Category Archives: Historias de Futbol

El día del Real Madrid 11 – Barcelona Club de Fútbol 1



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Un extraordinario partido del Madrid” tituló el Diario Marca sobre los inesperados 11 goles que el Real Madrid había marcado el 13 de junio de 1943 al Barcelona en el partido de vuelta de la Copa de S.E. el Generalísimo.

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Liverpool – Sevilla: La final de los himnos



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La final de la Uefa Europa League de 2016 congrega este año a dos equipos unidos por la música. Liverpool, uno de los históricos del viejo continente y Sevilla, un grande de la última década poseen, además de aficiones únicas, quizás los himnos más bellos y conocidos de la vieja Europa.

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La decadencia del club grande


El F.C. Pro Vercelli, representante de un pequeño pueblo de 60.000 habitantes ubicado en el Piamonte italiano -casi equidistante entre Milán y Turín-, navega hoy en la mitad de la tabla en la Serie B. Allí aún recuerdan que hasta 1935 Pro Vercelli fue un fijo de la Serie A, llegando a ganar 7 títulos nacionales entre 1908 y 1922.

El Vercelli fue uno de los primeros equipos en desarrollar el concepto de cantera siendo su jugador más reconocido Silvio Piola, Campeón del Mundo con Italia en 1938, en cuya final marcó 2 de los 4 goles italianos. Su prestigio fue tal que en 1914 realizó una gira por Brasil donde con un equipo plagado de jugadores salidos de las divisiones inferiores, jugó 9 partidos, ganando 1, empatando 4 y perdiendo 4.

La decadencia del equipo comenzó en los años 20 cuando los  equipos de Turín, Milán y Roma tenían ya la fuerza económica para reclutar a sus jóvenes estrellas. Aun así, Piola logró jugar cinco años en Pro Vercelli hasta que la Lazio se lo llevó por una cifra récord. Tras su marcha, el equipo no aguantó más la presión de los grandes y descendió para no volver nunca a pisar la élite del fútbol italiano. El declive tocó fondo en el siglo XXI cuando el Pro Vercelli desapareció. El equipo que hoy juega la Serie B es apenas el heredero de un histórico del fútbol italiano.

El caso del Pro Vercelli demostró que ningún equipo puede, en el largo plazo, escapar a las realidades del mercado. Aun siendo una institución modélica, con una fuerte base de hinchas leales en el pueblo, el descenso a categorías menores no era más que cuestión de tiempo.

El tamaño del mercado lo dictó durante años el tamaño de la ciudad. De ahí que los grandes equipos italianos se afianzaran en Milán, Turín y Roma. El proceso fue similar en el resto del mundo, fuese España, Inglaterra, Argentina, Uruguay o Colombia.

El mundo evoluciona, y hoy el mercado local ya no es exclusivo para el equipo local. Se pasó de equipos que apenas interesaban más allá del barrio, a los gigantes que buscan copar el mercado global. Así, Manchester United, Real Madrid, Barcelona o Bayern Múnich cuidan tanto a sus seguidores en Asia como a los que van al estadio.

En Colombia, las tres aficiones más grandes fueron por décadas las de América, Nacional y Millonarios, en el orden que se prefiera. El equipo de Cali se hundió en la B, donde sigue pagando por los pecados que lo llevaron a la gloria. Nacional montó una estructura empresarial que lo hace quizás el equipo más saludable del torneo colombiano. Millonarios, siempre mayoritario en Bogotá, paga la sequía de títulos y los triunfos de Santa Fe: el azul ya no predomina en los niños de Bogotá.

Mientras Nacional y Santa Fe saludan hoy desde Medellín o Bogotá y mañana desde cualquier lugar del mundo, Millonarios y América año tras año arman un combinado nuevo, con escasa cohesión, pero que prometen luchará “por ser campeón”. La historia, que lo pregunten en Vercelli, no gana. Sin una organización adecuada, aún con el mercado al alcance de la mano, la victoria no será más que pasajera.

A estas alturas, la ilusión del hincha sería mayor con la presentación de un proyecto deportivo estructurado que con los jugadores que cada año los “harán campeones”.

El patrimonio de un club siempre juega … al principio.


Las grandes figuras se fichan por cifras escandalosas. Falcao, Ángel Di María, Neymar, Luis Suárez, James Rodríguez son traspasados de un equipo a otro por millones y millones de euros. Los entrenadores los reciben, pero no siempre con los brazos abiertos. Si a Di María o a Falcao parece que Van Gaal los recibe con una gran sonrisa en el Manchester United no pasa lo mismo con otros cracks traspasados recientemente. Neymar, que ya lleva un año en el Barça, ha salido tres veces consecutivas desde el banco. Luis Enrique evita cualquier piropo aún cuando marque 2 goles en los escasos 25 minutos que juega. James sufre con las comparaciones. No se ubica en el terreno de juego y su entrenador, Ancelotti, tampoco ayuda mucho. El público y la prensa comienza a mirarlo con lupa. Pero Neymar y James jugarán por un buen tiempo más de manera asidua. El club espera, debe esperar. Sin necesidad de ser explícitos, Luis Enrique en el Barça o Ancelotti en el Madrid entienden que sus jefes exigen que 80 millones (o más) de euros no se pueden quedar sentados en el banquillo.

Quizás, más adelante, llegue el momento en que el jugador no rinda y el entrenador decida jugársela toda con la suya. Pero para sentar al crack de los millones y millones de euros tiene que pasar tiempo. Así que por ahora, James, en la picota pública hoy por hoy, tiene tiempo. El entrenador, recordemos, siempre es el eslabón más débil. Así lo hizo explícito Ramón Mendoza, el presidente del Madrid de los ochenta.

Ese maravilloso Madrid de finales de los ochenta nunca pudo lograr lo que con tanto anhelo buscó: la Copa de Europa. Tenía un gran equipo, temido en España y en Europa. Era el Madrid de la Quinta del Buitre. El Buitre (ver vídeo), para aquellos jóvenes que sólo lo conocen como directivo del Madrid actual, era un jugador elegante, fino, de poco peso, pero muy rápido en el arranque y  hábil en el regate. Era el ídolo máximo del Real Madrid que, como siempre, estaba plagado de estrellas.

En las semifinales de la Copa de Europa de 1988, el Madrid no pudo derrotar al PSV Eindhoven. Era el holandés un equipo que se había armado para Campeón de Europa con el dinero recibido por la millonaria venta de Ruud Gullit al Milan italiano. Ese partido, esa eliminación dolió, mucho en las huestes blancas.

Pero como dijo alguna vez Kempes, el fútbol siempre te da revancha. Así que un año después el Madrid se encontró nuevamente en frente al PSV Eindhoven, entrenado entonces por Guus Hiddink. Esta vez el partido era en cuartos de final de la Copa de Europa.

Leo Beenhakker, el entrenador holandés del Real Madrid decidió sentar al Buitre, que por aquellos años aún brillaba más que nadie. Era el partido de vuelta y el Madrid partía con ventaja tras haber empatado a uno en tierras holandesas. Beenhakker, decidió poner de titular a Paco Llorente, jugador rápido cuya mejor referencia era ser sobrino de Paco Gento, la mítica Galerna del Cantábrico, único futbolista en ganar 6 títulos de la Copa de Europa.

El Madrid ganó 2-1, pero Butragueño decidió apretar a Beenhakker después del partido: Sabía desde por la mañana que no me iba a alinear. Me llamó para mantener una reunión a solas, y antes de que empezara a hablar yo ya sospeché de qué se trataba. Tardó 30 segundos en explicarme que iba a ser suplente“. Luego, ante la prensa, el entrenador justificó la decisión en que la velocidad del sobrino de Gento era clave para “tapar las subidas del lateral Gerets“. Butragueño respondió: “Yo creo que un delantero debe salir al campo a jugar al fútbol y no pensando en marcar a un lateral contrario“. Desde Barcelona, por supuesto, se atizaba el fuego. Cruyff declaró: Yo no hubiera dejado a Butragueño en el banquillo, porque creo que tiene que jugar siempre. El Madrid es Butragueño y 10 más“. El holandés respondió: “Si yo tuviese a Lineker en mi equipo, jugaría los 90 minutos

Lo mejor, lo que hizo historia, llegó unos días después. Ramón Mendoza, presidente blanco se reunió con Butragueño y luego con Beenhakker quien había llegado a pedir una sanción económica al jugador por quejarse de su suplencia. Contrario a lo que el holandés pensó, Ramón Mendoza fue muy claro.

– “¿Sabe usted lo que ha hecho?” preguntó el gran jefe.

– “Eliminamos al PSV y alcanzamos la semifinal de la Copa de Europa”, respondió orgulloso el entrenador.

– “Ha jugado usted con el patrimonio del club”, le recriminó Mendoza.

Al final, quizás lo mejor hubiese sido no pasar a semifinales. Ese Madrid, ya con Butragueño, más Gordillo, Martín Vázquez, Schuster, Michel, Hugo Sánchez y hasta el simpático Paco Llorente, sería vapuleado 5-0 por el Milan de Sacchi y los tres tulipanes: Rijkaard, Gullit y Van Basten.

Pero el patrimonio del club primó. Tiempo después, Beenhakker fue despedido del Madrid, siendo líder en la liga, porque jugaba feo. En Colombia hay nervios porque James no logra destaparse en el Madrid. Quizás por obvio no haya necesidad de recordarlo, pero James no llegó como Rincón o Congo al Madrid. James llegó como estrella por mucho dinero. Así que tiene tiempo. Neymar tuvo una primera temporada bastante opaca. Aún está por verse si triunfa de verdad en el Barça. Pero ahora parece consciente que tiene que trascender en el juego azulgrana para ganarse la confianza del entrenador, el equipo y de la afición. Ese ataque de personalidad es el que necesita James.

El Madrid y su afición son impacientes, no lo esperarán eternamente, pero es muy joven y sentarlo sistemáticamente es jugar con el patrimonio del equipo. Personalmente no creo que Ancelotti sea de los que juega con el patrimonio del equipo que le paga. Habrá que ver.

 

Millos, Boca … ¿para qué echar al entrenador?


Alfredo Davicce, presidente de River Plate entre 1989 y 1997 afirmó con cierto dejo de sabiduría en alguna ocasión que  “como presidente tengo la obligación de respaldar al entrenador hasta cinco minutos antes de echarlo”. Los entrenadores siempre deben estar con la maleta empacada. Ellos lo saben.

Howard Wilkinson, a la fecha el último entrenador inglés que logró campeonar en Inglaterra, afirmó, como si hubiese conocido a Davicce, que “hay dos tipos de entrenadores: los que acaban de ser despedidos y los que están a punto de serlo” . Ellos, como dijo Lillo, cuya aventura en Millonarios terminó abruptamente, no tienen derecho a dudar.

A los entrenadores, nos dicen un par de investigadores europeos (en artículo recientemente publicado en el Journal of Sports Economics), los echan por los malos resultados . Suena casi tautológico, pero en realidad hay algunas conclusiones muy interesantes en este trabajo.

El estudio se basa en 1.213 despedidos forzados de entrenadores principales en las cuatro principales divisiones del fútbol inglés entre las temporadas 1949-50 y 2007-08. Exploran las razones de corto y largo plazo que puede explicar el despido de un entrenador. Revisando los resultados de las dos semanas previas encuentran que un mal desempeño aumenta la probabilidad de ser despido. Lo mismo sucede evaluando razones de largo plazo. Esto último lo miden revisando las posiciones que sube o cae el equipo desde que el entrenador está a cargo. A medida que cae posiciones, su probabilidad de ser despedido aumenta.

Lo anterior poca información da al aficionado al fútbol Eso, en esencia, es lo que todos lo hinchas ya sabemos. Lo que no sabíamos, al menos para el fútbol inglés, es que por cada año adicional que tenga un entrenador, su probabilidad de ser despedido aumenta en 0.39 puntos porcentuales. Tampoco sabíamos, pero quizás si intuíamos, que un entrenador de la cuarta división tiene 5.5 puntos porcentuales más de ser despedido que un entrenador de la primera división. Esto de alguna manera sugiere que a medida que un equipo gana seriedad institucional, menos movimiento tendrá del entrenador.

La experiencia del entrenador, medida como el número de años que ha entrenado en equipos ingleses parece relacionarse negativamente con la probabilidad de ser despedido. El resultado sin embargo no es concluyente, quizás porque el indicador sólo captura la experiencia obtenida en la liga inglesa, no la que pudiese haber tenido en otros lugares del mundo. Quizás, entre los años cincuenta y ochentas esta manera de medir experiencia es apropiada, pero desde luego no lo parece los últimos 15 a 20 años.

Otro resultado interesante es que el entrenador que fue jugador internacional con su selección tiene un mayor riesgo de ser despedido que aquel que no fue jugador internacional. Es decir, poner una cara famosa llena prensa el día de la presentación, pero no da al entrenador más seguridad laboral. En cambio, es más difícil echar a aquel que fue jugador del equipo que entrena. Un hombre de la casa tiende a ser menos probable que lo despidan.

Pero el resultado más interesante es aquel en el que encuentran que es mucho más fácil despedir a un entrenador en la actualidad que hace 10, 20 ó 40 años. Un entrenador en 2005, con igual desempeño, edad y experiencia que un entrenador en 1950, tenía mayor probabilidad de ser despedido. Es decir, con el tiempo, los nervios se han acrecentado. Quizás, como dicen los autores del estudio, por la competencia en la liga, o quizás, por la presión mediática que hoy día es muy superior a la de décadas anteriores.

Los nervios son notorios. Un entrenador en Inglaterra, durante el período considerado por los autores, dura en el cargo apenas 62.2 semanas, poco más de una temporada y media. En Colombia, mostré en los Números Redondos, un entrenador dura apenas 1,8 semestres, es decir de enero a más o menos la tercera semana de octubre. Los nervios, la impaciencia parece universal.

Pero, ¿para qué echar al entrenador? Millonarios, uno de los históricos de Colombia, despidió a Lillo tras fracasar en la Copa Suramericana, la Copa Postobon y ser incapaz de sostener al equipo en el grupo de los ocho mejores que disputarán el título de liga. Boca, hizo lo mismo con Bianchi, el hombre que los llevó a la gloria. Pero tras hacer 3 puntos de 12 posibles, y llegando de campañas muy pobres, el otrora Virrey, debió abandonar la dirección del histórico equipo del Barrio de La Boca.

Tras el despido, el amanecer de Millos y Boca fue diferente. Mientras el equipo argentino ganó a Vélez, Millonarios con una nómina raquítica, siguió perdiendo, esta vez frente al Atlético Huila.

¿Existe evidencia que sugiera que es bueno echar al entrenador en plena disputa por el título? No conozco un ejercicio para Argentina o Colombia pero, utilizando datos desde las temporadas 1972-73 a 1999-2000, si hay un estudio con datos para la liga inglesa. Los autores de ese estudio encuentran que si se despide a un entrenador mientras la temporada está en curso, los resultados empeoran durante los dos primeros partidos, no se empeora en los siguientes 3 a 10 partidos, pero se vuelve a empeorar entre el partido 11 y 16. En otras palabras. Se tarda unos 16 partidos (alrededor de 3 meses), en lograr que el nuevo entrenador logre estabilizar el equipo. Es decir, en promedio, cambiar de entrenador en la mitad de la temporada parece mala idea.

Estos, por supuesto, son resultados promedios. El presidente o propietario del equipo cambia de entrenador con frecuencia en la mitad del torneo porque considera que se puede salir del promedio. Alguno, sin duda, lo logrará. Pero “alguno”, son pocos. La mayoría sigue la tendencia (que por ello es tendencia) y terminará perjudicando el desempeño del equipo. Es un problema mediático. En realidad, echar a un entrenador en la mitad de la campaña, más que ser indicativo de la decisión del presidente o propietario de turno de ajustar el equipo, es la revelación implícita de que la tarea se hizo mal antes de comenzar la temporada. O no se trajeron los jugadores requeridos, o el entrenador no podía con ellos (deportiva o administrativamente).

En el caso de Millonarios, la respuesta parece sencilla. La base sigue siendo el equipo que ganó la estrella 14. Una estrella que se ganó con justicia, pero que se consiguió con las uñas. Aquel logro debió entenderse como un primer paso para renovar el plantel poco a poco, con tranquilidad pero con firmeza. Pero entusiasmados en los grandes nombres para la delantera, nunca se pudo renovar el arco, la defensa o el medio campo. La renovación, triste para los hinchas azules, llegará a las patadas. Porque toca. Echaron a Lillo. Pero no se imagina uno como Guardiola o Mourinho lograrían levantar un equipo futbolísticamente tan pobre. Y es “difícil” que llegue Guardiola o Mourinho.

 

 

El Marcador más Frecuente de los Mundiales de Fútbol


Los goles, ya lo estudiamos hace unas semanas, son raros. Eso diferencia al fútbol de otros deportes. En baloncesto, béisbol o incluso hockey sobre hielo las anotaciones son más frecuentes que en el fútbol.



Siendo una rareza no extraña que el resultado más común en el mundo del fútbol sea el 1-1. Lo es según The Numbers Game para  la EPL, la Bundesliga, la Liga Española y el Calcio. También lo es, lo mostramos, para Colombia. En estas ligas el rol del local y el visitante es claro. Es decir, el 1-1 es el resultado más común porque no es lo mismo un 1-0 (victoria de local) que un 0-1 (victoria del visitante).

En los mundiales de fútbol, sin embargo, salvo uno de los participantes, el rol de local y de visitante es más difuso. En una entrada posterior analizaremos la ventaja que puede haber entre jugar o no en el continente de origen, es decir, de ‘local’. Por ahora centrémonos en revisar cuál es el resultado más frecuente en la historia de los mundiales. La siguiente gráfica ilustra los resultados utilizando todos los partidos jugados entre Uruguay 1930 y Sur África 2010.

Frecuencia de los marcadores en los mundiales de fútbol

 

El resultado más común no es el 1-1. El marcador más frecuente es la victoria por la mínima (18,8% de los partidos). El 1-1 apenas es el cuarto resultado más común (9,8%). Quizás por ello el primer 1-1 no se dio hasta el famoso partido entre Italia y España, ya en Italia 1934, el segundo mundial de la historia. En el primer mundial, el de Uruguay 1930, en cambio ya el 1-0 fue el resultado más común.

La victoria por 2-1 (14,5%) y 2-0 (11%) son, después del 1-0, el resultado más frecuente en la historia de los mundiales. El 0-0, ese marcador triste que suele ser indició de un partido feo, es el cuarto resultado más común. El primer empate sin goles no se registró hasta el 11 de junio de 1958. Curioso, aquel partido enfrentó a dos de los equipos que históricamente se han caracterizado por la poca tacañería en su juego: Inglaterra y Brasil.

Las resultados menos frecuentes son, por supuesto, los más abundantes en goles. El que más recuerdo es el 10-1 que Hungría le endosó a El Salvador en 1982. Aquel día jugó el ‘Mágico’ Gonzalez. Pero ni él, con su infinita calidad, pudo evitar el mayor desastre de los mundiales.

El 8-3 corresponde a la goleada que Hungría, la inolvidable selección liderada por Puskas endosó a la República Federal Alemana en la primera ronda del Mundial de Suiza 1954. La historia sugiere que el equipo germano prefería perder ese partido. La derrota frente a Hungría obligó a los germanos a jugar un partido de desempate frente a Turquía. El marcador también es único en la historia de los mundiales: 7-2 en contra de la selección otomana. La predicción del ‘Zorro” Herberger, entrenador teutón, se cumplía a la perfección. Perder con Hungría mandaba a los ‘magiares’ a luchar en cuartos y semifinales contra dos potencias suramericanas: Brasil y Uruguay.

Alemania, mientras tanto, tendría que enfrentarse en semifinales al vencedor del partido de cuartos de final entre Austria y Suiza. En aquel partido Austria destrozó el cerrojo que Karl Rappan, precursor del catenaccio, había impuesto en la selección Suiza: 7-5 ganó el equipo centroeuropeo. Famosa es la anécdota del ‘Zorro” Herberger quien argumentó que “si Suiza le marcó cinco a los austriacos, nosotros tenemos que marcarles seis”. Cumplió. Alemania ganó la semifinal de aquel torneo 6-1.

El 6-5 se marcó en la primera ronda del Mundial de Francia 1938. Aquel día, tras empatar 4-4 en el tiempo reglamentario, Brasil derrotó a Polonia con tres goles, incluyendo el quinto y el sexto, de Leónidas, conocido como el ‘Diamante Negro’. Uno, incluso, lo marcó descalzo.

En Suecia 1958, Just Fontaine, camino de su aún vigente récord, 13 goles anotados en un sólo mundial, le marcó tres goles a Paraguay. El 2-2 del primer tiempo fui insuficiente para los sudamericanos que se vieron arrasados en el segundo tiempo hasta llegar a la cifra de siete goles en contra. Los tres tantos guaraníes no compensan una de las mayores derrotas de los mundiales.

El día que en Inglaterra ’66 Portugal perdía 3-0 en cuartos de final, Di Stéfano se levantó y apostó a favor de los portugueses: “¿Nadie quiere jugar a favor de un equipo que gana tres a cero?” El crack argentino sabía que Corea del Norte, equipo correoso, no podía jugar de otra forma. Si en el minuto 24 ganaba 3-0, en el 42 la ventaja ya no era más que de un gol. En el segundo tiempo, el gran Eusebio marcó dos goles adicionales que, sumados al de Augusto, sentenciaron el histórico 5-3 definitivo.

El mundial de 2014 será seguro de 1-0’s, 2-1’s, 2-0’s y 1-1’s. Como lo han sido todos los mundiales. Pero estemos atentos. Alguna goleada habrá. En 2002, Alemania aplastó 8-0 a Arabia Saudita, en 2006 Argentina a Serbia y Montenegro 6-0 y en 2010 Portugal a Corea del Norte 7-0. La televisión del hermético país asiático, entusiasmados por el brillante desempeño de su selección en su primera presentación frente a Brasil (perdieron apenas 2-1) decidieron obviar su política de transmitir el partido en diferido. Su segundo partido, contra Portugal, se transmitiría en riguroso directo. El primer partido apenas perdían 1-0. La debacle llegó en el segundo. Dicen las crónicas que gol tras gol el locutor perdía fuerza. Defender al “Querido Líder” se tornaba imposible ante semejante goleada. Al final, el locutor silenció totalmente y, seguramente, sólo las vuvuzelas pudieron escuchar los televidentes en Corea del Norte.

Ya falta poco para saber si la goleada que llegue en Brasil 2014 sea motivo de lagrimas o celebraciones. Nadie desea imitar la amargura de los norcoreanos.