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Debate: Di Stéfano, Maradona, Messi …. y Cruyff.



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La carrera de Messi, ya pasado su ecuador, pone a todos los amantes del balón a discutir sobre su dimensión histórica. Para algunos es el mejor, para algunos insensatos, como Gatti, no está ni en los 10 mejores. Tras una agitada discusión en twitter, invitamos a Andrés Waldraff, colaborador ocasional de Gol y Fútbol, a que defendiera su posición en esta entrada. ¡Al final votamos! En la discusión dejamos a Pelé por fuera. Es el mejor.

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Cruyff: Profesional y supersticioso


El Jueves Santo del 2016 se asociará a la eternidad con la partida de uno de los cinco futbolistas más grandes que haya dado el deporte rey. El mejor de todos los que han nacido en el viejo continente. Se lo llevó un cáncer de pulmón, quizás castigando esa costumbre suya de fumar hasta en el entretiempo de los partidos. Continue reading Cruyff: Profesional y supersticioso

¿El ocaso del fútbol Colombiano?


En 1994, cuando expulsaron a Maradona por doping del Mundial de EE.UU., la tristeza se apoderó de muchos hinchas del fútbol. En pocos lugares las manifestaciones de dolor y rabia fueron tan fuertes y radicales como en Bangladés. Allí, cuenta Kuper en Soccer Against the Enemy, 20.000 personas marcharon por Daca, la capital, exigiendo que a Maradona se le dejara jugar. Incluso, ejerciendo a fondo su profesión, Mohammed Anwarul –abogado bangladesí– demandó al entonces presidente de la FIFA, Havelange por 1000 takas (unos US$20) debido a los trastornos mentales que le había supuesto la expulsión de Maradona del Mundial.

La anécdota resalta las pasiones que el fútbol despierta. Pero llama la atención que en ciertos lugares la pasión no es sobre lo que se tiene a mano sino sobre lo que llega por la televisión. Particularmente cierto es esto en el sudeste asiático, región futbolera por excelencia. Allí los ídolos no juegan en Tailandia o Malasia sino en Inglaterra o España. La lejanía hace que el interés se cultive a través de la televisión. Las apuestas en torno al fútbol europeo, el inglés y la Champions en particular, es otro ingrediente que impulsa constantemente el interés por seguir los pasos de Messi, Robben o Agüero.

En América Latina, en Colombia en particular, el interés por el fútbol doméstico es muy superior al que se tiene en esa zona de Asia. Sin embargo, la emigración del talento local (y de muchos sin tanto talento valga decir), nos deja un torneo cuya calidad cada vez está más comprometida. La evidencia anecdótica sugiere que poco a poco los jóvenes se interesan, como los asiáticos, más por los enganches y goles de Ronaldo o Rooney que por el despliegue físico de Robayo o Roa. No hay encuestas sistemáticas que permitan probar la hipótesis. Pero decidí indagar esto con los estudiantes de mi curso de Fútbol, economía y sociedad que dicto en la Universidad de Los Andes.

A 59 estudiantes del curso les pregunté cuál era su equipo preferido en Colombia. También les pregunté por su equipo preferido en el exterior. Finalmente les pedí que me indicaran si preferían el equipo de Colombia o el del exterior. El 53% indicó que prefería un equipo extranjero. El 47% aún prefiere un equipo colombiano.

Preferencias FES 2016

Los resultados del ejercicio no son más que una muestra sesgada de un grupo de estudiantes que tienen interés en el fútbol. Por lo tanto no es posible sacar conclusiones definitivas sobre las preferencias de la población. Pero son llamativos y ante lo que observamos a diario en radio, prensa, televisión e Internet, no parecen resultados sorprendentes. Quizás los entes que manejan los hilos del fútbol en Colombia deberían investigar sobre el tema para poder actuar de manera adecuada. No sea y estemos viviendo el ocaso del fútbol colombiano y no nos hayamos dado cuenta.

El Arte de Celebrar un Gol


Cuando yo era niño, en los partidos de barrio, en esos clásicos contra los de la otra cuadra, el gol se celebraba a rabiar. El partido solía arrancar en algún punto después del almuerzo y terminaba cuando la luz no permitía ver ya el balón. Los goles se celebraban, pero ese gol definitivo, ese que marcaba el 15-14 en el marcador se celebraba como si hubiésemos ganado la Copa del Mundo. Y sin importar si el gol era maradoniano o de palomero, el equipo entero salía corriendo tras el goleador a celebrar sobre él la victoria que nos llenaba de orgullo.



La celebración siempre se enfocaba sobre aquel que marcaba el gol. Palomero o no. Había una excepción: el penal. Un gol de penal no se celebraba, apenas un ligero gesto de complicidad. Tanto ha cambiado el fútbol. Ahora los penales se celebran, así sea el cuarto en una victoria holgada como aquella burda celebración de Cristiano Ronaldo en la final de la Champions League del 2014.  No sé en que momento se empezó a celebrar el penal. En la final de 1974 entre Alemania y Holanda hubo dos penales. Aún en plena final, las celebraciones fueron de lo más parcas. Un brazo arriba, media vuelta, y algunos abrazos. Tanto Neeskens como Breitner.

Claro que el gol hay que celebrarlo. No hay nada más desagradable que un Balotelli ‘celebrando’ un gol. Cuándo los marcaba por supuesto. Según él, no los celebraba, ni una pequeña sonrisa, porque “ese era su trabajo”. Desde que llegó al Liverpool, parece haber olvidado cuál era su trabajo.

En algún momento la celebración degeneró hasta el punto de convertirse en un anuncio publicitario. Así sucedió con la selección Colombia que, rumbo a Estados Unidos 1994, celebraba cada gol levantando el dedo índice. El patrocinador les pagaba para luego anunciar que su producto era “el número 1”.

Poco a poco se han vuelto extrañas las que para mí son las grandes celebraciones. Esas espontáneas, llenas de alegría. Cuando Jairzinho marcó el 1-0 sobre Inglaterra en el Mundial de 1970, nadie se fue a abrazar a Pelé o a Tostão, asistente y artífice de la jugada respectivamente. Jair salió corriendo y los cracks lo siguieron. Siempre a celebrarlo con el goleador. Hasta el gran Maradona salió a perseguir a Burruchaga tras el gran pase que le dio para que marcará el tercer y definitivo gol en la final ante Alemania en 1986.

 

El mundo cambia. Quizás sea nostalgia. Pero duelen y molestan las palabras de Thierry Henry sobre el gol del “Chicharito’ Hernández en los cuartos de final de la Champions League.  En ese decisivo partido el ‘Chicharito’ Hernández por fin pudo jugar. Jugó con ganas, con rabia, con mucha ambición. Y metió gol. Fue el gol que definió la eliminatoria entre el Real Madrid y Atlético de Madrid. El ‘Chicharito’, consciente que se jugaba su oportunidad lo celebró, con mucha emoción. Pero a Thierry Henry no le gustó. Lo acusó de celebrar como “si hubiese ganado la Copa del Mundo“. Según el francés, el mexicano debió salir corriendo a abrazar a Cristiano Ronaldo que fue quien lo asistió para marcar un gol que, todo hay que decirlo, no tuvo un gran nivel de dificultad.

No. ‘Chicharito’ marcó un gol y salió a celebrarlo con el alma como se celebran los goles importantes, los que clasifican, los que dan títulos y los del barrio. Me alegra que ‘Chicharito’ haya celebrado su gol como lo hizo. Porque, entre otras, de haber ido a abrazar a alguien, debió ser a James. Fue él quien rompió la defensa del Atléti con su pase filtrado al área. Pero esa, es otra historia.

Barcelona en los ochenta: La década perdida


El Barcelona de los ochenta no era el Barcelona de la actualidad. Si bien entonces como ahora, era un club poderoso económicamente, a diferencia de hoy era un club eminentemente perdedor.  A comienzos de los ochenta, el Barcelona era todo ilusión. A tierras catalanes llegó el que, para muchos, llegó a ser el mejor jugador de fútbol de la historia: Diego Armando Maradona. Pero entre la hepatitis B que contrajo, la patada criminal de Goicoetxea que le rompió el tobillo, las peleas con el presidente Nuñez y, seguramente la rumba que lo llevó allí a iniciarse en las drogas, Maradona no logró triunfar.




Pero nada parecía importar cuando el 7 de mayo de 1986 el Barcelona saltó al Estadio Ramón Sánchez Pizjuán de Sevilla para disputar la final de la Copa de Europa ante un desconocido Steaua de Bucarest. Abarrotado de barcelonistas, ausentes los rumanos –  Rumanía estaba detrás de la Cortina de Hierro- nadie dudaba de la victoria azulgrana. La primera Copa de Europa estaba al caer.

Pero el partido terminó 0-0. Schuster, aunque flojo todo el partido, era la máxima estrella y el mejor cobrador de penales que tenía el Barça. Pero fue sustituido por José Moratalla en el minuto ’85. El alemán, siempre agresivo, se fue directo al vestuario y abandonó el estadio sin esperar a saber el resultado final. Viajaría luego de Sevilla a Barcelona por su cuenta, acompañado por su mujer. Nuñez diría al día siguiente que “lo de Schuster es una película que ya se repite demasiado. No creo que juegue más en el club azulgrana”. Schuster jugaría en el Barça hasta 1988.

En la tanda de penales, Urruti, histórico golero barcelonista tapó los dos primeros disparos del Steaua. Pero Ducadam, un nombre vetado para cualquier hincha azulgrana, también tapó los dos primeros. Alexanco y Pedraza fallaron. Al tercer turno, Lacatus anotó por los rumanos pero ‘Pichi’ Alonso falló. Nuevamente, como antes, Ducadam detuvo el penal. El cuarto penal rumano lo marcó Balint. Finalmente Ducadam detuvo el penal de Marcos Alonso que para más inri era hijo de Marquitos, marcador derecho del Real Madrid que de la mano de Di Stefano y Gento ganó cinco Copas de Europa.

A pesar del fracaso en la final, Terry Venables, entrenador escocés que los había conducido a ser campeones de liga en 1985 después de once años sin ganarla habría de dirigir al equipo hasta finalizar la temporada 1986/87. Tenía la curiosa costumbre, al menos en sus inicios, de ver el primer tiempo desde arriba, en la gradería. Al campo bajaba para el segundo tiempo.

Venables siguió a pesar de la derrota porque en realidad no había razón para echarlo. De su mano, en dos años, el Barcelona había ganado una liga y había rozado la Copa de Europa. Claro que en 1986 no sólo perdió el Barça la Copa de Europa, el Madrid ganó la liga. Y para desespero del barcelonismo aquello era simplemente el comienzo de un dominio absoluto del equipo de la capital de España. La Quinta del Buitre era joven y después se reforzaría con cracks de la talla de Hugo Sánchez o el mismísimo Schuster. Habrían de ganar cinco ligas seguidas hasta la de 1989/90.

Así que el Barça, el todopoderoso Barça, entre las temporadas 1960/61 y 1989/90, tres décadas que se dicen fáciles, apenas si logró obtener dos títulos de liga. El mencionado de Venables, y el de Cruyff en 1973/74. En ese período el Real Madrid ganó 19 ligas. El Atlético ganó 4, y el Athletic de Bilbao y la Real Sociedad 2 cada uno. En aquellos años, no era desde luego una liga de dos. El Barcelona, por resultados, era simplemente uno más.

Así que el Madrid ganaba y el Barça sufría. En 1987 Nuñez decide contratar a Luis Aragonés ya entonces un entrenador reputado por el fútbol de contraataque típico de la época en el Atlético de Madrid. Aquel año el Barça tampoco ganó la liga. De hecho, tuvo casi tantas derrotas como victorias. 15 victorias, 14 derrotas. Terminó sexto, detrás del Osasuna. Pero la tragedia que marcaría un antes y un después ocurrió el 28 de abril de 1988.

Tras la derrota de Sevilla, Schuster siguió en el Barcelona pero en conflicto permanente con el Club. Entre pleitos jurídicos que iban y venía, se filtró a la prensa en algún momento el contrato de imagen entre el Club y Schuster. Esta figura de pago era lo suficientemente novedosa en España para que aún no estuviese regulada. Hacienda simplemente tuvo que leer el periódico ‘La Vanguardia’ para constatar que había diferencias significativas entre las declaraciones de renta de los futbolistas y los tributos del club que aparecían en el contrato de Schuster. La situación, vale anotar, no afectó sólo al Barcelona, sino a todo el fútbol de élite español.

En cualquier caso, Hacienda inició con las citaciones a los clubes y futbolistas para resolver quien se haría cargo de las multas y las cantidades reclamadas por el fisco. Es en este contexto que los directivos del Barça deciden negociar desde febrero de 1988 con los futbolistas para regularizar la situación con el Estado y acordar qué parte de los impuestos debían pagar los jugadores y qué parte debía pagar el Club. Pero encabezados por los capitanes Alexanco (el mismo del penal fallado dos años antes) y Victor, los jugadores exigían al Club que pagará la totalidad del monto adeudado. Luis Aragonés, ex-futbolista él, se alineó con sus dirigidos.

La presión de Hacienda y la falta de acuerdos con Nuñez llevó que el 28 de abril de 1988 se reunieron en el Hotel Hesperia toda la plantilla profesional (salvo  López López —convaleciente de una operación—, Lineker —de regreso en un partido con Inglaterra— y Schuster, que ya iba camino al Real Madrid aunque estos dos dijeron apoyer el comunicado) y Luis Aragonés para emitir un comunicado en el que exigían la dimisión del presidente del Club y su Junta Directiva. De ahí el nombre de la “Motín del Hesperia” con el que se conoce el incidente.

La nota de los jugadores fue extremadamente dura. “Hemos perdido toda la confianza en el presidente, que nos ha decepcionado como persona y humillado como profesionales” señalaba el texto. La nota, que curiosamente no mencionaba la raíz del problema , terminaba anotando que “a los jugadores nos produce tristeza ver cómo este histórico club, con valores que siempre han representado la idiosincrasia del pueblo catalán, se va deshumanizando de esta forma.” 

Aunque en declaraciones posteriores los jugadores quisieron expresar que la preocupación de ellos iba más allá de los problemas con el fisco, las palabras de Zubizarreta, entonces arquero de la institución, fueron claras: “Sabemos el riesgo que corremos y lo hemos valorado. Nos han toreado durante tres meses”. Victor, uno de los capitanes, fue de los más expresivo: “Yo tengo una conclusión muy particular: Núñez no es un forofo ni tampoco barcelonista. Se quiere a sí mismo y ésa es su única bandera”.

Nuñez no dimitiría y, como se temían los jugadores, las represalias fueron contundentes. Aragonés abandonó el club. Despidió a 14 jugadores, de los 26 que había en nómina y fichó 11 jugadores. Además el 4 mayo de 1988, apenas unos días después del ‘Motín del Hesperia’, llegó a Barcelona Johan Cruyff. Firmó por una sola temporada y requirió de diferente avales bancarios por parte del Barcelona para solucionar las múltiples deudas que entonces tenía en la ciudad.

Los primeros años de Cruyff son en sí mismo, una historia para contar.

La premisa del fútbol: pases y estrellas en los mundiales


Lo dijo el ‘Tata’ Martino: “el pase es la premisa del fútbol”. La idea, por supuesto, no es novedosa. Ya Bill Shankly, el legendario entrenador del Liverpool lo afirmó en los años sesenta: “Por encima de todo, el objetivo principal es que todo el mundo pueda controlar el balón y hacer lo básico del fútbol. Es control y pase , control y pase. Todo el tiempo”.

El pase, por tanto, es la premisa del fútbol hace muchos años. Pero, no todos son tan acertados en el pase. Hace un tiempo analicé el patrón de pase en los mundiales de fútbol desde 1966 a 2010. En esta entrada quiero revisar la eficacia en el pase de los jugadores que han participado en los mundiales, desde Inglaterra 1966 a Sur África 2010.

Los 3.651 jugadores para los que OPTA reporta información entre el mundial de Inglaterra 1966 y Sur África 2010, registran en promedio un acierto en el pase del 78,4% . Es decir, de cada 10 pases que intentan, casi 8 llegan a su destino. La participación de los futbolistas en los mundiales, por definición no es la misma. Algunos juegan muchos partidos, otros apenas unos minutos. Así que el ejercicio se enfoca en aquellos jugadores que disputaron al menos 45 minutos en un mundial. Son 2.956 jugadores que cumplen esta condición. Su porcentaje de acierto en el pase es de 79,6%.

Quien menos acierto en la premisa del fútbol en un partido determinado es Thomas Enevoldsen, danés él, quien jugó 56 minutos en 2010. Empezó de titular pero su relevo parece explicarse fácilmente. Medio campista, acertó 4 de los 10 pases que intentó. La siguiente tabla ilustra el porcentaje de acierto en el pase para los 2.956 jugadores. Oscila entre el 0,4 del mencionado danés y 1.  Si, hay jugadores que tienen récord perfecto de acierto en el pase. Pero están lejos de ser cracks. Joseph Marion Leandre, haitiano, jugó 65 minutos en Alemania 1974. Siendo defensa, intentó 23 pases y acertó todos. No se lo imagina uno arriesgando mucho el balón hacia adelante. Tanto José Fernández, con Perú en 1970 y Robert Huth con Alemania en 2006, participaron en un único partido. Siendo defensas de pocos pases y evidentemente poco riesgo, no sorprende el resultado.

Porcentaje Acierto Pases jugadores en los mundiales

De hecho, la gráfica sugiere que los grandes cracks de los mundiales son jugadores de media tabla. Maradona, Pelé, Cruyff, Teófilo Cubillas (Perú) o Bobby Charlton (Inglaterra) se muestran en la gráfica como jugadores promedio. El ‘Pibe’ Valderrama, el excelso conductor de Colombia en los años noventa, sobresale un poco más. Pero no llega a los niveles del ‘Kaiser’ Beckenbauer o Pirlo ni por supuesto de Xavi. El nivel de acierto de todos es superior a 0,8. Pero no es descollante.

La pregunta queda en el aire. ¿De verdad son estos cracks apenas pasadores de media tabla? Algunos puntos merecen anotarse. Primero, precisamente por su condición de cracks son jugadores que suelen estar en zona caliente, con rivales apretando. Segundo, el juego del equipo influye. Xavi, por ejemplo, está arriba por la forma como juega España, con mucha posesión en zona limpia de rivales, siempre esperando al profundizar eventualmente el juego. Tercero, los Pelé, Maradona y compañía, al participar más en el juego del equipo, realizan muchos pases. Más pases que el promedio.

Este último punto lo ilustra con mayor detalle la siguiente gráfica. En ella se pondera el acierto en el pase por el número de pases. De esta forma, aquel que acierte mucho porque realiza pocos pases tendrá un valor menor que aquel que acierte como jugador promedio (el caso de los cracks) pero realice muchos pases.

Porcentaje Acierto Pases jugadores en los mundiales ponderado

La percepción cambia totalmente. Los mejores jugadores ahora están entre los mejores de la historia de los mundiales (al menos desde 1966). Xavi y Beckenbauer son tercero y cuarto respectivamente, el ‘Pibe’ y Maradona comparten honores y los demás también se encuentra entre el 20% superior. Los datos para Pelé, el “peor” de esta muestra de estrellas, son apenas de sus dos últimos mundiales. No hay (o no conozco) datos para los partidos que jugó en 1958 y 1962.

Es decir, sí, los mejores jugadores también son superiores en el arte del pase. Son mejores porque tienen arte, meten goles, mueven un equipo. Pero también lo son porque cumplen con la premisa del fútbol: excelsos en el pase.