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El Gasto en Transferencias: ¿Qué tanto pesa China?



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El fútbol es un negocio. La frase no es nueva, ni debería sorprender. Pero por alguna razón, cada cierto tiempo, cuando sucede algo que toca el corazón, se recuerda a todos que el “fútbol es un negocio”. El despido de Ranieri es uno de los más recientes detonantes del amor por el pasado. Como si antes no lo hubiese sido. El fútbol inglés legalizó el profesionalismo en 1885. Ya ha pasado su tiempito.
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El ‘boom’ de las estadísticas en el fútbol


Brasil 2014 fue, sin lugar a dudas, el mundial de las estadísticas. Teníamos a la mano desde los ‘mapas de calor, a los kilómetros recorridos por Messi, James y Robben. Aquí en Gol y Fútbol tuvimos minutos después de terminado el partido un completo resumen ejecutivo de los principales indicadores que había dejando cada encuentro. Es la culminación de un proceso que arrancó hace ya varios años y que creo que vale la pena hacer el recuento aquí. Se basa esta entrada en una columna que saque antes del mundial para un periódico de estudiantes de economía.

El fútbol, no cabe duda, es una de las grandes actividades económicas del mundo moderno. La consultora Deloitte, hace ya unos años, estimó que el fútbol sería en sí mismo la economía número 17 del mundo. Algunos cálculos sencillos me llevaron alguna vez a estimar que el fútbol sería una de las primeras 25 economías del mundo. Más o menos al nivel de una economía como la belga o la noruega. Cualquier sea el resultado,  la conclusión es que el fútbol mueve mucho dinero y de ahí el interés que genera, por ejemplo, un mundial de fútbol.

A pesar de la importancia del deporte rey como agente económico entre el gran público poco se entiende de la relación entre el deporte y la economía, entendida ésta última como ciencia social. Quizás algunos se sorprendan al comprobar que tal relación entre fútbol y academia nació hace más de cuatro décadas.

La historia comienza con Charles Reep, contador y coronel de la Real Fuerza Aérea del Reino Unido quien tuvo la suerte de asistir, en 1933, a dos charlas ofrecidas por el capitán del Arsenal de Herbert Chapman sobre el método y funcionamiento del innovador módulo táctico conocido como la WM. Reep quedó prendado de aquellas detalladas explicaciones. Tal vez ello explique su decepción cuando, tras su regreso de Alemania, donde había estado apostado durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial, comprobó que la WM, ya entonces la estrategia dominante en Inglaterra y el mundo entero, no estaba siendo implementada como Jones, Capitán del Arsenal, la había descrito durante aquellas sesiones del año 33.

Decidido a demostrar las falencias del fútbol de entonces, Reep entendió que sólo podía hacerlo desde los números. Así que el 18 de marzo de 1950 comenzó a recolectar datos de los ataques del Swindon en la segunda parte de su partido contra el Bristol Rovers. Su esfuerzo se vería recompensado en 1968 cuando publicó junto a Bernard Benjamin, quien luego sería Presidente de la Royal Statistical Society, un artículo en el Journal of the Royal Statistical Society. Utilizando datos recolectados entre 1953 y 1967, el objetivo era identificar patrones predecibles de los diferentes eventos de un partido de fútbol. El artículo sería la base para el fútbol de lo que hoy se conoce como Sports Analytics. Sin una traducción directa en español, se puede definir como el análisis estadístico de datos deportivos en general, del fútbol en particular. El objetivo no es probar empíricamente una teoría. El objetivo es identificar patrones de comportamiento a partir de los números.

Poco a poco los datos recolectados fueron ganando importancia. Hoy los grandes equipos del mundo contratan con empresas la generación de datos que les reportan hasta 1.500 tipos de eventos en un solo partido (disparos, centros, pérdidas, recuperaciones de balón entre otros). Ello requiere profesionales con un alto nivel de preparación para poder extraer información relevante de semejante cantidad de datos. Y así se ha hecho. El Liverpool, por ejemplo, creó en 2012 una nueva posición: Director de Investigaciones. El encargado era un Ph.D. en física teórica.

La estadística aplicada y el manejo de grandes bases de datos tienen hoy día un papel preponderante en el fútbol profesional. La abundancia de datos ha tenido una consecuencia interesante en el mundo académico, en el de los economistas en particular. En la última década tal abundancia ha sido explotada por diversos académicos para contribuir a testear teorías propias de la ciencia económica. Uno de los ejemplos más conocidos es el análisis que diversos investigadores han hecho de los tiros desde el punto penal para estudiar situaciones estratégicas como son las denominadas ‘estrategias mixtas’. La teoría de juegos, sin duda, ha sido uno de las áreas más estudiadas de la economía con base en datos del fútbol.

Otra área, casi natural para enlazar fútbol y economía, es la denominada behavioral economics o economía del comportamiento. Trabajos de reputados economistas han estudiado la presión sicológica en diferentes escenarios, desde el cobro de tiros penal a la decisión de los árbitros de otorgar más o menos tiempo extra según el resultado.

La organización industrial también se ha mostrado particularmente interesada en el fútbol y su funcionamiento. Una liga de fútbol nacional es un cartel legal. Un grupo de agentes se reúnen y coordinan para vender un mismo producto. Dada la animadversión que las agencias regulatorias tienen hacia este tipo de estructuras de mercado, esto no deja de ser una curiosidad académica. En otro ámbito de la organización industrial se ha estudiado la validez del supuesto de maximización de beneficios de la firma respecto a la alternativa de maximizar victorias. Lo segundo, al menos con datos de España e Inglaterra, parece ser el objetivo de un equipo de fútbol.

El fútbol pues, además de la pasión que lleva despertando entre seguidores del mundo entero desde hace más de 100 años, es ahora un área de estudio que va más allá del deporte. También, para diversión de aquellos a los que nos gusta el fútbol y la economía, es un área de interés académica.

Brasil 2014: Más allá de la FIFA


Faltando un mes para inaugurar la Copa del Mundo se hizo evidente que el estadio no estaría listo a tiempo. Entonces se decidió movilizar a 1.500 soldados para colaborar con las obras. El día de la inauguración, había estadio, pero poco más. El terreno de juego y las tribunas estaban preparados más no el palco de prensa. El acceso al estadio tampoco estaba listo. Muchos aficionados debieron caminar varios kilómetros hasta su puesto por falta de accesos adecuados.

La historia es real. Pasó el día que inauguraron el Maracaná. Pero no fue hace un mes o un año. Sucedió en 1950. Viene a colación porque 64 años después Brasil nuevamente tuvo problemas para cumplir con los cronogramas necesarios para cumplir con el Mundial.

Así como los éxitos de Costa Rica enorgullecen a Centroamérica o como los de Colombia motivan en Perú o Ecuador, América Latina tiende a  identificarse con Brasil y espera con ansias que se demuestre que la región sí puede organizar eventos de repercusión mundial. Que somos de verdad economías emergentes.Futbolísticamente, el torneo está siendo un éxito. Incluso, a medida que avanza el mundial, las protestas pierden fuerza mediática, al menos mientras Brasil se mantuvo en el torneo.

Pero detrás queda algo. Esa costumbre tan nuestra, tan latina, de siempre culpar a los demás de nuestra propia incapacidad. La FIFA, no voy a ser yo quien la defienda, es una organización que, por decir lo menos, carece de la transparencia necesaria en buena parte de sus decisiones. Pero los sobrecostos en los que incurrió Brasil para organizar el Mundial de Fútbol no son culpa de la FIFA.

Para organizar un mundial, la FIFA no exige más que ocho ciudades sede. Alemania en 2006, antes de la gran crisis del 2008, lo hizo en doce. Brasil, que apenas competía contra una débil candidatura colombiana por ser el anfitrión en el 2014, presentó una propuesta con 18 sedes. Al final, tras meses de discusión, las redujeron a 12. El Alcalde de Rio reconoció poco antes de comenzar el Mundial que hacerlo en 12 sedes había sido un error.

Los estadios de Sur África (10 en 9 ciudades) costaron €1.000 millones. Los de Alemania €1.500. Los de Brasil €2.500. El presupuesto original se había cifrado en €1.650 millones. Los sobrecostos no son culpa de la FIFA. Ellos manejan el estadio durante el torneo, pero no lo construyen. Los sobrecostos tiene un nombre que todos conocemos bien en América Latina. La hija de Joao Havelange, presidente de la FIFA antes de Blatter entre 1974 y 1998, lo reconoció días antes del mundial. Pidiendo mostrar “el Brasil más lindo”, argumentó que ya no tenía sentido manifestarse: “lo que había que ser gastado, robado, ya fue”.

Brasil, construyó ‘elefantes blancos’ sabiéndolo de antemano. El estadio de Manaos, incluyendo los campos de entrenamiento, costó US$286 millones. Tiene una capacidad de 40.549 aficionados que parecen más que suficiente para atender la demanda de fútbol local: 500 espectadores por partido. En Brasilia el estadio costó el doble de lo presupuestado. Tiene capacidad para 70.000 espectadores pero no hay equipo ni en primera ni en segunda división. No extraña que los encargados de prisiones en la Amazonia brasilera propusieran el estadio de Manaos como cárcel. No tuvo acogida la propuesta; su futuro sigue siendo incierto.

Pero no sólo estadios es un mundial. En Manaos y en São Paulo se haría un monorriel. Habría un tren bala entre Rio y São Paulo. En 2012 la Presidenta Rousseff anunció la construcción de 800 aeropuertos. En junio de 2014 estaban corriendo para concluir al menos los de las ciudades sede del Mundial. Mucho queda aún por hacer.

En total, las cifras del mundial, se dice, alcanzaron los US$11.000 millones. La cifra, por supuesto, muy superior a lo presupuestado. Pero Brasil está haciendo el Mundial y desde el alto gobierno comienzan a cobrar contra aquellos que pronosticaban una fatalidad en la tierra de la samba.

Brasil, como mayor potencia económica de la región, está demostrando que sí era posible comprometerse con eventos de semejante magnitud. Pero también revela ante el mundo los problemas endémicos de la región: corrupción, falta de organización, incapacidad para estructurar eficientemente los grandes proyectos y la bendita manía de echarle la culpa de nuestro atraso a los de afuera.

La FIFA, cuyos manejos oscuros son en cualquier caso vox populi,resultó el perfecto conejillo de indias. Las protestas, el FIFA go home, no son más que un reflejo de ello. No se pregunta por el destino del dinero que se fue en sobrecostos. La culpa es del de afuera.

Las escuelas, los hospitales y las carreteras igual no se harían con la plata del mundial. Como tampoco se hicieron escuelas, hospitales y carreteras cuando, con esa justificación, Colombia desistió del Mundial de 1986. La FIFA para sus torneos pide una infraestructura del primer mundo. Quizás es a eso a lo que deberíamos apuntar. A ser candidatos a organizar un mundial sin necesidad de hacerlo. La falta de escuelitas es culpa nuestra, no de los demás.

El valor de un gol. El caso de la EPL

Una de las premisas básicas de cualquier empresa es garantizar que el sueldo que perciben sus trabajadores se rentabilice con el valor de la producción que estos generan. En el mundo del fútbol, particularmente en el europeo, el sueldo de los trabajadores, los futbolistas, es constante motivo de controversia.



En un reciente artículo, el periódico The Guardian realizó un ejercicio donde calculó el salario de los futbolistas de la English Premier League como proporción de los ingresos totales de cada club. La EPL, afirma The Guardian, perdió en la temporada 2011/12 £205 millones. Los clubes ingleses tuvieron ingresos por £2.355 millones de libras y se gastaron algo más de £1.600 millones en salarios.

El campeón de aquella temporada, el Manchester City, fue el equipo que más dinero destinó al rubro de sueldos: £202 milllones. Le siguió el Chelsea (£173), Manchester United (£162), Arsenal (£143) y Liverpool (£119). Los equipos con nomina más barata fueron el Wigan Athletic y el Worverhampton ambos con £38 millones. Éste último descendió, pero el Wigan logró salvarse acabando la temporada en el puesto 15.

En promedio los clubes de la liga inglesa destinaron el 72% de sus ingresos al pago de salarios. Algunos equipos, como el Blackburn Rovers y el Queens Park Rangers destinaron más del 90% de sus ingresos a pagar sueldos. El campeón, el City, destinó el 87% de sus ingresos a pagar a sus futbolistas. El Norwich City fue el equipo que menos ingresos destinó a salarios: apenas el 49%. El segundo equipo en este rubro fue el Manchester United, apenas el 51%.

Cifras muy altas pero no sorprendentes. ¿Es rentable la inversión? ¿realmente el equipo que paga más gana más? La respuesta en general es positiva. Los equipos que más gastan en jugadores tienden a tener mayores éxitos deportivos. En la temporada 2011/12 de la EPL las tres primeras posiciones las ocuparon equipos que estaban entre los cuatro que mejor remuneraban a sus futbolistas. La correlación entre la posición final obtenida en la liga y el valor de la nomina de futbolistas es alta, 0,73. Si fuera totalmente lineal, es decir que a mayor nomina mejor posición en la tabla, la correlación sería 1. No está pues muy lejos  aun cuando siempre hay excepciones. El Newcastle por ejemplo. Con la octava nomina más cara alcanzó el quinto lugar.

La gráfica siguiente indaga por otra relación. ¿Cuánto cuesta marcar un gol? ¿Hay una relación entre el valor del gol y la posición final del equipo en la liga? En la liga inglesa un gol cuesta en promedio £1.456.159. Esto viene de dividir el valor de la nomina de cada club por el número de goles que anotaron a lo largo de la temporada. ¿El equipo que más paga por gol logra un mejor posicionamiento final en la EPL?

La gráfica es contundente. No hay una relación estadística significativa entre el valor de un gol y la posición final de la liga. El área sombreada indica el márgen de confianza. Pero nótese que la mayoría de equipos están por fuera de ese márgen de confianza. Es decir no hay evidencia que sugiera que el valor del gol se relaciona con la posición final en cada liga. Un gol del Chelsea, por ejemplo, costó £2.660.000, el más costoso de la EPL. Aquello apenas sirvió para finalizar en el sexto puesto. Contrasta esa cifra con la de su rival londinense el Tottenham Hotspur. Finalizaron en el cuarto puesto marcando goles cuyo costo fue de £1.384.000.

Algo similar sucede con los rivales de la ciudad de Liverpool. Los rojos pagaron por cada gol £2.532.000. Los azules £1.260.000. La diferencia en posiciones fue marginal. Everton séptimo, Liverpool octavo. Ninguno clasificó a torneo europeo. Si los rojos jugaron Uefa Europa League fue gracias a su victoria en la Copa de la Liga o Carling Cup.

El valor de un gol

 

Lo anterior sugiere que no hay relación entre el valor de la nomina y la calidad del equipo. Algunos tacticistas del fútbol dirán que marcar más goles no es signo de calidad. Puede ser. A la larga importa la posición final. Pero la hinchada siempre será más feliz si es campeón anotando120 goles que marcando 60.

La siguiente gráfica sugiere que si bien los equipos con los jugadores más caros no son particularmente productivos en los goles que marcan si lo son en términos de efectividad en el pase. Se observa en la gráfica que sí existe una relación positiva entre el valor de la nomina y el porcentaje de efectividad en los pases. Más alto el salario, mayor calidad.

La gráfica ilustra una importante concentración en el pago de salarios. Los cuatro equipos que más pagan a sus jugadores representan el 42% de los más de £1.600 millones que pagó toda la EPL en sueldos. Por ende no debe sorprender que los equipos con nominas más costosas sean sistemáticamente los que mayor efectividad tienen al circular el balón. Pero es fútbol y hay notables excepciones como el  Wigan, Fulham y, particularmente el Swansea. En la mitad, en tierra de nadie está el Liverpool Ni gasta como los ricos, ni saben con el balón como los buenos. Su porcentaje de pases efectivos no llega al 80% de los grandes dominadores del balón en la EPL. Quizás eso ayude a explicar su continuo fracasa en el asalto a un título de liga en Inglaterra.

Calidad vs valor de nomina

La sorprendente importancia del fútbol en la economía mundial

En días pasados uno de nuestros seguidores en Twitter me preguntaba si era cierto que el fútbol sería, por sí mismo, la decimoséptima economía del mundo. La pregunta es bien interesante, pero requiere de más de 140 caracteres para contestar. Dediquemos la entrada de hoy a revisar el tema.

Para medir el valor de una economía se suele utilizar el denominado producto interno bruto (PIB). En esencia consiste en sumar el valor de la producción de bienes y servicios en una economía. El valor del PIB de una economía es la suma de los PIB sectoriales. Es decir, el PIB minero, el PIB agrícola, el PIB manufacturero, etc. Las agencias oficiales de estadística se dedican a recolectar los datos de los diferentes sectores y arman el PIB de cada país.



Por tanto, lo más obvio para contestar la pregunta es revisar las cifras de la agencia estadística oficial de cada país (el DANE en Colombia), mirar el valor del fútbol y dividir su valor sobre el valor total de la economía. El problema con el fútbol, o con el deporte en general, es que esta compuesto de actividades que provienen de diferentes sectores de la economía. No es sólo parte del entretenimiento, sino también del sector textil si, por ejemplo, tomamos en cuenta las camisetas que tanto se venden en la actualidad. Si se pudiese disponer de los datos desagregados, quizás, y sólo en teoría, se podría asignar al fútbol los diferentes componentes económicos. Por ejemplo, podríamos ir a Nike, preguntar cuánto de sus ingresos provienen de ingresos de indumentaria relacionada con el fútbol. A esto le sumaríamos lo de Adidas, Saeta en Colombia o Walon en Perú. Hacer esto, por supuesto, tiene sus dificultades que en la práctica hacen el ejercicio muy complicado.

Por tanto, hagamos el ejercicio de forma indirecta. La cifra de que el fútbol es la economía número 17 del mundo proviene de la consultora Deloitte. ¿Cómo podemos revisar si esa cifra tiene sentido?  Comencemos por notar que Naciones Unidas ha reportado que el deporte en el mundo pesa casi el 3% de la economía global. La Comisión Europea ha cifrado el deporte en el 1% de la economía de la Unión Europea. Algunas cifras (por ejemplo de Szymanski el coautor de Soccernomics) cifran los gastos en bienes y servicios relacionados con el deporte en alrededor del 1,5% en la mayoría de países europeos. Más específicamente, en el Reino Unido, dicha cifra llega al 2%. Las cifras para el deporte en general oscilan por tanto entre el 1,5% y el 3% del PIB. Las cifras específicas al fútbol son aún más difíciles de conseguir. Pero oscilan, para los países en los que se ha intentado hacer algún tipo de cálculo, entre el 0,4% y 1% del PIB. Con esto en mente es posible, ahora sí, revisar el dato sobre la importancia del fútbol en la economía global.

En 2011, según cifras del Banco Mundial, la economía número 17 del mundo era Holanda. Pesaba un 1,19% del PIB mundial. Es decir, la cifra de Deloitte vendría a decir que el fútbol valdría anualmente unos US$836 mil millones . Pero en realidad, la cifra de Deloitte dice que el fútbol no vale eso. Vale “sólo” US$500 mil millones. Esta cifra, basados en los datos de PIB del Banco Mundial, sitúa al fútbol en el puesto 24, entre Bélgica y Noruega. Esto implicaría, además, que el fútbol representaría un 0,71% de la economía global.

1,19% del PIB parece una cifra exagerada. No sería, por tanto, la economía 17 del mundo. Aún suponiendo que los cálculos de Deloitte fueron con datos de 2008, 2009 ó 2010 no llegaría a ser una de las primeras 20 economías del mundo. Pero sí está entre las 25 primeras. Supera a economías como Argentina (25), Austria (26), Colombia (31), Chile (37), Perú (50) o Nueva Zelanda (54). Eso, por sí mismo, representa una cifra respetable y refuerza una vez más lo importante que es el fútbol en la actualidad.

Asistencia, incertidumbre y los nervios del corto plazo

Una de las premisas básicas de los economistas es minimizar la incertidumbre de los agentes para fomentar la inversión. En otras palabras, la idea es garantizar unas reglas del juego claras que permitan unos ingresos estables. Los equipos de fútbol no son más que empresas. Pero un equipo de fútbol no es una empresa normal. Éstas por lo general buscan maximizar beneficios. Es decir, que los ingresos sean lo más alto posible y los costos lo más bajo posible.

En el fútbol, y en el deporte en general, suponer que los equipos buscan maximizar beneficios es limitar los objetivos reales de tales instituciones. El objetivo, dicen la mayoría de economistas del deporte, es maximizar la utilidad sujeta a unas restricciones financieras. Dicho más claro. El objetivo es ser felices logrando éxitos deportivos teniendo en cuenta que la cantidad de dinero de que disponen es limitada. Con estos objetivos, la incertidumbre es mala compañera.

Iván, en entrada reciente, nos hablaba de la mediocridad del torneo en Colombia. Las razones allí expuestas son todas válidas. Pero se quedó corto. Los dueños del circo, los clubes son los que promueven un sistema de torneo que va contra la elemental necesidad empresarial de evitar incertidumbre. Por ejemplo, de minimizar la volatilidad en la asistencia a los estadios. En España un equipo chico como el Rayo Vallecano elabora su presupuesto con la certeza que Barcelona y Real Madrid irán a visitarlo al menos una vez en la temporada. En Colombia, por contra, se sabe que no se jugará contra todos los rivales.

Hay, ridículo para el lector que lo desconozca, dos campeones al año en Colombia. Pero no sólo puede ser campeón sin enfrentar a todos los equipos participantes sino que encima puede llegar a tener cuatro meses de vacaciones al año. Esto ocurre cuando es eliminado de los cuadrangulares de final de semestre. Los directivos argumentan que los cuadrangulares son clave porque generan ingresos importante a los equipos participantes. Pero igualmente ignoran, que genera enormes pérdidas a los equipos que no clasifican. Todo equipo prepara nómina y presupuesto para 12 meses. Pero desconoce si tendrá ingresos por 8 o 12 meses. Incertidumbre total.

Asistencia de público a los estadios en Colombia

La gráfica ilustra lo anterior. La asistencia promedio en Colombia durante la denominada fase regular es de menos de 10.000 personas (línea verde). El promedio prácticamente se duplica en los cuadrangulares. En números absolutos (barras amarillas), el número de asistentes total en la fase regular es muy superior a la de los cuadrangulares. Por supuesto que estamos comparando unos pocos partidos (4 por jornada en general) con  muchos (9 por jornada). Pero no deja de llamar la atención que la asistencia en los cuadrangualres no es ni la mitad de la asistencia total. En un futbol donde todavía la mayoría de los ingresos provienen de las taquillas, lo que la gráfica sugiere en el fondo es que un equipo logra un éxito económico si entra a cuadrangulares. Caso contrario, no. Y esto es común.

Asistencia promedio de Junior, Millonarios, Nacional, Santa Fe

La gráfica muestra el promedio de asistencia durante los últimos años de cuatro de los equipos grandes de Colombia. Aún siendo históricamente poderosos en el fútbol doméstico, ninguno clasificó a todos los cuadrangulares. La incertidumbre es total. Junior, por ejemplo, clasifico y quedó campeón el primer semestre de 2010. No volvería a jugar un cuadrangular hasta el segundo semestre del 2011. Millonarios, por su parte, tiende a más que duplicar la asistencia en cuadrangulares respecto a la temporada regular. Pero de las seis temporadas consideradas aquí, no clasificó sino apenas a la mitad. Es decir, las buenas recaudaciones no compensan lo que se deja de ingresar durante los meses que no se juega.Santa Fe, campeón después de más de 30 años en el primer semestre de 2012 tuvo menor asistencia promedio en cuadrangulares que la que obtuvo en las finales de segundo semestre del 2012.

La volatilidad en la asistencia promedio (y por tanto en los ingresos) es cierto también para equipos de, tradicionalmente, menos poderío. Todos presentan importantes asistencias en finales, pero la volatilidad es enorme por los años en que no juegan finales. Incluso, hay un caso paradójico. La asistencia promedio en finales del Huila durante las finales del primer semestre de 2011 fue un 78% de la que obtuvo durante la temporada regular.

Asistencia promedio a los estadios en Colombia Caldas, Huila, Medellín, Tolima,

Concluyo que el sistema de torneo contribuye a la mediocridad por dos razones, una financiera, otra deportiva. La financiera se relaciona con la inestabilidad en los recursos que genera la empresa deportiva. La planificación se hace sobre una incertidumbre total. Eta volatilidad en ingresos genera, además, una incertidumbre deportiva. En Colombia un equipo no tiene una segunda vuelta para recuperarse. La visión deportiva es de corto plazo. Y ya sabemos que el corto plazo es mal consejero.

Una propuesta simple es realizar un torneo todos contra todos, con dos fechas extras de clásicos. En Colombia, los clásicos son tradición, generan ingresos y producen interés. Con los 18 equipos actuales, son 36 partidos en un años. El interés se mantiene si además del campeón, el segundo y tercero entra a Copa Libertadores. Si el cuarto y quinto entran a Copa Sudamericana, tenemos casi un tercio de los equipos en competición internacional. El último debe descender y el penúltimo y antepenúltimo una serie de promoción con el segundo y tercero de la liga de ascenso.  Un sistema de este tipo, además de ser justo, pues el campeón es el mejor de todo el año; permite organizar mejor las fechas tal que los equipos que participan en Copa Libertadores y en Copa Sudamericana puedan enfocarse en tales competiciones sin tener que disputar dos partidos el mismo día. Además, la Copa Colombia puede disputarse como en Inglaterra, a partido único, al menos en sus primeras rondas. El campeón, como ahora, iría a Copa Sudamericana.

Un sistema como el propuesto suaviza los ingresos y permite una planificación más organizada, tanto en el aspecto deportivo como en el financiero. La situación actual, desde luego, no es la óptima.