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Mundial de 48 equipos: Aburrido



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Algunos, hace ya varias ediciones, venimos sintiendo que la primera ronda de la Copa del Mundo es aburrida. La emoción se mantiene, por supuesto, cuando juega la selección nacional. E incluso cuando alguna sorpresa, como Costa Rica en 2014, derrota a los favoritos. Pero de fútbol poco.
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El Marcador más Frecuente de los Mundiales de Fútbol


Los goles, ya lo estudiamos hace unas semanas, son raros. Eso diferencia al fútbol de otros deportes. En baloncesto, béisbol o incluso hockey sobre hielo las anotaciones son más frecuentes que en el fútbol.



Siendo una rareza no extraña que el resultado más común en el mundo del fútbol sea el 1-1. Lo es según The Numbers Game para  la EPL, la Bundesliga, la Liga Española y el Calcio. También lo es, lo mostramos, para Colombia. En estas ligas el rol del local y el visitante es claro. Es decir, el 1-1 es el resultado más común porque no es lo mismo un 1-0 (victoria de local) que un 0-1 (victoria del visitante).

En los mundiales de fútbol, sin embargo, salvo uno de los participantes, el rol de local y de visitante es más difuso. En una entrada posterior analizaremos la ventaja que puede haber entre jugar o no en el continente de origen, es decir, de ‘local’. Por ahora centrémonos en revisar cuál es el resultado más frecuente en la historia de los mundiales. La siguiente gráfica ilustra los resultados utilizando todos los partidos jugados entre Uruguay 1930 y Sur África 2010.

Frecuencia de los marcadores en los mundiales de fútbol

 

El resultado más común no es el 1-1. El marcador más frecuente es la victoria por la mínima (18,8% de los partidos). El 1-1 apenas es el cuarto resultado más común (9,8%). Quizás por ello el primer 1-1 no se dio hasta el famoso partido entre Italia y España, ya en Italia 1934, el segundo mundial de la historia. En el primer mundial, el de Uruguay 1930, en cambio ya el 1-0 fue el resultado más común.

La victoria por 2-1 (14,5%) y 2-0 (11%) son, después del 1-0, el resultado más frecuente en la historia de los mundiales. El 0-0, ese marcador triste que suele ser indició de un partido feo, es el cuarto resultado más común. El primer empate sin goles no se registró hasta el 11 de junio de 1958. Curioso, aquel partido enfrentó a dos de los equipos que históricamente se han caracterizado por la poca tacañería en su juego: Inglaterra y Brasil.

Las resultados menos frecuentes son, por supuesto, los más abundantes en goles. El que más recuerdo es el 10-1 que Hungría le endosó a El Salvador en 1982. Aquel día jugó el ‘Mágico’ Gonzalez. Pero ni él, con su infinita calidad, pudo evitar el mayor desastre de los mundiales.

El 8-3 corresponde a la goleada que Hungría, la inolvidable selección liderada por Puskas endosó a la República Federal Alemana en la primera ronda del Mundial de Suiza 1954. La historia sugiere que el equipo germano prefería perder ese partido. La derrota frente a Hungría obligó a los germanos a jugar un partido de desempate frente a Turquía. El marcador también es único en la historia de los mundiales: 7-2 en contra de la selección otomana. La predicción del ‘Zorro” Herberger, entrenador teutón, se cumplía a la perfección. Perder con Hungría mandaba a los ‘magiares’ a luchar en cuartos y semifinales contra dos potencias suramericanas: Brasil y Uruguay.

Alemania, mientras tanto, tendría que enfrentarse en semifinales al vencedor del partido de cuartos de final entre Austria y Suiza. En aquel partido Austria destrozó el cerrojo que Karl Rappan, precursor del catenaccio, había impuesto en la selección Suiza: 7-5 ganó el equipo centroeuropeo. Famosa es la anécdota del ‘Zorro” Herberger quien argumentó que “si Suiza le marcó cinco a los austriacos, nosotros tenemos que marcarles seis”. Cumplió. Alemania ganó la semifinal de aquel torneo 6-1.

El 6-5 se marcó en la primera ronda del Mundial de Francia 1938. Aquel día, tras empatar 4-4 en el tiempo reglamentario, Brasil derrotó a Polonia con tres goles, incluyendo el quinto y el sexto, de Leónidas, conocido como el ‘Diamante Negro’. Uno, incluso, lo marcó descalzo.

En Suecia 1958, Just Fontaine, camino de su aún vigente récord, 13 goles anotados en un sólo mundial, le marcó tres goles a Paraguay. El 2-2 del primer tiempo fui insuficiente para los sudamericanos que se vieron arrasados en el segundo tiempo hasta llegar a la cifra de siete goles en contra. Los tres tantos guaraníes no compensan una de las mayores derrotas de los mundiales.

El día que en Inglaterra ’66 Portugal perdía 3-0 en cuartos de final, Di Stéfano se levantó y apostó a favor de los portugueses: “¿Nadie quiere jugar a favor de un equipo que gana tres a cero?” El crack argentino sabía que Corea del Norte, equipo correoso, no podía jugar de otra forma. Si en el minuto 24 ganaba 3-0, en el 42 la ventaja ya no era más que de un gol. En el segundo tiempo, el gran Eusebio marcó dos goles adicionales que, sumados al de Augusto, sentenciaron el histórico 5-3 definitivo.

El mundial de 2014 será seguro de 1-0’s, 2-1’s, 2-0’s y 1-1’s. Como lo han sido todos los mundiales. Pero estemos atentos. Alguna goleada habrá. En 2002, Alemania aplastó 8-0 a Arabia Saudita, en 2006 Argentina a Serbia y Montenegro 6-0 y en 2010 Portugal a Corea del Norte 7-0. La televisión del hermético país asiático, entusiasmados por el brillante desempeño de su selección en su primera presentación frente a Brasil (perdieron apenas 2-1) decidieron obviar su política de transmitir el partido en diferido. Su segundo partido, contra Portugal, se transmitiría en riguroso directo. El primer partido apenas perdían 1-0. La debacle llegó en el segundo. Dicen las crónicas que gol tras gol el locutor perdía fuerza. Defender al “Querido Líder” se tornaba imposible ante semejante goleada. Al final, el locutor silenció totalmente y, seguramente, sólo las vuvuzelas pudieron escuchar los televidentes en Corea del Norte.

Ya falta poco para saber si la goleada que llegue en Brasil 2014 sea motivo de lagrimas o celebraciones. Nadie desea imitar la amargura de los norcoreanos.

 

 

Racismo en el fútbol


La discriminación por cualquier motivo  (origen, religión, idioma, color de piel), es casi tan antigua como la humanidad misma. Sin embargo, a diferencia de otros venerables ancianos, éste no merece ningún respecto.  La historia del racismo en el fútbol daría para un interesante libro sobre la evolución del hombre en los últimos 150 años. Hoy simplemente quiero mencionar algunos detalles que me quedaron sonando mientras revisaba alguna hemeroteca preparando la historia de la Batalla de Berna de 1954.

Pero antes de aquella batalla, cabe mencionar el caso de Leónidas Da Silva, el “Diamante Negro”, el primer crack universal del fútbol brasilero. Destacó durante el Mundial de Francia de 1938 en la primera actuación brillante de Brasil en un Mundial de Fútbol. En primera ronda, marcó tres de los seis goles con los que Brasil derrotó 6-5 a Polonia. Uno de ellos, dice la leyenda de los mundiales, lo anotó descalzo porque los guayos le estorbaban.

Más adelante, en la que quizás es la decisión más estúpida de los campeonatos mundiales, Leónidas no jugó porque decidieron reservarlo para la final. No sólo era una semifinal, era contra Italia, el vigente campeón. Brasil perdió y ya con Leónidas en el campo, lograron el tercer lugar y el “Diamante Negro” se proclamo goleador del torneo.

Leónidas sufrió el racismo imperante en el fútbol brasileño de la época. Sin embargo, igualmente fue parte del cambio hacia un fútbol abierto, libre de ataduras racistas.  Y es que el fútbol brasilero del primer cuarto del siglo XX era ridículamente racista. Quizás por eso estuvo tan lejos de la gloria que años después lo caracterizaría. Los ejemplos abundan. Al suramericano de 1921, por decreto presidencial, ningún jugador negro podría viajar con la selección por un asunto de prestigio nacional. Arthur Frienderich, de quien se dice marcó más goles que Pele, jugó entre 1909 y 1935. Mulato, de ojos verdes, dado que su padre era alemán y su madre brasileña,  jugaba con el pelo planchado para ocultar sus ancestros africanos.  El Fluminense de principios de los años 20 reconocía la capacidad futbolística del jugador negro. Pero pretendía que sus hinchas no lo supieran. Así que los obligaba a usar un polvo de arroz para pasar como blancos ante la afición del equipo.

El Vasco da Gama de Río sembró la semilla del fin a la discriminación racial al ser el primero en aceptar, prácticamente desde su fundación, a jugadores negros en la institución. Si bien inicialmente los demás clubes de Río lo excluyeron de su torneo donde sólo podían jugar blancos, eventualmente lo admitieron y en 1923, con jugadores negros en el plantel, logró coronarse Campeón Carioca. La “apertura” no evitó que el mismo Leónidas tuviese que viajar a Europa para los mundiales de 1934 y 1938 separado de sus compañeros blancos de selección.

Pero su desempeño en el mundial de 1938 lo hizo héroe, para ricos y pobres, negros y blancos. Así que una fábrica de chocolates lo contrató para ser su imagen: el chocolate ‘Diamante Negro’. La campaña fue un éxito. Incluso el Flamengo, uno de los clubes que se había negado a participar en una liga con negros, cedió a la calidad de Leónidas y lo contrató en 1936. Costó, pero Leónidas abrió el camino para la gloria eterna del fútbol brasileño.

La “Batalla de Berna” motivó una crónica que no tiene pierde por parte del enviado especial al mundial por el Diario ABC de Madrid, España. El ABC, fundado en 1903, es de línea conservadora, y durante la dictadura de Franco estuvo fuertemente alineado con las ideas del gobierno de la época.

El enviado especial a aquel mundial, cuyo nombre no encontré referenciado, se deja ver con unas perlas inaceptables hoy día. Es el año 1954, recordemos. Apenas nueve años después del final de la II Guerra Mundial, 15 del fin de la Guerra Civil Española. Afirmaba el periodista: “Se decía por algunos que el encuentro Hungría – Brasil -auténtica final- iba a ser el ‘match’ del siglo. Futbolísticamente se equivocaron, pero en definitiva acertaron más de lo que ellos mismos se podían imaginar. (…) Al equipo brasileño le favorece y perjudica su color. Cinco casi negros y un mulato para un equipo es mucho color”. Y sigue el hombre analizando la gresca: “Esta aportación proporciona a su equipo portentosa agilidad y fuerza, pero no es tan seguro que la cabeza la hagan funcionar para otra cosa que para darle rudamente al balón. Y hoy el fútbol hay que jugarlo con mucha inteligencia, además de instinto”.

Anticipando la semifinal que se avecinaba; aquel maravilloso Hungría 4 – Uruguay 2, decía el enviado especial, no sin razón en este caso, que “Uruguay es” de los cuatro equipos que seguían en liza: Alemania – Austria fue la otra semifinal “posiblemente, el único equipo que puede ganar a Hungría. (…) Tienen un negro en el equipo, pero el once uruguayo tiene en su conjunto el reflejo característico de los blancos: menos desiguales ante las fases buenas o malas y cabeza más fría. ” El negro es ni más ni menos que el “Negro Jefe”, el gran Obdulio Varela. Aquel a quien todo presidente uruguayo iba a rendir honores a su casa el día de su cumpleaños.

La crónica se vuelve aún más interesante porque no sólo ataca a los los jugadores negros. La Cortina de Hierro también recibe su bofetada: “Los húngaros, mucha más pequeños y menos fuertes” que los brasileños, “desplegaron una táctica mucha más cerebral que instintiva. A los húngaros, viejos europeos y grandes deportistas, no hay que confundirlos con su actual gobierno” que cabe anotar para aquellos un poco quedados con la historia, era comunista alineado con el régimen soviético. Según el periodista, éste era un gobierno que “tienen la desgracia de soportar y no puedo yo caer en el simplismo de pasarles a todos por el mismo rasero. Ningún especial mérito tiene el comunismo en la excelencia de su juego. Siempre han sido los húngaros tan magníficos futbolistas como formidables nadadores.”. Ignoraba, por supuesto el cronista, que Gustav Sebes, entrenador de aquella maravillosa selección húngara era un firme comunista que afirmaba que el esquema de juego estaba basado en tales ideas donde unos debían apoyarse en los otros permanentemente para obtener un beneficio común.

Ahora, dada la evidente actitud racista del enviado especial del ABC al Mundial de Suiza, 1954, revisé las crónicas del Mundial de 1950 y 1958. Ni antes ni después de 1954 encontré referencias como las expresadas en 1954. Incluso, en 1950, hablando de Obdulio Varela lo describían como lo que era: “el alma del equipo uruguayo”. La explicación de lo escrito y publicado en 1954 requiere una investigación que va más allá de los objetivos de esta entrada.

 

El lector habrá sentido lo retrogrado de las ideas expresadas en este escrito. Lo triste es que aún hoy, ya bien entrado el siglo XXI, algunos sigan ofendiendo por el color de piel. Pero si eso es inaceptable, es absolutamente ridículo que en Colombia, donde cerca del 50% de los futbolistas son negros, haya alguna hinchada que realice cánticos racistas al contrario por tener aquel jugadores negros. Seamos serios. En Colombia todos somos negros, blancos, indios, caribe, rolos, amazónicos, llaneros, paisas …. somo pura raza ….. colombiana.

Las batallas de los mundiales: de Berna a Santiago


La historia de los mundiales está llena de goles, golazos, atajadas increíbles, partidos irrepetibles. Son múltiples las hazañas que todos queremos recordar. Pero hay excepciones. En particular hay dos partidos cuyo recuerdo es sólo violencia. El fútbol quedó en un segundo plano. La Batalla de Berna en el Mundial de Suiza 1954 y la Batalla de Santiago en Chile 1962 pasaron a la historia por las expulsiones, las lesiones y la violencia dentro y fuera del rectángulo de juego.




La Batalla de Berna correspondió al partido de cuartos de final del Mundial de Suiza entre Hungría y Brasil. Aquel 27 de junio de 1954 se enfrentaban dos grandes candidatos al título mundial. Brasil estrenaba uniforme. Tras la catástrofe del Maracanazo cuatro años antes ante Uruguay, se decidió cambiar el uniforme blanco por el hoy tradicional amarillo y azul con ribetes verdes. Al finalizar el partido los brasileros debieron darse cuenta que el problema no radicaba en el color de la camiseta. El problema era que Pelé apenas tenía 13 añitos.

Hungría era sin duda el mejor equipo del mundo. Llevaba invicta desde el 4 de junio de 1950.  Además de Puskas contaba con estrellas únicas en el firmamento futbolístico como Hidegkuti, Czibor y Kocsis además de cracks como el arquero Grosics o Boszik y Zakarias. Puskas, el mejor de todos, había sido lesionado en primera ronda por el carnicero alemán Liebrich. Pero aún sin Puskas el equipo dirigido por Gustav Sebes imponía el mismo respeto que impuso al mundo aplastar a Inglaterra 3-6 en Wembley apenas un año antes.

Brasil era también un gran equipo. No estaba ni Pelé ni Garrincha, pero ya contaba con tres jugadores que luego serían bicampeones del mundo: Nilton y Djalma Santos (para muchos el mejor lateral izquierdo y derecho de la historia respectivamente) y sobretodo Didi, el maestro de la Folha Seca.

Zezé Moreira, entrenador brasileño, lo advirtió a sus jugadores antes de saltar al campo: “Esta es la revancha del Maracaná, es la final del mundial”. Brasil, dice la leyenda, salió con los taches cortos algo que lamentarían desde mediados del primer tiempo cuando el campo comenzó a embarrarse por la fuerte lluvia. Hungría, como casi fue norma aquel torneo, ya ganaba 2-0 al minuto 7.  Pero Brasil jugaba su final. Apretó los dientes, presionó y tras sendas oportunidades perdidas por Didi y Brandaozinho logró descontar tras un penal cometido a Indio que ejecutó Djalma Santos a la derecha del portero.  Con el 2-1 Hungría apretó, pero Brasil tenía la manija del partido. Julinho lograba siempre superar la marca de Lantos pero el dominio no se concretó.

El juego, poco a poco se va poniendo brusco. En el minuto 38 Didi lesionó, quizás no deliberadamente, a Czibor. En el 42 J. Tóth debe salir lesionado aunque pudo regresar cojeando para el segundo tiempo. En el minuto 15, Pinheiro y Kocsis disputan un balón que termina en manos dentro del área de Indio. El penal lo marca Lantós. Brasil se recupera y tras disparos al poste de  Didi e Indio marca apenas cinco  minutos después.

Hungría, dicen los brasileños, hace demasiadas ‘faltas tácticas’. En el minuto 71 Boszik y Nilton Santos cambian el balón por los guantes de boxeo y son expulsados del terreno de juego. El partido se pudo empatar por intermedio de Juninho y Humberto pero no logran concretar. Humberto, además, es expulsado por agresión en el minuto 79 y ya terminando el cotejo, Kocsis marca el 4-2 definitivo.

Lo que sucedió después es una mezcla de historia y leyenda. Dicen unos que Puskas, que había visto el partido en el banco de suplentes, se acercó al banco brasileño y se burló de su entrenador. Zezé respondió con golpes que contó con la colaboración de Pinheiro para agredir al crack húngaro. Alguien (sería Puskas?) cogió una botella y le abrió la cabeza a Pinheiro. Nunca nadie sabrá si fue o no Puskas el agresor. No importa. Lo que quedó para la historia fue la reacción de los brasileños que se fueron en masa hacia el vestuario europeo. Los bombillos se rompieron, los guayos agredieron, las botellas volaron. Fue un ataque frontal, hombre a hombre. Una pelea en masa que se salió de control. La reacción de los suizos fue llamar por altavoz a todos los policías presentes en el estadio de Berna para que acudieran de urgencia a los vestuarios. Sólo así se consiguió apaciguar los ánimos.

Hungría seguiría demostrando ante Uruguay su poderío, con Boszik en el terreno de juego porque la normativa vigente no lo sancionaba para futuros partidos. Brasil, en cambio, regresó a casa con la cabeza gacha. Aún debía esperar cuatro años para tocar el cielo.

La Batalla de Santiago se describe perfectamente en la palabras del reportero de la BBC David Coleman antes de presentar el partido a sus televidentes. Los preparó como si de una película de adultos se tratara: “El juego que ustedes están por ver es la exhibición más estúpida, espantosa y vergonzosa de la historia del fútbol. Es la primera vez que Chile e Italia se enfrentan y, esperamos, que sea la última”.

La semilla de lo sucedido el 2 de junio de 1962 la plantaron antes de comenzar el mundial dos periodistas italianos, Antonio Ghirelli y Corrado Pizzinelli. La designación de Chile no había sentado bien entre los países europeos. Era, afirmaban ellos, demasiado lejos.

Ghirelli abonó el terreno en el Corriere della Sera : “Un campeonato del mundo a trece mil kilómetros de distancia es una auténtica locura. Chile es pequeño, es pobre, pero está orgulloso: se acordó de organizar esta edición de la Copa Jules Rimet, como Mussolini accedió a enviar nuestra fuerza aérea a bombardear Londres. La capital tiene setecientas camas. El teléfono no funciona. Los taxis son tan raros como los maridos fieles. Un cable para Europa cuesta un brazo y una pierna. Una carta tarda cinco días.”

Pizzinelli, que ni siquiera era periodista deportivo, continúa los ataques en Il Resto del Carlino en un artículo titulado “Santiago, el confín del mundo: La infinita tristeza de la capital chilena”. Allí afirmó que “en vano los chilenos, como para consolar a los italianos, dicen que Santiago se parece a Turín”. “Ello”, proseguía el periodista, “tal vez para tratar de hacer olvidar la realidad de ésta capital, que es el símbolo triste de uno de los países subdesarrollados del mundo, afligido por todos los males posibles: la desnutrición, la prostitución, el analfabetismo, el alcoholismo, la pobreza. Todos estos males en Santiago de Chile están dolorosamente vivos”. Posteriormente en la Nación de Florencia afirmó que “Chile está al nivel de subdesarrollo de muchos países de Asia y África. Los habitantes de esos continentes no se han desarrollado, éstos se regresan”.

Las noticias que llegaban de Italia a Chile los tildaban de subdesarrollados y atrasados. Precisamente a ellos que, superando el terrible terremoto de 1960, habían logrado preparar un mundial de fútbol. Pero las noticias era ofensivas. Se insultaba a la mujer chilena, se las tildaba de prostitutas. Habían ido muy lejos los italianos. La prensa chilena recordó la pobreza del sur de Italia y acusó al fútbol transalpino de abuso de drogas, doping que diríamos hoy. Con buen criterio, tanto Pizzinelli como Ghirelli  abandonaron el país austral antes de que el mundial comenzará.

El partido era el segundo de primera ronda. Chile había derrotado a Suiza 3-1 e Italia, que nunca pierde con Alemania, empató a cero goles. La victoria significaba pues el paso a segunda ronda. Los italianos, conscientes del ambiente enardecido en el que jugarían, elogiaban a Chile los días previos y salieron al campo con claveles que lanzaron al publico antes de comenzar el partido ante la negativa de los jugadores chilenos de recibirlos. El público, cabe decir, estuvo presto a devolver los claveles al terreno de juego.

No ayudó tampoco que antes del primer minuto ya Giorgio Ferrini fuese apercibido por el arbitro. Menos contribuyó a la calma la agresión del argentino nacionalizado italiano Maschio a los 6 minutos de juego contra una de la estrellas locales: Leonel Sánchez. A los ocho, Honorino Landa cazó desde atrás a Ferrini quién devolvió inmediatamente el golpe y fue expulsado por el árbitro inglés. En la refriega posterior Sánchez, (hijo de un boxeador) rompió la nariz de Humberto Maschio.  El juego no se pudo reanudar hasta que se sacaron del terreno de juego a policías y fotógrafos.

A los 38 minutos, David realiza un falta sobre Leonel Sánchez, a quien comienza a patear en el suelo. El chileno se levanta y conecta un directo de izquierda. Es su segundo KO de la tarde. Ninguno, inexplicablemente, es expulsado por el árbitro. Apenas unos minutos después David busca justicia y lanza una patada voladora que deja inmediatamente en la lona a Sánchez. Es la segunda expulsión de Italia que debe enfrentar la segunda parte con 9 hombres.

La violencia es tal que otro nacionalizado, el brasileño José Altafini, intenta recordar a los chilenos que el también es sudamericano. Carlos “Pluto” Contreras no atiende a consideraciones: “¿Y por qué no estás jugando en Viña, huevón?”En Viña del Mar jugaba Brasil. Tras un segundo tiempo de similares características, pero sin más expulsados, Chile ganaría dos a cero el partido. Llegaría a ser tercero en el mundial, su mundial. La mejor ubicación de su historia. Italia regresaría a Europa, magullada y eliminada.

 

Se da la curiosa circunstancia que tanto en Berna como en Santiago el árbitro fue inglés. Arthur Ellis dirigió el partido en Suiza. Era un árbitro experimentado en Inglaterra que incluso en una ocasión había dirigido la final del Campeonato de Fútbol de las Prisiones Británicas. Allí el campeón tenía en su equipo a cuatro homicidas. Quizás por ello, por su experiencia, en Berna no hubo muertos.

En Santiago, en cambio, a Ken Aston el partido siempre lo superó. Quizás fuera por la cojera fruto de una lesión del tendón de Aquiles. Curioso que dirigiera como dirigió pues sólo arbitró ese partido porque los italianos habían recusado al español Gardeazabal. No confiaron en las capacidades del ibérico.

Mundial con 40 equipos: matando la gallina de los huevos de oro

Michel Platini, el exquisito ex-jugador francés de los años ochenta, hoy presidente de la UEFA, anda con la idea de ser presidente de la FIFA. Su propuesta bandera es aumentar el número de equipos en el Mundial de Fútbol de 32 a 40.

La política detrás de la propuesta es simple. Propone añadir dos selecciones de África, dos de Asia, dos de América, uno de Oceanía y uno de Europa. Es decir, lograría así más votos en África, en Asía y alguno más en las demás confederaciones.

El número de participantes aumentará debido a razonamientos políticos, no deportivos. Las voces a favor y en contra son numerosas. Yo estoy en contra porque tengo la sensación que la calidad del mundial se verá afectada. En el mundo, por más que se quede fuera del Mundial Ibrahimovic o Cristiano Ronaldo, no hay 40 equipos de la calidad que merece un mundial.

El número de equipos en los mundiales ha variado sustancialmente desde los 13 equipos que compitieron en 1930. La siguiente tabla, en su última columna resume la evolución del número de equipos. En realidad, desde 1930 la idea era contar con 16 equipos, pero el boicot europeo al Mundial de Uruguay dejó el torneo con los 13 mencionados. En 1934 y 1950 tampoco se llegaron a los 16 esperados.

Numero de equipos y goles en los mundiales

Medir la calidad de los diferentes torneos es difícil. Se pueden mirar diversos indicadores. Pero si el objetivo es marcar goles, podemos empezar por mirar el número de goles que se han marcado en los mundiales. La tabla de arriba resume lo que se detalla en la gráfica a continuación.

Calculo el número de goles por partido porque aún cuando hay el mismo número de equipos, el sistema de torneo ha variado sustancialmente en el tiempo. En una entrada futura detallo en ello. Por ahora cabe resaltar lo evidente de la gráfica: hay una tendencia decreciente en el número de goles por partido jugado.

Goles y numero de equipos participantes en los Mundiales

Entre 1930 y 1950, el número de goles por partido era superior a 4. El pico fue en 1954, en el Mundial de Suiza. Tal como ya anotamos acá, la WM fue la estrategía dominante hasta la irrupción del maravilloso equipo húngaro de Puskas y compañía. Pero ellos eran la excepción, la mayoría seguía atada a la WM, algunos hasta bien entrados los años sesenta. La WM se había originado, entre otras razones, por una crisis de goles. Había dado lugar al fuera de lugar y una de sus consecuencias de la WM fue el aumento en el número de goles.

Además, la diferencia entre los mejores y lo que hoy podríamos llamar ‘la clase media’ era sustancial. Recordemos, por ejemplo, que los dos finalistas del Mundial de 1930 ganaron sus partidos semifinales por sendas goleadas 6 a 1. En 1954 se dio además otra circunstancia: el mundo del balón se abrió a Asia. Por primera vez un representante de ese rincón del mundo participó. Corea jugó dos partidos, recibió 16 goles. Eso incluyo los nueve de Hungría y los siete de Turquía. Pero además, hubo de jugarse un repechaje para decidir quien pasaba a la siguiente ronda entre los alemanes (que habían perdido 8-3 con el equipo Magyar) y los turcos. Si en el primer partido, Alemania derrotó 4-1 al equipo otomano, en el partido extra le ganó 7-2. Fue pues, un grupo loco.

Los años sesenta trae una caída consecuencia de las ideas que comenzaban a imperar en Europa, particularmente el Catenaccio. Ni la vorágine futbolera de México ’70, ni el fútbol total de Holanda en 1974 logra frenar la tendencia decreciente en en número de goles por partido.

En la gráfica no se observan cortes claros que permitan establecer una relación causal evidente entre el número de equipos participantes y el menor número de goles por partido. Puede afirmarse, desde luego, que más equipos no traen mas goles. La tabla, que presenta los promedios según el número de equipos en cada torneo, nos indica que con 16 equipos se marcaban 3.17 goles, con 24, 2.57 y con 32 apenas 2.44 goles por partido.

A medida que el fútbol a nivel mundial se iguala, las goleadas entre los grandes y los pequeños son menos frecuentes. Podría argumentarse que incorporar equipos de menor nivel llevaría a grandes goleadas precisamente por la baja calidad de los nuevos participantes. Pero más equipos implica más partidos. Y el mundial siempre dura un mes. Luego son más partidos en un menor período de tiempo. En consecuencia, un equipo poderoso no está particularmente interesado en meterle 10 ó 15 goles al rival. Después del cuarto o quinto, su interés está más en cuidar la nomina para lo que vendrá más adelante.

Los 40 equipos en el mundial le darán la presidencia de la FIFA al Platini, pero el costo será un número importante de partidos aburridos por falta de emoción. El Mundial construyó su leyenda gracias al nivel del torneo. Dejar que Tahití, por ejemplo, acuda al Mundial, es retroceder en el tiempo a 1954. En tres partido, recordemos, la simpática selección oceánica recibió 24 goles en la Copa Confederaciones. Muchos hemos vuelto a ver el Brasil España. Muy pocos, algún despistado, ha vuelto a ver el partido en que España le endosó 10 a los oceánicos.

Adicionalmente, Platini parece ignorar las revueltas que se han dado en Brasil de cara a su mundial. Organizar un mundial es costoso. 32 equipos implican de por sí grandes costos, la logística se complica, se requieren más estadios. Un Mundial de 40 equipos dispara costos aún más. Es su afán de buscar el poder de la FIFA, Platini puede terminar matando la gallina de los huevos de oro.

32 equipos ya son muchos. Entiendo que políticamente no es viable retroceder. Por eso defiendo que es el número justo. Que no lo enreden más.

 

 

La historia del doping en el fútbol

El 23 de mayo de 2012, bien entrado el siglo XXI, la UEFA decidió profundizar su lucha contra el doping en el fútbol. Adicional a las ya rutinarias pruebas de orina decidió implementar pruebas de sangre en todas las competiciones europeas.



A raíz del escándalo del ciclista Lance Armstrong quién a punta de transfusiones de sangre logró ganar siete veces el Tour de Francia, el fútbol comienza ahora a preocuparse seriamente por el tema. Pero el doping en el fútbol viene de largo. Todo, por supuesto son conjeturas, nada comprobado, pero las sospechas del doping tiene una historia de al menos 60 años. Aunque hay sospechas desde mucho antes. Para la final de la FA Cup de 1939 se dice que Buckley, entrenador de Wolverhampton Wanderers inyectó a sus jugadores secreciones animales supuestamente tomadas de glándulas de algunos micos. De poco sirvió en todo caso pues perdieron 4 – 1.

El denominado Bernazo de 1954 puede considerarse el punto de partida. Aquel mundial vio como uno de los mejores equipos de la historia perdía, justo en la final, el primer partido en cuatro años. Si bien las razones futbolísticas están ahí, otras menos elegantes han puesto siempre un feo velo sobre uno de los resultados más sorprendentes de la historia del fútbol. Si en primer ronda Hungría bailó a Alemania y la derrotó por 8-3, en la final no pudo sostener dos tempraneros goles y terminó perdiendo por 3-2.

Tras la celebración por la victoria, además de ropa sucia, en el vestuario alemán quedaron múltiples jeringas y agujas. A pesar de las sospechas de Puskas, el doctor alemán alegó que les había inyectado un placebo, simple vitamina C. Pero en 2010, el doctor Erik Eggers de la Universidad de Humboldt presentó un estudio en el que encontró indicios de que algunos jugadores de aquella selección recibieron metanfetamina pervitina. Éste era un estimulante desarrollado en los años 30 y 40 para mejorar el rendimiento de los soldados alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. El estudio, valga decir, recibió numerosas críticas en Alemania y más allá de sugerir, nunca probó nada con certeza.

En los años sesenta, con la llegada del catenaccio, nuevos escándalos surgieron. Destaca por encima de todas la historia de Helenio Herrera en el Inter de Milán. Herrera fue un técnico innovador con grandes exigencias físicas a sus futbolistas. Cuidaba tanto la condición física como la dieta de los futbolistas. Innovó en todos los sentidos. Fue, por ejemplo, el inventor de la concentración previa a los partidos. Concentración que se volvía eterna, lo que obligaba a los futbolistas a lidiar con grandes presiones psicológicas. Se quejaban de ver muy poco a sus familias.

Herrera fue más allá. Lo llegaron a apodar el “entrenador de la Copa Farmacia”. Ferruccio Mazzola, el hermano menor de Sandro, uno de los cracks del equipo alegó alguna vez que “con sus propios ojos” había visto a Herrera poner píldoras bajo la lengua de los jugadores del equipo reserva a quienes utilizaba como conejillos de indias. Luego, dice Ferruccio, las píldoras las usarían los jugadores del primer equipo. Las diluía en el café. Sandro negó las acusaciones del hermano y como ya es tradicional nunca se pudo probar mayor cosa.

El desarrollo del fútbol total por parte del Michels en el Ajax que dirigió entre 1965 y 1971 exigía gran estado físico. En una frase el fútbol total es la capacidad de los jugadores de intercambiar posiciones verticalmente. Es decir, no consiste en que un mediocampista derecho juegue en la mitad. Consiste en que un defensa derecho sea capaz de jugar de puntero derecho y a su vez el puntero derecho de marcador derecho. El objetivo era crear y ocupar espacios. Esto durante todo el partido, de manera constante.

Tal esfuerzo, además de una rígida y profesional disciplina de entrenamiento parece haberse apoyado en ciertas ayudas externas. El masajista del Ajax entre 1959 y 1972 afirmó alguna vez que durante un buen tiempo se dedicó a coleccionar las píldoras que le eran suministradas a los futbolistas del Ajax. Con el tiempo las mandó analizar y encontró que eran pastillas para el dolor, relajantes musculares, tranquilizantes y capsulas de anfetaminas. En 1973, Hulshoff hablaba en una entrevista de una pastilla que los hacía sentir muy fuertes pero que los dejaba sin saliva. El Ajax, recordemos, ganó 3 Copas de Europa consecutivas.

En 1977, en una famosa entrevista a la revista Stern, Franz Beckenbauer, el Kaiser, declaró que era lícito para los jugadores de primer división tomar todo aquello que les ayudará a mejorar el rendimiento. Dijo el Kaiser que en su caso era norma extraerse sangre de una vena del brazo y posteriormente inyectársela en una pierna. Diez años después Schumacher, aquel portero de la patada salvaje a Battiston en la semifinal contra Francia en el Mundial de 1982, reconocía dopaje sistemático en la Bundesliga. El castigo curiosamente, fue que Beckenbauer, entonces entrenador de la selección alemana, lo excluyó del equipo que ganaría el mundial del 90. Ante el ataque de moralidad que invadió a todo el fútbol alemán fue Paul Breitner intervino para apoyar las acusaciones de Schumacher. Argumentó que en la Bundesliga el doping era “chisme común” particularmente en las pretemporadas.

El doping parecía norma en la época. En 1988 el diario El País de España reveló que se habían detectado ocho casos de doping en el fútbol de primera y segunda división de España. Era una cifra porcentualmente superior a la de otros deportes pero no hubo sanciones por ser tomas experimentales. En 1998 24 jugadores del Parma tenían índices de haber ingerido eritropoitena (EPO), una droga comúnmente relacionada con el ciclismo que al aumentar el oxigeno en la sangre promueve una mayor resistencia. Nada se comprobó.

La realidad del doping continuó a nuestros días. El 29 de agosto de 2009 Fabio Cannavaro, campeón mundial y balón de oro en 2006, resultó positivo por corticoide debido, según él, a que había sido picado por una abeja semanas antes. El corticoide fue necesario para salvarle la vida. Claro que el médico de la Vecchia Signora, Riccardo Agrícola había sido había sido absuelto de dopaje a pesar de haberse comprobado que había dopado al equipo entre 1994 y 1998. Cannavaro fue el mismo que en 1999 sale en este vídeo inyectándose en vísperas de la final de la Copa de la UEFA en la que su equipo, el Parma derrotó al Olympique de Marsella.

Los casos son infinitos. En Europa y en América. Recientes son todavía las declaraciones de la Gambeta Estrada crack de Millonarios en los 80 reconociendo que se dopaba “antes de los clásicos” con unas pastas amarillas. Se pregunta uno si fue dopado que metió uno de los mejores goles de la historia del fútbol colombiano:

En Argentina, a 2004, se reportaban 40 casos desde 1975. Y por supuesto destaca el caso de Maradona. El gran Diego es a quien la prensa más ha atacado pero no es el único mega crack envuelto en esas lides. Las continuas lesiones de rodilla de Ronaldo (el brasilero) son atribuidas por muchos al tratamiento de esteroides que recibió durante sus años en el PSV. Al aterrizar allí se decidió fortalecer su musculatura pero, dicen, su musculatura creció más de lo que sus tendones podían resistir.

Zidane, además de haber jugado en la Juve durante los años más oscuros del dopaje también fue acusado por la estrella del rock Johnny Hallyday quien en 2003 afirmó durante una entrevista que había recibido una “cura de juventud” mediante oxigenación de la sangre en una clínica recomendada por su “amigo” Zinedine Zidane quien, afirmó, iba allí dos veces al año. Guardiola fue acusado de uso de nandrolona, otro esteroide, mientras jugaba en Italia. Él siempre negó las acusaciones y al final fue absuelto por la justicia. Pero siempre quedó la duda porque Ramón Segura, médico del Brescia mientras jugaba allí Pep fue el doctor jefe en el Barça mientras él entrenó al equipo azulgrana.

El doping, tristemente, está inmerso en la historia del deporte, no sólo del fútbol. Algunos, como el mismo Beckenbauer simplemente creían que además de entrenar era lícito utilizar ayudas externas. De hecho, en los setenta no era ilegal. El problema viene con el daño en la salud y los muertos que en ocasiones se sospecha tienen su origen en el doping. Maradona, adicto reconocido a la cocaina, alguna vez lo dijo. La coca no sólo no lo dopaba, era un obstáculo para su actividad deportiva. Otras sustancias, por supuesto tenían el efecto contrario.

Quizás sea mejor seguir confiando en que los equipos se preparan para ganar utilizando todos los medios deportivos a su alcance. Pero, para aquellos que buscan esas ayudas externas, aplaudo la decisión de la UEFA. Sin ayudas extras, la historia del fútbol se contará de forma más poética.