¿Son racistas los árbitros en Europa?



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En 1914, miembros del Exeter City, equipo inglés de gira por Rio de Janeiro aclamaron sorprendidos mientras observaban un partido que éste era “entre equipos juveniles, muchachos de entre 18 y 20 años aproximadamente. Eran negros, negros como tu sombrero, la mayoría jugando descalzos”. Que hace más de 100 años los comentarios, hoy día considerados racistas, fuesen una constante se explica en la sociedad de entonces. Que hoy día se dé un trato diferencial a los jugadores por su piel oscura sería inaceptable. En particular, se espera que los árbitros sean ecuánimes en todos los aspectos. Incluyendo el color de piel, por supuesto.

Pero los árbitros, aunque algunos hinchas lo olviden por momentos, son humanos. El sesgo de los árbitros utilizando el tiempo añadido al final del partido según el resultado del partido (particularmente sí el equipo local está perdiendo) ha sido estudiado en ligas como la española, la alemana y también en Europa. Garicano, Palacios-Huerta y Prendergast encontraron en 2005 que en España se añade más tiempo si el equipo local va perdiendo por un gol que si va ganando. Sutter y Kocher en el 2004 encuentran, para el caso de la Bundesliga, que penales y tiempo añadido suelen favorecer sistemáticamente al equipo local. En 2012, Buraimo, Simmons y Maciaszczyk analizaron la importancia de la pista atlética en la liga española y la Champions League. Encuentran que la probabilidad de mostrar una amarilla a un jugador local es mayor (y menor a un jugador de la visita) si el estadio tiene pista atlética que si no la tiene. Es decir, la presión importa y, además muestran, que el número de asistentes también es relevante.

La literatura es amplia y la estabilidad de los resultados varía con la elección metodológica y el tipo de datos de que se disponga. Para minimizar la influencia de la metodología que se escoja, Silberzhan y Uhlmann publicaron en 2015 en Nature un experimento en el que a 29 equipos se les otorgo los mismos datos y se les pidió que contestaran la misma pregunta. En particular, con datos de las ligas de Inglaterra, Alemania, Francia y España se les preguntó ¿Tienden los árbitros a sacar más tarjetas rojas a los jugadores con piel oscura relativo a los que tienen piel clara? Es decir, el interés no está en sesgos por la presión del ambiente (la pista, la asistencia, el local), sino en sesgos por el color de piel.

Para el experimento utilizaron fotos de 1.586 jugadores en el que el color de piel se clasificó de muy claro (1) a muy oscuro (5) siendo la mitad (3) ni claro ni oscuro. Los datos, además del color de piel del jugador y el número de tarjetas amarillas y rojas, incluían información demográfica de los jugadores (altura, peso, posición) y el origen de los árbitros. También se tenía un registro histórico de variables relevantes como el número de juegos en que árbitro y jugadores habían coincidido.

El resultado es llamativo. El 69% de los equipos de investigación, 20 de 29, encontraron una correlación positiva y estadísticamente significativa entre el color de piel oscuro y las tarjetas rojas. La mediana (el resultado de la mitad) muestra que los jugadores con piel oscura tienen una probabilidad 1.3 mayor de recibir una tarjeta roja. Ningún equipo encontró resultados contrarios, es decir, que jugadores de piel clara recibieran más tarjetas rojas. Más allá de la discusión metodológica el estudio sí sugiere que existe cierto sesgo negativo en Europa hacia jugadores de piel oscura.

El resultado es llamativo. El 69% de los equipos de investigación, 20 de 29, encontraron una correlación positiva y estadísticamente significativa entre el color de piel oscuro y las tarjetas rojas. La mediana (el resultado de la mitad) muestra que los jugadores con piel oscura tienen una probabilidad 1.3 mayor de recibir una tarjeta roja. Ningún equipo encontró resultados contrarios, es decir, que jugadores de piel clara recibieran más tarjetas rojas. Más allá de la discusión metodológica el estudio sí sugiere que existe cierto sesgo negativo en Europa hacia jugadores de piel oscura. Un resultado que el mundo del fútbol ha debido profundizar.