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Trump, la FIFA y el camino a seguir



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Infantino, el presidente de la FIFA dijo recientemente que en la Copa del Mundo “cualquier equipo, incluidos hinchas y dirigentes de ese equipo que se haya clasificado, necesitan tener acceso al país”. Hacía referencia a la posibilidad de que el Mundial de 2026 se celebre en los Estados Unidos. Mostraba su preocupación por las políticas discriminatorias del Presidente Trump. Hace muy bien Infantino.
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El día que Havelange cambió el fútbol para siempre



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João Havelange murió a los 100 años. Para bien o para mal él es el responsable del fútbol hipercomercializado que hoy disfrutamos, o sufrimos, según la perspectiva desde que se mire. El mundo del fútbol cambió durante su primera cena como presidente de la FIFA. Esa noche, él y Horst Dassler, hijo de Adi Dassler, el fundador de Adidas decidieron el futuro del balón. Esa noche, parafraseando a Maradona, la pelota se comenzó a manchar. Continue reading El día que Havelange cambió el fútbol para siempre

No a la Copa América Centenario


El primer partido de la Copa América se jugó el 3 de julio de 1916. Las crónicas de la época nos hablan de una gran expectación por aquel encuentro. “Las tribunas de la cancha del Club Gimnasia y Esgrima estaban repletas. Se calcula la concurrencia en treinta mil personas. Las tribunas se veían profusamente engalanadas con banderas chilenas, brasileras, argentinas y uruguayas. Ocupaban el palco oficial los Ministros de Chile y Uruguay y numerosas damas y altos jefes del ejercito” informó El Mercurio de Chile. También nos deja saber que las “carísimas” entradas no fueron obstáculo para la buena entrada. Así comenzaba el “Torneo Centenario” que además de Chile y Uruguay disputaron Brasil y Argentina. El torneo que celebraba los 100 años de la independencia argentina, terminó siendo la primera versión del Campeonato Sudamericano de Naciones, desde 1975 Copa América.

Es pues un torneo veterano, el más antiguo de naciones en el mundo. Va para 100 años. Pero es desordenado como todo lo que se organiza en nuestro continente. Nunca tuvo en sus inicios una frecuencia estandarizada. En alguna ocasión, 1959, se disputó en dos ocasiones. Tal fue el desorden que no fue hasta 1975 que participaron simultáneamente los 10 equipos de la Conmebol, 59 años después de la primera edición. Debió esperarse hasta 1987 para que se decidiera disputar el torneo con una frecuencia fija: cada 2 años.

La escasez da valor. La Copa América era demasiado frecuente. Cada vez tenía menos importancia. El golpe se dio en 2001, en Colombia. Prácticamente nadie, salvo el local, envió su primer equipo. Así que el siguiente se disputó a los 3 años, en Perú, año de Eurocopa. Para 2007 se decidió disputar la Copa América cada 4 años. Así que la siguiente fue en 2011 y luego otra vez en 2015.

Según el Departamento de Justicia (DoJ)  de los EE.UU. desde 1987, la empresa Traffic pagaba a Conmebol por los derechos de televisión. En cada renegociación pagaba jugosas coimas a Nicolás Leoz, presidente de Conmebol y otros dirigentes suramericanos. Así logró mantener derechos exclusivos hasta 2011.

Pero hacia 2009 o 2010 (no aclara el año el documento del DoJ de los EE.UU.), 6 presidentes de las tradicionalmente menos poderosas asociaciones de la Conmebol formaron un bloque para obtener control sobre las decisiones comerciales del ente rector del fútbol suramericano.

Así que en 2010 Conmebol vendió a Full Play, no a Traffic, los derechos de medios y de mercadeo de las Copa América de 2015, 2019 y 2023. Traffic demandó a Full Play y Conmebol porque defendía que los derechos a esos torneos ya era propiedad de ellos. Tales demandas no requirieron sentencia judicial porque Full Play y Traffic acordaron crear una tercera compañía para compartir los derechos de las Copa América de 2015, 2019 y 2023 además de un torneo especial que celebrarían en los Estados Unidos en 2016. La nueva empresa, Datisa (cuyos dueños eran a partes iguales, Traffic, Full Play y Torneos), se creo en 2013.

Datisa acordó, afirma el DoJ de los EE.UU., pagar 100 millones de dólares en sobornos a ejecutivos de Conmebol (todos también vinculados a FIFA): 20 millones a la firma, 20 millones por cada uno de los cuatro torneos. Cada paquete de 20 millones había de repartirse entre los tres máximos dirigentes de Conmebol – Presidente Conmebol, AFA y CBF- (3 millones a cada uno) y $1.5 millones a otros 7 presidentes de federaciones. Los otros $500.000 serían para otro alto dirigente de Conmebol.

Dado que la Copa América Centenario ha de jugarse en los Estados Unidos con la participación de equipos de Concacaf, Datisa pagó a la entidad rectora del fútbol caribeño y norte y centroamericano la suma de 35 millones de dólares. El documento del  DoJ recoge sobornos para garantizar que Concacaf aceptara disputar la Copa América Centenario.

Es decir, la Copa América Centenario no surge del amor o el interés de los dirigentes suramericanos por la historia de nuestro fútbol. El origen de la Copa Centenario es un sucio negocio para encubrir dudosos actos pasados con aún más dudosos actos presentes.

La Copa América, con buen criterio -por fin-, se disputa actualmente cada 4 años. La Copa de Europa de Naciones ha sido siempre cada 4 años. Incluso la Copa Africana de Naciones es desde 1968 cada 2 años (con ajuste en 2013 para no coincidir con el Mundial). Desde su creación, con un pequeño ajuste en 2007 para no coincidir con la Eurocopa y Juego Olímpicos, también lo ha sido la Copa de Asia de Naciones.

El desorden sudamericano afecta el interés que el mundo pueda tener por la Copa América. Aún más la afecta cuando utiliza el fútbol de todo un continente para tapar oscuras historias de sobornos, pagos y dádivas. La Copa Centenario sobra. No es una fiesta al fútbol, es una fiesta a la corrupción.

La FIFA y el camino para que el balón siga rodando


Corrupción o no, la FIFA reeligió a Blatter.  A raíz del triunfo de Blatter muchos, Platini jefe de la UEFA entre otros, han amenazado con retirarse y montar toldo aparte. El debate sube de tono.

Nate Silver, uno de esos gurús de las predicciones estadísticas (aunque como todos se equivocó totalmente en las recientes elecciones británicas), ha planteado en su Web una propuesta para romper la FIFA y, se entiende, acabar así con la corrupción. La propuesta es de lo más simple, por no decir simplista: Que los países ricos se retiren (los de la OECD, por ejemplo) y jalando a Argentina y Brasil logren tener un porcentaje tan alto del negocio como para acabar con la corrupción que llega desde esos países pobres de África, Asia y América Latina. Es decir, quite usted a los pobres, esas manzanas podridas, y podrá construir una bella e idílica organización de fútbol prístina e incorruptible.

Olvida mencionar, cosa que no hizo el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, que si unos reciben, otros pagan. Es tan corrupto quien paga como quien recibe. Y si los que recibieron eran tercermundistas, lo que pagaron son varios del primer mundo. La corrupción, tristemente, no es un tema de ricos y pobres.

Al blog de Silver, respondió Branko Milanovic, experto en inequidad, asociado al Banco Mundial, con una columna donde defiende que la corrupción, en su justa medida, es aceptable. A la memoria viene el ex-presidente colombiano Turbay Ayala, quien llegó a afirmar aquello de “reducir la corrupción a sus justas proporciones”. En alguna medida, la posición de Milanovic es similar a la del Diario As de España quien a través de su Director Alfredo Relaño, también defendió la “corrupción en su justa medida“. El argumento de Milanovic (y de Relaño) se basa en la visión histórica del fútbol, aspecto que Silver ignora casi por completo.

En esencia nos recuerdan que antes de la llegada del brasilero Havelange a la presidencia de FIFA, el fútbol era cosa de ricos y de unos pocos pobres que jugaban mucho fútbol y le daban esa esencia mundial al deporte (Argentina, Brasil y Uruguay). Desde su fundación, nos recuerda Milanovic, la FIFA fue un instrumento de la élite europea o “aristócratas” como él los denomina.

La llegada de Havelange a una institución de apenas 8 personas en 1974, coincidió con la expansión del negocio fútbol a las proporciones que tiene hoy: FIFA tiene aproximadamente 1.500 millones de dólares en efectivo. Antes, defiende Milanovic, Stanley Rous como presidente de FIFA, en representación de esa “aristocracia” europea sólo hacía travesuras. Menciona él alguna, pero olvida otras como amenazar con expulsar a Argentina de los mundiales porque Rattin se sentó en la alfombra de la Reina al ser expulsado por insultar en alemán (idioma que no hablaba) o manipular la designación arbitral para beneficiar a Inglaterra y Alemania en detrimento de Argentina y Uruguay en el Mundial de 1966. Esas travesuras, en lenguaje moderno, se llaman abuso de poder y, también son una forma de corrupción.

Blatter, para Milanovic, no es más que un populista que basa su poder en el apoyo de los pobres a quienes él abrió el mundo del  balón. Blatter no hizo más que redistribuir la riqueza y, en ese sentido, debe apoyarse en caciques locales que, como tercermundistas que son, son fácilmente corruptibles. La descentralización del fútbol ha llegado acompañada de un incremento inevitable de la corrupción. Milanovic afirma que en la vida, más inclusión implica más corrupción,  costo que ineludiblemente se debe pagar por disminuir la inequidad.

¿Estamos condenados a vivir corruptos pero equitativos o incorruptibles pero dependientes del eurocentrismo? Si la UEFA se retira (que no lo haría nunca en su totalidad pues Rusia y algún otro apoya a Blatter) sin duda sería un golpe para el fútbol. Pero es difícil imaginarse que ellos logren jalar individualmente a países suramericanos. El fútbol divido entre dos potencias sería el comienzo del fin del gran espectáculo. Eventualmente en Europa surgiría otra federación que se afiliase a la FIFA. Las ligas, que ya no serían de la FIFA, podrían mantenerse, pero surgirían alternativas. En fin, tener dos entes que rijan el fútbol mundial sería el comienzo del fin, algo similar al boxeo cuyo número de entes mundiales son tantos que hace mucho perdí la cuenta.

El statu quo, tampoco es aceptable. Uno de los principales problemas de la FIFA hoy es la figura de Sepp Blatter. Si ama tanto el fútbol como dice, debería renunciar. Su figura, actualmente, hace daño al fútbol. Pero la FIFA como organización es válida. Sus programas de apoyo y expansión del fútbol en zonas apartadas y deprimidas han sido exitosos.

La solución pasa por un punto intermedio entre lo que sugieren Silver y Milanovic. El término del presidente de la FIFA debe restringirse a un tope, quizás de 8 años (es decir a una sola reelección). Lo mismo en las asociaciones nacionales. La restricción restringe el caudillismo y minimiza el populismo. La votación debe ser, además, abierta y la FIFA debe reorganizar el Comité de Ética para que sea de verdad un ente independiente del organismo tal que pueda actuar con mayor libertad y celeridad ante sospechas de corrupción. Cero tolerancia, como contra el racismo.

Blatter acertó en algo. El barco está hundido. Pero no será él quien lo reflote. Debe ser otro quien impulse profundas reformas a la manera cómo funciona internamente la FIFA. Lo que no hicieron los delegados, seguramente lo harán los patrocinadores. La presión lo obligará a retirarse. Sólo entonces se podrá reflotar el barco.

Columna publicada en El Especatador