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La magia del zurdo



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Zurdos han sido varios de los mejores futbolistas de todos los tiempos. Puskas, decía Di Stéfano, “manejaba la bola con la pierna izquierda mejor que yo con la mano”. Zurdos fueron también cracks como Maradona, Rivaldo, Cesar Cueto, Hagi, Ryan Giggs o Rivelino. Messi, el mejor de hoy, lo es. Pero los derechos han sido grandes. Desde Pelé hasta Cristiano Ronaldo pasando por, Willington Ortiz, Zico o Zidane. La leyenda del fútbol, sin embargo habla de la grandeza de los zurdos. Utilizando datos de 566 mediocampistas y delanteros que jugaron entre la temporada 2009/10 y 2015/16 en las English Premier League y la Liga española evaluemos si los zurdos marcan sistemáticamente más goles, realizan más asistencias y regatean más.

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El Arte de Celebrar un Gol


Cuando yo era niño, en los partidos de barrio, en esos clásicos contra los de la otra cuadra, el gol se celebraba a rabiar. El partido solía arrancar en algún punto después del almuerzo y terminaba cuando la luz no permitía ver ya el balón. Los goles se celebraban, pero ese gol definitivo, ese que marcaba el 15-14 en el marcador se celebraba como si hubiésemos ganado la Copa del Mundo. Y sin importar si el gol era maradoniano o de palomero, el equipo entero salía corriendo tras el goleador a celebrar sobre él la victoria que nos llenaba de orgullo.



La celebración siempre se enfocaba sobre aquel que marcaba el gol. Palomero o no. Había una excepción: el penal. Un gol de penal no se celebraba, apenas un ligero gesto de complicidad. Tanto ha cambiado el fútbol. Ahora los penales se celebran, así sea el cuarto en una victoria holgada como aquella burda celebración de Cristiano Ronaldo en la final de la Champions League del 2014.  No sé en que momento se empezó a celebrar el penal. En la final de 1974 entre Alemania y Holanda hubo dos penales. Aún en plena final, las celebraciones fueron de lo más parcas. Un brazo arriba, media vuelta, y algunos abrazos. Tanto Neeskens como Breitner.

Claro que el gol hay que celebrarlo. No hay nada más desagradable que un Balotelli ‘celebrando’ un gol. Cuándo los marcaba por supuesto. Según él, no los celebraba, ni una pequeña sonrisa, porque “ese era su trabajo”. Desde que llegó al Liverpool, parece haber olvidado cuál era su trabajo.

En algún momento la celebración degeneró hasta el punto de convertirse en un anuncio publicitario. Así sucedió con la selección Colombia que, rumbo a Estados Unidos 1994, celebraba cada gol levantando el dedo índice. El patrocinador les pagaba para luego anunciar que su producto era “el número 1”.

Poco a poco se han vuelto extrañas las que para mí son las grandes celebraciones. Esas espontáneas, llenas de alegría. Cuando Jairzinho marcó el 1-0 sobre Inglaterra en el Mundial de 1970, nadie se fue a abrazar a Pelé o a Tostão, asistente y artífice de la jugada respectivamente. Jair salió corriendo y los cracks lo siguieron. Siempre a celebrarlo con el goleador. Hasta el gran Maradona salió a perseguir a Burruchaga tras el gran pase que le dio para que marcará el tercer y definitivo gol en la final ante Alemania en 1986.

 

El mundo cambia. Quizás sea nostalgia. Pero duelen y molestan las palabras de Thierry Henry sobre el gol del “Chicharito’ Hernández en los cuartos de final de la Champions League.  En ese decisivo partido el ‘Chicharito’ Hernández por fin pudo jugar. Jugó con ganas, con rabia, con mucha ambición. Y metió gol. Fue el gol que definió la eliminatoria entre el Real Madrid y Atlético de Madrid. El ‘Chicharito’, consciente que se jugaba su oportunidad lo celebró, con mucha emoción. Pero a Thierry Henry no le gustó. Lo acusó de celebrar como “si hubiese ganado la Copa del Mundo“. Según el francés, el mexicano debió salir corriendo a abrazar a Cristiano Ronaldo que fue quien lo asistió para marcar un gol que, todo hay que decirlo, no tuvo un gran nivel de dificultad.

No. ‘Chicharito’ marcó un gol y salió a celebrarlo con el alma como se celebran los goles importantes, los que clasifican, los que dan títulos y los del barrio. Me alegra que ‘Chicharito’ haya celebrado su gol como lo hizo. Porque, entre otras, de haber ido a abrazar a alguien, debió ser a James. Fue él quien rompió la defensa del Atléti con su pase filtrado al área. Pero esa, es otra historia.

La universalidad de Pelé o Maradona según ‘Google Ngram’

No hay pregunta más divertida en el mundo del fútbol que preguntar por Pelé o Maradona. Los debates son eternos. Son dos de los mejores jugadores de la historia. Con permiso de unos pocos cracks, uno u otro es el mejor de la historia. Mi voto, ya lo he escrito aquí, es por Pelé. Siendo una medida subjetiva, el debate es eterno.

Dada la subjetividad del debate, sería ideal poder aportar argumentos objetivos sobre la universalidad del uno u el otro. Tales indicadores objetivos son posible gracias al proyecto de Google Books Ngram Viewer. Durante ya un tiempo, el gigante tecnológico se ha dedicado a digitalizar libros. No es fácil establecer cuántos ha digitalizado, pero la cifra ya supera los cinco millones de libros. El proyecto de ngram viewer permite revisar el número de veces que se cita una palabra en un libro desde el siglo XVI hasta el año 2008.

Aprovechando tales bondades tecnológicas me di a la tarea de comparar el número de veces que aparece la palabra Pelé en un libro con el número de veces que aparece la palabra Maradona. El ejercicio lo hago en los cinco idiomas que considero más relevantes: español, inglés, alemán, francés e italiano. El portugués, infortunadamente, aún no está disponible. Esto es sin duda una desventaja para Pelé, pues cabría esperar que hay un número importante de libros que lo mencionan y que están escritos en portugués. El ejercicio, en todo caso es diciente. La gráfica a continuación presenta la frecuencia anual con que aparecen citas de “Pelé” o “Maradona” en los cinco idiomas mencionados.

Pele o Maradona el más universal

El eje vertical representa el porcentaje de veces que se utiliza la palabra “Pelé” o “Maradona” respecto al total de palabras simples utilizadas en los diferentes libros publicados en cada año. La normalización se realiza para facilitar realizar comparaciones a través del tiempo sin importar el número de libros que se hayan publicado en un año dado. Es decir, es de esperar que en el 2005 se publicaron muchos más libros que en 1958. Al tomar el porcentaje se relativiza la importancia de cada palabra según el número total de libros publicados.

La gráfica inicia en 1958, año del debut de Pelé en mundiales. El Rey, cabe recordar, se retiró en 1971 de la selección brasileña luego de brillar como nadie lo había hecho en un Mundial: el de México ’70. Pelé prácticamente se retiró a fines de 1974 del Santos, pero regresó al fútbol en 1975 para brillar en el Cosmos de Nueva York. Su despedida definitiva de torneos de alta competencia llegó en 1977.

Maradona despuntó, a nivel internacional, en el Mundial Juvenil (hoy Sub 20) de Japón. Pero su calidad ya se paseaba un par de años antes por los terrenos argentinos. Menotti estuvo cerca de convocarlo al Mundial de 1978, pero finalmente no se atrevió a llamar al joven crack de 17 años. En 1982 se fue al Barcelona de España donde no cuajó. Su consagración llegó en Nápoles, pero su año de gloria fue en 1986 cuándo guió a la Argentina al título mundial. Cuatro años después logró el subcampeonato. Maradona se retiró en 1997, pero entre diferentes escándalos de doping y problemas en su vida personal, en la práctica estuvo saliendo del fútbol de alta competencia desde 1994 (incluso antes, dirían algunos).

La gráfica ilustra que el reconocimiento de Pelé tuvo un continuo ascenso hasta 1975. Su carrera en el Cosmos frenó la universalización del crack brasileño. En 1986 hay un quiebre de tendencia y la palabra “Pelé” vuelve al primer plano mundial. Coincidencia? No creo. Aquel año comenzó el debate. Había por fin alguien con la fuerza futbolística y mediática para disputar el trono al Rey: Maradona.

Antes, nótese que hay algunos “Maradona” en la década de los 50 y 60. Estos, evidentemente, no se refieren al gran Diego Armando. La implicación de esto lo dejamos para un poco más adelante.

Entre 1986 y 2003, las curvas de ambos son prácticamente paralelas. El debate sobre el mejor jugador de la historia estaba en su apogeo. Como dijo Valdano a Maradona tras el gol a Inglaterra en 1996: “Ya está, te acabas de sentar en el mismo lugar que Pelé”. Las cifras confirman tal afirmación.

En 2003 hay un quiebre de tendencia para Maradona. La frecuencia de su nombre se dispara. Las razones, tristemente, son extradeportivas. Maradona en 2003 se separó de su esposa, y de su representante de toda la vida, Guillermo Cóppola. En 2004 casi se muere por problemas de adicción a las drogas. El incremento de la palabra Maradona en esos años es amarillismo, donde seguramente la literatura se enfocaba en el drogadicto, no en el futbolista. Pero por una cosa u otra, la realidad es que desde 2004 el nombre de Maradona es bastante más universal que el de Pelé.

La tendencia general sugiere que Maradona es más universal. Entre 1986 y 2003, los años más divertidos del debate, su nombre se cita con mayor frecuencia. Si todas las referencias son de Diego Armando, fin de la historia. Los datos disponibles sugieren que el jugador más universal es el pequeño gigante argentino. Pero, recordemos, antes de 1975 hay unos Maradona que se citan en los libros. Debo confesar que no tengo claro quienes son. Si estos se siguieran citando con la misma frecuencia en los años posteriores a 1975, las curvas de Maradona y Pelé entre 1986 y 2003 son prácticamente iguales.

Por otro lado, falta incluir el portugués. Cuándo estén disponibles los datos en ese idioma tendremos que revisar la entrada. Por ahora, los números absolutos nos dicen que se nombra más a Maradona que a Pelé. Con los ‘peros’, eso dicen las cifras. Será entonces cierto que Maradona es el más universal?

Cruyff: Irreverente, solidario y familiar

Cruyff fue el mejor jugador del Ajax tricampeón de Europa y de la Holanda que revolucionó el mundo del fútbol en Alemania 1974. Las tres Copas de Europa, la Copa Intercontinental que ganó y la sensación de haber roto en dos la estructura del fútbol mundial con la Naranja Mecánica de 1974 son razones más que suficientes para considerarlo uno de los mejores jugadores de la historia. Él fue la guinda del pastel del equipo perfectamente sincronizado que armó Rinus Michels y mantuvo en la cumbre Stefan Kovács. Con Michels el Ajax ganó su primera Copa de Europa en 1971. Al finalizar aquella temporada se fue a entrenar al Barcelona. Kovács, el reemplazo, mantuvo el ideario y con él, el Ajax ganó dos Copas de Europa adicionales.



La retirada de Michels coincidió con la cada vez más fuerte influencia de Cruyff en el cuadro de Ámsterdam. Esas influencias, dicen las malas lenguas, Kovács nunca supo o nunca quiso controlarlas. El Ajax era un equipo típico de la sociedad de los setenta. Revolucionario, cooperativo pero al mismo tiempo anárquico. Los rumores de indisciplina y desordenes internos eran constantes. La demostración del poder del equipo, de los jugadores, llegaría en la primavera de 1972. Con Cruyff a la cabeza los jugadores se rebelaron contra la decisión de las directivas de echar a Kovacs. Acababan de eliminar al Benfica, campeón portugués, en la semifinal de la Copa de Europa. ¿El pecado? El Ajax había ganado la eliminatoria por un global de 1-0. Para los directivos era inaceptable un resultado tan ajustado.

Cruyff defendió a Kovacs y también a la capacidad de los jugadores para tomar parte en las grandes decisiones. Esa fue una constante de Cruyff en el fútbol holandés. Dado que su llegada al primer plano holandés coincidió con la llegada del fútbol profesional a aquel país fue él el encargado de negociar y asumir el liderazgo en busca de mejorar las condiciones laborales del futbolista. Quizás no en el mundo, pero en Holanda, sin ninguna duda, fue el primer futbolista que se preocupó de los derechos de él y sus compañeros de trabajo. La otra versión, la más extendida, es que a Cruyff le encantaba el dinero. Eso también es cierto, pero yo situaría la realidad en algún punto intermedio entre los dos extremos. Tenía gran interés en el dinero, pero por ello mismo era el más interesado en defender las reivindicaciones salariales y laborales de él y de sus compañeros.

Semanas después de la revuelta en defensa de Kovacs el Ajax, en el estadio del gran rival, el Feyernoord Stadium de Rotterdam derrotó al ultradefensivo Inter de Burgnich, Faccheti, Mazzola y Boninsegna. Lo hizo con dos goles de Cruyff y con Kovacs aún en la dirección técnica.

Por entonces los rumores de indisciplina en el seno del equipo eran cada vez menos rumores, cada vez era más evidente la inestabilidad del grupo. Kovacs aún pudo ganar la Copa de Europa en 1973, esta vez ante la Juventus de Turin. Pero había llegado el momento de abandonar el barco. Se fue del Ajax al finalizar la temporada de 1973, con dos Copas de Europa y una Intercontinental en su palmarés. Como reemplazo se trajo a George Knobel quién, entre sus primeras decisiones, decidió someter a votación el puesto de capitán del equipo. El ganador no fue Cruyff, cuya influencia era cada vez menos apreciada por el grupo. Fue nombrado capitán Piet Keizer, compañero de Cruyff desde los primeros años. Poco importaría. Cruyff por fin cumpliría su sueño de irse al Barcelona. El Ajax, por su parte, se desintegró entre acusaciones del propio Knobel sobre las continuas parrandas de sus jugadores.

No hay error de redacción. Cruyff había estado intentado irse al Barcelona desde la marcha de Michels. Pero la normativa vigente se lo impedía. Después del fracaso de España en el Mundial de Chile de 1962 las autoridades españolas culparon de tal a la presencia de jugadores extranjeros en la liga local. La solución pasó por cerrar las fronteras a todo jugador extranjero. Aun así, en 1971 Cruyff estuvo a punto de fichar por el Barcelona. Su suegro, Cor Coster, quién le llevaba las riendas mostraba al Ajax su disconformidad por el salario que percibía en aquel entonces. Ideó entonces un esquema para traspasarlo a Italia o España y de allí, dado que ambas ligas estaban cerradas a jugadores extranjeros, llevarlo cedido al Feyernoord que le ofrecía mejores condiciones económicas. El más interesado en participar en aquel esquema fue el Barcelona. Por unos 24.000.000 de pesetas (unos 2.650.000 euros de hoy) el Barça podría haber cerrado la operación. Pero aquella era una jugada arriesgada para todos los involucrados. Por una parte, el Barcelona invertía esperando la apertura de fronteras. Por otra el Ajax estaría cediendo a su máxima estrella al odiado rival. La operación al final nunca se cerró en esos términos. El Ajax mejoró los términos salariales de Cruyff y éste renovó por siete años con el equipo de Ámsterdam. Tiempo después Cruyff dijo que había renovado cansado de especulaciones sobre su traspaso al fútbol español y porque era la oportunidad de asegurar su futuro ante una eventual lesión que lo marginara del fútbol.

La frontera se abrió a extranjeros en 1973. En ese momento el Real Madrid picó en punta en la carrera por contar con los servicios del crack holandés. El Ajax pidió 50 millones de las antiguas pesetas (aproximadamente 4.500.000 de euros de hoy día). Santiago Bernabéu ofreció apenas 30 (2.700.000 euros de hoy). Pero el Barcelona quería a Cruyff y Cruyff quería irse a la ciudad condal. El Ajax, enfrentado con su máxima estrella sacó el máximo provecho de la puja Real Madrid – Barça y de los propios deseos del jugador por irse. Lo vendió al Barcelona por unos 6.000.000 de florines, aproximadamente €8.000.000 de hoy.

Cruyff triunfó parcialmente en el Barcelona. Debutó en la octava jornada con el Barça lejos de los punteros. Gracias a su presencia ganó la liga con goleada incluida sobre el Real Madrid en el Bernabéu. La participación del Barcelona en la correspondiente Copa de Europa la frenó en semifinales el rocoso Leeds United, ya no entrenado por el legendario Don Revie, sino por Armfield. Después, Cruyff sólo ganaría una Copa del Rey, en abril de 1978. Sería su segundo y último título con el Barça porque Josep Lluis Nuñez, recién posesionado como presidente del Barcelona, y quien comandaría la nave azulgrana hasta el año 2000, decidió no renovarle.

Durante la campaña electoral, tras un partido de la Copa de la Uefa contra el AZ’67 holandés, Cruyff se negó a darle la mano a Nuñez para no ser fotografiados juntos. Él apoyaba a Agustín Montal quien lo había llevado al Barça. Nuñez, quien después tendría desavenencias con otros cracks como Maradona o Schuster, lo sacó en cuanto tuvo oportunidad. No deja de ser curioso que años después fuese el propio Nuñez quien llevara a Cruyff a dirigir al Barcelona. Aún entonces, su relación con el presidente siempre fue tirante.

La decadencia de Cruyff fue abrupta. Se retiró un tiempo, fue a Estados Unidos, el Levante, regresó al Ajax e incluso jugó en el Feyernoord. Pero ya sus mejores años habían pasado. Sin embargo, con 31 años podría haber disputado el mundial de Argentina. Nunca aclaró las razones. La razón más extendida fue que se había negado a jugar por razones políticas, inconforme con la dictadura militar que pretendía utilizar el mundial como aparato propagandístico. Cruyff, decían, no jugaría en un país donde se violaban masivamente los derechos humanos.

Cruyff y las "dos" rayas de AdidasOtros argumentos para justificar la ausencia de Cruyff fueron más mundanos. Adidas, para el mundial de 1974, era el proveedor oficial de uniformes para la selección holandesa. Cruyff, sin embargo, tenía un contrato de exclusividad con Puma. La disyuntiva la solucionó Cruyff quitando una raya a su uniforme. Así, mientras el resto de compañeros utilizaba las tres rayas de Adidas, Cruyff sólo llevaba dos. Dado que Adidas siguió siendo el patrocinador de Holanda en 1978, algunos argumentaron que esto (y lo de la dictadura, por supuesto) era la gota que había rebasado el vaso. Una tercera vía era aún más simple: no había ido al mundial por influencia de su mujer.

La realidad, efectivamente es personal y la influencia es familiar, pero no parece que sea culpa de su mujer. A raíz de la publicación de un libro de Charly Rexach, exjugador y excompañero de Cruyff en el Barça, donde hablaba de la influencia de la familia para Cruyff, éste, en abril del 2008 acalló para siempre los rumores. En una entrevista a Catalunya Radio Cruyff contó que tuvo múltiples problemas en sus últimos años en el Barcelona. Particular impacto tuvo un episodio en su apartamento a fines de 1977. Cuenta Cruyff que le pusieron “un rifle en la cabeza” y un delincuente, presunto secuestrador, lo ató a él y a su mujer delante de sus tres hijos. El secuestrador, de nombre Carlos Gonzalez Verburg, llevaba una escopeta recortada con una bala en la recámara. A Cruyff le tapó con esparadrapo los ojos y la boca. Pero en un descuido la mujer se liberó, tomó el arma y salió corriendo y gritando por ayuda a la escalera del conjunto. Los vecinos, muy prestos, rodearon al delincuente que había intentado escapar por el garaje.

A raíz del incidente la policía durmió varios meses en su vivienda, él llevaba guardaespaldas a los partidos y sus hijos debían ir con seguridad oficial al colegio. Dice Cruyff, “queríamos parar un poco y ser un poco más sensatos. No podía jugar un mundial después de eso”. Simplemente, dice, un mundial no consiste sólo en jugar bien. Es también un doscientos por cien de mentalidad de victoria. En ese momento, él no la tenía.

Cruyff apenas jugó 48 partidos con la selección naranja. Marcó 33 goles. A estos se suman los 291 que marcó por clubes en los 520 partidos que jugó. Un excelente promedio de 0,57 goles por partido. Quizás, de no ser por aquel delincuente, toda la propaganda de Videla en Argentina habría sido en vano. Quizás. La historia es una y dice que Holanda perdió la final con Argentina en 1978, 3-1. Y Cruyff no la jugó.

 

El gol imposible de Cruyff

El mejor futbolista de la historia. Los cinco del Olimpo

El debate sobre el mejor jugador de todos los tiempos es tanto o más apasionante que aquel sobre el mejor equipo del mundo. Como con los equipos, un buen número de “expertos” censura este debate. Argumentan, no sin razón, que comparar jugadores de diferentes épocas y que juegan en diferentes posiciones es elegir entre peras y manzanas. Puede ser cierto, pero esta es una discusión que ningún aficionado al fútbol puede eludir.



El Olimpo del fútbol está reservado para aquellos que marcaron una época y cuya leyenda trasciende sus años dorados. No es sorpresa que esté altamente correlacionado con aquella de los mejores equipos del mundo. Al fin y al cabo ya anotamos que una característica común de los mejores equipos de la historia era que contaban con un jugador franquicia.

La FIFA a finales del siglo XX decidió elegir al mejor jugador del siglo mediante una votación por Internet. La idea se les enredó. En el ciberespacio ganó Maradona. Pero el ciberespacio era en esa época territorio inexplorado por aquellos con edad para haber visto a Pelé en directo. La juventud, por el contrario, había visto en directo las hazañas de Maradona. Las de Pelé apenas las conocían por padres y abuelos. Y ya se sabe. Una imagen vale más que mil palabras. La FIFA decidió entonces ofrecer a ambos cracks compartir el premio. Maradona no aceptó. Pelé tampoco. Sus palabras fueron: “Antes de hablarme a mí, Maradona debería pedir permiso a Sócrates, Tostao, Zico, Romario y a tantos otros jugadores brasileños. Y luego de hablar con ellos, tendría que pedir permiso a Di Stéfano y a Moreno”. La decisión pasó por entregar dos premios. Uno a Maradona como ganador de la encuesta por Internet. Otro a Pelé, nombrado mejor jugador del siglo por el comité de técnicos de la FIFA. Una solución salomónica que no dejó satisfecho a nadie.

Escoger uno es casi imposible. Pero sí hay un ramillete de jugadores que están en todas las quinielas. Pelé, Maradona, Cruyff y Di Stéfano están entre los cinco mejores jugadores de todos los tiempos para la práctica totalidad de aficionados y profesionales relacionados con el mundo del balón. No hay una encuesta universal. Al menos no la conozco, pero esa es mi percepción.

Algunos, quizás los más jóvenes, incluyen a figuras como Ronaldo (el brasilero) o Zidane entre los mejores jugadores de la historia. No les faltan méritos objetivos. Ambos campeones del mundo, Ronaldo máximo goleador histórico de los mundiales, Zidane lo ganó todo a nivel de selección y de clubes. Pero les faltó ese intangible para entrar al Olimpo. Un intangible indescriptible que quizás tenga que ver con la leyenda propia de jugadores o con el hecho de que ninguno jugó en uno de los mejores equipos de toda la historia. Ambos, es cierto, coincidieron en el Madrid de los “Galácticos”. Aquel que armó Florentino Pérez trayendo a los mejores jugadores del momento. Primero llegó Figo (en el 2000), luego Zidane (2001), Ronaldo (2002) y por último David Beckham (2003). Aquel equipo “Galáctico” ganó la liga de 2001, la Liga de Campeones en 2002 y su correspondiente Copa Intercontinental. En aquel equipo no jugaba Ronaldo. Ambos si estarían en la liga conquistada en 2003. A pesar de estos triunfos pocos, incluso entre los madridistas más acérrimos, se atreverían a poner a aquel equipo al nivel del Madrid de las 5 Copas de Europa.

Pero sí Zidane y Ronaldo no llegan al podio, si hay un quinto candidato que juega entre nosotros en la actualidad: Lionel Messi. Su nombre genera polémica por diferentes razones. Sobre todas destaca la polarización que vive el mundo futbolístico entre barcelonistas y madridistas. Los azulgrana los defienden, los blancos lo repudian. Otros, más objetivos, argumentan que sus triunfos en el Barcelona no se corresponden con su éxito en la selección nacional. Participó decisivamente en el torneo olímpico que ganó Argentina en China 2008. Pero en Copa América y, particularmente, en mundiales no ha podido triunfar. En 2007, en la Copa América de Venezuela la albiceleste partía favorita para ganar el partido decisivo a Brasil. Pero un sorpresivo 3-0 evitó que la selección Argentina levantara un trofeo que no obtiene desde 1993.

Messi ha jugado dos mundiales, en Alemania 2006 y en Sur África 2010. Al primero llegó joven, era suplente y aunque marcó un gol frente a Serbia su papel era secundario. Tan secundario que en cuartos de final Pekerman, el entrenador argentino, se negó a meterlo para rematar el partido que ganaban 1-0 frente al anfitrión. Cuando el mundo esperaba la entrada de Messi para aprovechar los huecos que dejaban los alemanes desesperados por alcanzar el empate, Pekerman se decidió por el rocoso delantero del Inter de Milan, Julio Cruz. El resultado final fue de empate a uno y la posterior eliminación desde el punto de penal.

Cuatro años después, Messi llegó como líder de un equipo que entrenaba Diego Armando Maradona. Ni Messi fue el líder que todos esperaban, ni Maradona era el entrenador que sólo él se imaginaba. Alemania le pasó por encima a Argentina en cuartos de final. Messi no marcó un solo gol en aquel mundial.

Pero siguió ganando y rompiendo récords. Y camino a Brasil 2014 su peso en la selección Argentina ha subido enteros. Para ser el mejor de la historia, como demuestran el caso de Cruyff o Di Stéfano, no hay que ganar un mundial. Pero si lo gana, nadie lo pondrá en duda. El debate sobre la presencia de Messi en el Olimpo continúa. Yo creo que ya entró. Pero el mejor sigue siendo Pelé!

Votemos sobre el mejor futbolista de la historia. Yo, definitivamente, creo que está entre estos cinco. Pero la libertad de opinión es norma en Gol y Fútbol. Puede votar por otro. En los comentarios (no es necesario registrarse) puede indicarnos cual fue la “otra” elección.

Quién ha sido el mejor futbolista de la historia?

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Messi, sangreyuca? pecho frío?

Messi ha marcado en 16 partidos consecutivos de liga. Récord en España. Messi lleva 39 goles está temporada. Impresionante si se tiene en cuenta que estas cifras son a febrero, cuando aún queda un tercio de liga y además, hasta hace no mucho, el récord en España eran los 38 goles de Zarra y Hugo Sánchez. Pero el Barcelona perdió dos partidos con el Madrid, uno con el Milan y de repente el mundo se vino encima.




Algunos, como Jorge Barraza, incluso comienzan a hablar de fin de ciclo, del fin del gran Barça del toque y el buen trato al balón. Es posible. Pero otros van más allá. Se lee en las redes sociales, en ciertos círculos del balón. Para estos Messi es un sangre-yuca, como dirían en Colombia. Messi es un pechofrio dirían en Argentina. No se le vio garra, no se echó el equipo al hombro. Ese par de clásicos demuestran, dicen, que Lionel no se muestra en los partidos importantes. Olvidan que ha igualado a Di Stéfano como el máximo goleador en partidos frente al clásico rival.

Además, cuando se habla de los fracasos de Messi, siempre aparece el nombre de Maradona. El ídolo que nunca se arrugó en un partido. Pero la memoria es corta. Si de Messi ya se olvidaron de sus 39 goles, no extraña que se olvide la historia de Maradona. Recordemos un partido en particular. El 16 de septiembre de 1987 se enfrentaron en primera ronda de la Copa de Europa de Campeones de Liga el Real Madrid y el Nápoles. Era la primera participación del equipo del sur de Italia en la máxima competición continental. Debido a su escasa, si no nula historia continental no fue cabeza de serie en el sorteo. La suerte quiso que se enfrentaran el campeón español y el campeón italiano.

El partido, por supuesto, centró la atención de mundo futbolístico. Era el equipo más tradicional de la Copa de Europa contra el equipo del gran Maradona, aquel que había logrado romper el dominio de los poderoso cuadros del norte de Italia. El partido tenía además un componente adicional. Debía jugarse a puerta cerrada, sin público.

El Real Madrid había sido sancionado por los incidentes de los ultras sur en el partido de semifinales de la Copa de Europa de la temporada anterior frente al Bayern München. Si el partido de ida se recuerda por el pisotón en la cabeza de Juanito a Mattheus, el partido de vuelta trae a memoria la barra de hierro que los ultras blancos lanzaron a Jean Marie Pfaff, el arquero belga al servicio del equipo bávaro. Tras de eliminados, al Madrid le cayó una sanción ejemplar: dos partidos a puerta cerrada. La sanción posteriormente se redujo a un partido a puerta cerrada y el otro a jugar a un mínimo de 300 km. de su estadio.

Maradona ChendoAsí que ese primer partido de Maradona en Copa de Europa se jugó sin público: en total se contaron 499 en el recinto aquella noche. El Nápoles, cuentan las crónicas, salió a defenderse dejando a Maradona detrás de Giordano para intentar con su habilidad ganar el partido. Pero “el abandono físico” de Maradona era escandaloso. Genio, pero genio sin garra, genio sin fuerza. La imagen del partido fue aquella de Maradona marcando a Chendo el marcador derecho del Real Madrid. Lo que debió ser un baile de Maradona sobre Chendo terminó registrado como la noche en que el gran Diego se vio obligado a ejercer de marcador de punta. El Madrid ganó la ida 2-0. El titular en Italia fue diciente: “Sin público y sin Maradona”.

El partido de vuelta comenzó bien para el Napoles. Marcó pronto Francini tras fallar Buyo, el arquero blanco, en un remate relativamente sencillo de Careca. Pronto sin embargo empató Butragueño a pase de Hugo Sánchez. Pero Maradona nuevamente se ausentó en vida. Sin disciplina para entrenarse como debía, su aporte a la primera aventura del Nápoles en la máxima competición continental fue nula.

Trece días tardó Maradona en recluirse en una clínica de reposo en Merlano. Allí el doctor que lo atendió acusó al Napoles de inyectar a Maradona cortisona, “no hace una semana o dos, sino hace tres años, por lo menos”. Maradona, ya entonces, desde su estadía en el F.C. Barcelona, tenía problemas con la droga. Pero en principio esta reclusión era simplemente para recuperar al crack física y anímicamente  No sería esta la última vez que Diego visitaría la clínica de reposo en Merlano. En agosto de 1989 se limitó a informar al Club que no jugaría el primer partido de liga porque no renunciaría a la “cura de reposo”. En aquella ocasión, el reposo tuvo efecto. Maradona volvería por la puerta grande. Llevó al Napoles a ser campeón y con 16 goles fue el tercer máximo goleador del Calcio tras Van Basten (19) y Baggio (17).

Maradona se fue y volvió. Maradona se arrugó y apareció. Quienes lo vimos jugar en 1986 y luego en 1990 sabemos que aunque en ambos casos se preparó individualmente con su equipo de confianza para enfrentar la máxima cita de selecciones, no era el mismo en Italia que en México. De hecho, en Italia ’90 no marcó un sólo tanto. Pero contribuyó a llegar a la final. Y es que no hay jugador, por más grande, por más Pelé o Maradona que sea, que rinda al 100% todos los partidos, por más importantes que sean.

Messi tiene 25 años. No está acabado. Es un bache normal en un deportista de élite. Quizás el Barça de Pep, con Messi eso sí, haya sido el equipo más grande de la historia. Pero el Barça de Messi, el de la era post-Guardiola también ganará partidos y títulos. Maradona tenía malos partidos, malas temporadas inclusive. Pero no era sangre-yuca, no era pecho frío. Messi tampoco. Un tipo que lleva 16 partidos marcando gol en una de las ligas más poderosas del mundo, un tipo que ha marcado los mismos goles que el gran Diego hizo en una de sus mejores temporadas con el Nápoles no puede ser catalogado de flojo. Está en la parte de abajo de la curva. Ya volverá.