La dificultad para triunfar en el Madrid: de Zidane a James


El debate sobre la compatibilidad de James Rodríguez con la táctica y las demás estrellas del Real Madrid recuerda lo sucedido cuando llegó Zinedine Zidane al equipo blanco.

En julio del 2001 el Real Madrid presentó al entonces jugador más caro de la historia. Ante 300 periodistas, Florentino Pérez se mostró orgulloso de su último fichaje galáctico. Poco importaban los 70 millones de euros que acaba de desembolsar a la Juventus deTurín. Estaba destinado a hacer historia en Madrid. Lo que pocos imaginaban, eran las críticas fuera de tono que llegó a recibir durante sus primeros meses en el equipo.

Zidane, como se lo recordaría al mundo entero en la final del mundial del 2006, tenía un temperamento fuerte y agresivo más allá de su inigualable clase. Así que llegó al Madrid con cuatro partido de sanción en la Champions League. En consecuencia, durante los primeros meses de la temporada, el crack francés debía demostrar la valía de su fichaje en la Liga.

El Madrid se estrenó aquella temporada frente al Valencia con derrota uno por cero de visitante. Si bien para el Madrid la derrota nunca se acepta como algo natural, no era un resultado inesperado. El Valencia era un gran equipo que, a la postre, se coronaría como Campeón de Liga.

Pero el debate comenzó. La prensa cuestionaba la posición idónea de Zidane. Aquel día, dicen las crónicas, arrancó por izquierda, cerca de Figo y Roberto Carlos. Pero su juego no tuvo el esplendor ni la constancia esperada y terminó ofreciendo poco de su excelso repertorio.  Con el correr de los partidos las cosas no mejoraban. Transcurridas seis jornadas, el Real Madrid registraba el segundo peor arranque de su historia. Habían logrado apenas 5 puntos de 18 posibles. Cero puntos de visitante. Era, junto al Espanyol, el equipo más goleado de la liga con un promedio en contra de dos goles por partido. El descenso directo estaba a un punto. El Madrid galáctico naufragaba.

Zidane, individualmente, rendía. Era el máximo goleador de equipo, y destacaba por su calidad. Pero el Madrid obtenía mejores resultados cuando él no jugaba. Eran los mismos jugadores blancos los que justificaban el pobre desempeño en la liga en los problemas de Zidane para ajustarse tácticamente a las necesidades del equipo. El Madrid, argumentaban, había jugado la temporada anterior con dos medios defensivos definidos: Helguera y Makelele. La llegada de Zidane obligaba a plantear un rombo donde Makelele era el único medio defensivo definido. Éste llegó a afirmar en L’Equipe “que el Madrid no defendía como un equipo”.

Figo, el primer galáctico, había sido decisivo la temporada anterior, particularmente en ataque. Su capacidad de desborde y sus centros de rosca perfectos para Morientes, Guti o Raúl destrozaron defensas contrarias. Su rendimiento en la nueva temporada, sin embargo, no era el mismo. La explicación, según sus propias palabras, era simple: “Con un único medio centro debo defender más que con doble pivote”. No había necesidad de nombrar a Zidane para señalarlo con el dedo. Salgado, el correoso marcador derecho, venía a decir lo mismo: “ahora [sin Makelele y Helguera en la zona de volantes de contención] todos tenemos que estar más atentos en defensa“.

Mientras tanto, en la Champions League, sin Zidane por la mencionada sanción, el Madrid había logrado cuatro victorias en cuatro partidos, marcando 12 goles a favor y 2 en contra.

A pesar de ello, la prensa y afición reconocía que el fútbol de Zidane era el esperado. Incluso era visto como el mejor del equipo en el empate de local que antecedió a su debut en liga de campeones. En aquel partido ante el Celta, Vicente del Bosque, entrenador del Madrid retiró a Zidane a falta de 10 minutos. El Bernabéu explotó contra cuerpo técnico y jugadores: “¡fuera, fuera!“. Del Bosque diría después que “hasta mi mujer y mi hija de seis años me han preguntado por qué cambié a Zidane“. Era ya el mejor, pero el equipo no rendía con él.

El crack francés intentaba entender lo que pasaba: “Es verdad que nos falta compenetración, automatismos, el hecho de buscarse con los ojos cerrados”. Tales eran sus quejas ante la negativa de sus compañeros a devolverle la pared que con tanta calidad él proponía. De cara a su debut ante la Roma, Zidane lo tenía claro:  “los miércoles el equipo juega bien y gana y llega el sábado o el domingo y no funciona tan bien. Creo que sólo es un bache. Espero ganar al Roma porque si perdemos o empatamos será algo grave. Grave para mí”. No ganó el Madrid, pero tampoco perdió.

Afortunadamente para el Madrid existe el Barça. Y afortunadamente para el Barça, existe el Madrid. Cuando el uno o el otro está mal, ganar al eterno rival permite, al menos, campear el temporal. Y así sucedió con el Madrid. En noviembre de 2001, en la jornada 11, el Madrid venció 2-0 al Barcelona.  Los catalanes llegaban segundos, detrás del Deportivo; el Madrid era un equipo de media tabla: puesto 10. Terminada la jornada, el Barcelona era tercero y el Madrid séptimo. Se dio un respiro.

Aquella temporada, el Madrid terminó tercero, detrás de Valencia y Depor, pero, por encima de todo, logró su novena Copa de Europa. Venció en cuartos de final al Bayern Munich, en semifinales al Barcelona y, en la final, frente al Bayer Leverkusen, Zidane marcó uno de los mejores goles de la historia de la competición. La floja temporada liguera quedó para siempre oculta tras la gran temporada europea y el golazo de Zidane. El gol de la novena.

James llega al Madrid con 23 años. Zidane llegó con 29. Para entonces el francés ya era Campeón del Mundo, de Europa, de todo lo que había por jugar. Pero, como Zidane, la calidad de James nadie la discute. Se discute la ‘táctica’ que debe seguir el equipo. Al final, De Bosque, como años atrás Zagallo, entendió que la labor del entrenador consiste también en adaptarse para que los mejores rindan lo mejor posible. Ancelotti, el entrenador actual del Madrid, añorará a Di María porque era la pieza ideal para ajustar su esquema táctico. James, no es Di María. Aún es joven para saber hasta donde llegará. Pero insisto. Como Zidane, su calidad no se discute. Es labor del entrenador engranar las piezas.

Las frustraciones olímpicas del fútbol peruano


El 8 de agosto de 1936 la prensa española, el Mundo Deportivo de Barcelona en particular, escribía entre sorprendida y entusiasmada: “parece que Perú ha progresado mucho y puede casi ya codearse con los argentinos y uruguayos y por ello el pronóstico debe ser favorable”. Hacía referencia a la holgada victoria inca en primera ronda por 7-3 sobre un congelado equipo fines en los Juegos Olímpicos de Berlin, aquellos en los que Hitler demostraría al mundo la indudable superioridad de la raza aria.

Infortunadamente para el líder nazi, Alemania en fútbol no era lo que fue después y aunque ya se encontraban vendidas todas las entradas de la semifinal y final para ver el triunfo teutón, Alemania fue eliminada en segunda ronda por el equipo de Noruega.

Perú, en cambio, liderado por el ‘Lolo’ Fernández, quien aún hoy es considerado el máximo ídolo de Universitario, enfrentaría a la selección de Austria rumbo a las semifinales del torneo. Austria, por aquellos años, aún contaba con el gran Sindelar, aclamado por votación popular el mejor deportista austriaco del siglo XX.  Pero como las demás estrellas austriacas, Sindelar no jugó el torneo olímpico. El fútbol en las olimpiadas era en aquellos años un torneo amateur. Así como Italia llegó al torneo con un combinado de estudiantes, Austria también dejó fuera de competencia a los grandes componentes del Wünderteam.

Perú, por el contrario, presentó una gran nomina, ya que el torneo local aún era amateur. El caracter aficionado del torneo de fútbol no le quitaba interés en aquellos años. 35.000 espectadores presenciaron la remontada peruana ante Austria. Los centroeuropeos ganaban 2-0 hasta el minuto ’75 cuando llegó el descuento de Alcalde. Perú empató 6 minutos después y en tiempo extra logró imponerse gracias a dos goles adicionales de ‘Manguera” Villanueva y el ‘Lolo’Fernández.

Así que para el 10 de agosto, el diario Mundo Deportivo pronosticaba un partido muy igualado entre Polonia y Perú por las semifinales olímpicas. Daba, sin embargo, ligera ventaja a los polacos.  Pero tal partido nunca se jugó.

Los motivos han generado mil historias. Especialmente en el Perú, pero también avivadas por grandes literatos latinoamericanos. La historia que más caló en un principio fue que a los peruanos, como a Owen, Hitler ordenó sacarlos del torneo. Seguramente, pensarían en Perú, eran demasiado ‘cholos’ para los gustos arios del líder alemán.  Tal historia se mantuvo hasta prácticamente el año 2000 cuando en el mismo Perú, investigaciones serias concluyeron que Hitler no tuvo nada que ver. Quizás nunca se enteró de lo ‘cholos’ que eran o no eran los peruanos. El tema tuvo motivaciones más futboleras.

Aunque el debate siempre estará abierto, en el fondo fueron los actos violentos en el terreno de juego lo que llevaron a anular aquel partido. El Mundo Deportivo, en su crónica de los hechos afirma que la FIFA ordenó la repetición del partido a raíz de “una serie de incidentes (…) de los que fueron protagonistas jugadores y delegados peruanos además de algún sector del público, terminando con la expulsión de un delegado peruano que fue arrojado del terreno de juego a empellones”. El partido, ordenó la FIFA, debería repetirse el 10 de agosto. La versión moderna en el Perú sugiere que hinchas peruanos entraron y agredieron a jugadores y delegados del equipo rival. Algún diario inglés, seguramente exagerando, incluso habla de 1.000 hinchas peruanos. Habría que ver, eso sí, como llegaron en 1936 1.000 hinchas peruanos al estadio.

Los peruanos, felices por el triunfo, se negaron de plano a que el partido se repitiera. Llegado el momento del encuentro, la delegación peruana no se presentó. Los peruanos, en sus crónicas modernas hablan de una segunda reprogramación para el día 11 de agosto. Sobre este hecho, no encuentro nada. Si hubo, en cambio, solidaridad latinoamericana. Los delegados de Chile y Uruguay decidieron adherir a la protesta peruana dirigida a la FIFA. Además, la delegación peruana se retiró de los Juegos Olímpicos.

Sin embargo, Perú, preocupados porque su partida se tomase como una descortesía con Alemania aceptó, entre otras, jugar un partido amistoso contra el equipo alemán y otro contra Austria en Viena. No he encontrado referencias de estos partidos, pero considerando que las crónicas peruanas cifran la llegada de vuelta a Lima el 17 de septiembre de 1936, y dado que el viaje de ida tomó tres semanas es muy posible que tales partidos efectivamente se hayan jugado.

La pregunta que siempre quedará es por qué se negaron a jugar nuevamente los peruanos. Ellos afirman (de ahí las historias) que el árbitro los desfavoreció durante todo el partido. Pero sin jugar quedaron eliminados. Jugando, podrían haber rozado la gloria. Siempre es mejor jugar.

Fichando al ‘desconocido’ James


Si algo me ha sorprendido en las primeras semanas post-mundial es el aparente desconocimiento de la existencia de James por parte de los especialistas del mundo del balón. Nadie, pienso yo, lo daba como candidato a máximo goleador del torneo. Pero los que seguimos el fútbol, al menos algunos, ya lo considerábamos un crack (ahí está escrito). La foto de portada de Gol y Fútbol, además, es un penal cobrado por James durante el mundial Sub 20 del 2011 en el Estadio El Campín de Bogotá, frente a Francia. Penal, que por cierto, falló.

Por otra parte, es normal que el gran público no lo conociese. Jugar en el Banfield, Porto y Monaco no es la vitrina más popular. Ni siquiera habiendo sido traspasado por €45m de Portugal a Monaco. Son dos ligas importantes en Europa, pero muy lejos de los niveles de audiencia que tiene la Premier y la Liga español o, incluso el Calcio y la Bundesliga.

El Manchester United, dicen, lo estuvo siguiendo en los tiempos de Ferguson. Pero al final no movió ficha. Sólo un millonario ruso, con exceso de efectivo, fue capaz de sacarlo del fútbol portugués. Pero hace apenas un año, James, quién ya había brillado en el Mundial sub – 20, en Argentina, en Portugal (y competiciones europeas) y en Francia, no era material para un Real Madrid o un Barcelona.

No deja de ser curioso que en el superprofesional fútbol de hoy, donde las estadísticas, los números, los indicadores están analizados al detalle, no haya habido interés real de los gigantes europeos por James Rodríguez. ¿Será cierto qué entre los Ph.D. que manejan las cifras de los diferentes futbolistas del mundo y los miles de ojeadores que cada club grande de Europa tiene desparramados por el mundo nadie se fijó en James antes de su golazo contra Uruguay?

Seguramente sí hubo algún miembro de esos grupos de ojeadores que tenía a James en su libreta. Pero desde luego la élite del fútbol parecía desconocer de su existencia. Antes del mundial, Franz Beckenbauer decía sobre el grupo de Colombia que “quién sabe, tal vez un equipo que no es tenido en cuenta rompa todos los pronósticos. Pero no lo creo. El Grupo C, con Colombia, Japón, Grecia y Costa de Marfil, no parece ser el caso”. Mourinho, quizás llevado por el amiguismo afirmaba que  Colombia no llegaba a segunda ronda y que en el grupo C pasarían Costa de Marfil y Grecia. Dijo “estoy con mis amigos Grecia y Costa de Marfil, pero claro, Colombia es un muy buen equipo”. Y eso que siendo portugués, debía conocer a James.

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, siempre atento a los mejores jugadores del mundo, especialmente a aquellos mediáticos, estaba preocupado tras conquistar la Décima. No había en el mercado un jugador disponible que generará la ilusión con la que suele agasajar a su afición cada verano. Sólo Luis Suárez estaba a tiro, pero entre el interés de éste por jugar en el Barça y los mordiscos que repartió en Brasil, nadie, ni el campeón mundial Toni Kroos, podía generar esa ilusión a la que ya acostumbró a la hinchada merengue.

Hasta que James marcó aquel gol contra Uruguay. Una media vuelta, de espaldas, desde fuera del área, en fase de eliminación directa, en el Maracaná, en un Mundial de fútbol. Tras ratificar su valía ante Brasil en cuartos de final, habiendo sido goleador del mundial, James ilusionaba. El requisito sine qua non para llegar a precio de galáctico al Real Madrid.

La calidad de James debe permitirle triunfar en el Madrid. Pero nadie debe olvidar que al mismísimo Zidane lo querían devolver a Italia en el mes de noviembre de su primera temporada en el Club Blanco. Pero más allá de sus opciones de triunfo, siempre quedará la duda. ¿James, siendo el mismo del mes de abril, poco antes del mundial, cuando costaba 50 ó 60 millones de euros, no servía para el Madrid? ¿Será que antes de fichar, Florentino (o los demás grandes de Europa) le echan un vistazo a las tendencias de Google?

Los dos picos de la gráfica de James corresponden a los partidos de la selección Colombia frente a Uruguay y Brasil. El tercer pico es el día de su fichaje. Esos picos de la gráfica, ¿valen 30 o 40 millones de euros?

James y Falcao tendencias Google

 

El ‘boom’ de las estadísticas en el fútbol


Brasil 2014 fue, sin lugar a dudas, el mundial de las estadísticas. Teníamos a la mano desde los ‘mapas de calor, a los kilómetros recorridos por Messi, James y Robben. Aquí en Gol y Fútbol tuvimos minutos después de terminado el partido un completo resumen ejecutivo de los principales indicadores que había dejando cada encuentro. Es la culminación de un proceso que arrancó hace ya varios años y que creo que vale la pena hacer el recuento aquí. Se basa esta entrada en una columna que saque antes del mundial para un periódico de estudiantes de economía.

El fútbol, no cabe duda, es una de las grandes actividades económicas del mundo moderno. La consultora Deloitte, hace ya unos años, estimó que el fútbol sería en sí mismo la economía número 17 del mundo. Algunos cálculos sencillos me llevaron alguna vez a estimar que el fútbol sería una de las primeras 25 economías del mundo. Más o menos al nivel de una economía como la belga o la noruega. Cualquier sea el resultado,  la conclusión es que el fútbol mueve mucho dinero y de ahí el interés que genera, por ejemplo, un mundial de fútbol.

A pesar de la importancia del deporte rey como agente económico entre el gran público poco se entiende de la relación entre el deporte y la economía, entendida ésta última como ciencia social. Quizás algunos se sorprendan al comprobar que tal relación entre fútbol y academia nació hace más de cuatro décadas.

La historia comienza con Charles Reep, contador y coronel de la Real Fuerza Aérea del Reino Unido quien tuvo la suerte de asistir, en 1933, a dos charlas ofrecidas por el capitán del Arsenal de Herbert Chapman sobre el método y funcionamiento del innovador módulo táctico conocido como la WM. Reep quedó prendado de aquellas detalladas explicaciones. Tal vez ello explique su decepción cuando, tras su regreso de Alemania, donde había estado apostado durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, comprobó que la WM, ya entonces la estrategia dominante en Inglaterra y el mundo entero, no estaba siendo implementada como Jones, Capitán del Arsenal, la había descrito durante aquellas sesiones del año 33.

Decidido a demostrar las falencias del fútbol de entonces, Reep entendió que sólo podía hacerlo desde los números. Así que el 18 de marzo de 1950 comenzó a recolectar datos de los ataques del Swindon en la segunda parte de su partido contra el Bristol Rovers. Su esfuerzo se vería recompensado en 1968 cuando publicó junto a Bernard Benjamin, quien luego sería Presidente de la Royal Statistical Society, un artículo en el Journal of the Royal Statistical Society. Utilizando datos recolectados entre 1953 y 1967, el objetivo era identificar patrones predecibles de los diferentes eventos de un partido de fútbol. El artículo sería la base para el fútbol de lo que hoy se conoce como Sports Analytics. Sin una traducción directa en español, se puede definir como el análisis estadístico de datos deportivos en general, del fútbol en particular. El objetivo no es probar empíricamente una teoría. El objetivo es identificar patrones de comportamiento a partir de los números.

Poco a poco los datos recolectados fueron ganando importancia. Hoy los grandes equipos del mundo contratan con empresas la generación de datos que les reportan hasta 1.500 tipos de eventos en un solo partido (disparos, centros, pérdidas, recuperaciones de balón entre otros). Ello requiere profesionales con un alto nivel de preparación para poder extraer información relevante de semejante cantidad de datos. Y así se ha hecho. El Liverpool, por ejemplo, creó en 2012 una nueva posición: Director de Investigaciones. El encargado era un Ph.D. en física teórica.

La estadística aplicada y el manejo de grandes bases de datos tienen hoy día un papel preponderante en el fútbol profesional. La abundancia de datos ha tenido una consecuencia interesante en el mundo académico, en el de los economistas en particular. En la última década tal abundancia ha sido explotada por diversos académicos para contribuir a testear teorías propias de la ciencia económica. Uno de los ejemplos más conocidos es el análisis que diversos investigadores han hecho de los tiros desde el punto penal para estudiar situaciones estratégicas como son las denominadas ‘estrategias mixtas’. La teoría de juegos, sin duda, ha sido uno de las áreas más estudiadas de la economía con base en datos del fútbol.

Otra área, casi natural para enlazar fútbol y economía, es la denominada behavioral economics o economía del comportamiento. Trabajos de reputados economistas han estudiado la presión sicológica en diferentes escenarios, desde el cobro de tiros penal a la decisión de los árbitros de otorgar más o menos tiempo extra según el resultado.

La organización industrial también se ha mostrado particularmente interesada en el fútbol y su funcionamiento. Una liga de fútbol nacional es un cartel legal. Un grupo de agentes se reúnen y coordinan para vender un mismo producto. Dada la animadversión que las agencias regulatorias tienen hacia este tipo de estructuras de mercado, esto no deja de ser una curiosidad académica. En otro ámbito de la organización industrial se ha estudiado la validez del supuesto de maximización de beneficios de la firma respecto a la alternativa de maximizar victorias. Lo segundo, al menos con datos de España e Inglaterra, parece ser el objetivo de un equipo de fútbol.

El fútbol pues, además de la pasión que lleva despertando entre seguidores del mundo entero desde hace más de 100 años, es ahora un área de estudio que va más allá del deporte. También, para diversión de aquellos a los que nos gusta el fútbol y la economía, es un área de interés académica.

Messi: Del Barça, ¡yo lo vendería!


Comencemos por el principio. Para mí Messi es uno de los cinco mejores jugadores de la historia del fútbol. Independientemente de si ganó o no el mundial. Eso es algo que he discutido en detalle con anterioridad. Pero todo jugador, desde Pelé al tal Fred (el seudo delantero centro de Brasil 2014), tiene un proceso de declive. El de Messi, es mi conclusión, ha iniciado.

Ya, antes del Mundial, había signos. La participación de Messi en el Barcelona había caído sistemáticamente durante las tres últimas temporadas en el Barcelona. Pero siendo crack, Messi llegó con toda la energía, con todas las ganas al Mundial de Brasil 2014. Era su mundial. Allí entraría, incluso para sus contradictores, al Olimpo de los elegidos. Ese reducido club en el prácticamente sin discusión están Pelé, Maradona, Di Stefano y Cruyff.

No comenzó mal Messi en el mundial. Incluso, en 3 partidos marcó cuatro goles. Los rivales, Bosnia, Nigeria, Irán, es cierto, no eran los mejores, pero mundial es mundial No todos marcan diferencias, así sea en la primera fase.

Pero aún en esa primera fase Messi no era sistemático. Ante rivales menores, una jugada, un pase, un disparo le alcanzó para marcar las diferencias como el crack inigualable que fue. Pero lejos estaba de ser el jugador que estaba en capacidad de generar peligro al rival durante 90 minutos. Seguía, y sigue siendo, sin embargo, un jugador al que hay que cuidar durante los 90 minutos. Pequeña pero sustancial diferencia.

Un equipo chico, aquellos sin los grandes nombres, no están capacitados para vigilarlo eficientemente durante los 90 minutos. De ahí su aceptable rol en la primera fase, y puede que incluso en el partido de octavos de final ante Suiza. Ante Bélgica en cuartos, un pase nos recuerda que era crack. Pero los títulos se disputan ante los grandes. Allí Messi se sintió como lleva ya sintiéndose un par de años en el Barcelona cada que llega la primavera: incapaz de marcar diferencias. Holanda primero y Alemania después, fueron demasiados para que el otrora desequilibrante Messi logrará romper las defensas rivales.

Como sabiamente dijo Valdano, “dMessi no se puede esperar una gran actuación sino una gran jugada.”. En la semifinal, tuvo por ahí algún pase, algún regate, pero en un partido cerrado no pudo desequilibrar más, que por ejemplo, Robben por el lado holandés. El día de la final, ante Alemania, Messi lo intentó. Tuvo la gran jugada de la que habla Valdano, pero no pudo centrar bien. Después se diluyó hasta prácticamente desaparecer.

A Messi, en una decisión que le quita todo el valor al balón de oro del mundial, le dieron el trofeo al mejor jugador del torneo. Estoy seguro que él sabe que no lo fue. Lo recibió con desgana. Y es que las cifras lo demuestran. Messi ni siquiera fue el mejor jugador de Argentina.

Desempeño Messi Brasil 2014

Messi, es cierto, marcó 4 goles. Pero en tres mundiales que ha jugador, jamás ha podido anotar un gol más allá de la primera fase. En las rondas eliminatorias, no logra anotar. El mundo se queda, nosotros nos quedamos esperando su pase, su finta, su centro. Pero su gol, casi que está escrito, no llegará.

Utilizando datos de OPTA, considerando jugadores que han disparado al menos una vez en 2 partidos jugados, Messi tiene un porcentaje de acierto a portería apenas promedio. Su bajo porcentaje no se explica necesariamente en que dispare mucho. Di María, lesionado ante Holanda y Alemania, disparó en todo el torneo 23 veces, las mismas que Messi en 7 partidos. Su porcentaje de acierto fue apenas inferior al del crack del Barcelona (30,4% por 34,8% de efectividad). Incluso Lavezzi, quien inexplicablemente fue sustituido en el descanso de la final, con muchos minutos menos jugados que Messi, acertó más a portería: 40%.

Tampoco en el regate Messi logro destacarse sustancialmente sobre los demás. Palacio, el flojo delantero que participó en 5 partidos intentó 8 regates y fue exitoso en 5; 62,5% de efectividad. La efectividad de Messi fue de 45,4%. Si la comparación con Palacio es injusta y hasta ofensiva dada la diferencia abismal evidente de calidad entre ambos, no lo es tanto la comparación con Di María: 45 intentos de regate, 24 exitosos. Una tasa de éxito del 53%. Superior a la de Messi que de 97 regates que intentó, logró ser exitoso en 44.

Ello nos lleva a un indicador donde Messi incluso se convertía en un peligro para su propio equipo: las pérdidas de balón. Con diferencia, Messi fue quien más balones perdió: 98. La confianza del equipo en él, aunado a su propia convicción de ser capaz, lo llevó a arriesgar sin el resultado esperado. Es cierto que los delanteros tienden a perder más balones que los defensas.

Di María perdió 75 en los algo menos de 5 partidos en los que participó. Extrapolando los datos, su promedio de perdidas de balón por partido es más o menos la misma de Messi, 15 balones por partido. El punto es que Messi ya no sobresale sobre sus compañeros como lo hacia antaño, es uno más.

Desempeño Messi Brasil 2014

OPTA tiene un indicador que denomina ´participación en jugadas´, el que en la gráfica titulo ‘eventos por partido’. No viene siendo más que una proxy del rol de un jugador en el equipo. Mascherano, Di María, Zabaleta y, la revelación argentina para mí, Rojo, superan a Messi en la participación de eventos en el equipo.

El acierto en el pase tampoco fue su fuerte. Hemos encontrado en diversas entradas que los delanteros tienden a lograr porcentajes de acierto en el pase menor que sus contrapartes de la defensa o el medio campo. Es natural pues un defensa pasa el balón sin oposición, mientras que un delantero suele tener algún tipo de presión. Por encima de todos, en Argentina, destacó Mascherano. Él fue quien movió el equipo durante el mundial. Entre los delanteros, tampoco Messi fue el más preciso. Fue Higuaín.

Finalmente queda por revisar esa sensación tan dolorosa de ver a Messi caminando el campo. Quizás sea sólo eso, sensación. Algunos han dicho, no sin razón, que no se puede esperar que Messi corra lo que Robben. Es cierto. Messi, sin ser un jugador estático, tampoco fue un jugador tan dinámico. Pero en ese gran Barça de Guardiola, nunca dio la sensación de ser diferente. Era el primero que apretaba y presionaba.

La siguiente gráfica muestra los metros recorridos por minuto por Messi durante Brasil 2014. Dado que son números que apenas se están comenzando a evaluar, no es claro que quiere decir que Messi corra menos que el promedio del equipo. Quizás, pensaría uno, es simplemente que los delanteros corren menos. Así que lo comparamos con Higuaín, delantero centro, casi al estilo antiguo. Siendo así casi que se espera que Higuaín corra menos que Messi porque éste, al jugar retrasado, tendría que hacer un mayor recorrido para recoger el balón, armar y luego llegar a pisar el área.

Dado que no jugaron los mismos minutos, normalizó los metros recorridos por los minutos jugados. De esta forma puedo comparar cuánto corrió Messi, cuánto Higuaín y cuánto el equipo Argentino completo por partido jugado.

Argentina Messi Higuaín metros recorridos por minuto

 

La gráfica es diciente. No sólo Messi corre menos que sus compañeros, sino que corre mucho menos que Higuaín. El único partido dónde Messi corrió a la par de sus compañeros fue contra Nigeria. Ese partido, fue evidente, Messi había ‘ordenado’ a Sabella que sólo jugaría 60 minutos. Es decir, aquel día no se reservó. Pero, ¿será que Messi se está reservando?  No hay evidencia clara. Messi en los segundo tiempos, en promedio, corrió más o menos lo mismo que en el primer tiempo. Incluso contra Suiza, durante el tiempo extra, cubrió la misma distancia por minuto que en el tiempo reglamentario. No así en la semifinal ante Holanda ni ante Alemania dónde corrió 89 metros por minuto en el primer tiempo (87 en la final), 80 en el segundo tiempo (85 en la final) y 76 en el tiempo extra (75 en la final). Es decir, en esos momentos tan decisivos de la final, Messi cubrió, por minuto jugado, una distancia 12% menor que lo que logró hacer en el segundo tiempo.

De Messi no tengo dudas sobre su espíritu ganador. El problema es, parece ser, de aire. En su acepción más amplia. Por razones que el gran público desconoce, Messi no logra permanecer de manera sistemática en el circuito del partido. Sus indicadores así lo sugieren. Es entonces cuando se acuerda uno de Messi vomitando. No es nada, nos dicen. Deber que no es nada. Pero ¿y si resulta que si es algo?

En cualquier caso, a Messi aún le quedan trucos bajo la manga. Pero yo me apropió de la frase de Valdano. Le quedan grandes jugadas, no grandes actuaciones, al menos de forma sistemática. Y si la tendencia se mantiene, las grandes jugadas cada vez serán más escasas. Yo, del Barça, si es verdad que ofrecen 150 o 200 millones de euros por su pase, lo vendería. A Ronaldinho no lo vendieron cuando valía 100. Lo terminaron vendiendo un año tarde a precio de ganga.

Messi ya fue uno de los cinco jugadores más grandes de la historia. Pero no logró superar al más grande. Para mi sigue siendo Pelé.

El día que Brasil avergonzó a Sur América


El mundial de fútbol, desde su nacimiento, no sólo ha sido una confrontación entre países. Ha sido, y es, una confrontación de continentes. Los vecinos, tan rivales entre sí, de repente sienten que hay un enemigo común al que hay que plantar cara.

En 1930 América entera se unió para apoyar el mundial uruguayo. Mucho tuvo que rogar Jules Rimet, el padre de la Copa del Mundo, para lograr que cuatro selecciones europeas cruzaran el Atlántico rumbo a un país cuya existencia la mayoría desconocía antes de 1924, cuando se coronaron por primera vez campeones olímpicos. En 1934 y, particularmente en 1938, América por su parte decidió darle la espalda al mundial europeo. Por aquella época el maltrato hacia América estaba a la orden del día. Por ejemplo, el último partido de eliminatorias que jugaron México y Estados Unidos ni siquiera se jugó en suelo americano. Se les obligó a jugar aquel partido en Roma, poco antes del Mundial. México, que perdió, es la única selección en la historia que viajó a jugar un partido oficial en suelo mundialista y debió regresar antes de poder disputarlo.

En 1938 el mundial debía jugarse en América, en Argentina para ser exactos. Pero los europeos jugaron bien sus bazas y lograron que sólo Brasil y Cuba acudieran por el continente americano pues Argentina decidió no acudir a aquel mundial. Y así la historia sumó historias: Suecia fue nombrada sede en 1958 cuando, nuevamente correspondía a un americano; en Chile 1962 se dio una batalla de odios entre italianos y chilenos por culpa del despectivo trato de la prensa transalpina,  en 1966 los europeos cocinaron un mundial de Europa para europeos, en 1974 los europeos consiguieron que los suramericanos tuviese que disputar un partido extra por una plaza que ya tenían asignada ,  en 1986, Maradona marcó un gol con la ‘mano de Dios’ y así la rivalidad permanece hasta hoy.

No es sólo de los suramericanos la idea de una rivalidad continental. Rabah Madjer, el fabuloso delantero argelino que participó en la victoria sobre Alemania en 1982 y que años después lideraría junto al inolvidable Paolo Futre la delantera del Porto campeón de Europa recordaba antes del mundial: “sólo hice mi trabajo, por mí, por mi familia y por todo el continente”. Simon Kuper, el coautor de Soccernomics, escribía en redes sociales, durante uno de los bailes a la selección brasilera en el mundial 2014 que “Brasil ganó la Copa Confederaciones en casa frente a equipo chicos y equipos europeos cansados”. Asume, como ha sido costumbre, que los equipos no europeos llegan descansados a los grandes torneos internacionales, mientras que los europeos llegan cansados. Si ganan, es porque son muy buenos, si pierden, porque están agotados. Ignora, por supuesto, que prácticamente toda la selección de Brasil juega en Europa.

Esa rivalidad continental, incluso, aunque no tan directamente la asumen los argentinos. Ellos, como todos los suramericanos, saben que hay que contar los títulos de Brasil para disputarle el cetro histórico en la historia de los mundiales al poderoso fútbol del viejo continente. Y es Brasil, precisamente, quien más ha hecho a lo largo de la historia del fútbol para subir el ego del fútbol suramericano, incluso del latinoamericano. Su fútbol arte enamoró cuando ganó en Suecia 1958 o México 1970, pero también cuando perdió como en España 1982.  Más allá del resultado de la final del 2014, con Brasil de líder, América se volvió territorio casi inexpugnable para los equipos europeos.

Pero en 2014, Brasil no sólo perdió par de partidos de fútbol. Perdió el honor y la vergüenza de una camiseta que durante 80 años honró la dignidad del fútbol latinoamericano. Brasil, contra equipos europeos, recibió en 2012, 11 goles: 1 de Croacia, 7 de Alemania y 3 de Holanda. Sólo en 1938 había recibido tal cantidad, y la mitad fue debido a un partido que ganó: el famoso 6-5 frente a Polonia en el que el gran Leónidas marcó un gol descalzo.  Sólo Paraguay, en 1958, recibió más goles: 12. Más de la mitad fue aporte de la Francia de Kopa y Fontaine. Aún así perdió 3-7. Así, sólo Brasil y Paraguay, han recibido 7 goles en contra frente a rivales del viejo continente.

Pero hay más. Nunca un equipo suramericano había perdido por 6 goles de diferencia frente a un rival europeo.  Lo máximo había sido los sendos 1-6 de Argentina y Uruguay frente a Checoslovaquia y Dinamarca en 1958 y 1986  respectivamente. Además, también la debutante Colombia había perdido 0-5 frente a Yugoslavia en 1962 aunque, vale la pena anotar, que al menos hizo algo de historia, marcando 4 goles al que para muchos es el mejor arquero de todos los tiempos: Lev Yashin.

Brasil 2014, esa selección que será ejemplo de lo que no debe hacer un equipo de fútbol, es además el equipo sede que más goles en contra y peor diferencia de gol ha tenido en la historia.

Sólo en cuatro ocasiones ha terminado el local con diferencia negativa de goles: España 1982, Estados Unidos 1994, Sur África 2010 y Brasil 2014. La diferencia de goles de España y Estados Unidos fue de -1. La de Sur África, cuya selección mostró muy poco en su mundial, terminó con -2. Brasil 2014 rompe récords: -3. Contrasta con 1950 cuando acabó con una diferencia de goles de +16. También Brasil rompe récords de goles en contra. Nunca un local había recibido 14 goles en contra. El antirécord lo tenía Suiza que recibió 11.

Lo realmente sorprendente es la negación que tienen los estamentos del fútbol brasileño, al menos en el corto plazo, para querer cambiar. Si de verdad creen que fue un accidente, está la Copa América del 2015 y del 2016, además de los Juegos Olímpicos del 2016 (que nunca han ganado) para comprobar esta, poco creíble, hipótesis. Porque argumentan y argumentarán que Brasil quedó cuarto. Pero no hay que olvidar como se desarrollaron esos partidos ante Chile y Colombia. Como dijo Tostão antes de la debacle ante Alemania: “Si Brasil no fuera local, ya estaría eliminado”.

Una visión diferente de la historia y las estadísticas del fútbol

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