Tag Archives: Mundial 1934

Trump, la FIFA y el camino a seguir



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Infantino, el presidente de la FIFA dijo recientemente que en la Copa del Mundo “cualquier equipo, incluidos hinchas y dirigentes de ese equipo que se haya clasificado, necesitan tener acceso al país”. Hacía referencia a la posibilidad de que el Mundial de 2026 se celebre en los Estados Unidos. Mostraba su preocupación por las políticas discriminatorias del Presidente Trump. Hace muy bien Infantino.
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El fútbol Centroeuropeo: Superpotencias que nunca ganaron el Mundial



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La Eurocopa 2016 trae un partido, Austria – Hungría, que aviva la nostalgia. Participan además la República Checa y Eslovaquia. Antigua Checoslovaquia. Durante toda la primera mitad del siglo XX, eran superpotencias futbolísticas. Pero nunca pudieron ganar un Mundial.  Continue reading El fútbol Centroeuropeo: Superpotencias que nunca ganaron el Mundial

El Marcador más Frecuente de los Mundiales de Fútbol


Los goles, ya lo estudiamos hace unas semanas, son raros. Eso diferencia al fútbol de otros deportes. En baloncesto, béisbol o incluso hockey sobre hielo las anotaciones son más frecuentes que en el fútbol.



Siendo una rareza no extraña que el resultado más común en el mundo del fútbol sea el 1-1. Lo es según The Numbers Game para  la EPL, la Bundesliga, la Liga Española y el Calcio. También lo es, lo mostramos, para Colombia. En estas ligas el rol del local y el visitante es claro. Es decir, el 1-1 es el resultado más común porque no es lo mismo un 1-0 (victoria de local) que un 0-1 (victoria del visitante).

En los mundiales de fútbol, sin embargo, salvo uno de los participantes, el rol de local y de visitante es más difuso. En una entrada posterior analizaremos la ventaja que puede haber entre jugar o no en el continente de origen, es decir, de ‘local’. Por ahora centrémonos en revisar cuál es el resultado más frecuente en la historia de los mundiales. La siguiente gráfica ilustra los resultados utilizando todos los partidos jugados entre Uruguay 1930 y Sur África 2010.

Frecuencia de los marcadores en los mundiales de fútbol

 

El resultado más común no es el 1-1. El marcador más frecuente es la victoria por la mínima (18,8% de los partidos). El 1-1 apenas es el cuarto resultado más común (9,8%). Quizás por ello el primer 1-1 no se dio hasta el famoso partido entre Italia y España, ya en Italia 1934, el segundo mundial de la historia. En el primer mundial, el de Uruguay 1930, en cambio ya el 1-0 fue el resultado más común.

La victoria por 2-1 (14,5%) y 2-0 (11%) son, después del 1-0, el resultado más frecuente en la historia de los mundiales. El 0-0, ese marcador triste que suele ser indició de un partido feo, es el cuarto resultado más común. El primer empate sin goles no se registró hasta el 11 de junio de 1958. Curioso, aquel partido enfrentó a dos de los equipos que históricamente se han caracterizado por la poca tacañería en su juego: Inglaterra y Brasil.

Las resultados menos frecuentes son, por supuesto, los más abundantes en goles. El que más recuerdo es el 10-1 que Hungría le endosó a El Salvador en 1982. Aquel día jugó el ‘Mágico’ Gonzalez. Pero ni él, con su infinita calidad, pudo evitar el mayor desastre de los mundiales.

El 8-3 corresponde a la goleada que Hungría, la inolvidable selección liderada por Puskas endosó a la República Federal Alemana en la primera ronda del Mundial de Suiza 1954. La historia sugiere que el equipo germano prefería perder ese partido. La derrota frente a Hungría obligó a los germanos a jugar un partido de desempate frente a Turquía. El marcador también es único en la historia de los mundiales: 7-2 en contra de la selección otomana. La predicción del ‘Zorro” Herberger, entrenador teutón, se cumplía a la perfección. Perder con Hungría mandaba a los ‘magiares’ a luchar en cuartos y semifinales contra dos potencias suramericanas: Brasil y Uruguay.

Alemania, mientras tanto, tendría que enfrentarse en semifinales al vencedor del partido de cuartos de final entre Austria y Suiza. En aquel partido Austria destrozó el cerrojo que Karl Rappan, precursor del catenaccio, había impuesto en la selección Suiza: 7-5 ganó el equipo centroeuropeo. Famosa es la anécdota del ‘Zorro” Herberger quien argumentó que “si Suiza le marcó cinco a los austriacos, nosotros tenemos que marcarles seis”. Cumplió. Alemania ganó la semifinal de aquel torneo 6-1.

El 6-5 se marcó en la primera ronda del Mundial de Francia 1938. Aquel día, tras empatar 4-4 en el tiempo reglamentario, Brasil derrotó a Polonia con tres goles, incluyendo el quinto y el sexto, de Leónidas, conocido como el ‘Diamante Negro’. Uno, incluso, lo marcó descalzo.

En Suecia 1958, Just Fontaine, camino de su aún vigente récord, 13 goles anotados en un sólo mundial, le marcó tres goles a Paraguay. El 2-2 del primer tiempo fui insuficiente para los sudamericanos que se vieron arrasados en el segundo tiempo hasta llegar a la cifra de siete goles en contra. Los tres tantos guaraníes no compensan una de las mayores derrotas de los mundiales.

El día que en Inglaterra ’66 Portugal perdía 3-0 en cuartos de final, Di Stéfano se levantó y apostó a favor de los portugueses: “¿Nadie quiere jugar a favor de un equipo que gana tres a cero?” El crack argentino sabía que Corea del Norte, equipo correoso, no podía jugar de otra forma. Si en el minuto 24 ganaba 3-0, en el 42 la ventaja ya no era más que de un gol. En el segundo tiempo, el gran Eusebio marcó dos goles adicionales que, sumados al de Augusto, sentenciaron el histórico 5-3 definitivo.

El mundial de 2014 será seguro de 1-0’s, 2-1’s, 2-0’s y 1-1’s. Como lo han sido todos los mundiales. Pero estemos atentos. Alguna goleada habrá. En 2002, Alemania aplastó 8-0 a Arabia Saudita, en 2006 Argentina a Serbia y Montenegro 6-0 y en 2010 Portugal a Corea del Norte 7-0. La televisión del hermético país asiático, entusiasmados por el brillante desempeño de su selección en su primera presentación frente a Brasil (perdieron apenas 2-1) decidieron obviar su política de transmitir el partido en diferido. Su segundo partido, contra Portugal, se transmitiría en riguroso directo. El primer partido apenas perdían 1-0. La debacle llegó en el segundo. Dicen las crónicas que gol tras gol el locutor perdía fuerza. Defender al “Querido Líder” se tornaba imposible ante semejante goleada. Al final, el locutor silenció totalmente y, seguramente, sólo las vuvuzelas pudieron escuchar los televidentes en Corea del Norte.

Ya falta poco para saber si la goleada que llegue en Brasil 2014 sea motivo de lagrimas o celebraciones. Nadie desea imitar la amargura de los norcoreanos.

 

 

El nacimiento de la WM: El fuera de lugar

La ley del fuera de lugar, o de fuera de juego como le dicen en España, es quizás la más compleja del fútbol. Su historia es tan antigua como el fútbol mismo. Al menos en su versión moderna.




El fútbol, en sus inicios era de ‘ataque’. Por allá a mediados del siglo XIX el juego consistía en un jugador corriendo delante con el balón y los demás apoyándolo detrás en caso que el balón rebotará ante la oposición del equipo rival.

En diciembre de 1863, después de 15 años de intentos frustrados, por fin se establecieron algunas reglas que ayudarían al desarrollo único del fútbol. Se concluyó, por una parte que el fútbol no podía jugarse con la mano. La Ley VI prohibió hacer pases hacia adelante, sólo podía pasarse hacia atrás o lateralmente. Si el balón iba hacia adelante, un jugador del mismo equipo no podía tocar el balón (ni obstruir al contrario) pues se encontraba en fuera de lugar (o de juego).

La norma se modificó en 1866. Se permitió el pase hacía adelante siempre que hubiese 3 jugadores del equipo contrario entre el receptor y la portería contraria. Esto es esencialmente la regla moderna, pero con un jugador de más. Esta es la historia conocida de la norma. Pero hay algunas modificaciones menores que vienen magistralmente referenciadas en el libro “Invirtiendo la Pirámide (libro complejo de leer, pero muy recomendado para los aficionados a la historia de la táctica). Una provenía del norte de Inglaterra, de Sheffield. Allí se aceptó en 1865 la norma del sur (la descrita arriba) pero sólo con un defensor entre el delantero y la línea de gol. ¿El portero? eso no tiene sentido pensará el lector. Si se tiene en cuenta que la posición de portero no fue reconocida hasta la década de 1870´s, quizás la norma ya tenga algún sentido.

En Escocía el Queen’s Park adoptó en su fundación, en 1867, una norma algo diferente: habría fuera de lugar si el jugador estaba más allá del penúltimo defensa y además se encontraba en las últimas 15 yardas de la cancha. Es decir, algo menos de 3 metros del área de penal de hoy. Hacía 1870, al incorporarse a la Asociación de Fútbol de Inglaterra aceptó la norma de 1866, aquella donde se requerían tres jugadores para establecer el fuera de juego.

El esquema táctico de la época era relativamente simple: 2 – 3 – 5. Es decir, dos atacantes, tres medios y 5 atacantes, generalmente un punta abierto por cada banda y dos interiores que generalmente estaban algo más retrasados. Dada la norma del fuera de lugar y la existencia de dos defensas, bastaba con que uno se adelantara y situara en fuera de juego a la delantera rival.

La estrategia de dejar en fuera de juego al rival fue llevado a la perfección por diversas parejas en la liga inglesa. Para 1925 el fútbol estaba en crisis por falta de goles. Las asistencias caían. Se determinó oficialmente que la culpa era de la norma del fuera del lugar. Después de un agitado debate, a partir de la temporada 1925/26, se procedió a adoptar la norma del fuera de lugar como existe hoy. Un jugador está en fuera de juego si está más cerca de la línea de meta contraria que el balón y el penúltimo adversario. Es decir, sin entrar en detalles sobre la ubicación del campo y demás consideraciones que están anotados en el enlace a la norma completa de la FIFA, el jugador más adelantado debe tener a dos jugadores entré él y la línea final. Uno, suele ser el portero.

El cambio de norma dio más espacio a los delanteros rivales fomentando el pase largo al delantero. Había que adaptar la táctica a la nueva norma. El maestro en el proceso, si bien no necesariamente el primero, fue Herbert Chapman. Llegó al Arsenal en 1925 procedente del Huddersfield Town donde ganó dos veces la liga inglesa y dejó las bases sentadas de un tercer título.

El Arsenal no era el poderoso equipo que es hoy pues, entre otras cosas, jamás un equipo de la capital inglesa había ganado un título. Chapman firmó con dos condiciones: (i) no habría restricciones monetarias a la hora de contratar jugadores; (ii) pasarían cinco años antes de ganar cualquier título. Fue en la práctica el primer manager del fútbol británico.

Ya en 1922 Chapman había optado por retrasar al medio centro, el jugador de la mitad en los tres del medio de la formación 2-3-5. Otros equipos, empujados también por consideraciones defensivas, habían en ocasiones retrasado el medio centro. Eso, por supuesto, implicaba pasar de 2 a 3 defensas. El objetivo (y el mérito) de Chapman en este caso era promover el juego por el medio en lugar del abierto que solía practicarse. Consideraba él que éste era más beneficioso para su equipo.

En el Arsenal Chapman perfeccionó el esquema. Al retrasar el medio centro hacia la defensa, el medio campo quedaba débil con sólo dos jugadores especialistas en la posición. Sería un 3-2-5, tres defensas, dos medios y los cinco delanteros. La solución pasó por retrasar uno de los cinco de arriba y montar un esquema 3-3-4, es decir, tres defensas, tres medios y cuatro delanteros. Ciertamente un sistema mucho más equilibrado.

El esquema se ajustó con el tiempo. Los laterales fueron los encargados de marcar a los punteros (o extremos) del equipo contrario mientras que el defensa central marcaba al nueve o delantero centro rival. A los dos interiores contrarios, aún los rivales jugaban un 2 – 3 – 5, los tomarían dos medios retrasados.

La estrategia del Arsenal consistía en robar el balón y salir con pelotazos largos a los punteros. Allí, en el campo rival, al contra-ataque, el Arsenal tendría ventaja numérica. Fue una táctica ganadora. En 1930, exactamente cinco años después de la llegada de Chapman, el Arsenal ganó la FA Cup. Ganó la liga en 1931 y fue el gran dominador del fútbol inglés en los años 30 al ganar cinco ligas en aquella década gloriosa, tres de ellas seguidas.

Transición de 2 - 5 a WM
Transición de 2 – 5 a WM

Chapman hizo historia. Hoy, afuera del Emirates Stadium, el estadio del Arsenal hay una estatua reconociéndole la gloría que dio al Arsenal. El sistema se expandió por el mundo. La WM marcó la historia del fútbol y fue utiilizado por algunos equipos hasta comienzos de los años sesenta.

Pero, paradojas de la vida, el éxito de la WM jamás se vio reflejado en un Mundial de Fútbol. Ni Uruguay, jugando un tradicional 2-3-5 en 1930 y un 1-3-3-3 en la final de 1950, ni la Italia de Pozzo en 1934 y 1938 con un 2-3-2-3 practicaron la WM. Tampoco lo hizo Brasil en 1958 cuando ya el uso de la WM era más cosa del pasado. En 1954, Sepp Herberger derrotó a la innovadora Hungría con un esquema personalizado donde situo a cuatro defensas y un libre por delante de ellos para contrarrestar un equipo táctica y técnicamente superior.

No triunfó en mundiales, pero la WM hizo historia siendo la primera gran innovación táctica del siglo XX. Con ella Chapman ganó merecidamente su lugar en la historia del fútbol.

 

 

Argentina – Uruguay. El Río de la Plata alumbra al mundo

El plato fuerte de la próxima jornada de eliminatorias es, sin duda, el Argentina – Uruguay, el clásico por antonomasia del fútbol mundial con permiso de otros por supuesto. La historia de este duelo más que centenario está repleto de anécdotas, victorias, alegrías, lagrimas, abrazos y patadas. Hoy contamos algunas de esas anécdotas que han marcado la historia del fútbol mundial.

La rivalidad se forjó a finales del Siglo XIX. Algunos fijan ese primer enfrentamiento en 1893 cuando, en Montevideo, un combinado de Buenos Aires batió por 2-1 al combinado local. Pero el primero de los 178 enfrentamientos que registra la historia oficial no se jugó hasta el 20 de julio de 1902. Aquel día, con goleada argentina por 0-6, se inauguró la historia del enfrentamiento más repetido de selecciones en la historia del fútbol.

La rivalidad se fraguó en la disputa de la Copa Lipton y la Copa Newton. La primera, donada por un magnate del té, se disputó anualmente entre 1905 y 1929. La segunda, como respuesta a la anterior, se disputó con algunos intervalos hasta 1930. Ambas se disputaron después pero, con el tiempo y particularmente con la llegada de la Copa América, su importancia ya no fue la de los primeros años.

La primera versión de la Copa América (denominada entonces Campeonatos Suramericano de Naciones) se disputó en 1916 en Argentina con motivo del Centenario de la Independencia. El campeón fue Uruguay. No fue hasta la quinta versión, disputada en 1921 que Argentina pudo salir campeón.

Pronto la lucha por la supremacía rioplatense se trasladaría al ámbito mundial. Tal como anoté en una entrada anterior, en 1924 Uruguay se coronó campeón olímpico. Con motivo de las olimpiadas de 1928 Argentina, que no participó en la anterior, decidió viajar. El fútbol del Río de la Plata deleitó al mundo. La final debió disputarse en dos partidos tras el empate a uno del primer partido; no existían los penales. En la revancha, jugada a los tres días , el gol del argentino ‘Doble Ancho’ Monti fue insuficiente para batir los goles de Figueroa y Scarone.

Ese enfrentamiento calentó los ánimos de revancha gauchos que pronto sería satisfechos. En el suramericano de Perú de 1927, Argentina batió 3-2 a Uruguay proclamándose campeón. El partido se caracterizó por las fuertes entradas de parte y parte. La revancha uruguaya no se pudo consumar en el suramericano jugado en Argentina en 1929. Allí Uruguay no sólo perdió con Argentina sino que incluso fue goleada por Paraguay. El partido entre los clásicos rivales fue de “trompadas y topadas” en palabras de Carlos Peucelle. Estos partidos marcaron la pauta de lo que sucedería después en la final de 1930.

Arbitro belga Langenus saludo al capitán uruguayo Nazassi y al argentino Evaristo
El árbitro belga Langenus saluda al capitán uruguayo José Nazassi y al argentino Juan Evaristo en los prolegómenos de la final de 1930.

El mundial de 1930, que coincidía con el Centenario de su Independencia, se otorgó a Uruguay como premió a sus éxitos olímpicos. A la final llegaría para enfrentar, como no, a la Argentina. Selección argentina que por cierto para el mundial fue elegida literalmente por voto popular. Los diarios encuestaron a los lectores y basado en los votos obtenidos se armó el potente combinado albiceleste. El entrenador, Olazar, mediocampista del Racing, fue elegido entrenador por los propios jugadores.

El objetivo de las iras uruguayas fue ‘Doble Ancho’ Monti el único que carecía de reemplazo por la lesión de Zumelzú. A la concentración argentina llegó un papel que decía “si juega Monti, morirá…”. ‘Ancho’, que así le decían, decidió no jugar. Pero fue convencido por los dirigentes tras varias horas de conversación. Sin embargo, cuenta la leyenda, lejos de calmarse pasó varías horas tendido en la cama; lloraba él.

La presión fue lo nunca visto. El partido, a pesar de la ausencia de europeos (sólo cuatro selecciones del viejo continente cruzaron el charco), iba a dirimir al mejor del mundo porque nadie dudaba que el mejor fútbol se practicaba en el Río de la Plata. Los uruguayos ubicaron a Argentina en un camerino situado en lo alto del estadio distante del habitual que era subterráneo y al cual se accedía por un túnel lejos del público. Para llegar allí los argentinos se vieron forzados a caminar por entre la iracunda barra uruguaya.

A pesar de la presión, Argentina ganaba 1-2 el primer tiempo. El gol inicial de Dorado lo compensó rápidamente Peucelle. El ‘filtrador’ Stabile, a la postre goleador y quien no comenzó como titular el torneo (Roberto Eugenio “Cherro” Cerro era el dueño del puesto pero se lesionó ante Francia en el primer partido) marcó el segundo gol. Lo que sucedió entonces hace parte de la leyenda de los mundiales. Monti se congeló el segundo tiempo, ensimismado en sus amenazas. Uruguay apretó y con tres goles en el segundo tiempo se coronó Campeón del Mundo.

No hubo revancha en Italia 34 porque Uruguay decidió no acudir en represalia por el boicot europeo a su mundial. Argentina, con algo de solidaridad, envió un equipo secundario y fue rápidamente apeado por Suecia. A Francia 38 no acudió ninguno, los celestes porque seguían molestos; los albicelestes porque no aceptaron de buena gana que la sede les fuera negada.

Pasaron partidos, goles, victorias y trifulcas pero el Mundial de 1966, sin ponerlos enfrenté los termino uniendo de una manera inesperada. El mundial llegó en una coyuntura donde las tácticas defensivas estaban en su apogeo. Además, el presidente de la FIFA era inglés, Sir Stantley Rous. El mundial, dicen algunas crónicas, se diseñó por europeos para europeos. Brasil fue rápidamente excluida por las habilidades de húngaros y portugueses y las patadas de búlgaros y los propios portugueses.

La casualidad quiso que Uruguay quedara enmarcada en el grupo de Inglaterra mientras que Argentina disputaría el pase con Alemania. En el partido inaugural Uruguay, con Mazurkiewicz y Rocha a la cabeza, empató con los locales. Argentina, con la que Marzolini alguna vez calificó como mejor defensa argentina de todos los tiempos, también empató sin goles con Alemania. Ambos clasificaron y se cruzaron en cuartos. Argentina – Inglaterra; Alemania – Uruguay. A Argentina le asignaron como central al alemán Rudolf Kreitlein. A Uruguay le asignaron un inglés, James Finney. Designación influenciada por Stanley Rous quien citó al Comité de Árbitros para designar nombres. Curioso acto pues de tres miembros del comité sólo uno, el representante de Malasia, estaba disponible para la reunión. Lo que sucedió después deja dudas sobre la aleatoriedad de tales designaciones.

La previa de los partidos se ambientó gracias a la campaña que la prensa inglesa inició, no sin cierta razón, contra el “juego brutal” de los suramericanos. No mencionaba sin embargo las salvajadas de Nobby Stiles o de los ejecutores de Pelé.

Ya en el campo, en el partido contra Alemania, Uruguay comenzó presionando. En una de las primeras excursiones Schnellinger detuvo con las manos el remate a gol de cabeza de Pedro Rocha. Todos lo vieron, todos menos él, Mr. Finney. Posteriormente, ya con 1-0 a favor de los teutones, el central optó por terminar una refriega entre Troche y Emmerich con la expulsión del uruguayo. Cinco minutos después expulsó también a Silva. Contra nueve, Alemania no tuvo entonces problemas en pasar el rodillo y ganar 4-0 su partido.

Mientras tanto en Wembley, Rattin hacía caso de un consejo hecho por miembros de la delegación. “Como capitán tienes derecho a solicitar en cualquier momento el ingreso de un traductor para aclarar cosas con el árbitro”. El “rata”, por tanto, solicitaba traductor constantemente. Argentina dialogaba, no jugaba. Y si bien Inglaterra tampoco jugaba, era a los Argentinos a quien Mr. Kreitlein sancionaba. En el minuto 35 del primer tiempo el arbitro alemán, quien no entendía español, expulsó a Rattin, capitán argentino. La acusación simple: “me insultó”. A pesar de esto Argentina aguantó hasta el minuto 79. Tras la derrota los argentinos reaccionaron como ha sido común que suceda cuando pierden partidos de esta manera. Ante tales actos el presidente de la FIFA amenazó con excluir a Argentina del siguiente mundial. La oposición latinoamericana a la postre, no sólo impediría tal exabrupto, sino que terminaría nombrando a Havelange presidente del ente rector del fútbol mundial.

Hubo que esperar muchos años para que se diera el segundo y, a la fecha, último clásico del Río de la Plata en un mundial. En México 1986 la Argentina de Maradona batió en octavos de final 1-0 a los uruguayos. Aquel mundial supuso el fracaso del gran Enzo Francescoli quien por entonces era el segundo jugador más caro del mundo después del propio Maradona. Parte de aquel fracaso se debió a la terquedad de Omar Borrás, DT uruguayo, quien se negó a poner a Enzo en punta donde había triunfado en River y donde se entendía a la perfección con el “Polilla” Da Silva.

La historia de celestes y albicelestes es, por tanto, de amor y odio. El último gran episodio de amor tuvo como gran perjudicado a la selección Colombia. En las eliminatorias al 2002, el maravilloso equipo de Bielsa llegó ya clasificado a la última jornada para enfrentar a Uruguay en el Centenario. Los celestes se jugaban con Colombia el último cupo. La historia dice que en Asunción el 0-4 a favor de Colombia finalizó 10 minutos antes de acabar el partido en Montevideo. Partido que en ese momento iba 1-1, justó lo requerido para dejar a los dos contentos. Aunque aún había tiempo por jugar, cuentan las crónicas que en la práctica el partido de Montevideo acabó con el pitazo de Asunción. Víctor Hugo Morales, afamado locutor rioplatense lo dijo: “es ya un simulacro de partido. Nunca se ha visto esto entre Uruguay y Argentina”. Colombia cayó eliminada de aquel mundial por un gol de diferencia! Cuatro años después, rumbo a Alemania 2006, la historia se repitió. En esta ocasión, sin los dramas de cuatro años atrás, Uruguay contrarrestó con un 1-0 sobre Argentina la victoria colombiana en Asunción.

En total, son 83 victorias para Argentina, 54 para Uruguay y 41 empates. 287 goles gauchos, 214 celestes. La historia continua.

 

 

 

España ya es un grande: Adiós al síndrome de persecución

Por décadas España ha sufrido del síndrome de persecución arbitral. No era extraño que la selección española fuera eliminada, no por méritos de rival, sino por culpa del árbitro de turno. Aquí ya mencionamos la historia de 1934, aquella donde el fascismo y el árbitro eliminaron a la España del divino Zamora.




Los años traerían nuevas eliminaciones o derrotas injustas, atribuibles al árbitro. En 1986, en primera ronda del Mundial, España entera clamó contra la injusticia de un árbitro que no vio o (para muchos en España) no quiso ver el gol de Michel. Michel, aquel volante del Real Madrid, recogió en el borde del área un rechazo de la defensa brasilera, paro el balón con el pecho y disparó. El balón salió fuerte y recto  a la base inferior del travesaño, rebotó adentro y salió. Ni el árbitro ni el línea lo vieron. Por semanas, meses y si me apuran, años, la prensa deportiva española clamó contra tal injusticia.

Años después, en 1994, España enfrentaba a Italia en cuartos de final del Mundial EE.UU. España aquel día jugó mejor. Incluso tuvo la victoria en las botas de Julio Salinas quien, incomprensiblemente se negó a rematar un balón que rebotaba con sólo el portero por delante. En los minutos finales, mientras España atacaba por el lado derecho, Tassoti le propinó un codazo en la cara a Luis Enrique. Le rompió la nariz y, al ser dentro del área, era penal, además de la consabida expulsión. El árbitro húngaro Puhl no lo vio, pitó saque de banda para los italianos y en la siguiente jugada, el crack italiano Roberto Baggio, ya con las medias abajo del agotamiento, marco el tanto de la victoria. Era el minuto 88.

Más reciente es lo acontecido con el árbitro egipcio Al Ghandur quién anuló dos goles a la selección española. El segundo fue el más sorprendente. Joaquín, el escurridizo puntero del Betis ganó la línea, centro y Fernando Morientes remató a gol. Era el pase a semifinales pero, el árbitro lo anuló. Indicó que el balón había salido antes del centro de Joaquín. Las imágenes claramente demostraron que el balón nunca salió.

Estas y otras historias sirvieron para que desde Madrid particularmente se montara una campaña contra los arbitrajes dirigidos hacia el más poderoso. Casi rayando en lo ridículo el afectado era el Real Madrid, el que para muchos es el club más poderoso de la historia. Lo denominaron Villarato, en honor a Villar el presidente de la Real Federación Española de Fútbol. Convenientemente olvidaron que Villar es poderoso en la Fifa.

Casillas se adelanta en el penal contra Paraguay, Mundial 2010

En 2010 España enfrentó a Paraguay en cuartos de final. Partido duro, recio y penal a favor de los guaraníes. Como se anotó en la prensa suramericana, sin eco en los centros de poder, aquel penal que tapó Casillas debió repetirse. El portero se adelantó. Una imagen vale más que mil palabras.

En la reciente victoria contra Croacia, ya en la Euro 2012, hubo dos penales en el área española, quizás el primero discutible, nunca el segundo. Una victoria croata, dado el resultado de Italia, sacaba a España del torneo. Dos minutos antes del gol español, en un tiro de esquina, Busquets agarra al delantero balcánico como dice la leyenda que Schiavio agarró al “Divino” Zamora en 1934. El árbitro no pito, y España ganó.

¿Y? preguntará el lector. ¿Acaso España no fue justo Campeón del Mundo? Sí. Fue justo y merecido campeón. Como contra Croacia fue justo y merecido ganador. La nota no es más que un llamado a la prensa deportiva para que controle el fanatismo y entienda que el fútbol, como todo deporte, está lleno de gloría y tristeza, pero también de errores. Es quizás, la que sigue, una de las frases más ciertas del circo futbolístico: el fútbol da y quita, pero sobretodo, siempre da revancha. En el caso de cierto sector de la prensa española, quizás, por fin. puedan abandonar el tan despreciable síndrome de persecución arbitral.