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Copa Libertadores: Torneo anual con final a partido único. Lo bueno y lo malo



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El fútbol en Sur América se desangra por pobres. Europa contrata a los mejores, incluso siendo niños. Estados Unidos contrata a los mejores, especialmente los más viejos y aquellos que no dan para el fútbol europeo. Qatar contrata a los que quieren ser millonarios y perderse del mundanal ruido un par de años. Ahora China, como parte de un proyecto oficial del gobierno chino, busca traer a los mejores para crear la bases de una selección cuyo objetivo es ser Campeón del Mundo en el menor tiempo posible. Lo que queda, se va para México, que entre monopolios y dinero poco claros, también ofrece salarios extraordinarios. El remanente juega en Sur América. Algo hay que hacer para que el fútbol de la región no mate al público de aburrimiento.

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Las victorias de Nacional y Santa Fe: rumbo al “Coeficiente Conmebol”



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Históricamente el fútbol en Sur América ha sido dominado por Argentina, Brasil y Uruguay.  De las 57 ediciones de Copa Libertadores disputadas, los tres grandes han vencido en 49. 45 ediciones de Copa América se han jugado en 100 años. 37 las han ganado los 3 grandes. Su poder deportivo, asociado a su fortaleza económica, ha servido de excusa eterna para que la legislación regional favorezca a los 3 grandes. El bicampeonato de Chile en Copa América, el triunfo de Nacional en Copa Libertadores (incluso el subtítulo del ecuatoriano Independiente del Valle), la victoria de Santa Fe en Copa Sudamericana deben ser el primer paso para que se democratice el fútbol sudamericano.

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La triste persistencia de Conmebol


En octavos de final de la Copa Libertadores de 2015 se enfrentaban los históricos Boca Juniors y River Plate. Hace años que los autodenominados ‘superclásicos’ son nulos futbolísticamente hablando. Aun así la historia pesa, y muchos aficionados estábamos pendientes del partido con la tenue esperanza de ver, por fin, un buen partido de fútbol entre los dos poderosos clubes. La realidad hizo añicos la ilusión.

Al saltar River para iniciar el segundo tiempo, unos criminales disfrazados de hinchas de Boca lanzaron alguna sustancia tóxica a los futbolistas millonarios. El partido, tras mucho dudar el árbitro, se suspendió. Más dudó la Conmebol que escasamente expulsó a Boca de la Libertadores 2015 y lo condenó a jugar los próximos cuatro partidos internacionales sin público.

A días de iniciar la versión 2016 de Copa Libertadores, la Conmebol anunció “medidas de gracia tomadas por única y exclusiva vez” para reducir a dos la sanción a Boca. El escándalo FIFA que busca limpiar el fútbol poco efecto parece haber tenido en la Conmebol. El regulado sigue mandando al regulador. No hay fuerza para sancionar al poderoso. Boca se salvó de la que habría sido su justa exclusión de la edición del 2016.

En Europa, no solo se expulsó por 10 años al Liverpool de competiciones europeas tras los 39 muertos de Heysel, sino que también se sancionó 5 años a todo el fútbol inglés. No han sido los únicos. En la ida de octavos de la Copa de Europa de 1991, el poderoso Milan empató 1-1 con el Marsella. En la vuelta ganaba 1 – 0 el Marsella, quedaba poco por jugar, cuando una de las torres de energía se apagó. A los 7 minutos la luz volvió parcialmente, pero Galliani, mano derecha de Berlusconi, bajo al campo y alegó que sus jugadores no veían bien. El árbitro, el Marsella y, algunos jugadores del Milan querían jugar. Pero primó la voz del jefe y por primera vez en la historia de la competición europea un equipo se retiró del campo. La UEFA sancionó al Milan con un año por fuera de competiciones europeas. A Galliani lo suspendió por 2 años.

 

Años antes, en 1987, el Madrid había jugado frente al Nápoles de Maradona en primera ronda de Copa de Europa sin público. La temporada anterior el Madrid había sido eliminado en semifinales por el Bayern de Múnich. Tras haber sido goleado en la ida, pisotón en la cabeza de Juanito a Matthaus incluido; en la vuelta los “ultras sur” lanzaron hasta barras de hierro al portero belga Pfaff. Además del partido ante el Nápoles, el segundo partido debió jugarlo a 300km de distancia, en Valencia.

Aun a los grandes, la UEFA tiene la mano dura necesaria para castigarlos cuando es necesario. En Sur América no deberíamos esperar a contar muertos para sancionar con el rigor necesario.  La decisión de Conmebol es lamentable.

El fútbol en altura: Más mito que realidad


Jugar en altura, por encima de los 2,500 metros aproximadamente, siempre ha sido un reto para los futbolistas que no están acostumbrados a ello. Nadie pone en duda que tiene algún impacto físico y para corroborar tal hipótesis hay suficientes análisis médicos que corroboran diferentes efectos en el cuerpo humano.

El fútbol, siendo un deporte global se juega en todo tipo de condición climática. No sólo hay fútbol a los 4,000 mts. de La Paz. También en la humedad de Barranquilla, en el frío del Norte de Europa y hasta mundial habrá en el desierto de Qatar. ¿Existe evidencia que sugiera que aquellos que están acostumbrados a algún tipo de situación extrema realmente se benefician?

La Copa Libertadores es quizás el torneo indicado para establecer si la altura realmente da algún tipo de ventaja. Desde que inició el torneo en 1960, sólo un equipo cuya sede quede por encima de los 2,500 metros de altura ha quedado campeón: la LDU de Quito en 2008. Manizales, recordemos, está a unos 2,160 metros de altura. Es decir, en términos de victorias relevantes, jugar por encima de los 2,500 metros apenas si da réditos.

Lo anterior, por supuesto, es apenas evidencia casual. No sólo no ganan los equipos que ganan en la altura, sino que apenas si ganan lo equipos que no son de Argentina, Brasil o Uruguay, considerando este último desde una perspectiva histórica.

Hay diversos trabajos académicos que utilizando datos de selecciones intentan establecer enlaces causales entre la altura y la probabilidad de victoria. Éstos, analizando datos de selecciones suramericanas desde 1900 o basados en datos de las eliminatorias de 1998, 2002 o 2006, suelen ligar el resultado de un partido como función de la altura (o el cambio de altura) y diferentes controles que también pudiesen afectar el resultado. En general los resultados sugieren, aunque de manera inconclusa, que la altura no tiene ningún impacto en el resultado de un partido.

En un trabajo reciente que publiqué en el Journal of Quantitative Analysis in Sports, evalué el tema de la altura utilizando datos de la Copa Libertadores de 2013. La literatura económica que se enfoca en el comportamiento del ser humano sentó las bases a evaluar. Traslados al fútbol, tal literatura sugiere que los individuos tienen una idea preconcebida de lo que deben esperar en cierta situación. Esto se denomina el punto de referencia: aquel en el que por experiencia propia o ajena, el jugador asume que jugar en altura representa un reto físico y/o psicológico y debido a ello no podrá desempeñarse como lo haría en circunstancias normales. Ello explicaría que en tales circunstancias se comportarán de manera más conservadora.

Para corroborar tal hipótesis comparé la efectividad de los pases que ejecutan los jugadores de equipos cuya sede se ubica a menos de 2,500 metros cuando juegan de visitante en estadios ubicados por encima de ese nivel relativo a cuando juegan de visitante en estadios ubicados por debajo de ese nivel. Por ejemplo, se compara la precisión en el pase de un jugador del Corinthians (cuyo estadio queda a menos de 2,500 metros) cuando juega en Bogotá vis a vis un partido en Tijuana. Esta estrategia elimina, además, el efecto de la localía.

En resumen, la ideas es establecer si esa pequeña diferencia que se observa en la gráfica de abajo es estadísticamente significativa. Es decir, si es relevante desde un punto de vista estadístico y futbolístico.

Copa Libertadores 2013: Altura

 

Son varios los resultados que se discuten en el documento en cuestión, pero aquí me enfocó en el principal. Un jugador (de un equipo cuya sede está ubicada a menos de 2,500 metros sobre el nivel del mar) es un 5,6% más efectivo en el pase cuando juega en altura que cuando juega por debajo de los 2,500 mts. Esto implica una mejora de unos cuatro puntos porcentuales respecto a la media.

La mayor precisión que se detecta cuando se juega en altura no se observa cuando ese jugador realiza pases en el campo del rival. Es decir, el resultado se explica por la mayor precisión del jugador en el campo propio.

Estos resultados nos devuelven al argumento original. Los jugadores (y las mismas estrategias) se adaptan. Cuando atacan, cuando pisan el campo rival, no hay diferencia en la precisión en el pase. Los jugadores arriesgan igual tanto en altura como a nivel del mar. Sin embargo, cuando están jugando (siempre de visitante) por encima de los 2,500 metros, se vuelven más conservadores, aseguran más el pase. El punto de referencia que definimos arriba entra en juego y lleva al jugador a tener una mayor consciencia sobre el destino del  balón. Perder el balón en campo contrario siempre será menos arriesgado que perderlo en campo propio. Las opciones de reorganizar la defensa son mayores. Pero perderlo en campo propio, y además en altura, implica un esfuerzo extra que puede tener importantes consecuencias negativas. De forma preconcebida, cuando el balón está en campo propio, el destino del balón se precia más.

El trabajo, siempre abierto a extensiones, sugiere que un equipo no gana por la altura. Tampoco pierde. Un equipo y sus jugadores se adaptan a jugar de una manera diferente que hace que las diferencias, al final, sean fruto de la calidad de cada equipo, no de los factores externos, sea lluvia, sol, pasto alto, cancha embarrada …. o la altura.

 

Fútbol Profesional Colombiano: 60 años de atraso


El Chelsea, hoy tan poderoso, no siempre fue así. Hasta la llegada del magnate ruso Abramovich apenas si había ganado una liga inglesa: la de 1954-55. Ese triunfo, sin embargo, le permitió ser seleccionado para participar, como campeón inglés, en la primera edición de la Copa de Europa a celebrarse la temporada siguiente. En primera ronda debía enfrentarse al Djurgardens, el campeón sueco.

Aquel partido, sin embargo, nunca se llevó a cabo. Alan Hardaker, el Secretario de la Liga Inglesa, vetó la participación del Chelsea, bajo el precepto de primar el torneo doméstico.

Los dos años siguientes, 1956-57 y 1957-58, el campeón inglés fue el Manchester United.  Particular relevancia tuvo la intención de Hardaker de prohibir al equipo participar en Europa en 1958. Entre Matt Busby. legendario manager del equipo y Stanley Rous, presidente de la liga y futuro presidente de la FIFA, convencieron a Hardaker de permitir la participación del equipo en la Copa de Europa. Debían, sin embargo, regresar a tiempo para disputar su partido del torneo doméstico. De las carreras sólo queda el afán. Si bien no fue culpa de Hardaker, la prisas por volver a Inglaterra son parte de la historia del accidente que vivieron los rojos de Manchester en  Múnich.

Hoy, en Colombia, el Atlético Nacional de Medellín debe jugar el día 8 de mayo su partido de cuartos de final frente al Defensor Sporting de Uruguay. Debe además, disputar las semifinales del torneo colombiano ante el independiente Santa Fe.

El problema es de calendario. Santa Fe jugó el domingo 4 de mayo. El reglamento del torneo del Fútbol Profesional Colombiano (FPC) dice que un equipo debe descansar al menos tres noches. Es decir, Santa Fe no puede jugar, por reglamento, hasta el día 7 de mayo, el miércoles. Es decir, Atlético Nacional tendrá que jugar dos partidos cruciales en un lapso de 24 horas. Evidentemente tendrá que hacerlo con dos nominas diferentes.

Previendo tales eventualidades, la Asamblea de la Dimayor invita a los equipos que participan en torneos internacionales a armar dos nominas. Solución excesivamente simplista y coyuntural.

En algunos círculos se culpa a Santa Fe por no colaborar. Pero los rojos de Bogotá tienen razón. No es un tema de reglamento, es un problema de descanso. Tres días es lo ideal y para ellos también el partido es de máxima importancia. Tampoco es culpa de Nacional. ¿Cómo culpar a un equipo por avanzar en el primer torneo continental?

Nacional, dicen, representa a Colombia. No debe perjudicarse al equipo. Aunque los hinchas de Millos, Cali o Junior no lo compartan, es cierto, representa a Colombia. Aunque sobretodo representa a sus hinchas que son quienes se alegrarán con el eventual triunfo.

La culpa es de la Dimayor, el ente rector del fútbol profesional colombiano. La culpa es, por tanto, de los propios equipos. Hoy es Nacional, ayer fue Santa Fe y mañana podría ser Millonarios.

El torneo doméstico no está coordinado con los de la Conmebol. Al final, en uno u otro los equipos se ven obligados a jugar con un equipo B. El fútbol suramericano, que debería competir con el europeo, al menos en calidad potencial, no se ayuda a sí mismo. Son estos detalles lo que le quita seriedad.

Dada la estructura de la Libertadores o incluso de la Suramericana, se entiende la dificultad para coordinar el torneo local con el torneo internacional. Es decir, Libertadores y Suramericana no se juegan en una o dos semanas como sucede en Europa. Son torneos regados semanalmente donde el espectador pierde el hilo de qué ronda o qué grupo se está disputando. Pero, en rondas finales; cuartos, semifinales y finales, simplemente porque hay menos equipos, el torneo doméstico debería ajustarse completamente al torneo continental. Es decir, ésta semana no debería haber fútbol en Colombia. Evidentemente no se sabía si habría o no representante colombiano, pero se debería trabajar con ese presupuesto.

Justifican, también, el cruce de fechas en el Mundial de Brasil y la obligación de cerrar los torneos a más tardar el 21 de mayo. Es cierto, pero el desbarajuste de fechas es de todos los años. Ello, nos lleva a lo que tanto hemos criticado acá: ese torneo semestral donde se premian las rachas en finales, no el trabajo de largo plazo. Pero eso es otra discusión.

Hoy día, por supuesto, el campeón inglés disputa sin ningún problema de fechas todos sus torneos, sea la Champions, la Liga o la FA Cup. En Colombia, casi sesenta años después de la fobia inglesa a disputar la supremacía europea con sus pares continentales, se sigue castigando, desde adentro, al campeón. Son sesenta años de retraso.

De triunfos y fracasos inesperados: El caso de Montero y Medina

El fútbol colombiano es poco propicio a las grandes contrataciones. Está a años luz de las grandes ligas europeas, bien sea la española, la inglesa o la alemana. Pero también está lejos de las ligas más pudientes de América Latina como las de México, Brasil o Argentina. Incluso, no es extraño que jugadores pretendidos por clubes colombianos prefieran irse a Chile o Ecuador atraídos, no sólo por mejores ofertas económicas, sino en ocasiones por considerar que allí habrá mayor tranquilidad para sus familias.

Por eso se armó un gran revuelo en enero del 2013 cuando Millonarios, campeón por primera vez en más de dos décadas, traía como refuerzo para jugar la Copa Libertadores a Freddy Montero. No era el caso del típico jugador latinoamericano que quisiera regresar al país después de triunfar en el exterior. Era un jugador de 25 años que había triunfado en la MLS, la liga de los Estados Unidos. Objetivamente, aquello no era un gran rótulo, pero dado el poderío económico de la MLS relativo al del Fútbol Profesional Colombiano (FPC), no cabía duda que era la contratación del semestre. El jugador, que había sido goleador en Colombia antes de emigrar, tenía como objetivo dejarse ver por el seleccionador nacional, Pekerman, para poder integrar la selección Colombia. Lo convencieron los directivos de Millonarios que la mejor entrada a la selección era triunfar en la Copa Libertadores.

El gran rival de Millonarios, Santa Fe, decidió por las mismas fechas contratar a Wilder Medina como delantero para reforzarse, también de cara a la Copa Libertadores. Era lo contrario de Montero. Llegó con 31 años, procedente del Tolima. Toda su carrera se había realizado en Colombia. Era tenido por ser un buen delantero pero arrastraba el lastre de su repetido dopaje por consumo de marihuana y cocaína. Ésto último justificó su despido del Deportes Tolima.

Millonarios, por tanto, se reforzó con un jugador serio, persona de familia, sin mayores complicaciones en su vida personal. Santa Fe se arriesgaba. Era un buen jugador, luchador, pero asumía el riesgo de una posible reincidencia. La jugada, contra todo pronóstico, la ganó Santa Fe.

Las tablas que siguen intentan encontrar una razón para el fracaso de Montero y el triunfo de Medina. La primera tabla, que contabiliza sus partidos en el FPC muestra que ambos jugaron prácticamente los mismos minutos. Medina marcó un 50% más de goles a pesar que Montero disparó más. Su eficiencia, por tanto, fue menor. Montero marcó un gol cada cuatro disparos a puerta, Medina cada poco más de dos. En todo el semestre Montero disparó 35 veces al arco, Medina sólo 25. Montero marcó un gol cada 209 minutos jugados, Medina cada 140. No deja de llamar la atención, y sólo a manera de curiosidad, que Messi marca cada 65 minutos, Ronaldo cada 73 y Falcao cada 122.

Medina vs Montero FPC 1

La gran diferencia entre ambos, según demuestra la tabla, está en los duelos ganados y el número de faltas recibidas. Cierto que a Medina se le acusó, particularmente en las instancias finales del campeonato, de tirarse en exceso. Pero también es cierto que los datos reflejan la impresión del fútbol de uno y otro. Mientras el uno era luchador, aguerrido, el otro era ligero, tibio. Montero ganó 88 duelos a lo largo del torneo, 4 por partidos. Medina 110, 5,8 por partido. Y además recibió más del doble de faltas por partido. Siendo ambos delanteros, las faltas recibidas pueden casi percibirse como instrumentos de ataque.

Las diferencias se mantienen en Copa Libertadores. Gracias en buena medida a los cuatro goles de Medina el Santa Fe llegó a jugar las semifinales del torneo continental. Millonarios, en parte por la sequía de su jugador estrella, fue eliminado en primera ronda. El mayor nivel de competencia de la Copa Libertadores se refleja en los números de ambos, inferiores a los que obtuvieron en el torneo doméstico.

Montero sólo disparó en cuatro de los cinco partidos. Y sólo una vez en promedio. Medina disparó al arco 1,28 veces por partido marcando un gol cada 240 minutos. Si en el torneo doméstico ambos tuvieron aproximadamente el mismo acierto en el pase, en Copa Libertadores la diferencia fue sustancial. El porcentaje de pases acertados de Wilder Medina fue superior en un 7% al de Freddy Montero. Revisando las cifras en el campo del rival, donde duelen las ideas, la diferencia aumenta al 10%. El número de faltas en campo contrario a Medina doblaron las de Montero. Su mayor espíritu de lucha también se observa en el número de duelos ganados.

Medina vs Montero Copa Libertadores

Tanto Millonarios como Santa Fe arriesgaron. Millos pagando un alto precio económico, Santa Fe trayendo a un jugador con riesgo de reincidir. Si hubiesen hecho una encuesta entre ambas hinchadas antes de comenzar el torneo por su jugador preferido, Montero habría ganado de lejos. Siendo dos jugadores técnicamente similares, la motivación y las ganas de demostrar pudo más en Medina que en Montero. Medina quería demostrar que no era un hombre perdido ni para el fútbol ni para sociedad. Montero, cuya aspiración era la selección Colombia, nunca lucho decididamente por lograr ese objetivo.

Pero como el fútbol es así, la suerte de ambos al finalizar el torneo fue muy dispar. Mientras Montero logró, por fin, dar el salto a Europa -al Sporting de Lisboa-, Medina apenas logró un contrato en el Barcelona de Ecuador. Reflejo de que las contrataciones se manejan demasiado por vídeo.