Trump, la FIFA y el camino a seguir



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Infantino, el presidente de la FIFA dijo recientemente que en la Copa del Mundo “cualquier equipo, incluidos hinchas y dirigentes de ese equipo que se haya clasificado, necesitan tener acceso al país”. Hacía referencia a la posibilidad de que el Mundial de 2026 se celebre en los Estados Unidos. Mostraba su preocupación por las políticas discriminatorias del Presidente Trump. Hace muy bien Infantino.




Históricamente la FIFA no supo nunca oponerse frontalmente a regímenes absolutistas. Que lo haga en esta ocasión, aún a costa de sacrificar un país ideal para estrenar la aberración de un Mundial con 48 equipos, es prueba central de que estamos por fin en el S. XXI.

En la Europa de los años treinta, el fútbol no pudo o no supo oponerse a los regímenes de los Mussolini, Hitler o similares. Por el contrario, como harían décadas después los militares en Argentina, el fútbol terminó siendo utilizado como instrumento propagandístico.

La FIFA, por ejemplo, nunca se opuso a que Italia realizara el saludo fascista (brazo al aire adoptado del saludo romano y posteriormente apropiado por la Alemania Nazi y la falange española) durante los mundiales de 1934 y 1938. Es más, en los cuartos de final del Mundial de 1938, Italia debió cambiar uniforme pues el anfitrión, Francia, también vestía de azul. Por primera y única vez en un partido oficial, por orden directa, dicen, de Mussolini, Italia vistió de negro, el símbolo del brazo armado más leal al régimen fascista.

Francia vs Italia 1938

No sólo la FIFA destacó por su incapacidad para enfrentar este tipo de regímenes. Ante la sorpresa del “foreign office”  británico,  la Federación Inglesa (FA) aceptó la invitación de Alemania para jugar en Berlín en mayo 1938. Austria ya había sido anexionada y los tambores de guerra retumbaban a lo largo y ancho del viejo continente. El gobierno británico que consideraba que la ambición de Hitler era saciable, buscaba simultáneamente tiempo para armarse mejor de cara a la cada vez más inevitable contiende militar. Fue entonces cuando se ordenó a la FA que el equipo nacional de Inglaterra debía aceptar la petición alemana de realizar el saludo Nazi. Para la historia quedó una de las fotografías más aberrantes de los inventores del fútbol.

Alemania - Inglaterra 1938

Más reciente es el apoyo de la FIFA, a través de su entonces presidente Sir Stanley Rous, al apartheid surafricano. Allí la representación internacional quedaba en mano de equipos conformado por sólo blancos lo que llevó a que la South African Football Association o Asociación de Fútbol de Sur África (SAFA), representante de los blancos, fuese la admitida a FIFA en 1952. La Asociación de Soccer de Sur África (SASF), que controlaba el 80% de los futbolistas del país, negros ellos, logró en 1955 que FIFA admitiera que la SAFA no controlaba todo el fútbol en el país. Ante la visita de la correspondiente comisión de FIFA en 1956 para buscar claridad sobre la situación del fútbol en el país, SAFA eliminó de sus estatutos la discriminación explícita, cambió de nombre a Football Association of South Africa (FASA) pero dejo claro que se regía por las “costumbres” del país. Es decir, seguirían discriminando por el color de la piel. La FIFA concluyó que la FASA, por estatutos, no discriminaba y con ello ratificó a la FASA como único representante del fútbol surafricano. En 1961 la Confederación Africana de Fútbol expulsó de todo torneo a Sur África mientras el sistema del apartheid siguiera replicándose en el deporte. Ya con Rous como presidente de FIFA, la FASA presentó un reporte al comité ejecutivo “aclarando” la situación de Sur África. Ellos simplemente seguían las costumbres. Rous se impresionó favorablemente y convocó otra comisión, lideraba por él, para visitar Sur África en 1963. La comisión concluyó que no existía discriminación para afiliarse a la FASA, que la suspensión debía levantarse y que la FIFA no debía inmiscuirse en asuntos internos. FIFA recomendó levantar la sanción, pero la CAF, indignada, se negó. Rous, siguió alineado con la FASA y eventualmente le costó la presidencia de la FIFA cuando Havelange, con gran habilidad política, logró ganarse la confianza y el voto surafricano prometiendo más participación en la Copa del Mundo y, condenando el racismo surafricano.

De la historia hay que aprender. Sí. Infantino hace muy bien en advertir a EE.UU. Quizás el gobierno no se inmute, poco le interesarán deportes extranjeros. Pero el precedente hay que sentarlo. Ayer fueron judíos, negros y gitanos. Hoy mexicanos y musulmanes. El fútbol es el instrumento ideal para luchar por la libertad.

  • Miguel CAMACHO

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