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Debate: Di Stéfano, Maradona, Messi …. y Cruyff.



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La carrera de Messi, ya pasado su ecuador, pone a todos los amantes del balón a discutir sobre su dimensión histórica. Para algunos es el mejor, para algunos insensatos, como Gatti, no está ni en los 10 mejores. Tras una agitada discusión en twitter, invitamos a Andrés Waldraff, colaborador ocasional de Gol y Fútbol, a que defendiera su posición en esta entrada. ¡Al final votamos! En la discusión dejamos a Pelé por fuera. Es el mejor.

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Messi, sangreyuca? pecho frío?

Messi ha marcado en 16 partidos consecutivos de liga. Récord en España. Messi lleva 39 goles está temporada. Impresionante si se tiene en cuenta que estas cifras son a febrero, cuando aún queda un tercio de liga y además, hasta hace no mucho, el récord en España eran los 38 goles de Zarra y Hugo Sánchez. Pero el Barcelona perdió dos partidos con el Madrid, uno con el Milan y de repente el mundo se vino encima.




Algunos, como Jorge Barraza, incluso comienzan a hablar de fin de ciclo, del fin del gran Barça del toque y el buen trato al balón. Es posible. Pero otros van más allá. Se lee en las redes sociales, en ciertos círculos del balón. Para estos Messi es un sangre-yuca, como dirían en Colombia. Messi es un pechofrio dirían en Argentina. No se le vio garra, no se echó el equipo al hombro. Ese par de clásicos demuestran, dicen, que Lionel no se muestra en los partidos importantes. Olvidan que ha igualado a Di Stéfano como el máximo goleador en partidos frente al clásico rival.

Además, cuando se habla de los fracasos de Messi, siempre aparece el nombre de Maradona. El ídolo que nunca se arrugó en un partido. Pero la memoria es corta. Si de Messi ya se olvidaron de sus 39 goles, no extraña que se olvide la historia de Maradona. Recordemos un partido en particular. El 16 de septiembre de 1987 se enfrentaron en primera ronda de la Copa de Europa de Campeones de Liga el Real Madrid y el Nápoles. Era la primera participación del equipo del sur de Italia en la máxima competición continental. Debido a su escasa, si no nula historia continental no fue cabeza de serie en el sorteo. La suerte quiso que se enfrentaran el campeón español y el campeón italiano.

El partido, por supuesto, centró la atención de mundo futbolístico. Era el equipo más tradicional de la Copa de Europa contra el equipo del gran Maradona, aquel que había logrado romper el dominio de los poderoso cuadros del norte de Italia. El partido tenía además un componente adicional. Debía jugarse a puerta cerrada, sin público.

El Real Madrid había sido sancionado por los incidentes de los ultras sur en el partido de semifinales de la Copa de Europa de la temporada anterior frente al Bayern München. Si el partido de ida se recuerda por el pisotón en la cabeza de Juanito a Mattheus, el partido de vuelta trae a memoria la barra de hierro que los ultras blancos lanzaron a Jean Marie Pfaff, el arquero belga al servicio del equipo bávaro. Tras de eliminados, al Madrid le cayó una sanción ejemplar: dos partidos a puerta cerrada. La sanción posteriormente se redujo a un partido a puerta cerrada y el otro a jugar a un mínimo de 300 km. de su estadio.

Maradona ChendoAsí que ese primer partido de Maradona en Copa de Europa se jugó sin público: en total se contaron 499 en el recinto aquella noche. El Nápoles, cuentan las crónicas, salió a defenderse dejando a Maradona detrás de Giordano para intentar con su habilidad ganar el partido. Pero “el abandono físico” de Maradona era escandaloso. Genio, pero genio sin garra, genio sin fuerza. La imagen del partido fue aquella de Maradona marcando a Chendo el marcador derecho del Real Madrid. Lo que debió ser un baile de Maradona sobre Chendo terminó registrado como la noche en que el gran Diego se vio obligado a ejercer de marcador de punta. El Madrid ganó la ida 2-0. El titular en Italia fue diciente: “Sin público y sin Maradona”.

El partido de vuelta comenzó bien para el Napoles. Marcó pronto Francini tras fallar Buyo, el arquero blanco, en un remate relativamente sencillo de Careca. Pronto sin embargo empató Butragueño a pase de Hugo Sánchez. Pero Maradona nuevamente se ausentó en vida. Sin disciplina para entrenarse como debía, su aporte a la primera aventura del Nápoles en la máxima competición continental fue nula.

Trece días tardó Maradona en recluirse en una clínica de reposo en Merlano. Allí el doctor que lo atendió acusó al Napoles de inyectar a Maradona cortisona, “no hace una semana o dos, sino hace tres años, por lo menos”. Maradona, ya entonces, desde su estadía en el F.C. Barcelona, tenía problemas con la droga. Pero en principio esta reclusión era simplemente para recuperar al crack física y anímicamente  No sería esta la última vez que Diego visitaría la clínica de reposo en Merlano. En agosto de 1989 se limitó a informar al Club que no jugaría el primer partido de liga porque no renunciaría a la “cura de reposo”. En aquella ocasión, el reposo tuvo efecto. Maradona volvería por la puerta grande. Llevó al Napoles a ser campeón y con 16 goles fue el tercer máximo goleador del Calcio tras Van Basten (19) y Baggio (17).

Maradona se fue y volvió. Maradona se arrugó y apareció. Quienes lo vimos jugar en 1986 y luego en 1990 sabemos que aunque en ambos casos se preparó individualmente con su equipo de confianza para enfrentar la máxima cita de selecciones, no era el mismo en Italia que en México. De hecho, en Italia ’90 no marcó un sólo tanto. Pero contribuyó a llegar a la final. Y es que no hay jugador, por más grande, por más Pelé o Maradona que sea, que rinda al 100% todos los partidos, por más importantes que sean.

Messi tiene 25 años. No está acabado. Es un bache normal en un deportista de élite. Quizás el Barça de Pep, con Messi eso sí, haya sido el equipo más grande de la historia. Pero el Barça de Messi, el de la era post-Guardiola también ganará partidos y títulos. Maradona tenía malos partidos, malas temporadas inclusive. Pero no era sangre-yuca, no era pecho frío. Messi tampoco. Un tipo que lleva 16 partidos marcando gol en una de las ligas más poderosas del mundo, un tipo que ha marcado los mismos goles que el gran Diego hizo en una de sus mejores temporadas con el Nápoles no puede ser catalogado de flojo. Está en la parte de abajo de la curva. Ya volverá.

 

Guardiola – Sacchi: Sobre el mejor equipo de la historia

En las charlas de amigos y en las tertulias de expertos, cuando se referencia a los equipos que mejor han jugado al fútbol desde que comenzó la fiebre del balón, dos nombres están en boca de todos: Brasil ’70 y el Real Madrid de Di Stéfano. Personalmente considero un error mezclar clubes y selecciones en el debate del mejor equipo de la historia; es, pienso yo, como mezclar peras y manzanas. Por eso, hoy me voy a centrar en clubes y, aún cuando el título lo sugiera, no pretendo opinar sobre el mejor equipo de siempre. Simplemente quiere defender una candidatura.



Para simplificar un poco la discusión, me voy a enfocar en aquellos candidatos que deslumbraron más o menos desde mediados del Siglo XX. Si bien más atrás hay candidatos, la verdad es que el poco roce internacional de esas escuadras los deja como grandes equipos regionales con poca historia visual sobre ellos y mucho de romanticismo en la leyenda creadas a su alrededor. Esto no quita que sus historias sea interesantes y vale la pena presentarla, pero otro día.

La lista comienza con un futbolista, Di Stéfano, de quien alguna vez leí que los equipos donde él jugó fueron los mejores del mundo en su momento. Al menos en sus años productivos, River Plate, Millonarios y el Real Madrid están en la mayoría de las quinielas. El Santos de Pelé y el Ajax de Cruyff también se consideran candidatos a ser el mejor equipo de siempre. De mediados de los setenta en adelante, quizás sólo el Milan de Sacchi y sus tres tulipanes (Rijkaard, Van Basten y Gullit) es considerado casi por unanimidad como uno de los mejores equipos de todos los tiempos. Yo incluyó dos latinoamericanos como candidatos. Uno, el Flamengo de Zico, el otro, el Sao Paulo de Tele Santana.

Mi propuesta, el Pep Team, no es por supuesto nada original. Es simplemente una defensa originada en la polarización del mundo futbolero entre Barcelona y Real Madrid y que se vio intensificada desde la llegada al Madrid de José Mourinho. El Madrid es un equipo universal, y la prensa que mueve alrededor se ha esforzado en menospreciar los logros del Barcelona de Guardiola.

Si por un lado hay voces como las de Menotti que lo consideran, no sólo uno de los mejores, sino el mejor de la historia, por el otro se menosprecia los logros de ese equipo. En Madrid, un reputado periodista, director del Diario AS, Alfredo Relaño, se inventó incluso un término, Villarato, para argumentar que las victorias del Barcelona se debían a la colaboración arbitral. A los árbitros se suman otros argumentos futbolísticos como que el campeón de España es el Madrid o que el Inter de Mou los eliminó en el mismísimo Nou Camp.

En un debate imposible de objetivizar, establezcamos al menos ciertas características que son comunes a los equipos listados anteriormente. Todos jugaron un gran fútbol de ataque, siguen la línea de lo que anotamos en nuestra primera entrada. Como dijo Mourinho recientemente, hay otro fútbol. Tiene razón. Ese otro fútbol gana, pero no enamora y no entra al Olimpo. Ahí podemos incluir al Independiente de los setenta o el Inter de Helenio Herrera. Ganaron, celebraron, pero no son los mejores de la historia. Tienen en común, también, que contaron con un jugador de leyenda: Di Stéfano, Pelé, Cruyff, Zico, Van Basten o Gullit y, por supuesto, Messi. Quizás, el único que tuvo grandes jugadores,pero no un crack universal fue el Sao Paulo de Telé Santana.

Otra característica de esos grandes equipos que marcaron historia es que su ciclo es corto, ganan mucho, pero son incapaces de ganarlo todo. El Madrid de Di Stéfano ganó 5 Copas de Europa, pero nunca pudo lograr el triplete (Copa de Europa, Copa del Rey y Liga). De hecho, en ese período sólo ganó dos ligas. El Santos de Pelé lo ganó todo en dos años, pero eso, sólo duró dos años. El ciclo del Ajax, también corto, fue repleto de éxitos. Ganó dos ligas y dos copas además de la única Intercontinental que se dignaron jugar. El Flamengo bailó al Liverpool en Tokyo, pero su ciclo internacional, como el del Sao Paulo fue corto.

El escueto recuento de triunfos de estos grandes equipo demuestra que para entrar a ese pool de candidatos hay que ganar, hay que jugar bien pero, desde luego, no hay que ganarlo todo. Queda hablar del Milan, el gran Milan de Arrigo Sacchi. Éste, como Guardiola, llegó sin experiencia en primera división. Sacchi, entrenó dos temporadas al Parma, una en Serie C y otra en Seria B, donde llamó la atención de Berlusconi al eliminar al Milan de la Copa de Italia. Guardiola, por su parte, al momento de asumir el reto de tomar el primer equipo del Barça apenas había tenido un año de experiencia como entrenador del equipo B del Barcelona, en ese momento en tercera división.

Títulos de Sacchi y Guardiola
Haga click en el cuadro para ampliar.

La carrera de éxitos de ambos entrenadores en Barcelona y Milan se resume en el cuadro de la izquierda. Ambos estuvieron cuatro años en sus respectivos equipos. Estoy seguro que, a más de un lector, sorprende que en cuatro años, el Milan apenas ganó una liga. Era, sin embargo, la italiana, la liga más poderosa del mundo. El Milan debía enfrentarse al Napoles de Maradona, al Inter de los tres alemanes (Klinsmann, Mattäus y Brehme) y a la siempre poderosa Juventus. Pero muy poca gente duda que el Milan de Sacchi es uno, si no el mejor equipo haya dado la historia del fútbol. La candidatura del Milan se construye sobre el buen fútbol y sus éxitos deportivos, particularmente en el ámbito internacional.

El Pep Team jugó estos años un fútbol de posesión de balón, con profundidad que resultó demoledor para la mayor parte de los rivales. Perdió partidos y títulos, por supuesto, pero en conjunto, su fútbol, y sus éxitos lo condenan a ser considerados como un serio candidato al mejor equipo que haya dado el deporte rey. Como bien dijo Cruyff recientemente, con la salida de Pep se acaba un ciclo. Un ciclo que nos permitirá hacer en el futuro lo que hacían nuestros abuelos: hablar de fútbol con aires de sabiduría: “mijo, yo sí ví jugar al Santos de Pelé, eso era fútbol, no lo de ahora”. Nosotros diremos lo mismo, pero hablando del Barcelona.

Puede que el nuevo Barcelona de Tito Vilanova siga ganando. Se retiró Sacchi y el Milan volvió a ganar. Recordemos por ejemplo que en 1994 humilló precisamente al Barcelona en la final de la Copa de Europa jugada en Atenas. Le metió 4. Pero difícilmente será aquel equipo que bailó, casi sobrado, a equipos de la talla del Manchester United, Real Madrid o el Santos de Neymar.

Se cierra un ciclo, casi único en la historia del fútbol. Lo disfrutamos y ahora sólo  nos queda comenzar a contar historias sobre el fútbol que, gracias a la televisión, todos pudimos vivir en directo.