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El Gasto en Transferencias: ¿Qué tanto pesa China?



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El fútbol es un negocio. La frase no es nueva, ni debería sorprender. Pero por alguna razón, cada cierto tiempo, cuando sucede algo que toca el corazón, se recuerda a todos que el “fútbol es un negocio”. El despido de Ranieri es uno de los más recientes detonantes del amor por el pasado. Como si antes no lo hubiese sido. El fútbol inglés legalizó el profesionalismo en 1885. Ya ha pasado su tiempito.
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Messi y la desconfianza de sus compañeros


La pregunta está en boca de todo aquel que se interese lo más mínimo por el fútbol: ¿Por qué Messi, uno de los tres mejores jugadores de la historia, no rinde con la selección Argentina? Hay teorías para todos los gustos. La mía es que a Messi los compañeros  no le dan el balón que en el Barça sí le dan.




Las cifras, sin embargo, indican que Messi sí toca mucho balón con Argentina. Algo menos que en el Barça, pero en la selección sí lo buscan para que él arme, filtre y genere peligro. En Chile 2015 realizó 53 pases por partido con un porcentaje de acierto del 83,7%. En la Champions League 2014-15 realizó 64 pases (86,2%) y 61 pases en la liga de la misma temporada (82,9%). Las diferencias en otros indicadores, incluyendo asistencias y pases claves, son aun menores.

Pero observando a Messi con la selección y con el Barça, se tiene la sensación de que  Argentina le priva el balón en la zona caliente, allí donde él es capaz de definir partidos. La pared que Iniesta y Xavi o más recientemente Neymar y Suárez no le niegan a pesar de verlo rodeado de contrarios, sí se la niegan en la selección Argentina. Cuando Messi propone una pared, es común que lo haga con dos o más defensores apretándolo. De ahí que quien recibe, en el Barça o en Argentina, se sienta más libre de lo común. Agüero, Pastore, Higuaín o Tévez se creen entonces lo suficientemente hábiles como para intentar definir ellos sin contar ya con Messi. Brasil 2014 y Chile 2015 demuestran que están equivocados.

A pesar de tocar aproximadamente el mismo número de balones, en el Barça Messi recibe donde hace más daño, en Argentina no. Revisando los datos disponibles de recepción de balón por área del campo del Mundial 2014 y La Liga (2012-13 y 2013-14) se observa que Messi recibió con el Barça 1 de cada 4 balones en el último tercio de frente al marco contrario. Con Argentina, 1 de cada 7 balones.

Messi Pases Recibidos

 

Llama la atención que durante el Mundial de Brasil Messi recibió apenas 1,9% de los pases dentro del área. Con el Barça esa cifra es superior al 6%. Es decir, apenas recibió un pase por partido en el área (ninguno el día de la semifinal frente a Holanda). Esa cifra con el Barça sube a más de tres. Cierto, algunos rivales del Barcelona en la liga no son lo poderosos que se espera. Pero tampoco lo eran Bosnia, Irán, Nigeria o Suiza. Las cifras del Mundial se pueden trasladar fácilmente a la Copa América. Aquella  jugada del último minuto del tiempo reglamentario de la final frente a Chile donde Lavezzi la cruza a Higuaín. En el Barça el receptor habría sido Messi. El resultado, seguramente, habría sido otro.

El 60% de los balones los recibe Messi en el segundo tercio del campo cuando juega con Argentina. Con el Barça la cifra es inferior en casi 9 puntos. Con el cuadro catalán recibe el 48% de los pases en el último tercio. En Argentina apenas 37% y en su mayoría escorado a la derecha.

Messi no rinde en Argentina porque sus compañeros no asumen que es el mejor del mundo. Como tal, debe ser aprovechado donde ha demostrado que rinde más: con el balón cerca del área. Maradona metió un gol desde la mitad del campo. Pero fue un gol con la mano, en el área y de frente al arco contrario lo que garantizó el triunfo frente a Inglaterra. No se puede jugar a que el mejor del mundo, sea El Diego, o Messi, se regateé siempre a medio equipo contrario.

Alguno, no sin razón, podría argumentar que le falta peso, personalidad. Es cierto. No tiene la personalidad de Maradona. Quizás un día deba frenarse y gritarle a la cara, en frente del todo el estadio, a Agüero o Tévez por no devolverle la pared. El día que asuman que el balón es de Messi, Argentina será campeón.

 

El embajador de la India o el pisotón a la afición

Colombia no se caracteriza por sus grandes hazañas en el séptimo arte. Pero algunas, así sea por diversión, vale la pena ver. Una de estas es el Embajador de la India. Cuenta la historia de un desempleado que de paseo a un pueblo remoto termina engañando a todos afirmando ser el embajador de la India. Lo exótico del título le facilita recibir todo tipo de favores por los impresionados habitantes desacostumbrados a recibir tan nobles visitas. Al final, por supuesto, es descubierto.

El engaño del ’embajador de la India’ se queda en nada comparador con lo que ha sucedido en el superprofesional fútbol de hoy. Lo cual, por otra parte no deja de sorprender. El caso más escandaloso es la reciente adquisición del Racing de Santander, entonces en la primera división española, por parte del supuesto multimillonario ciudadano índio, Alí Syed. En enero del 2011, un ’embajador’ indio aterrizó en Santander. Adquirió el equipo, prometió grandes inversiones y hasta alcanzó a pasearse entre vítores por el estadio cántabro. Dicen que Syed llegó con cuatro limusinas blancas y una docena de guardaespaldas. Había sospechas que se justificaban en actitudes excéntricas de multimillonarios. Siendo Santander cuna de excelentes manjares de la ya de por sí deliciosa cocina española, Syed prefería comer pizza. Al final, no sólo terminó comiendo pizza, sino andando en un utilitario cinco puertas sin guardaespaldas y sin limusinas. El Racing descendió a segunda, no hay inversiones, y la situación aún es tan confusa que yo sería imposible de describirla. Simplemente, en Santander vendieron SU equipo al que no debían. Buscando ser millonarios por la vía rápida, encontraron lo opuesto.

El Racing no es el único caso. En Brasil, un par de iraníes, educados en Gran Bretaña llegaron al Corinthians y compraron a Tévez por $22 millones. Lo que empezó como un sueño acabó con los inversores acusados de lavado de activos y el Corinthians en la segunda división en 2007. Recientemente al Getafe, en España, llegaron también los jeques con su plata fácil. De los 90 millones de euros que invertirían en tres años nada llegó. Resultó ser una empresa fachada que estafaba prometiendo inversiones o falsos créditos ejerciendo de intermediarios en operaciones con dinero procedente de los Emiratos Árabes y Egipto a cambio de comisiones millonarias. El Getafe, al menos, salvó la categoría.

El dinero fácil siempre es una ilusión. Recientemente en Colombia corrió el rumor que un jeque había mostrado interés por reactivar a Millonarios, gigante colombiano venido a menos. Las redes sociales azules se ilusionaron con acabar, por fin, con más de dos décadas de sequía. Quizás para mejor, la noticia no fue más que un falso rumor.

La historia viene a cuento por lo que está sucediendo con el Málaga. Hace unos años llegó un Jeque que, este sí, repartió dinero. Invirtió y hasta prometió codearse con Real Madrid y Barcelona. Los resultados, como anotamos hace unos días, tardaron, pero llegaron. Pero algo pasó en Málaga. De pagar con retraso el jeque pasó a no pagar. Fernando Hierro, manager del equipo, fue el primero en abandonar el barco. Nunca dijo muy bien por qué, simplemente ya no creía en el proyecto. Hace unos días corrían rumores de que el Jeque estaba negociando con el grupo petrolero albanés Oil Tiça la venta del equipo. Falsa esperanza. La realidad es que ya están vendiendo las estrellas. Cazorla se va al Arsenal y al entrenador, Pellegrini le han dicho claro que ‘se busque la vida’. No hay más plata!

El afán o la necesidad de salir de la pobreza ha llevado a muchos equipos a venderse, a desnaturalizarse. El Liverpool, por ejemplo, terminó en manos de magnates americanos que nunca entendieron la mística detrás de uno de los equipos más legendarios de la liga inglesa. Es triste al final para el hincha, para el aficionado. La ‘inversión’ ficticia o incluso real genera gran reconocimiento para el supuesto millonario de turno. Pero la salida suele ser tormentosa. Difícil negarle a un hincha la ilusión de un título, pero también difícil aceptar que puede resultar peor el remedio que la enfermedad. Simples sentimientos encontrados. En el caso del Málaga es particularmente doloroso. Es ganarse la lotería, comprarse casa con piscina, Ferrari y yate de lujo amparado en el número de lotería. Pero resultó que el número no era, lo habían leído mal.

Ser pobre es duro. Salir de pobre y volver a pobre es aún más duro. Suerte al Málaga en su intento por mantener la categoría.