneos es la regla de tres puntos pues, al ser la Copa un sistema de eliminación directa, esa regla no es relevante. Encuentran como resultado más interesante que el número de empates a cero en Liga cayó de 8,17% a 6,93%, mientras que en la Copa hubo una caída, pero no fue diferente en sentido estadístico. Esto, combinado con una caída registrada en los empates a cero en Liga sugieren que la medida de tres puntos si funcionó en Alemania. Los resultados los corroboran con técnicas estadísticas de diferencia en diferencias. Es decir, la medida habría funcionado en Alemania. Sin embargo, en 2014, Hon y Parinduri publicaron en la misma revista un ejercicio donde evalúan si la medida llevó a un incrementó en el número de goles en Alemania. Los resultados son negativos. Lo más que encuentran es que la regla de los tres puntos aumentó el número de goles marcados por equipos que iban perdiendo el partido en el primero tiempo.

En 2014, en su libro Beatiful Game Theory, Palacios-Huerta hizo un ejercicio similar para la Liga Española. Encuentra que efectivamente cayó el número de empates y que la iniciativa de ataque aumentó en España. Es decir, hubo más tiros al arco y más tiros de esquina. Pero, como efecto no deseado, el número de falta aumentó. El efecto neto es que el número de goles no aumentó.

En resumen, los ingleses cambiaron, y el mundo los siguió. Pero no hay evidencia concluyente de que la medida haya logrado los efectos deseados. En cualquier caso, tampoco hay evidencia que indique que la medida haya perjudicado el espectáculo. Así que por ahora la victoria seguirá valiendo tres puntos. Cabe preguntarse ¿Habría efectos sobre el número de goles por partido si ganar un partido supusiese cuatro puntos en lugar de tres?

El patrimonio de un club siempre juega … al principio.


Las grandes figuras se fichan por cifras escandalosas. Falcao, Ángel Di María, Neymar, Luis Suárez, James Rodríguez son traspasados de un equipo a otro por millones y millones de euros. Los entrenadores los reciben, pero no siempre con los brazos abiertos. Si a Di María o a Falcao parece que Van Gaal los recibe con una gran sonrisa en el Manchester United no pasa lo mismo con otros cracks traspasados recientemente. Neymar, que ya lleva un año en el Barça, ha salido tres veces consecutivas desde el banco. Luis Enrique evita cualquier piropo aún cuando marque 2 goles en los escasos 25 minutos que juega. James sufre con las comparaciones. No se ubica en el terreno de juego y su entrenador, Ancelotti, tampoco ayuda mucho. El público y la prensa comienza a mirarlo con lupa. Pero Neymar y James jugarán por un buen tiempo más de manera asidua. El club espera, debe esperar. Sin necesidad de ser explícitos, Luis Enrique en el Barça o Ancelotti en el Madrid entienden que sus jefes exigen que 80 millones (o más) de euros no se pueden quedar sentados en el banquillo.

Quizás, más adelante, llegue el momento en que el jugador no rinda y el entrenador decida jugársela toda con la suya. Pero para sentar al crack de los millones y millones de euros tiene que pasar tiempo. Así que por ahora, James, en la picota pública hoy por hoy, tiene tiempo. El entrenador, recordemos, siempre es el eslabón más débil. Así lo hizo explícito Ramón Mendoza, el presidente del Madrid de los ochenta.

Ese maravilloso Madrid de finales de los ochenta nunca pudo lograr lo que con tanto anhelo buscó: la Copa de Europa. Tenía un gran equipo, temido en España y en Europa. Era el Madrid de la Quinta del Buitre. El Buitre (ver vídeo), para aquellos jóvenes que sólo lo conocen como directivo del Madrid actual, era un jugador elegante, fino, de poco peso, pero muy rápido en el arranque y  hábil en el regate. Era el ídolo máximo del Real Madrid que, como siempre, estaba plagado de estrellas.

En las semifinales de la Copa de Europa de 1988, el Madrid no pudo derrotar al PSV Eindhoven. Era el holandés un equipo que se había armado para Campeón de Europa con el dinero recibido por la millonaria venta de Ruud Gullit al Milan italiano. Ese partido, esa eliminación dolió, mucho en las huestes blancas.

Pero como dijo alguna vez Kempes, el fútbol siempre te da revancha. Así que un año después el Madrid se encontró nuevamente en frente al PSV Eindhoven, entrenado entonces por Guus Hiddink. Esta vez el partido era en cuartos de final de la Copa de Europa.

Leo Beenhakker, el entrenador holandés del Real Madrid decidió sentar al Buitre, que por aquellos años aún brillaba más que nadie. Era el partido de vuelta y el Madrid partía con ventaja tras haber empatado a uno en tierras holandesas. Beenhakker, decidió poner de titular a Paco Llorente, jugador rápido cuya mejor referencia era ser sobrino de Paco Gento, la mítica Galerna del Cantábrico, único futbolista en ganar 6 títulos de la Copa de Europa.

El Madrid ganó 2-1, pero Butragueño decidió apretar a Beenhakker después del partido: Sabía desde por la mañana que no me iba a alinear. Me llamó para mantener una reunión a solas, y antes de que empezara a hablar yo ya sospeché de qué se trataba. Tardó 30 segundos en explicarme que iba a ser suplente“. Luego, ante la prensa, el entrenador justificó la decisión en que la velocidad del sobrino de Gento era clave para “tapar las subidas del lateral Gerets“. Butragueño respondió: “Yo creo que un delantero debe salir al campo a jugar al fútbol y no pensando en marcar a un lateral contrario“. Desde Barcelona, por supuesto, se atizaba el fuego. Cruyff declaró: Yo no hubiera dejado a Butragueño en el banquillo, porque creo que tiene que jugar siempre. El Madrid es Butragueño y 10 más“. El holandés respondió: “Si yo tuviese a Lineker en mi equipo, jugaría los 90 minutos

Lo mejor, lo que hizo historia, llegó unos días después. Ramón Mendoza, presidente blanco se reunió con Butragueño y luego con Beenhakker quien había llegado a pedir una sanción económica al jugador por quejarse de su suplencia. Contrario a lo que el holandés pensó, Ramón Mendoza fue muy claro.

- “¿Sabe usted lo que ha hecho?” preguntó el gran jefe.

- “Eliminamos al PSV y alcanzamos la semifinal de la Copa de Europa”, respondió orgulloso el entrenador.

- “Ha jugado usted con el patrimonio del club”, le recriminó Mendoza.

Al final, quizás lo mejor hubiese sido no pasar a semifinales. Ese Madrid, ya con Butragueño, más Gordillo, Martín Vázquez, Schuster, Michel, Hugo Sánchez y hasta el simpático Paco Llorente, sería vapuleado 5-0 por el Milan de Sacchi y los tres tulipanes: Rijkaard, Gullit y Van Basten.

Pero el patrimonio del club primó. Tiempo después, Beenhakker fue despedido del Madrid, siendo líder en la liga, porque jugaba feo. En Colombia hay nervios porque James no logra destaparse en el Madrid. Quizás por obvio no haya necesidad de recordarlo, pero James no llegó como Rincón o Congo al Madrid. James llegó como estrella por mucho dinero. Así que tiene tiempo. Neymar tuvo una primera temporada bastante opaca. Aún está por verse si triunfa de verdad en el Barça. Pero ahora parece consciente que tiene que trascender en el juego azulgrana para ganarse la confianza del entrenador, el equipo y de la afición. Ese ataque de personalidad es el que necesita James.

El Madrid y su afición son impacientes, no lo esperarán eternamente, pero es muy joven y sentarlo sistemáticamente es jugar con el patrimonio del equipo. Personalmente no creo que Ancelotti sea de los que juega con el patrimonio del equipo que le paga. Habrá que ver.

 

Millos, Boca … ¿para qué echar al entrenador?


Alfredo Davicce, presidente de River Plate entre 1989 y 1997 afirmó con cierto dejo de sabiduría en alguna ocasión que  “como presidente tengo la obligación de respaldar al entrenador hasta cinco minutos antes de echarlo”. Los entrenadores siempre deben estar con la maleta empacada. Ellos lo saben.

Howard Wilkinson, a la fecha el último entrenador inglés que logró campeonar en Inglaterra, afirmó, como si hubiese conocido a Davicce, que “hay dos tipos de entrenadores: los que acaban de ser despedidos y los que están a punto de serlo” . Ellos, como dijo Lillo, cuya aventura en Millonarios terminó abruptamente, no tienen derecho a dudar.

A los entrenadores, nos dicen un par de investigadores europeos (en artículo recientemente publicado en el Journal of Sports Economics), los echan por los malos resultados . Suena casi tautológico, pero en realidad hay algunas conclusiones muy interesantes en este trabajo.

El estudio se basa en 1.213 despedidos forzados de entrenadores principales en las cuatro principales divisiones del fútbol inglés entre las temporadas 1949-50 y 2007-08. Exploran las razones de corto y largo plazo que puede explicar el despido de un entrenador. Revisando los resultados de las dos semanas previas encuentran que un mal desempeño aumenta la probabilidad de ser despido. Lo mismo sucede evaluando razones de largo plazo. Esto último lo miden revisando las posiciones que sube o cae el equipo desde que el entrenador está a cargo. A medida que cae posiciones, su probabilidad de ser despedido aumenta.

Lo anterior poca información da al aficionado al fútbol Eso, en esencia, es lo que todos lo hinchas ya sabemos. Lo que no sabíamos, al menos para el fútbol inglés, es que por cada año adicional que tenga un entrenador, su probabilidad de ser despedido aumenta en 0.39 puntos porcentuales. Tampoco sabíamos, pero quizás si intuíamos, que un entrenador de la cuarta división tiene 5.5 puntos porcentuales más de ser despedido que un entrenador de la primera división. Esto de alguna manera sugiere que a medida que un equipo gana seriedad institucional, menos movimiento tendrá del entrenador.

La experiencia del entrenador, medida como el número de años que ha entrenado en equipos ingleses parece relacionarse negativamente con la probabilidad de ser despedido. El resultado sin embargo no es concluyente, quizás porque el indicador sólo captura la experiencia obtenida en la liga inglesa, no la que pudiese haber tenido en otros lugares del mundo. Quizás, entre los años cincuenta y ochentas esta manera de medir experiencia es apropiada, pero desde luego no lo parece los últimos 15 a 20 años.

Otro resultado interesante es que el entrenador que fue jugador internacional con su selección tiene un mayor riesgo de ser despedido que aquel que no fue jugador internacional. Es decir, poner una cara famosa llena prensa el día de la presentación, pero no da al entrenador más seguridad laboral. En cambio, es más difícil echar a aquel que fue jugador del equipo que entrena. Un hombre de la casa tiende a ser menos probable que lo despidan.

Pero el resultado más interesante es aquel en el que encuentran que es mucho más fácil despedir a un entrenador en la actualidad que hace 10, 20 ó 40 años. Un entrenador en 2005, con igual desempeño, edad y experiencia que un entrenador en 1950, tenía mayor probabilidad de ser despedido. Es decir, con el tiempo, los nervios se han acrecentado. Quizás, como dicen los autores del estudio, por la competencia en la liga, o quizás, por la presión mediática que hoy día es muy superior a la de décadas anteriores.

Los nervios son notorios. Un entrenador en Inglaterra, durante el período considerado por los autores, dura en el cargo apenas 62.2 semanas, poco más de una temporada y media. En Colombia, mostré en los Números Redondos, un entrenador dura apenas 1,8 semestres, es decir de enero a más o menos la tercera semana de octubre. Los nervios, la impaciencia parece universal.

Pero, ¿para qué echar al entrenador? Millonarios, uno de los históricos de Colombia, despidió a Lillo tras fracasar en la Copa Suramericana, la Copa Postobon y ser incapaz de sostener al equipo en el grupo de los ocho mejores que disputarán el título de liga. Boca, hizo lo mismo con Bianchi, el hombre que los llevó a la gloria. Pero tras hacer 3 puntos de 12 posibles, y llegando de campañas muy pobres, el otrora Virrey, debió abandonar la dirección del histórico equipo del Barrio de La Boca.

Tras el despido, el amanecer de Millos y Boca fue diferente. Mientras el equipo argentino ganó a Vélez, Millonarios con una nómina raquítica, siguió perdiendo, esta vez frente al Atlético Huila.

¿Existe evidencia que sugiera que es bueno echar al entrenador en plena disputa por el título? No conozco un ejercicio para Argentina o Colombia pero, utilizando datos desde las temporadas 1972-73 a 1999-2000, si hay un estudio con datos para la liga inglesa. Los autores de ese estudio encuentran que si se despide a un entrenador mientras la temporada está en curso, los resultados empeoran durante los dos primeros partidos, no se empeora en los siguientes 3 a 10 partidos, pero se vuelve a empeorar entre el partido 11 y 16. En otras palabras. Se tarda unos 16 partidos (alrededor de 3 meses), en lograr que el nuevo entrenador logre estabilizar el equipo. Es decir, en promedio, cambiar de entrenador en la mitad de la temporada parece mala idea.

Estos, por supuesto, son resultados promedios. El presidente o propietario del equipo cambia de entrenador con frecuencia en la mitad del torneo porque considera que se puede salir del promedio. Alguno, sin duda, lo logrará. Pero “alguno”, son pocos. La mayoría sigue la tendencia (que por ello es tendencia) y terminará perjudicando el desempeño del equipo. Es un problema mediático. En realidad, echar a un entrenador en la mitad de la campaña, más que ser indicativo de la decisión del presidente o propietario de turno de ajustar el equipo, es la revelación implícita de que la tarea se hizo mal antes de comenzar la temporada. O no se trajeron los jugadores requeridos, o el entrenador no podía con ellos (deportiva o administrativamente).

En el caso de Millonarios, la respuesta parece sencilla. La base sigue siendo el equipo que ganó la estrella 14. Una estrella que se ganó con justicia, pero que se consiguió con las uñas. Aquel logro debió entenderse como un primer paso para renovar el plantel poco a poco, con tranquilidad pero con firmeza. Pero entusiasmados en los grandes nombres para la delantera, nunca se pudo renovar el arco, la defensa o el medio campo. La renovación, triste para los hinchas azules, llegará a las patadas. Porque toca. Echaron a Lillo. Pero no se imagina uno como Guardiola o Mourinho lograrían levantar un equipo futbolísticamente tan pobre. Y es “difícil” que llegue Guardiola o Mourinho.

 

 

Una visión diferente de la historia y las estadísticas del fútbol

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