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La magia del zurdo



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Zurdos han sido varios de los mejores futbolistas de todos los tiempos. Puskas, decía Di Stéfano, “manejaba la bola con la pierna izquierda mejor que yo con la mano”. Zurdos fueron también cracks como Maradona, Rivaldo, Cesar Cueto, Hagi, Ryan Giggs o Rivelino. Messi, el mejor de hoy, lo es. Pero los derechos han sido grandes. Desde Pelé hasta Cristiano Ronaldo pasando por, Willington Ortiz, Zico o Zidane. La leyenda del fútbol, sin embargo habla de la grandeza de los zurdos. Utilizando datos de 566 mediocampistas y delanteros que jugaron entre la temporada 2009/10 y 2015/16 en las English Premier League y la Liga española evaluemos si los zurdos marcan sistemáticamente más goles, realizan más asistencias y regatean más.

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Cristiano y el cabezazo de Pelé



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El debate sobre el mejor cabeceador de la historia, como tantos otros en el fútbol,es aún materia de discusión. Candidatos sobran. Desde el histórico paraguayo Arsenio Erico a Cristiano en la actualidad, pasando por leyendas como Kocsis y por supuesto Pelé.  Hoy por hoy el mejor es Cristiano. Su gol en semifinales de la última Eurocopa fue una demostración de poder, agilidad y fuerza. Pero aún hoy, el paradigma contra el que se comparan los mejores cabeceadores sigue siendo Pelé, el Rey.

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¿Por qué Pelé nunca ganó la Copa América?


La respuesta corta es sencilla. Pelé no ganó la Copa América porque apenás la jugó una vez, y en esa quedaron subcampeones. Entre 1959 y 1971, año en que se retiró de la selección Brasil, se disputaron cuatro Copas América. Pelé apenas disputó la primera que se jugó en 1959, año en el que por cierto se disputaron dos Copas América.  La desorganización desde siempre ha caracterizado al fútbol suramericano.

Aquella Copa América se disputó entre el 7 de marzo y el 4 de abril de 1959 en Argentina. Brasil acudió a aquel torneo con un equipo competitivo: Djalma y Nilton Santos, Mauro, Zito, Didí, Garrincha, Zagallo entre otros acompañaron al Rey del Fútbol. Eran los campeones del mundo.  El torneo se disputó por el sistema de todos contra todos que, ante las ausencias de Colombia y Ecuador (y Venezuela),  dejó el torneo con siete participantes. Brasil comenzó empatando ante Perú 2-2 tras ir ganando 2 – 0. Pelé, como sería casi norma en el torneo, marcó. Apenas el segundo en esta ocasión.

Las victorias se sucedieron. Tres goles a Chile (2 de Pelé), cuatro a Bolivia (1 de Pelé),  tres a Uruguay sin goles de Pelé y otros cuatro a Parguay (3 de Pelé).

Argentina, por su parte, arrasaba rivales. Cinco victorias obligaban a Brasil a ganar el último partido para poder coronarse Campeón de América.  Ante 85.000 espectadores en el Monumental de Nuñez, la albiceleste se adelantó, con gol de Pizzuti por entre las piernas del portero. Brasil empató con gol de Pelé (por supuesto), pero el tanto fue insuficiente para lograr la victoria. Dicen las crónicas que el árbitro, Carlos Robles de Chile, dio por terminado el partido cuando Garrincha disparaba lo que habría sido el gol del título. Claro que, como se aprecia en el siguiente vídeo, parece que también anuló un gol a Argentina. En cualquier caso Pelé no ganó, pero si fue con 8 tantos el goleador del torneo.

El fútbol suramericano ha progresado a pesar de sus dirigentes. Aquella Copa América se disputó entre marzo y abril, sin apenas descanso para los futbolistas. Pelé, Garrincha y demás cracks brasileros disputaron la que en la práctica fue la final el 4 de abril. Apenas unos días después, el día 9 ya estaban enfrentados Santos y Botafogo por la Copa Río – São Paulo. Ganó Santos en Maracaná con un gol de Pelé, 2-4.

Pelé nunca más jugaría la Copa América. La segunda Copa América de 1959 se disputó entre el 5 y el 25 de diciembre en Guayaquil, Ecuador. Bolivia, Colombia, Chile y Perú rechazaron participar en un torneo que, evidentemente, carecía de seriedad profesional. Brasil asistió con un combinado de Pernambuco. Mientras un combinado con el uniforme de Brasil quedaba tercero (de cinco participantes) en esa Copa América, el Santos disputaba diferentes partidos del campeonato paulista (incluyendo victoria en el clásico ante São Paulo 4-3 con 2 goles de Pelé) y el primer partido de la final de la Taça Brasil ante el Bahía donde, a pesar de un gol de Pelé, perdieron 2-3.

Para la Copa América de 1963, Uruguay no asistió, Brasil mandó otra vez unos señores vestidos de amarillo que decían ser brasileros y Argentina un equipo de juveniles. Chile, ni siquiera fue invitado por la pelea del acceso al mar que mantienen hace años bolivianos y chilenos. Así, Bolivia fue campeón al tiempo que el Santos, con Pelé, disputaba torneos de prestigio para ellos como el Torneo Río – São Paulo y la Taça Brasil.

A la Copa América de 1967, Brasil ni siquiera se dignó en asistir. El Santos estaba de gira recaudando fondos y disputó partidos en esos días de enero ante equipos como Atlético Junior de Barranquilla (empate a 3 ) y derrota ante Millonarios 1-2 . Pelé no anotó en ninguno de esos dos partidos. En aquel mes, el Santos también disputó tres partidos ante River Plate, uno en Mar de Plata (4-0 a favor del Santos, 1 gol de Pelé), otro en Los Angeles, EE.UU. (derrota 2-4 a pesar de anotar los 2 goles) y el otro en León, México (victoria 2-1 con 1 gol de Pelé).

En resumen, Pelé jugó 6 partidos en la única Copa América seria (o Campeonato Sudamericano como se llamaba en la época) que se disputó durante su reinado. Marcó 8 goles, fue subcampeón. Nunca pudo ganarla. Ni siquiera intentarlo. La falta de capacidad organizativa tan triste pero tan común en Sur América redujo el torneo a su más mínima expresión. Pelé, el rey del fútbol, sobraba allí. Una lástima.

 

El Arte de Celebrar un Gol


Cuando yo era niño, en los partidos de barrio, en esos clásicos contra los de la otra cuadra, el gol se celebraba a rabiar. El partido solía arrancar en algún punto después del almuerzo y terminaba cuando la luz no permitía ver ya el balón. Los goles se celebraban, pero ese gol definitivo, ese que marcaba el 15-14 en el marcador se celebraba como si hubiésemos ganado la Copa del Mundo. Y sin importar si el gol era maradoniano o de palomero, el equipo entero salía corriendo tras el goleador a celebrar sobre él la victoria que nos llenaba de orgullo.



La celebración siempre se enfocaba sobre aquel que marcaba el gol. Palomero o no. Había una excepción: el penal. Un gol de penal no se celebraba, apenas un ligero gesto de complicidad. Tanto ha cambiado el fútbol. Ahora los penales se celebran, así sea el cuarto en una victoria holgada como aquella burda celebración de Cristiano Ronaldo en la final de la Champions League del 2014.  No sé en que momento se empezó a celebrar el penal. En la final de 1974 entre Alemania y Holanda hubo dos penales. Aún en plena final, las celebraciones fueron de lo más parcas. Un brazo arriba, media vuelta, y algunos abrazos. Tanto Neeskens como Breitner.

Claro que el gol hay que celebrarlo. No hay nada más desagradable que un Balotelli ‘celebrando’ un gol. Cuándo los marcaba por supuesto. Según él, no los celebraba, ni una pequeña sonrisa, porque “ese era su trabajo”. Desde que llegó al Liverpool, parece haber olvidado cuál era su trabajo.

En algún momento la celebración degeneró hasta el punto de convertirse en un anuncio publicitario. Así sucedió con la selección Colombia que, rumbo a Estados Unidos 1994, celebraba cada gol levantando el dedo índice. El patrocinador les pagaba para luego anunciar que su producto era “el número 1”.

Poco a poco se han vuelto extrañas las que para mí son las grandes celebraciones. Esas espontáneas, llenas de alegría. Cuando Jairzinho marcó el 1-0 sobre Inglaterra en el Mundial de 1970, nadie se fue a abrazar a Pelé o a Tostão, asistente y artífice de la jugada respectivamente. Jair salió corriendo y los cracks lo siguieron. Siempre a celebrarlo con el goleador. Hasta el gran Maradona salió a perseguir a Burruchaga tras el gran pase que le dio para que marcará el tercer y definitivo gol en la final ante Alemania en 1986.

 

El mundo cambia. Quizás sea nostalgia. Pero duelen y molestan las palabras de Thierry Henry sobre el gol del “Chicharito’ Hernández en los cuartos de final de la Champions League.  En ese decisivo partido el ‘Chicharito’ Hernández por fin pudo jugar. Jugó con ganas, con rabia, con mucha ambición. Y metió gol. Fue el gol que definió la eliminatoria entre el Real Madrid y Atlético de Madrid. El ‘Chicharito’, consciente que se jugaba su oportunidad lo celebró, con mucha emoción. Pero a Thierry Henry no le gustó. Lo acusó de celebrar como “si hubiese ganado la Copa del Mundo“. Según el francés, el mexicano debió salir corriendo a abrazar a Cristiano Ronaldo que fue quien lo asistió para marcar un gol que, todo hay que decirlo, no tuvo un gran nivel de dificultad.

No. ‘Chicharito’ marcó un gol y salió a celebrarlo con el alma como se celebran los goles importantes, los que clasifican, los que dan títulos y los del barrio. Me alegra que ‘Chicharito’ haya celebrado su gol como lo hizo. Porque, entre otras, de haber ido a abrazar a alguien, debió ser a James. Fue él quien rompió la defensa del Atléti con su pase filtrado al área. Pero esa, es otra historia.

El derecho al espectáculo: aplaudiendo a Elton Martins


El pasado fin de semana, un jugador del Deportivo Independientemente Medellín recibió en el tiempo añadido un cruce del balón con el pecho. El posterior rebote del balón no lo controló con la cabeza, el muslo o el pie; lo controló con la nuca. Su equipo ganaba. Era local, así que la afición vibró. Pero lo jugadores del Cali, el rival, se vinieron encima a agredirlo por haber ofendido cierto ‘código’ surgido de las tinieblas más oscuras y mediocres del fútbol.



Jugadas como esa son un aire fresco que deberían celebrarse. En el caso del fútbol profesional colombiano, donde la calidad técnica brilla por su ausencia, dicha celebración tendría que ser doble. Sin embargo, ciertos sectores de la prensa y muchos hinchas hablan de códigos que se rompieron. Se habla de irrespeto al rival.

No es por supuesto el único caso. A Cristiano Ronaldo le pasó en un partido frente al Atlético de Madrid. Una espaldinha fue recibida con insultos por parte de los jugadores colchoneros. Ronaldinho, el jugador con más carisma en lo que va del S. XXI la hacía también pero a él, por supuesto, nadie le reprochó nada. En Brasil, en cambio, ofendía la foquinha de Kerlon.

El fútbol, tristemente, se ha ido sumiendo en ese aburrido concepto de ‘políticamente correcto’. Hablan de códigos. Pero olvidan que si el fútbol está en la cima del deporte es gracias al espectáculo que ofrecieron aquellos que violaron el tal código.

Omar Orestes Corbatta dicen que en un partido contra Chile regateó al defensa y al portero. En lugar de entrar con el balón y marcar el gol, optó por devolverse, regatear de nuevo al portero para finalmente, entre el portero y dos defensas marcar el gol. Garrincha se paraba, amagaba una, dos, tres, diez veces. Se estaba construyendo el fútbol espectáculo. Pelé la rompió en plena semifinal del mundial del ’70 regateando a Mazurkiewicz sin tocar el balón.

Si de romper los códigos se trata, no puede quedar por fuera Higuita, quien en Wembley se marcó una de las jugadas del siglo XX: el escorpión. The Master of the Unpredictable, el ‘Maestro de lo Impredecible’ dice la narración del comentarista inglés.

Panenka, el checo también decidió romper el tal código y humilló a Sepp Maier, campeón del mundo, en plena final de la Eurocopa de 1976. Su genialidad, su irresponsabilidad, dio pie a una nueva forma de patear los penales.

Es cierto, el bueno de Elton Martins, que así se llama el jugador del DIM, no es Garrincha, ni Pelé, ni siquiera debe ser un Panenka. Pero los jugadores del Cali tampoco son un Sepp Maier, un Mazurkiewicz o miembros de la flemática selección inglesa.

El fútbol es espectáculo y hay que defenderlo. Yo celebro la jugada. El árbitro debió amonestar al jugador del Cali por intento de agresión. El jugador diferente es quien hace que el aficionado al fútbol se interese por esos torneos marginales aún cuando no juegue su equipo favorito. A mi, debo decir, ahora me causa curiosidad cuál será el nivel real de Martins. Sólo por verlo a él, analizarlo, comprobar si fue suerte o no, me sentaré a ver el próximo partido del Medellín. El espectáculo crea demanda. Lo felicito señor Martins.

Neymar, ¿comparable con Pelé?


 

A raíz de los cuatro goles que marcó Neymar contra el seleccionado japonés el pasado 14 de octubre de 2014, muchos comenzaron a compararlo con Pelé. El origen de la comparación es que también con 22 años Pelé alcanzó a la cifra de 40 goles con la selección de Brasil.

Aún los más furibundos admiradores de Neymar deben sentir cierto escalofrío al comparar a la joven estrella del Barcelona con el Rey del Fútbol. ¿Realmente son comparables Neymar y Pelé?

F- G. Breta?a

La gráfica muestra la evolución goleadora hasta los  22 años del Rey y de Neymar. Pelé comenzó su carrera goleadora muy joven. Cuando Pelé marcó su gol número 40, ya había sido dos veces campeón del mundo y apenas si había jugado 36 partidos tipo A con la selección de Brasil (es decir, contra otras selecciones).  Neymar ha sido campeón de la Copa Confederaciones pero si por algo se recordará su debut mundialista será por su golpe en la espalda y la vergüenza brasilera en las semifinales ante Alemania. Neymar, cierto, no jugó aquel partido, pero creería que existe unanimidad universal en que su presencia no habría impedido una goleada alemana. Los 40 goles de Neymar, además, incluyen los 3 que marcó en los juegos olímpicos de 2012. Es válido considerar ese torneo, pero no deja de ser un torneo menor.

Las cifras pueden, por tanto, ser engañosas. La siguiente gráfica muestra la evolución goleadora de Neymar y Pelé en sus primeros 58 partidos. Es decir, los que le tomó a Neymar llegar a 40.

Pelé y Neymar por partido jugado en Brasil

Las cifras, vistas de otra forma, son elocuentes. En sus primeros 58 partidos Neymar ha marcado 40 goles. Pelé estaba jugando su tercer mundial, estaba siendo sacrificado por los portugueses en el Mundial de Inglaterra y ya rondaba los 60 goles con la selección brasilera.

La respuesta a la pregunta del titulo de la columna es contundente. No. Neymar actualmente no es comparable con Pelé. Está aún a años luz. Quizás más adelante. Su fútbol parece aún endeble para entrar en esa lista de cracks universales. No parece consistente, no es la figura en la que se pueda confiar para cambiar el signo de un partido.

Dicho esto, a algunos les puede sorprender que su desempeño goleador sí sea comparable con el de Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, los dueños del fútbol mundial durante la última década. La capacidad goleadora del portugués y el argentino está fuera de toda discusión, aún para sus más fuertes contradictores. Lo sorprendente es que Neymar, que aún no convence a todos, lleva mejores números que Ronaldo y Messi a la misma edad.

Messi Ronaldo Neymar Evolución Goleadora

La gráfica revela que desde su debut, Neymar siempre ha llevado mejores registros que Messi y Ronaldo a una edad comparable. Es cierto, Neymar debutó en Brasil, un torneo inferior en calidad a la liga inglesa o española. Pero Neymar, muy joven, fue campeón de la Copa Libertadores. En la final del Mundial de Clubes su Santos fue aplastado por el Barcelona pero, como alguna vez dijo Guardiola, ese quizás fue el mejor partido que él vio a los azulgrana. Y ese Barcelona es uno de los mejores equipos dela historia. Poco que criticarle a Neymar.

La gráfica además muestra que la tendencia goleadora de Neymar no se ha resentido sustancialmente desde su arribo al fútbol europeo. Si bien parece que le costó arrancar, la curva parece retomar la tendencia de sus mejores años.

Neymar es joven. Por fútbol y desempeño futbolístico es difícil compararlo actualmente con Pelé, Messi o el mismo Ronaldo. Aún no se le ve un golazo memorable en Europa. Pero marca goles. Muchos goles. Quizás con mayor confianza, con mayor decisión en sus arrancadas, Neymar se destape como el verdadero sucesor de la dupla Messi-Ronaldo en el fútbol mundial. Puede ser una bonita espera.