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El Barça que recibió Cruyff


En el verano de 1988, en pleno dominio de la Quinta del Buitre, Nuñez (presidente del Barcelona) decía que no podía renunciar porque estaba “moralmente obligado a seguir en la entidad” pues él y Schuster (que ese verano emigraría al Madrid) estaban en libertad provisional acusados de defraudar a Hacienda. En 18 años el Barça había ganado dos ligas. La de Cruyff en 1974 y la de 1985 con Venables en el banquillo. A ese club llegó Cruyff cuando el 4 de mayo de 1988 firmó por apenas una temporada. Premonitorio Cruyff declaró ese día que tenía “la intención de marcar una época excepcional para este gran club”. Continue reading El Barça que recibió Cruyff

Cruyff: Profesional y supersticioso


El Jueves Santo del 2016 se asociará a la eternidad con la partida de uno de los cinco futbolistas más grandes que haya dado el deporte rey. El mejor de todos los que han nacido en el viejo continente. Se lo llevó un cáncer de pulmón, quizás castigando esa costumbre suya de fumar hasta en el entretiempo de los partidos. Continue reading Cruyff: Profesional y supersticioso

Barcelona en los ochenta: La década perdida


El Barcelona de los ochenta no era el Barcelona de la actualidad. Si bien entonces como ahora, era un club poderoso económicamente, a diferencia de hoy era un club eminentemente perdedor.  A comienzos de los ochenta, el Barcelona era todo ilusión. A tierras catalanes llegó el que, para muchos, llegó a ser el mejor jugador de fútbol de la historia: Diego Armando Maradona. Pero entre la hepatitis B que contrajo, la patada criminal de Goicoetxea que le rompió el tobillo, las peleas con el presidente Nuñez y, seguramente la rumba que lo llevó allí a iniciarse en las drogas, Maradona no logró triunfar.




Pero nada parecía importar cuando el 7 de mayo de 1986 el Barcelona saltó al Estadio Ramón Sánchez Pizjuán de Sevilla para disputar la final de la Copa de Europa ante un desconocido Steaua de Bucarest. Abarrotado de barcelonistas, ausentes los rumanos –  Rumanía estaba detrás de la Cortina de Hierro- nadie dudaba de la victoria azulgrana. La primera Copa de Europa estaba al caer.

Pero el partido terminó 0-0. Schuster, aunque flojo todo el partido, era la máxima estrella y el mejor cobrador de penales que tenía el Barça. Pero fue sustituido por José Moratalla en el minuto ’85. El alemán, siempre agresivo, se fue directo al vestuario y abandonó el estadio sin esperar a saber el resultado final. Viajaría luego de Sevilla a Barcelona por su cuenta, acompañado por su mujer. Nuñez diría al día siguiente que “lo de Schuster es una película que ya se repite demasiado. No creo que juegue más en el club azulgrana”. Schuster jugaría en el Barça hasta 1988.

En la tanda de penales, Urruti, histórico golero barcelonista tapó los dos primeros disparos del Steaua. Pero Ducadam, un nombre vetado para cualquier hincha azulgrana, también tapó los dos primeros. Alexanco y Pedraza fallaron. Al tercer turno, Lacatus anotó por los rumanos pero ‘Pichi’ Alonso falló. Nuevamente, como antes, Ducadam detuvo el penal. El cuarto penal rumano lo marcó Balint. Finalmente Ducadam detuvo el penal de Marcos Alonso que para más inri era hijo de Marquitos, marcador derecho del Real Madrid que de la mano de Di Stefano y Gento ganó cinco Copas de Europa.

A pesar del fracaso en la final, Terry Venables, entrenador escocés que los había conducido a ser campeones de liga en 1985 después de once años sin ganarla habría de dirigir al equipo hasta finalizar la temporada 1986/87. Tenía la curiosa costumbre, al menos en sus inicios, de ver el primer tiempo desde arriba, en la gradería. Al campo bajaba para el segundo tiempo.

Venables siguió a pesar de la derrota porque en realidad no había razón para echarlo. De su mano, en dos años, el Barcelona había ganado una liga y había rozado la Copa de Europa. Claro que en 1986 no sólo perdió el Barça la Copa de Europa, el Madrid ganó la liga. Y para desespero del barcelonismo aquello era simplemente el comienzo de un dominio absoluto del equipo de la capital de España. La Quinta del Buitre era joven y después se reforzaría con cracks de la talla de Hugo Sánchez o el mismísimo Schuster. Habrían de ganar cinco ligas seguidas hasta la de 1989/90.

Así que el Barça, el todopoderoso Barça, entre las temporadas 1960/61 y 1989/90, tres décadas que se dicen fáciles, apenas si logró obtener dos títulos de liga. El mencionado de Venables, y el de Cruyff en 1973/74. En ese período el Real Madrid ganó 19 ligas. El Atlético ganó 4, y el Athletic de Bilbao y la Real Sociedad 2 cada uno. En aquellos años, no era desde luego una liga de dos. El Barcelona, por resultados, era simplemente uno más.

Así que el Madrid ganaba y el Barça sufría. En 1987 Nuñez decide contratar a Luis Aragonés ya entonces un entrenador reputado por el fútbol de contraataque típico de la época en el Atlético de Madrid. Aquel año el Barça tampoco ganó la liga. De hecho, tuvo casi tantas derrotas como victorias. 15 victorias, 14 derrotas. Terminó sexto, detrás del Osasuna. Pero la tragedia que marcaría un antes y un después ocurrió el 28 de abril de 1988.

Tras la derrota de Sevilla, Schuster siguió en el Barcelona pero en conflicto permanente con el Club. Entre pleitos jurídicos que iban y venía, se filtró a la prensa en algún momento el contrato de imagen entre el Club y Schuster. Esta figura de pago era lo suficientemente novedosa en España para que aún no estuviese regulada. Hacienda simplemente tuvo que leer el periódico ‘La Vanguardia’ para constatar que había diferencias significativas entre las declaraciones de renta de los futbolistas y los tributos del club que aparecían en el contrato de Schuster. La situación, vale anotar, no afectó sólo al Barcelona, sino a todo el fútbol de élite español.

En cualquier caso, Hacienda inició con las citaciones a los clubes y futbolistas para resolver quien se haría cargo de las multas y las cantidades reclamadas por el fisco. Es en este contexto que los directivos del Barça deciden negociar desde febrero de 1988 con los futbolistas para regularizar la situación con el Estado y acordar qué parte de los impuestos debían pagar los jugadores y qué parte debía pagar el Club. Pero encabezados por los capitanes Alexanco (el mismo del penal fallado dos años antes) y Victor, los jugadores exigían al Club que pagará la totalidad del monto adeudado. Luis Aragonés, ex-futbolista él, se alineó con sus dirigidos.

La presión de Hacienda y la falta de acuerdos con Nuñez llevó que el 28 de abril de 1988 se reunieron en el Hotel Hesperia toda la plantilla profesional (salvo  López López —convaleciente de una operación—, Lineker —de regreso en un partido con Inglaterra— y Schuster, que ya iba camino al Real Madrid aunque estos dos dijeron apoyer el comunicado) y Luis Aragonés para emitir un comunicado en el que exigían la dimisión del presidente del Club y su Junta Directiva. De ahí el nombre de la “Motín del Hesperia” con el que se conoce el incidente.

La nota de los jugadores fue extremadamente dura. “Hemos perdido toda la confianza en el presidente, que nos ha decepcionado como persona y humillado como profesionales” señalaba el texto. La nota, que curiosamente no mencionaba la raíz del problema , terminaba anotando que “a los jugadores nos produce tristeza ver cómo este histórico club, con valores que siempre han representado la idiosincrasia del pueblo catalán, se va deshumanizando de esta forma.” 

Aunque en declaraciones posteriores los jugadores quisieron expresar que la preocupación de ellos iba más allá de los problemas con el fisco, las palabras de Zubizarreta, entonces arquero de la institución, fueron claras: “Sabemos el riesgo que corremos y lo hemos valorado. Nos han toreado durante tres meses”. Victor, uno de los capitanes, fue de los más expresivo: “Yo tengo una conclusión muy particular: Núñez no es un forofo ni tampoco barcelonista. Se quiere a sí mismo y ésa es su única bandera”.

Nuñez no dimitiría y, como se temían los jugadores, las represalias fueron contundentes. Aragonés abandonó el club. Despidió a 14 jugadores, de los 26 que había en nómina y fichó 11 jugadores. Además el 4 mayo de 1988, apenas unos días después del ‘Motín del Hesperia’, llegó a Barcelona Johan Cruyff. Firmó por una sola temporada y requirió de diferente avales bancarios por parte del Barcelona para solucionar las múltiples deudas que entonces tenía en la ciudad.

Los primeros años de Cruyff son en sí mismo, una historia para contar.

La premisa del fútbol: pases y estrellas en los mundiales


Lo dijo el ‘Tata’ Martino: “el pase es la premisa del fútbol”. La idea, por supuesto, no es novedosa. Ya Bill Shankly, el legendario entrenador del Liverpool lo afirmó en los años sesenta: “Por encima de todo, el objetivo principal es que todo el mundo pueda controlar el balón y hacer lo básico del fútbol. Es control y pase , control y pase. Todo el tiempo”.

El pase, por tanto, es la premisa del fútbol hace muchos años. Pero, no todos son tan acertados en el pase. Hace un tiempo analicé el patrón de pase en los mundiales de fútbol desde 1966 a 2010. En esta entrada quiero revisar la eficacia en el pase de los jugadores que han participado en los mundiales, desde Inglaterra 1966 a Sur África 2010.

Los 3.651 jugadores para los que OPTA reporta información entre el mundial de Inglaterra 1966 y Sur África 2010, registran en promedio un acierto en el pase del 78,4% . Es decir, de cada 10 pases que intentan, casi 8 llegan a su destino. La participación de los futbolistas en los mundiales, por definición no es la misma. Algunos juegan muchos partidos, otros apenas unos minutos. Así que el ejercicio se enfoca en aquellos jugadores que disputaron al menos 45 minutos en un mundial. Son 2.956 jugadores que cumplen esta condición. Su porcentaje de acierto en el pase es de 79,6%.

Quien menos acierto en la premisa del fútbol en un partido determinado es Thomas Enevoldsen, danés él, quien jugó 56 minutos en 2010. Empezó de titular pero su relevo parece explicarse fácilmente. Medio campista, acertó 4 de los 10 pases que intentó. La siguiente tabla ilustra el porcentaje de acierto en el pase para los 2.956 jugadores. Oscila entre el 0,4 del mencionado danés y 1.  Si, hay jugadores que tienen récord perfecto de acierto en el pase. Pero están lejos de ser cracks. Joseph Marion Leandre, haitiano, jugó 65 minutos en Alemania 1974. Siendo defensa, intentó 23 pases y acertó todos. No se lo imagina uno arriesgando mucho el balón hacia adelante. Tanto José Fernández, con Perú en 1970 y Robert Huth con Alemania en 2006, participaron en un único partido. Siendo defensas de pocos pases y evidentemente poco riesgo, no sorprende el resultado.

Porcentaje Acierto Pases jugadores en los mundiales

De hecho, la gráfica sugiere que los grandes cracks de los mundiales son jugadores de media tabla. Maradona, Pelé, Cruyff, Teófilo Cubillas (Perú) o Bobby Charlton (Inglaterra) se muestran en la gráfica como jugadores promedio. El ‘Pibe’ Valderrama, el excelso conductor de Colombia en los años noventa, sobresale un poco más. Pero no llega a los niveles del ‘Kaiser’ Beckenbauer o Pirlo ni por supuesto de Xavi. El nivel de acierto de todos es superior a 0,8. Pero no es descollante.

La pregunta queda en el aire. ¿De verdad son estos cracks apenas pasadores de media tabla? Algunos puntos merecen anotarse. Primero, precisamente por su condición de cracks son jugadores que suelen estar en zona caliente, con rivales apretando. Segundo, el juego del equipo influye. Xavi, por ejemplo, está arriba por la forma como juega España, con mucha posesión en zona limpia de rivales, siempre esperando al profundizar eventualmente el juego. Tercero, los Pelé, Maradona y compañía, al participar más en el juego del equipo, realizan muchos pases. Más pases que el promedio.

Este último punto lo ilustra con mayor detalle la siguiente gráfica. En ella se pondera el acierto en el pase por el número de pases. De esta forma, aquel que acierte mucho porque realiza pocos pases tendrá un valor menor que aquel que acierte como jugador promedio (el caso de los cracks) pero realice muchos pases.

Porcentaje Acierto Pases jugadores en los mundiales ponderado

La percepción cambia totalmente. Los mejores jugadores ahora están entre los mejores de la historia de los mundiales (al menos desde 1966). Xavi y Beckenbauer son tercero y cuarto respectivamente, el ‘Pibe’ y Maradona comparten honores y los demás también se encuentra entre el 20% superior. Los datos para Pelé, el “peor” de esta muestra de estrellas, son apenas de sus dos últimos mundiales. No hay (o no conozco) datos para los partidos que jugó en 1958 y 1962.

Es decir, sí, los mejores jugadores también son superiores en el arte del pase. Son mejores porque tienen arte, meten goles, mueven un equipo. Pero también lo son porque cumplen con la premisa del fútbol: excelsos en el pase.

 

La posesión del balón: Una estrategia defensiva

El Barcelona de los últimos años es, sin duda, uno de los equipos más ofensivos que ha dado la historia del fútbol. Buena parte de su éxito se basa en la posesión del balón. En los cuatro años que estuvo Guardiola al frente del Barcelona, el equipo marcó 603 goles y apenas recibió 170. El control del juego, basado en la posesión, tuvo días memorables. Uno especialmente. El día que marcaron 4 goles al Santos de Neymar en la final de la Copa Mundial de Clubes del 2011. Aquel día el Barcelona tuvo una posesión del 71%.

A raíz del éxito del equipo catalán, prolongado en la selección española, han surgido en el mundo múltiples sucedáneos que buscan imitar -en la medida de lo posible- el juego de posesión y ataque. En el ideario popular la posesión del balón se relaciona con fuerza atacante, idealmente con efectividad goleadora. Pero las cifras no sustentan ese precepto. Con datos de la Eurocopa 2012, hace un tiempo, ya tuvimos dificultades para encontrar esa relación.

A continuación utilizo datos de OPTA de la Copa Libertadores 2013 para relacionar posesión del balón con algunas variables de interés que ayuden a ilustrar qué se consigue con la posesión del balón. Antes, anotemos que en el torneo que ganó el Atlético Mineiro de Ronaldinho, un equipo tuvo una posesión del balón promedio del 55,4% cuando jugó de local. Ese valor cayó al 44,3% cuando jugó de visitante. El Toluca fue el equipo con mayor posesión promedio jugando de local: 67,5%. De poco le sirvió pues fue eliminado en primera ronda. Vélez siguió con 64, 8% compartiendo el tercer lugar Newell´s y Millonarios ambos con 64,3%. A éste último, al igual que al Toluca, de nada le sirvió pues perdió dos de los tres partidos que jugó de local.

En campo visitante los tres equipos con mayor posesión promedio fueron el Sao Paulo, el Fluminense y el Toluca con el 59%, 58,9% y el 58,1% respectivamente. El Sao Paulo fue eliminado en segunda ronda y el Fluminense en tercera.

El campeón, el Atlético Mineiro, obtuvo una posesión promedio del 58,6 jugando de local y 49,7% jugando de visitante. Cifras ligeramente por encima del promedio general. Contrastan significativamente con los valores de posesión del subcampeón, el Olimpia paraguayo: 46,2% de local (el tercer equipo del torneo que menor posesión tuvo) y el 33,1% de visitante (el equipo que menos posesión tuvo de los 32 participantes).

Los números parecen sugerir que hay poca relación entre la  posesión y los resultados del equipo. La siguiente gráfica ilustra la correlación entre la posesión del balón y los goles marcados por cada equipo. En términos estadísticos, tal relación es inexistente. No se puede afirmar que haya una relación positiva entre posesión del balón y goles por partido.

Posesión y Goles Copa Libertadores 2013

Quizás el problema sea simplemente de eficiencia. Tener el balón puede relacionarse con disparos al arco. La siguiente gráfica, también con datos de la Copa Libertadores 2013 relaciona disparos a favor y posesión del balón. Nuevamente, la relación es estadísticamente insignificante. Es decir, no se observa una correlación entre la posesión del balón y los disparos que realiza un equipo. No es pues, un problema de eficiencia.

Posesión y disparos al arco Copa Libertadores 2013

Falta por analizar lo que Cruyff, hace más de dos décadas, ya sabía:”sólo hay un balón y sólo se juega con ése balón. Por lo tanto, mientras yo tengo el balón, no me atacan”. La siguiente gráfica relaciona posesión del balón con los disparos que un equipo recibe en contra a lo largo de un partido.

La premisa de Cruyff era casi tautológica. Si tengo el balón todo el partido, el contrario podrá defenderse, pero no me marcará goles. Tener el balón, por supuesto, requiere de un nivel de habilidad que garantice que no pederlo cerca de la portería propia o con el equipo a desubicado. La premisa puede ser obvia, la práctica no.

La siguiente gráfica demuestra cuánta razón tenía Cruyff y, años después, Guardiola. El equipo que tiene el balón recibe menos disparos en contra. La relación es estadísticamente significativa. De hecho, considerando una relación de causalidad entre posesión del balón y disparos en contra se concluye que por cada 10 puntos adicionales de posesión se logra disminuir en uno el número de disparos en contra por partido. Dado que en promedio el número de disparos en contra es de 4,75 por partido, la cifra es muy relevante pues es una disminución de aproximadamente el 20%.

Posesión del balón y disparos en contra Copa Libertadores 2013

Tener el balón es por tanto una buena idea. La pregunta es cómo. Viene a la memoria aquella historia de Garrincha jugando contra un equipo colombiano en El Campín de Bogotá. Antes de comenzar el partido, el entrenador le indico con lujos de detalle al marcador de Garrincha como operaba el crack brasilero. “Siempre”, decía el entrenador, “utiliza la misma jugada. Amaba y sale por derecha”.

Al finalizar el primer tiempo, Garrincha había bailado infinitas veces a su marcador. El entrenador disgustado se acercó y, de manera airada, protestó: “Pero le dije que siempre usaba la misma jugada, amaga y sale. Cuál es el problema?”. El jugador, humilde él, contesto: “Si profe, siempre usa la misma, amaga y sale. Pero el problema es que usted no me dijo cuándo……”

No basta con saber la teoría. La práctica es la clave.

Cruyff: Irreverente, solidario y familiar

Cruyff fue el mejor jugador del Ajax tricampeón de Europa y de la Holanda que revolucionó el mundo del fútbol en Alemania 1974. Las tres Copas de Europa, la Copa Intercontinental que ganó y la sensación de haber roto en dos la estructura del fútbol mundial con la Naranja Mecánica de 1974 son razones más que suficientes para considerarlo uno de los mejores jugadores de la historia. Él fue la guinda del pastel del equipo perfectamente sincronizado que armó Rinus Michels y mantuvo en la cumbre Stefan Kovács. Con Michels el Ajax ganó su primera Copa de Europa en 1971. Al finalizar aquella temporada se fue a entrenar al Barcelona. Kovács, el reemplazo, mantuvo el ideario y con él, el Ajax ganó dos Copas de Europa adicionales.



La retirada de Michels coincidió con la cada vez más fuerte influencia de Cruyff en el cuadro de Ámsterdam. Esas influencias, dicen las malas lenguas, Kovács nunca supo o nunca quiso controlarlas. El Ajax era un equipo típico de la sociedad de los setenta. Revolucionario, cooperativo pero al mismo tiempo anárquico. Los rumores de indisciplina y desordenes internos eran constantes. La demostración del poder del equipo, de los jugadores, llegaría en la primavera de 1972. Con Cruyff a la cabeza los jugadores se rebelaron contra la decisión de las directivas de echar a Kovacs. Acababan de eliminar al Benfica, campeón portugués, en la semifinal de la Copa de Europa. ¿El pecado? El Ajax había ganado la eliminatoria por un global de 1-0. Para los directivos era inaceptable un resultado tan ajustado.

Cruyff defendió a Kovacs y también a la capacidad de los jugadores para tomar parte en las grandes decisiones. Esa fue una constante de Cruyff en el fútbol holandés. Dado que su llegada al primer plano holandés coincidió con la llegada del fútbol profesional a aquel país fue él el encargado de negociar y asumir el liderazgo en busca de mejorar las condiciones laborales del futbolista. Quizás no en el mundo, pero en Holanda, sin ninguna duda, fue el primer futbolista que se preocupó de los derechos de él y sus compañeros de trabajo. La otra versión, la más extendida, es que a Cruyff le encantaba el dinero. Eso también es cierto, pero yo situaría la realidad en algún punto intermedio entre los dos extremos. Tenía gran interés en el dinero, pero por ello mismo era el más interesado en defender las reivindicaciones salariales y laborales de él y de sus compañeros.

Semanas después de la revuelta en defensa de Kovacs el Ajax, en el estadio del gran rival, el Feyernoord Stadium de Rotterdam derrotó al ultradefensivo Inter de Burgnich, Faccheti, Mazzola y Boninsegna. Lo hizo con dos goles de Cruyff y con Kovacs aún en la dirección técnica.

Por entonces los rumores de indisciplina en el seno del equipo eran cada vez menos rumores, cada vez era más evidente la inestabilidad del grupo. Kovacs aún pudo ganar la Copa de Europa en 1973, esta vez ante la Juventus de Turin. Pero había llegado el momento de abandonar el barco. Se fue del Ajax al finalizar la temporada de 1973, con dos Copas de Europa y una Intercontinental en su palmarés. Como reemplazo se trajo a George Knobel quién, entre sus primeras decisiones, decidió someter a votación el puesto de capitán del equipo. El ganador no fue Cruyff, cuya influencia era cada vez menos apreciada por el grupo. Fue nombrado capitán Piet Keizer, compañero de Cruyff desde los primeros años. Poco importaría. Cruyff por fin cumpliría su sueño de irse al Barcelona. El Ajax, por su parte, se desintegró entre acusaciones del propio Knobel sobre las continuas parrandas de sus jugadores.

No hay error de redacción. Cruyff había estado intentado irse al Barcelona desde la marcha de Michels. Pero la normativa vigente se lo impedía. Después del fracaso de España en el Mundial de Chile de 1962 las autoridades españolas culparon de tal a la presencia de jugadores extranjeros en la liga local. La solución pasó por cerrar las fronteras a todo jugador extranjero. Aun así, en 1971 Cruyff estuvo a punto de fichar por el Barcelona. Su suegro, Cor Coster, quién le llevaba las riendas mostraba al Ajax su disconformidad por el salario que percibía en aquel entonces. Ideó entonces un esquema para traspasarlo a Italia o España y de allí, dado que ambas ligas estaban cerradas a jugadores extranjeros, llevarlo cedido al Feyernoord que le ofrecía mejores condiciones económicas. El más interesado en participar en aquel esquema fue el Barcelona. Por unos 24.000.000 de pesetas (unos 2.650.000 euros de hoy) el Barça podría haber cerrado la operación. Pero aquella era una jugada arriesgada para todos los involucrados. Por una parte, el Barcelona invertía esperando la apertura de fronteras. Por otra el Ajax estaría cediendo a su máxima estrella al odiado rival. La operación al final nunca se cerró en esos términos. El Ajax mejoró los términos salariales de Cruyff y éste renovó por siete años con el equipo de Ámsterdam. Tiempo después Cruyff dijo que había renovado cansado de especulaciones sobre su traspaso al fútbol español y porque era la oportunidad de asegurar su futuro ante una eventual lesión que lo marginara del fútbol.

La frontera se abrió a extranjeros en 1973. En ese momento el Real Madrid picó en punta en la carrera por contar con los servicios del crack holandés. El Ajax pidió 50 millones de las antiguas pesetas (aproximadamente 4.500.000 de euros de hoy día). Santiago Bernabéu ofreció apenas 30 (2.700.000 euros de hoy). Pero el Barcelona quería a Cruyff y Cruyff quería irse a la ciudad condal. El Ajax, enfrentado con su máxima estrella sacó el máximo provecho de la puja Real Madrid – Barça y de los propios deseos del jugador por irse. Lo vendió al Barcelona por unos 6.000.000 de florines, aproximadamente €8.000.000 de hoy.

Cruyff triunfó parcialmente en el Barcelona. Debutó en la octava jornada con el Barça lejos de los punteros. Gracias a su presencia ganó la liga con goleada incluida sobre el Real Madrid en el Bernabéu. La participación del Barcelona en la correspondiente Copa de Europa la frenó en semifinales el rocoso Leeds United, ya no entrenado por el legendario Don Revie, sino por Armfield. Después, Cruyff sólo ganaría una Copa del Rey, en abril de 1978. Sería su segundo y último título con el Barça porque Josep Lluis Nuñez, recién posesionado como presidente del Barcelona, y quien comandaría la nave azulgrana hasta el año 2000, decidió no renovarle.

Durante la campaña electoral, tras un partido de la Copa de la Uefa contra el AZ’67 holandés, Cruyff se negó a darle la mano a Nuñez para no ser fotografiados juntos. Él apoyaba a Agustín Montal quien lo había llevado al Barça. Nuñez, quien después tendría desavenencias con otros cracks como Maradona o Schuster, lo sacó en cuanto tuvo oportunidad. No deja de ser curioso que años después fuese el propio Nuñez quien llevara a Cruyff a dirigir al Barcelona. Aún entonces, su relación con el presidente siempre fue tirante.

La decadencia de Cruyff fue abrupta. Se retiró un tiempo, fue a Estados Unidos, el Levante, regresó al Ajax e incluso jugó en el Feyernoord. Pero ya sus mejores años habían pasado. Sin embargo, con 31 años podría haber disputado el mundial de Argentina. Nunca aclaró las razones. La razón más extendida fue que se había negado a jugar por razones políticas, inconforme con la dictadura militar que pretendía utilizar el mundial como aparato propagandístico. Cruyff, decían, no jugaría en un país donde se violaban masivamente los derechos humanos.

Cruyff y las "dos" rayas de AdidasOtros argumentos para justificar la ausencia de Cruyff fueron más mundanos. Adidas, para el mundial de 1974, era el proveedor oficial de uniformes para la selección holandesa. Cruyff, sin embargo, tenía un contrato de exclusividad con Puma. La disyuntiva la solucionó Cruyff quitando una raya a su uniforme. Así, mientras el resto de compañeros utilizaba las tres rayas de Adidas, Cruyff sólo llevaba dos. Dado que Adidas siguió siendo el patrocinador de Holanda en 1978, algunos argumentaron que esto (y lo de la dictadura, por supuesto) era la gota que había rebasado el vaso. Una tercera vía era aún más simple: no había ido al mundial por influencia de su mujer.

La realidad, efectivamente es personal y la influencia es familiar, pero no parece que sea culpa de su mujer. A raíz de la publicación de un libro de Charly Rexach, exjugador y excompañero de Cruyff en el Barça, donde hablaba de la influencia de la familia para Cruyff, éste, en abril del 2008 acalló para siempre los rumores. En una entrevista a Catalunya Radio Cruyff contó que tuvo múltiples problemas en sus últimos años en el Barcelona. Particular impacto tuvo un episodio en su apartamento a fines de 1977. Cuenta Cruyff que le pusieron “un rifle en la cabeza” y un delincuente, presunto secuestrador, lo ató a él y a su mujer delante de sus tres hijos. El secuestrador, de nombre Carlos Gonzalez Verburg, llevaba una escopeta recortada con una bala en la recámara. A Cruyff le tapó con esparadrapo los ojos y la boca. Pero en un descuido la mujer se liberó, tomó el arma y salió corriendo y gritando por ayuda a la escalera del conjunto. Los vecinos, muy prestos, rodearon al delincuente que había intentado escapar por el garaje.

A raíz del incidente la policía durmió varios meses en su vivienda, él llevaba guardaespaldas a los partidos y sus hijos debían ir con seguridad oficial al colegio. Dice Cruyff, “queríamos parar un poco y ser un poco más sensatos. No podía jugar un mundial después de eso”. Simplemente, dice, un mundial no consiste sólo en jugar bien. Es también un doscientos por cien de mentalidad de victoria. En ese momento, él no la tenía.

Cruyff apenas jugó 48 partidos con la selección naranja. Marcó 33 goles. A estos se suman los 291 que marcó por clubes en los 520 partidos que jugó. Un excelente promedio de 0,57 goles por partido. Quizás, de no ser por aquel delincuente, toda la propaganda de Videla en Argentina habría sido en vano. Quizás. La historia es una y dice que Holanda perdió la final con Argentina en 1978, 3-1. Y Cruyff no la jugó.

 

El gol imposible de Cruyff