El ‘boom’ de las estadísticas en el fútbol


Brasil 2014 fue, sin lugar a dudas, el mundial de las estadísticas. Teníamos a la mano desde los ‘mapas de calor, a los kilómetros recorridos por Messi, James y Robben. Aquí en Gol y Fútbol tuvimos minutos después de terminado el partido un completo resumen ejecutivo de los principales indicadores que había dejando cada encuentro. Es la culminación de un proceso que arrancó hace ya varios años y que creo que vale la pena hacer el recuento aquí. Se basa esta entrada en una columna que saque antes del mundial para un periódico de estudiantes de economía.

El fútbol, no cabe duda, es una de las grandes actividades económicas del mundo moderno. La consultora Deloitte, hace ya unos años, estimó que el fútbol sería en sí mismo la economía número 17 del mundo. Algunos cálculos sencillos me llevaron alguna vez a estimar que el fútbol sería una de las primeras 25 economías del mundo. Más o menos al nivel de una economía como la belga o la noruega. Cualquier sea el resultado,  la conclusión es que el fútbol mueve mucho dinero y de ahí el interés que genera, por ejemplo, un mundial de fútbol.

A pesar de la importancia del deporte rey como agente económico entre el gran público poco se entiende de la relación entre el deporte y la economía, entendida ésta última como ciencia social. Quizás algunos se sorprendan al comprobar que tal relación entre fútbol y academia nació hace más de cuatro décadas.

La historia comienza con Charles Reep, contador y coronel de la Real Fuerza Aérea del Reino Unido quien tuvo la suerte de asistir, en 1933, a dos charlas ofrecidas por el capitán del Arsenal de Herbert Chapman sobre el método y funcionamiento del innovador módulo táctico conocido como la WM. Reep quedó prendado de aquellas detalladas explicaciones. Tal vez ello explique su decepción cuando, tras su regreso de Alemania, donde había estado apostado durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, comprobó que la WM, ya entonces la estrategia dominante en Inglaterra y el mundo entero, no estaba siendo implementada como Jones, Capitán del Arsenal, la había descrito durante aquellas sesiones del año 33.

Decidido a demostrar las falencias del fútbol de entonces, Reep entendió que sólo podía hacerlo desde los números. Así que el 18 de marzo de 1950 comenzó a recolectar datos de los ataques del Swindon en la segunda parte de su partido contra el Bristol Rovers. Su esfuerzo se vería recompensado en 1968 cuando publicó junto a Bernard Benjamin, quien luego sería Presidente de la Royal Statistical Society, un artículo en el Journal of the Royal Statistical Society. Utilizando datos recolectados entre 1953 y 1967, el objetivo era identificar patrones predecibles de los diferentes eventos de un partido de fútbol. El artículo sería la base para el fútbol de lo que hoy se conoce como Sports Analytics. Sin una traducción directa en español, se puede definir como el análisis estadístico de datos deportivos en general, del fútbol en particular. El objetivo no es probar empíricamente una teoría. El objetivo es identificar patrones de comportamiento a partir de los números.

Poco a poco los datos recolectados fueron ganando importancia. Hoy los grandes equipos del mundo contratan con empresas la generación de datos que les reportan hasta 1.500 tipos de eventos en un solo partido (disparos, centros, pérdidas, recuperaciones de balón entre otros). Ello requiere profesionales con un alto nivel de preparación para poder extraer información relevante de semejante cantidad de datos. Y así se ha hecho. El Liverpool, por ejemplo, creó en 2012 una nueva posición: Director de Investigaciones. El encargado era un Ph.D. en física teórica.

La estadística aplicada y el manejo de grandes bases de datos tienen hoy día un papel preponderante en el fútbol profesional. La abundancia de datos ha tenido una consecuencia interesante en el mundo académico, en el de los economistas en particular. En la última década tal abundancia ha sido explotada por diversos académicos para contribuir a testear teorías propias de la ciencia económica. Uno de los ejemplos más conocidos es el análisis que diversos investigadores han hecho de los tiros desde el punto penal para estudiar situaciones estratégicas como son las denominadas ‘estrategias mixtas’. La teoría de juegos, sin duda, ha sido uno de las áreas más estudiadas de la economía con base en datos del fútbol.

Otra área, casi natural para enlazar fútbol y economía, es la denominada behavioral economics o economía del comportamiento. Trabajos de reputados economistas han estudiado la presión sicológica en diferentes escenarios, desde el cobro de tiros penal a la decisión de los árbitros de otorgar más o menos tiempo extra según el resultado.

La organización industrial también se ha mostrado particularmente interesada en el fútbol y su funcionamiento. Una liga de fútbol nacional es un cartel legal. Un grupo de agentes se reúnen y coordinan para vender un mismo producto. Dada la animadversión que las agencias regulatorias tienen hacia este tipo de estructuras de mercado, esto no deja de ser una curiosidad académica. En otro ámbito de la organización industrial se ha estudiado la validez del supuesto de maximización de beneficios de la firma respecto a la alternativa de maximizar victorias. Lo segundo, al menos con datos de España e Inglaterra, parece ser el objetivo de un equipo de fútbol.

El fútbol pues, además de la pasión que lleva despertando entre seguidores del mundo entero desde hace más de 100 años, es ahora un área de estudio que va más allá del deporte. También, para diversión de aquellos a los que nos gusta el fútbol y la economía, es un área de interés académica.

Messi: Del Barça, ¡yo lo vendería!


Comencemos por el principio. Para mí Messi es uno de los cinco mejores jugadores de la historia del fútbol. Independientemente de si ganó o no el mundial. Eso es algo que he discutido en detalle con anterioridad. Pero todo jugador, desde Pelé al tal Fred (el seudo delantero centro de Brasil 2014), tiene un proceso de declive. El de Messi, es mi conclusión, ha iniciado.

Ya, antes del Mundial, había signos. La participación de Messi en el Barcelona había caído sistemáticamente durante las tres últimas temporadas en el Barcelona. Pero siendo crack, Messi llegó con toda la energía, con todas las ganas al Mundial de Brasil 2014. Era su mundial. Allí entraría, incluso para sus contradictores, al Olimpo de los elegidos. Ese reducido club en el prácticamente sin discusión están Pelé, Maradona, Di Stefano y Cruyff.

No comenzó mal Messi en el mundial. Incluso, en 3 partidos marcó cuatro goles. Los rivales, Bosnia, Nigeria, Irán, es cierto, no eran los mejores, pero mundial es mundial No todos marcan diferencias, así sea en la primera fase.

Pero aún en esa primera fase Messi no era sistemático. Ante rivales menores, una jugada, un pase, un disparo le alcanzó para marcar las diferencias como el crack inigualable que fue. Pero lejos estaba de ser el jugador que estaba en capacidad de generar peligro al rival durante 90 minutos. Seguía, y sigue siendo, sin embargo, un jugador al que hay que cuidar durante los 90 minutos. Pequeña pero sustancial diferencia.

Un equipo chico, aquellos sin los grandes nombres, no están capacitados para vigilarlo eficientemente durante los 90 minutos. De ahí su aceptable rol en la primera fase, y puede que incluso en el partido de octavos de final ante Suiza. Ante Bélgica en cuartos, un pase nos recuerda que era crack. Pero los títulos se disputan ante los grandes. Allí Messi se sintió como lleva ya sintiéndose un par de años en el Barcelona cada que llega la primavera: incapaz de marcar diferencias. Holanda primero y Alemania después, fueron demasiados para que el otrora desequilibrante Messi logrará romper las defensas rivales.

Como sabiamente dijo Valdano, “dMessi no se puede esperar una gran actuación sino una gran jugada.”. En la semifinal, tuvo por ahí algún pase, algún regate, pero en un partido cerrado no pudo desequilibrar más, que por ejemplo, Robben por el lado holandés. El día de la final, ante Alemania, Messi lo intentó. Tuvo la gran jugada de la que habla Valdano, pero no pudo centrar bien. Después se diluyó hasta prácticamente desaparecer.

A Messi, en una decisión que le quita todo el valor al balón de oro del mundial, le dieron el trofeo al mejor jugador del torneo. Estoy seguro que él sabe que no lo fue. Lo recibió con desgana. Y es que las cifras lo demuestran. Messi ni siquiera fue el mejor jugador de Argentina.

Desempeño Messi Brasil 2014

Messi, es cierto, marcó 4 goles. Pero en tres mundiales que ha jugador, jamás ha podido anotar un gol más allá de la primera fase. En las rondas eliminatorias, no logra anotar. El mundo se queda, nosotros nos quedamos esperando su pase, su finta, su centro. Pero su gol, casi que está escrito, no llegará.

Utilizando datos de OPTA, considerando jugadores que han disparado al menos una vez en 2 partidos jugados, Messi tiene un porcentaje de acierto a portería apenas promedio. Su bajo porcentaje no se explica necesariamente en que dispare mucho. Di María, lesionado ante Holanda y Alemania, disparó en todo el torneo 23 veces, las mismas que Messi en 7 partidos. Su porcentaje de acierto fue apenas inferior al del crack del Barcelona (30,4% por 34,8% de efectividad). Incluso Lavezzi, quien inexplicablemente fue sustituido en el descanso de la final, con muchos minutos menos jugados que Messi, acertó más a portería: 40%.

Tampoco en el regate Messi logro destacarse sustancialmente sobre los demás. Palacio, el flojo delantero que participó en 5 partidos intentó 8 regates y fue exitoso en 5; 62,5% de efectividad. La efectividad de Messi fue de 45,4%. Si la comparación con Palacio es injusta y hasta ofensiva dada la diferencia abismal evidente de calidad entre ambos, no lo es tanto la comparación con Di María: 45 intentos de regate, 24 exitosos. Una tasa de éxito del 53%. Superior a la de Messi que de 97 regates que intentó, logró ser exitoso en 44.

Ello nos lleva a un indicador donde Messi incluso se convertía en un peligro para su propio equipo: las pérdidas de balón. Con diferencia, Messi fue quien más balones perdió: 98. La confianza del equipo en él, aunado a su propia convicción de ser capaz, lo llevó a arriesgar sin el resultado esperado. Es cierto que los delanteros tienden a perder más balones que los defensas.

Di María perdió 75 en los algo menos de 5 partidos en los que participó. Extrapolando los datos, su promedio de perdidas de balón por partido es más o menos la misma de Messi, 15 balones por partido. El punto es que Messi ya no sobresale sobre sus compañeros como lo hacia antaño, es uno más.

Desempeño Messi Brasil 2014

OPTA tiene un indicador que denomina ´participación en jugadas´, el que en la gráfica titulo ‘eventos por partido’. No viene siendo más que una proxy del rol de un jugador en el equipo. Mascherano, Di María, Zabaleta y, la revelación argentina para mí, Rojo, superan a Messi en la participación de eventos en el equipo.

El acierto en el pase tampoco fue su fuerte. Hemos encontrado en diversas entradas que los delanteros tienden a lograr porcentajes de acierto en el pase menor que sus contrapartes de la defensa o el medio campo. Es natural pues un defensa pasa el balón sin oposición, mientras que un delantero suele tener algún tipo de presión. Por encima de todos, en Argentina, destacó Mascherano. Él fue quien movió el equipo durante el mundial. Entre los delanteros, tampoco Messi fue el más preciso. Fue Higuaín.

Finalmente queda por revisar esa sensación tan dolorosa de ver a Messi caminando el campo. Quizás sea sólo eso, sensación. Algunos han dicho, no sin razón, que no se puede esperar que Messi corra lo que Robben. Es cierto. Messi, sin ser un jugador estático, tampoco fue un jugador tan dinámico. Pero en ese gran Barça de Guardiola, nunca dio la sensación de ser diferente. Era el primero que apretaba y presionaba.

La siguiente gráfica muestra los metros recorridos por minuto por Messi durante Brasil 2014. Dado que son números que apenas se están comenzando a evaluar, no es claro que quiere decir que Messi corra menos que el promedio del equipo. Quizás, pensaría uno, es simplemente que los delanteros corren menos. Así que lo comparamos con Higuaín, delantero centro, casi al estilo antiguo. Siendo así casi que se espera que Higuaín corra menos que Messi porque éste, al jugar retrasado, tendría que hacer un mayor recorrido para recoger el balón, armar y luego llegar a pisar el área.

Dado que no jugaron los mismos minutos, normalizó los metros recorridos por los minutos jugados. De esta forma puedo comparar cuánto corrió Messi, cuánto Higuaín y cuánto el equipo Argentino completo por partido jugado.

Argentina Messi Higuaín metros recorridos por minuto

 

La gráfica es diciente. No sólo Messi corre menos que sus compañeros, sino que corre mucho menos que Higuaín. El único partido dónde Messi corrió a la par de sus compañeros fue contra Nigeria. Ese partido, fue evidente, Messi había ‘ordenado’ a Sabella que sólo jugaría 60 minutos. Es decir, aquel día no se reservó. Pero, ¿será que Messi se está reservando?  No hay evidencia clara. Messi en los segundo tiempos, en promedio, corrió más o menos lo mismo que en el primer tiempo. Incluso contra Suiza, durante el tiempo extra, cubrió la misma distancia por minuto que en el tiempo reglamentario. No así en la semifinal ante Holanda ni ante Alemania dónde corrió 89 metros por minuto en el primer tiempo (87 en la final), 80 en el segundo tiempo (85 en la final) y 76 en el tiempo extra (75 en la final). Es decir, en esos momentos tan decisivos de la final, Messi cubrió, por minuto jugado, una distancia 12% menor que lo que logró hacer en el segundo tiempo.

De Messi no tengo dudas sobre su espíritu ganador. El problema es, parece ser, de aire. En su acepción más amplia. Por razones que el gran público desconoce, Messi no logra permanecer de manera sistemática en el circuito del partido. Sus indicadores así lo sugieren. Es entonces cuando se acuerda uno de Messi vomitando. No es nada, nos dicen. Deber que no es nada. Pero ¿y si resulta que si es algo?

En cualquier caso, a Messi aún le quedan trucos bajo la manga. Pero yo me apropió de la frase de Valdano. Le quedan grandes jugadas, no grandes actuaciones, al menos de forma sistemática. Y si la tendencia se mantiene, las grandes jugadas cada vez serán más escasas. Yo, del Barça, si es verdad que ofrecen 150 o 200 millones de euros por su pase, lo vendería. A Ronaldinho no lo vendieron cuando valía 100. Lo terminaron vendiendo un año tarde a precio de ganga.

Messi ya fue uno de los cinco jugadores más grandes de la historia. Pero no logró superar al más grande. Para mi sigue siendo Pelé.

El día que Brasil avergonzó a Sur América


El mundial de fútbol, desde su nacimiento, no sólo ha sido una confrontación entre países. Ha sido, y es, una confrontación de continentes. Los vecinos, tan rivales entre sí, de repente sienten que hay un enemigo común al que hay que plantar cara.

En 1930 América entera se unió para apoyar el mundial uruguayo. Mucho tuvo que rogar Jules Rimet, el padre de la Copa del Mundo, para lograr que cuatro selecciones europeas cruzaran el Atlántico rumbo a un país cuya existencia la mayoría desconocía antes de 1924, cuando se coronaron por primera vez campeones olímpicos. En 1934 y, particularmente en 1938, América por su parte decidió darle la espalda al mundial europeo. Por aquella época el maltrato hacia América estaba a la orden del día. Por ejemplo, el último partido de eliminatorias que jugaron México y Estados Unidos ni siquiera se jugó en suelo americano. Se les obligó a jugar aquel partido en Roma, poco antes del Mundial. México, que perdió, es la única selección en la historia que viajó a jugar un partido oficial en suelo mundialista y debió regresar antes de poder disputarlo.

En 1938 el mundial debía jugarse en América, en Argentina para ser exactos. Pero los europeos jugaron bien sus bazas y lograron que sólo Brasil y Cuba acudieran por el continente americano pues Argentina decidió no acudir a aquel mundial. Y así la historia sumó historias: Suecia fue nombrada sede en 1958 cuando, nuevamente correspondía a un americano; en Chile 1962 se dio una batalla de odios entre italianos y chilenos por culpa del despectivo trato de la prensa transalpina,  en 1966 los europeos cocinaron un mundial de Europa para europeos, en 1974 los europeos consiguieron que los suramericanos tuviese que disputar un partido extra por una plaza que ya tenían asignada ,  en 1986, Maradona marcó un gol con la ‘mano de Dios’ y así la rivalidad permanece hasta hoy.

No es sólo de los suramericanos la idea de una rivalidad continental. Rabah Madjer, el fabuloso delantero argelino que participó en la victoria sobre Alemania en 1982 y que años después lideraría junto al inolvidable Paolo Futre la delantera del Porto campeón de Europa recordaba antes del mundial: “sólo hice mi trabajo, por mí, por mi familia y por todo el continente”. Simon Kuper, el coautor de Soccernomics, escribía en redes sociales, durante uno de los bailes a la selección brasilera en el mundial 2014 que “Brasil ganó la Copa Confederaciones en casa frente a equipo chicos y equipos europeos cansados”. Asume, como ha sido costumbre, que los equipos no europeos llegan descansados a los grandes torneos internacionales, mientras que los europeos llegan cansados. Si ganan, es porque son muy buenos, si pierden, porque están agotados. Ignora, por supuesto, que prácticamente toda la selección de Brasil juega en Europa.

Esa rivalidad continental, incluso, aunque no tan directamente la asumen los argentinos. Ellos, como todos los suramericanos, saben que hay que contar los títulos de Brasil para disputarle el cetro histórico en la historia de los mundiales al poderoso fútbol del viejo continente. Y es Brasil, precisamente, quien más ha hecho a lo largo de la historia del fútbol para subir el ego del fútbol suramericano, incluso del latinoamericano. Su fútbol arte enamoró cuando ganó en Suecia 1958 o México 1970, pero también cuando perdió como en España 1982.  Más allá del resultado de la final del 2014, con Brasil de líder, América se volvió territorio casi inexpugnable para los equipos europeos.

Pero en 2014, Brasil no sólo perdió par de partidos de fútbol. Perdió el honor y la vergüenza de una camiseta que durante 80 años honró la dignidad del fútbol latinoamericano. Brasil, contra equipos europeos, recibió en 2012, 11 goles: 1 de Croacia, 7 de Alemania y 3 de Holanda. Sólo en 1938 había recibido tal cantidad, y la mitad fue debido a un partido que ganó: el famoso 6-5 frente a Polonia en el que el gran Leónidas marcó un gol descalzo.  Sólo Paraguay, en 1958, recibió más goles: 12. Más de la mitad fue aporte de la Francia de Kopa y Fontaine. Aún así perdió 3-7. Así, sólo Brasil y Paraguay, han recibido 7 goles en contra frente a rivales del viejo continente.

Pero hay más. Nunca un equipo suramericano había perdido por 6 goles de diferencia frente a un rival europeo.  Lo máximo había sido los sendos 1-6 de Argentina y Uruguay frente a Checoslovaquia y Dinamarca en 1958 y 1986  respectivamente. Además, también la debutante Colombia había perdido 0-5 frente a Yugoslavia en 1962 aunque, vale la pena anotar, que al menos hizo algo de historia, marcando 4 goles al que para muchos es el mejor arquero de todos los tiempos: Lev Yashin.

Brasil 2014, esa selección que será ejemplo de lo que no debe hacer un equipo de fútbol, es además el equipo sede que más goles en contra y peor diferencia de gol ha tenido en la historia.

Sólo en cuatro ocasiones ha terminado el local con diferencia negativa de goles: España 1982, Estados Unidos 1994, Sur África 2010 y Brasil 2014. La diferencia de goles de España y Estados Unidos fue de -1. La de Sur África, cuya selección mostró muy poco en su mundial, terminó con -2. Brasil 2014 rompe récords: -3. Contrasta con 1950 cuando acabó con una diferencia de goles de +16. También Brasil rompe récords de goles en contra. Nunca un local había recibido 14 goles en contra. El antirécord lo tenía Suiza que recibió 11.

Lo realmente sorprendente es la negación que tienen los estamentos del fútbol brasileño, al menos en el corto plazo, para querer cambiar. Si de verdad creen que fue un accidente, está la Copa América del 2015 y del 2016, además de los Juegos Olímpicos del 2016 (que nunca han ganado) para comprobar esta, poco creíble, hipótesis. Porque argumentan y argumentarán que Brasil quedó cuarto. Pero no hay que olvidar como se desarrollaron esos partidos ante Chile y Colombia. Como dijo Tostão antes de la debacle ante Alemania: “Si Brasil no fuera local, ya estaría eliminado”.

Brasil 2014: Más allá de la FIFA


Faltando un mes para inaugurar la Copa del Mundo se hizo evidente que el estadio no estaría listo a tiempo. Entonces se decidió movilizar a 1.500 soldados para colaborar con las obras. El día de la inauguración, había estadio, pero poco más. El terreno de juego y las tribunas estaban preparados más no el palco de prensa. El acceso al estadio tampoco estaba listo. Muchos aficionados debieron caminar varios kilómetros hasta su puesto por falta de accesos adecuados.

La historia es real. Pasó el día que inauguraron el Maracaná. Pero no fue hace un mes o un año. Sucedió en 1950. Viene a colación porque 64 años después Brasil nuevamente tuvo problemas para cumplir con los cronogramas necesarios para cumplir con el Mundial.

Así como los éxitos de Costa Rica enorgullecen a Centroamérica o como los de Colombia motivan en Perú o Ecuador, América Latina tiende a  identificarse con Brasil y espera con ansias que se demuestre que la región sí puede organizar eventos de repercusión mundial. Que somos de verdad economías emergentes.Futbolísticamente, el torneo está siendo un éxito. Incluso, a medida que avanza el mundial, las protestas pierden fuerza mediática, al menos mientras Brasil se mantuvo en el torneo.

Pero detrás queda algo. Esa costumbre tan nuestra, tan latina, de siempre culpar a los demás de nuestra propia incapacidad. La FIFA, no voy a ser yo quien la defienda, es una organización que, por decir lo menos, carece de la transparencia necesaria en buena parte de sus decisiones. Pero los sobrecostos en los que incurrió Brasil para organizar el Mundial de Fútbol no son culpa de la FIFA.

Para organizar un mundial, la FIFA no exige más que ocho ciudades sede. Alemania en 2006, antes de la gran crisis del 2008, lo hizo en doce. Brasil, que apenas competía contra una débil candidatura colombiana por ser el anfitrión en el 2014, presentó una propuesta con 18 sedes. Al final, tras meses de discusión, las redujeron a 12. El Alcalde de Rio reconoció poco antes de comenzar el Mundial que hacerlo en 12 sedes había sido un error.

Los estadios de Sur África (10 en 9 ciudades) costaron €1.000 millones. Los de Alemania €1.500. Los de Brasil €2.500. El presupuesto original se había cifrado en €1.650 millones. Los sobrecostos no son culpa de la FIFA. Ellos manejan el estadio durante el torneo, pero no lo construyen. Los sobrecostos tiene un nombre que todos conocemos bien en América Latina. La hija de Joao Havelange, presidente de la FIFA antes de Blatter entre 1974 y 1998, lo reconoció días antes del mundial. Pidiendo mostrar “el Brasil más lindo”, argumentó que ya no tenía sentido manifestarse: “lo que había que ser gastado, robado, ya fue”.

Brasil, construyó ‘elefantes blancos’ sabiéndolo de antemano. El estadio de Manaos, incluyendo los campos de entrenamiento, costó US$286 millones. Tiene una capacidad de 40.549 aficionados que parecen más que suficiente para atender la demanda de fútbol local: 500 espectadores por partido. En Brasilia el estadio costó el doble de lo presupuestado. Tiene capacidad para 70.000 espectadores pero no hay equipo ni en primera ni en segunda división. No extraña que los encargados de prisiones en la Amazonia brasilera propusieran el estadio de Manaos como cárcel. No tuvo acogida la propuesta; su futuro sigue siendo incierto.

Pero no sólo estadios es un mundial. En Manaos y en São Paulo se haría un monorriel. Habría un tren bala entre Rio y São Paulo. En 2012 la Presidenta Rousseff anunció la construcción de 800 aeropuertos. En junio de 2014 estaban corriendo para concluir al menos los de las ciudades sede del Mundial. Mucho queda aún por hacer.

En total, las cifras del mundial, se dice, alcanzaron los US$11.000 millones. La cifra, por supuesto, muy superior a lo presupuestado. Pero Brasil está haciendo el Mundial y desde el alto gobierno comienzan a cobrar contra aquellos que pronosticaban una fatalidad en la tierra de la samba.

Brasil, como mayor potencia económica de la región, está demostrando que sí era posible comprometerse con eventos de semejante magnitud. Pero también revela ante el mundo los problemas endémicos de la región: corrupción, falta de organización, incapacidad para estructurar eficientemente los grandes proyectos y la bendita manía de echarle la culpa de nuestro atraso a los de afuera.

La FIFA, cuyos manejos oscuros son en cualquier caso vox populi,resultó el perfecto conejillo de indias. Las protestas, el FIFA go home, no son más que un reflejo de ello. No se pregunta por el destino del dinero que se fue en sobrecostos. La culpa es del de afuera.

Las escuelas, los hospitales y las carreteras igual no se harían con la plata del mundial. Como tampoco se hicieron escuelas, hospitales y carreteras cuando, con esa justificación, Colombia desistió del Mundial de 1986. La FIFA para sus torneos pide una infraestructura del primer mundo. Quizás es a eso a lo que deberíamos apuntar. A ser candidatos a organizar un mundial sin necesidad de hacerlo. La falta de escuelitas es culpa nuestra, no de los demás.

Brasil ha muerto; que viva Brasil


Brasil 1 – Alemania 7. Semifinales del Mundial de Fútbol jugado en Brasil en 2014. La pentacampeona del mundo, la mejor selección de la historia (con permiso de los alemanes) parece condenada a un Maracanazo cada que juegan un mundial de local.

Nunca hubo tanta diferencia en semifinales de un mundial. Hay que remontarse a Suiza 1954 cuando el ‘zorro’ Herberger prometió meterle 6 a los austriacos luego que éstos hubiesen recibido 5 de los suizos en los cuartos de final. Había, recordemos, ganado Austria 7-5. “Si los suizos metieron 5, nosotros le metemos 6″. Cumplió. No hay noticias de que Löw haya amenazado así a Brasil en 2014. En 1930, Argentina y Uruguay despacharon a Estados Unidos y Yugoslavia por sendos 6-1. Nunca un equipo perdió 7-1 en estas instancias.

Nunca, tampoco, un equipo europeo humilló así a un equipo suramericano. Lo más cercano fue el 6-1 con el que Checoslovaquia humilló a Argentina en la primera ronda del Mundial de Suecia 1958 o Dinamarca a Uruguay en 1986. Colombia, también perdió por cinco goles: 5-0 frente a Yugoslavia en Chile 1962. No sólo Alemania humilló a Brasil. Lo hizo en Brasil, al local, el equipo que no perdía un partido oficial en su tierra desde 1975. Fue un día de récords.

Pero no es culpa de David Luiz, ni de Hulk, ni de Marcelo, ni de Julio César. Ni siquiera es culpa del tal Fred. Es culpa de Parreira, de Scolari, de esa escuela de entrenadores brasileños que mataron el fútbol que los identifico e imprimió su fútbol en la historia.  Tanto lo he dicho acá que no lo voy a repetir más que en esta breve frase: todo comenzó con la derrota ante Italia en 1982.

El fútbol, si algo enseña es que siempre hay revancha. Brasil hoy es un país humillado, avergonzado y pisoteado. Pero cuando se toca fondo, sólo hay un camino, cuesta arriba. Al derrotar Brasil a Chile y Colombia, jugando un fútbol pobre, rácano, brusco, pensé que el jogo bonito nunca más volvería.

Pero ya en la conferencia de prensa post-partido  de Scolari se escucharon voces de periodistas sobre el atraso táctico de Brasil. Lo mismo que cuando Brasil salió eliminado en 1966 en primera ronda. Entonces concluyeron que había que potenciar la preparación física para parecerse más a los europeos. A raíz de ese debate llegó João Saldanha al cargo de seleccionador quien, a pesar de clasificar sobrados al Mundial de México 1970, quiso sentarlo a él, al Rey del fútbol, a Pelé. Zagallo ocupó su cargo y demostró que cuando hay calidad y categoría lo mejor es poner a los mejores. La táctica consiste en hacer funcionar individualidades únicas como un equipo. Por eso Zagallo  es uno de los mejores entrenadores de la historia. 

Brasil, como un drogadicto, probó lo desconocido y le produjo placer. Ganó un título que se resistía ya 24 años, el de 1994. Se sumergió más en el vicio y repitió en 2002. La felicidad los cegó. Los fracasos de 2006 y 2010 se consideraron circunstanciales. Pero el golpe de 2014 es estructural, debe ser estructural. Brasil debe volver a sus raíces. El ataque de Brasil en el partido contra Alemania era Hulk, Bernard, Oscar y el tal Fred. Compárelo, amigo lector, con cualquier equipo brasileño, aún los que no ganaron el mundial. Brasil ’82, Brasil ’86 perdió. Pero es que el fútbol es de ganar y perder. Salieron victoriosos porque en el fútbol además del resultado, se triunfa en la estética.

Y Brasil, a partir de la estética, de querer jugar al fútbol puede volver a ganar. Pero se va a tardar. Porque los equipos dejaron de buscar Zicos, Romarios o Ronaldos. Ahora buscan Luis Gustavos, Willians, Fernandinhos y Hulks. Un equipo encerrado, puede ganar. Lo demostró Grecia en 2004 al ganar la Eurocopa, Italia al ganar el Mundial del 2006. Pero de ninguno de ellos se ha vuelto a tener noticia.

Lo de Brasil va más allá del debate entre la estética y el resultadismo. Alemania juega en Brasil 2014 el fútbol más estético que hay. Y llegó sobrada a la final. Con justicia y merecimiento. Busca ganar, con un fútbol que antes era el brasilero, el sudamericano. Ojalá el choque haya sido lo suficientemente fuerte como para que en Brasil entiendan que deben romper con su pasado reciente.

Deben comenzar por el entrenador. Quizás necesiten uno extranjero.

Neymar y la dejadez del árbitro


Nada más triste que una de las máximas estrellas del planeta fútbol deba abandonar el mundial por culpa de una lesión. En Brasil culpan a Zuñiga. Es la frustración hablando. Su entrada, quizás imprudente, fue estándar en el partido. Con el partido apretado y un árbitro permisivo, las entradas fuertes eran norma.

En Brasil, en los primeros 60 partidos, se pitaron, según OPTA, 1.776 faltas y se sacaron 171 tarjetas amarillas. Esto da 29,6 faltas por partido y 2,85 tarjetas por partido. Es decir, en promedio, se requieren 10,4 faltas para sacar una tarjeta amarilla. En el partido de Brasil vs. Colombia cada amarilla llegó, en promedio, tras 13,5 faltas. ¡Un 30% más!

La FIFA indica que un jugador será amonestado con tarjeta amarilla, entre otras, si infringe “persistentemente las Reglas del Juego”. Esto no parece haberse cumplido en el mundial. Fellaini, el belga, cometió 8 faltas en el partido ante EE.UU. No recibió tarjeta. Besic (Bosnia) y Blind (Holanda) con 7 sí recibieron, pero no Lens (Holanda) ni Ghoochanneijhad (Irán).

No hay criterio en el arbitraje. De los 4 jugadores que han cometido 7 faltas en un partido, sólo 2 resultaron amonestados. De los 6 que hicieron 6 faltas, sólo 2 vieron la tarjeta amarilla. Y de los 14 que cometieron 5 faltas, a 10 no se amonestó, a 3 se sancionó y a 1 se expulsó por doble tarjeta. Se entiende así que Marcelo, con 5 faltas en el partido contra Colombia, no viera el cartón amarillo. Pero tampoco lo vio Fernandinho que hizo todas sus 4 faltas en el primer tiempo. Ante Chile, ya había hecho lo mismo. Cuatro faltas en el primero tiempo, más 2 adicionales en el segundo no resultaron en tarjeta amarilla. El único amarillo que Fernandinho ve es el de las camisas de sus compañeros.

Tras la victoria ante Colombia, el mundo se apresta a no ver el jogo bonito brasileño más que en vídeos antiguos. Los 2 partidos en los que más faltas se han pitado en el mundial, tuvieron a la canarinha de protagonista. Contra Colombia 54, contra Chile 51. En ambos, Brasil pegó más. Hizo el 55% de las faltas ante Colombia y el 57% ante Chile.

En octavos y cuartos Brasil, quizás reconociendo su inferioridad con el balón, dedicaron buena parte de sus esfuerzos a repartir zapato. Tal como muestra la gráfica, entre los 7 jugadores que más faltas cometieron en las rondas de octavos y cuartos de final, 3 son brasileros. Copan los primeros lugares de una estadística en la que, hasta hace muy poco, no se esperaría encontrar a medio equipo brasileño.

Tarjetas Amarilla Brasil 2014

Pero es que el partido contra Colombia efectivamente fue especial. La gráfica siguiente compara las tarjetas amarillas recibidas en cada partido con el número de faltas. Incorpora además (medido por el diámetro de los círculos) el número de faltas que se requirieron en el partido para que se mostrase una tarjeta amarilla. Es decir, cuanto más grande el circulo, menos tarjetas por falta mostró el árbitro de turno.

 

Faltas Cometidas y Tarjetas Amarillas Brasil 2014 4tos 8vos

 

No hay una correlación evidente entre el número de faltas cometidas por partido y el número de tarjetas amarillas. Pero si hay algunos patrones que merecen la pena analizarse.

Si fijamos el número de faltas (por ejemplo en 25), el número de tarjetas amarillas suele aumentar. En consecuencia, el diámetro del circulo tiende a hacerse más pequeño porque con 25 faltas, si se saca una tarjeta amarilla, se habrán necesitado 25 faltas para una tarjeta. Con 25 faltas cometidas y 6 tarjetas a amarillas, se requerirían 4,16 faltas para sacar una tarjeta. Es el caso del partido de Holanda vs Costa Rica donde se cometieron 28 faltas (recordemos el gran partido de Robben) y el árbitro mostró 6 tarjetas amarillas.

El partido de Brasil vs Colombia, con 54 faltas, se ve como un valor atípico. El círculo es demasiado grande para los demás partidos con 4 tarjetas. Por tamaño del diámetro, debería ser entre 5 y 6 tarjetas. 5, de haber sido un partido relativamente calmado como el Argentina vs Suiza, o 6 en un partido más vigoroso como el Holanda vs Costa Rica. Pero futbolísticamente hablando, una tarjeta a Fernandinho al comenzar el partido, cuando se hacía evidente que la estrategia era ´calmar´ a patadas a James Rodríguez habría frenado el ímpetu de los 22 jugadores. Simplemente Velasco Carballo, el árbitro, no supo manejar la situación. La consecuencia fue un partido que se le iba yendo de las manos, y un Neymar, tristemente lesionado de gravedad.

La FIFA, con buen criterio, no sancionó a Zuñiga, pero la lesión de Neymar debería ponerlos a pensar sobre el rol del árbitro. Por más Brasil que sea, el juego brusco debe frenarse desde el principio.

Una visión diferente de la historia y las estadísticas del fútbol

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