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¿La quedo grande la Premier a Guardiola?



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Unos lo celebran. Otros se preocupan. Todos opinan sobre el éxito o fracaso de Pep Guardiola en la English Premier League. Y es que desde su irrupción como entrenador del Barcelona en 2008, su manera de entender el fútbol no deja a nadie indiferente. Lo cierto es que hoy por hoy el multimillonario Manchester City ya no sueña con el título de liga y sus aspiraciones parecen limitarse a luchar por un puesto en la Champions League del año que viene.

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Del Barça de Guardiola al Barça de Messi


La historia dice que el mejor Barcelona de siempre, aquel que ganó el famoso sextete (Copa de Europa, Liga, Copa del Rey, Supercopa de Europa, Supercopa de España y Mundial de Clubes) se identifica como el ‘Barça de Guardiola’.

El Barça de Guardiola tenía cracks de talla histórica. Destacaron tres por encima de todos. Xavi, ya maduro e Iniesta y Messi en lo mejor de sus carreras. Con Guardiola en la dirección, el Barcelona jugó el mejor fútbol que se ha visto en el Siglo XXI. Algunos dirán que el mejor de la historia.

Con esos tres cracks, más otra serie de jugadores superlativos como Alves (en su mejor momento), Piqué, Valdés, Busquets, Henry o Eto’o, surge de manera natural una pregunta: ¿por qué se conoce al equipo como el Barça de Guardiola y no el Barça de Messi, de Iniesta o mejor todavía, el Barça de Xavi?

La razón tiene fecha exacta: 2 de mayo de 2009. El Barcelona llegaba líder al Bernabéu. Tenía 4 puntos de ventaja, suficientes para permanecer en punta aún cuando perdiese el partido. Pero el Madrid, es mucho Madrid. Después de perder 2-1 en el Camp Nou el clásico de la primera vuelta el Madrid ganó 52 de 54 puntos posibles. De ganar el clásico, por aquello de que el deporte es también de momentos y psicología, la remontada no parecía una quimera.

Fue entonces cuando ‘Pep’ Guardiola hizo el movimiento que cambiaría la historia. La de su Barça, la de Messi. El concepto que escribió su nombre con letras de oro para siempre en la historia del fútbol mundial.

La delantera del Barça que saltó al gramado blanco estaba compuesta por Eto’o, Messi y Henry. Guardiola mandó a Eto’o a jugar de extremo, siempre pegado a la banda derecha. El camerunés cumplió de tal manera que las crónicas del partido al día siguiente decían que el Barcelona había ganado, 2 – 6, sin precisar del mejor Eto’o.

Messi jugó de cuarto centrocampista, de delantero retrasado. Por la mitad. Messi jugó de falso nueve. Aquel día el Barcelona marcó 6 goles sin delantero centro. No fue aquella la primera vez que Messi jugaba ahí. Ya lo había hecho antes por momentos en partidos ante rivales importantes como Valencia o Sevilla. Sí fue la primera vez que salió a jugar de inicio de falso nueve.

Eto’o, que poco participó en el partido diría después: “el mister estuvo muy lúcido cuando me mandó a la banda mientras Messi se iba al centro”. Entre Xavi, Iniesta y Messi destrozaron al Real Madrid. Un Madrid, la historia olvida, que venía de arrasar a cuanto rival se encontraba en la liga española.

Guardiola justificó el movimiento en la necesidad de recuperar la ventaja numérica en el centro del campo. Con Messi por la derecha, la referencia del marcador era clara. En general los cuatro defensas del rival marcaban los tres atacantes blaugranas al tiempo que los medios neutralizaban su medio del campo. Aquel día salieron Xavi, Iniesta y Touré Yaya. Al mover y retroceder a Messi al centro, argumentó Guardiola, no lo seguía ninguno de los centrales. De hacerlo, quedaría un boquete entre el central restante y el marcador respectivo que a buen seguro Xavi e Iniesta aprovecharían para lanzar con su acostumbrada precisión al par de flechas Henry y Eto’o. Así que Messi bajaba, recibía sin hombre encima y creaba diferencias.

Con el tiempo, por supuesto, la estrategia se intentó contrarrestar. En ocasiones, como lo hizo Mourinho o incluso Ancelotti, se contrarrestó con éxito. Pero para la historia quedó aquel Barça que ganaría el sextete, además de un buen número de títulos adicionales.

El Barça versión 2014 – 15 también ganó el triplete (Champions, Liga y Copa del Rey). Como Guardiola, Luis Enrique, su entrenador, ganó el año de su estreno. Con Xavi de salida, reemplazado por un eficiente, pero lejos del mejor Xavi, Rakitić, el Barça siguió fiándose de Iniesta, de un joven Neymar, un todoterreno Luis Suárez y sobretodo un inconmensurable Messi.

A diferencia de Guardiola, Luis Enrique ya había dirigido al máximo nivel, particularmente la Roma de Totti. Allí fracaso y además terminó enfrentado a la máxima estrella romana. En el Barcelona le vino a pasar algo similar. Intentó castigar a Messi, el Barça perdió aquel partido donde sentó al argentino y a Neymar y las directivas tuvieron que echar al director deportivo, Zubizarreta, para no despedir al entrenador. Luis Enrique entendió a tiempo que debía poner a Messi, siempre. Y así ganó.

Pero la sensación de este Barça es diferente. Si en ambos Messi era la estrella, con Luis Enrique se percibe un entrenador que tiene la suerte de contar con uno de los mejores jugadores de la historia. El asturiano entiende que Messi debe jugar, pero no tiene reparos en alinearlo al lado de la suplencia. El experimento, Messi o no Messi, salió mal. La humillante derrota en la Supercopa de España (4-0 en la ida, 1-1 en la vuelta), cuando alineó un equipo llenó de suplentes, hace incierto el futuro.

¿Es Luis Enrique un gran entrenador que gracias a su habilidad estratégica y su dominio del vestuario logro ganar cuatro títulos en serie (hay que adicionar la Supercopa de Europa)? o ¿es Luis Enrique un entrenador que tiene la gran suerte de contar con un gran equipo y con Messi (además de Neymar y Luis Suárez)? La ida de la Supercopa de España demostró que no es partidario de jugar con tres delanteros. Ante la baja de Neymar por paperas, optó por Rafinha en la mitad, no por Pedro arriba. Los tres delanteros no los usa por convicción, parece más una obligación.

El debate está abierto. Luis Enrique no salió del Barça porque ningún equipo echa a un entrenador que gana el triplete. Pero creo que nunca convenció del todo.

En mi opinión Luis Enrique no es un gran estratega y, más allá de la calidad de su nomina, son limitadas las virtudes que exhibe. Desde luego no es un entrenador excepcional. Por eso, un equipo ganador como este Barcelona será para siempre recordado como el ‘Barça de Messi’. Nadie nunca lo llamará el Barça de Luis Enrique.

La historia al final dictará sentencia. ¿Será alto, medio o bajo el rol de Luis Enrique en este Barça?

 

El rol de Luis Enrique en el ‘Barça de Messi’ es:

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El Entrenador: la fina línea entre vender ilusiones y vender humo


Salió reportado en purelyfootball.com la lista de los diez entrenadores que más han gastado (o invertido, según se quiera mirar) en fichajes durante la última década.  La lista no es particularmente llamativa tal como se observa en el  siguiente cuadro:

Entrenadores Titulos Gastos y Costo de títulos

No todos entrenaron sin parar durante los últimos 10 años. Ferguson, por ejemplo, se retiró hace un par de años. Guardiola se tomó un año sabático entre el Barça y el Bayern Munich. Van Gaal estuvo un tiempo de director deportivo del Ajax y, posteriormente fue entrenador de la selección holandesa.

En general, los entrenadores en cuestión son aquellos que entrenan a los grandes clubes europeos aunque alguno, en los últimos 10 años, entrenó equipos que no necesariamente son los más ricos del mundo. Van Gaal, por ejemplo, estuvo en el AZ. Klopp y Simeone entrenan equipos importantes, Dortmund y Atlético de Madrid, pero no supermillonarios como son los equipos de la liga inglesa, Bayern o Madrid y Barça.

La lista está compuesta de nombres conocidos de equipos reconocidos. Pero, ¿la inversión en fichajes es rentable? Realmente, ¿un entrenador logra más títulos a medida que gasta más dinero?

La siguiente gráfica compara los títulos obtenidos por temporada efectivamente entrenada en un club con el monto de dinero que se ha gastado cada entrenador. Es necesario anotar dos cosas. Primero, se normaliza el número de títulos obtenidos al número de títulos por temporada porque no todos entrenaron consecutivamente los 10 años. Segundo, ignoramos el rol de los entrenadores en sus respectivos equipos. Es decir, Ferguson fue y  Wenger es el responsable directo de la política de fichajes. En el Madrid, Ancelloti trabaja con lo que le llega. Es el presidente Florentino Pérez quien contrata a voluntad.

Por ahora enfoquémonos en los puntos azules, los títulos totales obtenidos por los entrenadores. Si los títulos se relacionaran directamente con la inversión realizada, esperaríamos que a medida que se gastase más en fichajes se incrementase la cantidad de títulos obtenidos. En otras palabras, podríamos pintar una línea recta con pendiente de 45° con los puntos azules siempre sobre ella.

La realidad es diferente. Hay un grupo de entrenadores sumamente exitosos (Guardiola, Ferguson, Mourinho, Mancini y Ancelloti) cuyos logros no se relacionan de ninguna manera con el monto en fichajes. El resto de entrenadores (Van Gaal, Simeone, Klopp, Wenger y Pellegrini) son significativamente menos exitosos que los anteriores aunque, en general, gastan menos en fichajes que sus contrapartes más exitosas. Entre ellos tampoco se aprecia una correlación entre los títulos y el gasto en jugadores.

Entrenadores, Títulos y Gastos en Fichaje

 

Los equipos que dirigen estos entrenadores son, en su mayoría, equipos con exigencia de títulos. Por ello separamos los títulos “importantes” de los demás. Es decir, los títulos internacionales (UCL, UEL, Mundialito de la FIFA) y el torneo de liga doméstico son más relevantes que los demás. Es una clasificación por supuesto arbitraria, pero desde mi punto de vista, válida dado el objetivo. El enfoque en los títulos más relevantes muestra una menor dispersión de los títulos obtenidos.  El orden no cambia sustancialmente, aunque Mourinho se ve superado por Ancelloti. En general, sólo sobresale Guardiola. En una segunda línea están Ferguson, Ancelloti y Mourinho. Wenger sobresale por abajo: no ha ganado nada relevante en 10 años.

Un título en promedio costó, en fichajes,  £70.105.231. Es costoso pero en realidad, salvo dos, todos están por debajo de la media. Venden ilusiones y logran resultados. Oscila desde los £17.222.222 que le cuesta un título a Guardiola en fichajes a los £63.636.364 que le han costado a Ancelloti.

Los que venden humo tienen nombre propio: Pellegrini y Wenger. Un título del francés del Arsenal cuesta, en fichajes, £113.333.333. El chileno va aún más lejos. Requirió de £260.000.000 en contrataciones para lograr un título.

Dadas las cifras, no sorprende que el City esté intentando el fichaje de Guardiola si Pellegrini no logra títulos importantes a corto plazo. Pero sorprende aún más que el Arsenal siga confiando en Wenger. En el equipo desde 1996, fue clave en la última gran época de los rojos de Londres. Pero ha fracasado en los últimos diez años y, además, cuesta mucho dinero. Su rentabilidad financiera y deportiva está más que cuestionada.

El análisis sugiere que la validez de un entrenadores debería también medirse por los recursos que requiere para lograr un título. Con todos los recursos que tienen a su disposición, nadie se extraña que ganen una liga o una copa con cierta frecuencia. En realidad algo adicional deberían mostrar esos equipos. Debería ser fútbol que se recuerde.

El curioso caso del Millos de Lillo


No muchos recuerdan que en las elecciones a la presidencia del Barça del 2003, el candidato Bassat tenía como director deportivo de su proyecto a Guardiola.  Cuenta la biografía de Pep Guardiola que éste planeaba formar un equipo con jugadores como Harry Kewell del Liverpool, Emerson de la Roma y el colombiano Iván Ramiro Córdoba, del Inter de Milan. El entrenador predilecto de Pep era Ronald Koeman, entonces en el Ajax. La alternativa, si no era posible sonsacar al holandés de Ámsterdam, era Juan Manuel Lillo. 



Infortunadamente para Iván Ramiro, y para Lillo, Laporta ganó las elecciones. Guardiola se fue a jugar a Catar y luego, en 2005, fichó por los Dorados de Sinaloa, equipo mexicano. Allí, nos recuerda la biografía agradablemente escrita por Balagué, fue entrenado por Lillo con quien “aprendió un nuevo concepto de fútbol”.

En México, Lillo y Guardiola fueron mucho más que entrenador y jugador, más que jefe y empleado. Hablaban de fútbol “tras la cena, con una copa de vino, Pep y Lillo podían estar hasta el amanecer discutiendo sobre lo que se había hecho ese día”. Salvo con Cruyff, dice la historia del gran Pep, nunca habló tanto de fútbol con nadie como con Lillo. Pep, dice Balagué, “cree que Lillo es uno de los técnicos mejor preparados del mundo y un líder en su especialidad, con una clara visión de la profesión, con una extraordinaria capacidad para explicarla”. Pero, como sabemos todos, “la élite del fútbol no ha sido especialmente generosa con él al no reconocer su talento”.

Los críticos de Lillo, por el contrario, lo acusan de exagerar con el verbo y de haber descendido a demasiados equipos. Lillo argumenta que nunca descendió y, en estricto rigor es cierto pues nunca estuvo en el barco al momento de hundirse. Pero también es cierto que nunca tuvo la oportunidad de dirigir un equipo grande, con solera y con historia. Nunca hasta que llegó a Colombia. Millonarios, al menos a nivel local, es un equipo importante, muchos hinchas, mucha prensa, mucho ruido. Lillo, quizás, está ante su última oportunidad de que la “élite del fútbol” le reconozca su talento.

Es en este contexto que llega Lillo a Millonarios. Un entrenador recomendado por uno de los mejores, sino el mejor del mundo, y un equipo que quiere dar un vuelco a su estructura deportiva. Pero en el fútbol no hay varitas mágicas. Así que transcurrido la mitad del torneo, Millonarios bordea la mitad de tabla con una curiosa particularidad: gana a los mejores del torneo pero pierde o es incapaz de batir a aquellos que a priori son inferiores. Así derrotó a Nacional (el campeón doméstico en Colombia de todo en 2013) y dos veces a Santa Fe (proclamado a primero de marzo de 2014 el octavo mejor equipo del mundo por la IFFHS).  

Recordando los conceptos que charló con Guardiola, Lillo intenta implementar un esquema similar al que tanto éxito le ha dado al catalán. Por supuesto los insumos no son los mismos, pero tampoco los rivales. Así que guardando las debidas proporciones, los partidos donde Millos se embotella recuerdan la incapacidad del gran Barça de Guardiola  de romper las murallas defensivas del Inter o del Chelsea en pasadas ediciones de la Champions League.  Los números corroboran lo visto en el campo. Pero también ayudan a explicar lo sucedido.

Cabe anotar primero lo obvio. La transición del éxito al fracaso se debe en buena parte al poco ortodoxo sistema de rotaciones que ha impuesto Lillo. Cambia a más de medio equipo de un partido a otro. Alguna razón tendrá. Sin embargo, los profanos en el tema poco lo entendemos.

Comparemos los partidos victoriosos de Millonarios con aquellos donde el fútbol ha escaseado. Es decir, vamos a revisar el desempeño de los jugadores en los partidos que ganó frente a Envigado de visitante, y frente a Nacional, y Santa Fe (2 veces) con los demás partidos donde el resultado ha sido derrota o agónico empate.  Utilizando datos de Opta, se observa que cuando Millos gana, la posesión del balón ha sido del 49,4%. Sensiblemente inferior al 63,6% de posesión cuando pierde. Es decir, esos decepcionantes partidos frente a Huila y Equidad por ejemplo, son paseos del balón de lado a lado con escaso resultado. Los datos reflejan un equipo echado atrás, y uno con balón, mirando al meta rival, pero con poca capacidad de atacar efectivamente el arco.

Además, a lo largo del partido, mientras el azul se descompone, el rival se compone. Así, la posesión en el primer tiempo en los partidos exitosos es de 53,2%, cifra inferior, pero no demasiado, a la de los demás partidos: 60%. A medida que Millos ataca sin poder romper el arco rival, la situación se pone extrema: la posesión en el segundo tiempo es del 46% en los partidos exitosos y, ojo al dato, 68,4% en los demás partidos. Millos, en los partidos que ganó, marcó 1.5 goles en el primer tiempo. La cifra es de apenas 0.4 en los demás. El desconcierto y nerviosismo, se propagan de tal manera que de centrar 14 veces por partido cuando gana, centra en promedio 24 veces cuando no gana.

Todo esto sin, curiosamente, perder mucha precisión. La siguiente tabla compara diferentes indicadores del desempeño de Millonarios entre los partidos que ganó y los que no ganó.

Millos de Lillo

Las diferencias observables son de lo más curiosas aunque en armonía con lo ya anotado. En los partidos que no gana, Millos se dedica a tocar el balón (35,8 pases por jugador por partido vs. 25,8), pero pareciera hacerlo en zona segura pues la precisión también sube (30,4 pases acertados por jugador por partido vs. 20,8).  La defensa del contrario, generalmente cerca a su área implica que los pases en campo contrario suben (19,06 pases por jugador por partido vs. 12,2) y el porcentaje de acierto en campo contrario se incrementa (76,4% vs. 65,5%). Pero el desespero lleva que, aunque el número de disparos por jugador por partido es similar, los disparos desviados aumenten (0,56 vs. 0,26). Es decir, la productividad frente al arco disminuye notablemente.

El desempeño de Millos depende, por tanto, mucho de la actitud del rival. Es algo que se intuía sin necesidad de revisar los datos. Un equipo cerrado atrás termina por volverse un obstáculo infranqueable para el equipo de Lillo.

Claro que, como ya anotamos, la gran diferencia está en que la calidad del equipo titular es superior a la del equipo suplente. Consideremos el equipo titular, aquellos que han jugado más minutos en las primeras nueves jornadas del campeonato. Comparativamente las diferencias saltan a la vista:

Titulares y Suplentes Millos de Lillo

El indicador elegido es el mismo que se utilizó para evaluar “el susto de jugar de visitante” en la Liga Inglesa: pases acertados por pase errado. Scholes, recordemos, acertaba 11 pases por cada uno que erraba. En Millonarios sólo un jugador, quien además es del equipo suplente supera es valor: Jefferson Herrera. Claro que a diferencia de Scholes, Herrera apenas jugó 146 minutos, poco más de partido y medio.

El líder en este rubro del equipo titular es Omar Vásquez. Eso explicaría en parte la predilección que Lillo ha mostrado por este jugador. Elkin Blanco del equipo de ‘suplentes’ y Rafael Robayo del equipo ‘titular’ disputan honores pues ambos superan ligeramente los 7 pases acertados por cada pase errado. A partir de ahí la superioridad del equipo ‘titular’ se manifiesta cada vez con mayor claridad. Mayer Candelo, el motor del equipo, acierta 4,8 pases por cada pase errado. El bajo valor de Dayro, 3,48, no debe sorprender. En el caso de la liga inglesa, Didier Drogba estaba también entre los menos acertados. El objetivo es marcar goles, ese es su indicador de desempeño.

Lo apuntaba arriba. Los profanos no entendemos la lógica de Lillo de jugar con un equipo B determinados partidos. No sólo los resultados le quitan la razón. La evidencia estadística sugiere que su calidad, efectivamente, es inferior. Si el objetivo era amoldar el equipo, hacer amigos, crear camaradería, quizás el objetivo esté cumplido. Pero si el objetivo es clasificar a las finales, quizás haya que sacrificar algo de camaradería.

Millonarios en los últimos años ha tenido el mérito de mirar más allá de lo obvio en el proceso de reclutamiento de nuevos entrenadores. Trajo a Páez, a Osorio y ahora a Lillo. Páez era un entrenador reconocido en el área latinoamericana, pero Osorio fue una sorpresa total. Hoy disfrutan de sus éxitos los hinchas del Atlético Nacional. A Lillo hay que darle tiempo y, seguramente se le dará. Pero quizás ayudaría que ilustrase mejor a los nativos colombianos cuál es el objetivo de tan curiosas rotaciones.

El mejor entrenador de la historia (I): Los que no son

ESPN acaba de lanzar, con una visión muy eurocentrista, una lista de los veinte mejores entrenadores de la historia. La lista está compuesta por los siguientes entrenadores:

  1. Alex Ferguson
  2. Rinus Michels
  3. Brian Clough
  4. Bob Paisley
  5. Helenio Herrera
  6. Arrigo Sacchi
  7. Matt Busby
  8. Valeri Lobanovski
  9. José Mourinho
  10. Bill Shankly
  11. Vicente del Bosque
  12. Giovanni Trapattoni
  13. Ottmar Hitzfeld
  14. Ernst Happel
  15. Marcello Lippi
  16. Bela Guttman
  17. Jock Stein
  18. Pep Guardiola
  19. Udo Lattek
  20. Fabio Capello

De varios hemos charlado aquí en Gol y Fútbol. La lista de ESPN no es sólo eurocéntrica. Está además fuertemente influenciada por los ídolos de la Gran Bretaña. Hay cinco británicos entre los 10 primeros, y 6 entre los 20. Un único suramericano hay en la lista, Helenio Herrera, cuya carrera se desarrolló enteramente en Europa. El único con alguna experiencia notable en Sur América es Béla Guttmann, quién entrenó en Argentina, Uruguay y Brasil. Guttmann proclama que fue él quién introdujo el 4-2-4 a Brasil,. Pero como bien apunta Wilson en su imponente libro sobre la historia de la táctica, en realidad no todo era improvisación y técnica individual pues el 4-2-4 ya existía en Brasil porque el gigante suramericano había llegado tarde a la revolución de la WM. No me gusta la lista.

Para determinar cuál es el mejor entrenador de la historia, primero hay que establecer unos criterios básicos. Propongo inicialmente dos, uno cualitativo, otro cuantitativo. El primero incluye aquellos entrenadores que influyeron en la historia de la táctica, que impulsaron hacia adelante el desarrollo del fútbol como deporte de masas. El segundo se refiere a la capacidad que tenga cada entrenador de mostrar trofeos. Hay entrenadores con grandes planes, facilidad de expresión. Pero si no lograron resultados, al menos a nivel local, su nombre no puede ser digno de ser el mejor entrenador de la historia. Pero ganar no basta. No es un problema de ganar atacando o defendiendo. En términos históricos es más meritorio un entrenador que gane fiel a sus principios, de ataque o defensa, que aquel que debe adaptarse a lo que le plantee el contrario. Ambos pueden ganar, sólo uno entra en la historia. Un tercer criterio, es la longevidad. Como anotamos cuando analizábamos al mejor equipo de la historia, no es natural esperar un ciclo eterno. Sin embargo, evidentemente, la persistencia debe tener un premio.

Voy a plantear, en dos entregas, los que para mí son los mejores diez entrenadores de la historia. Por ahora, eliminemos a diez de la lista de arriba. Fabio Capello tiene el mérito de haber mantenido en la cima al histórico Milan de Arrigo Sacchi, después de que éste se retirara a dirigir la selección italiana afirmando que el equipo ya había dado el máximo. Ganó cuatro ligas y una Copa de Europa. Pero ni encandiló a Europa ni innovó como para considerarlo entre los diez mejores de la historia.

Sobre Udo Lattek simplemente replico lo que dice ESPN: “No fue innovador ni revolucionario, pero ganó infinidad de títulos”. Entre ellos una Copa de Europa con el Bayern Múnich. Pero no pudo ganarla con el Borussia Moenchengladbach, el gran rival de los bávaros en los años setenta.

Jock Stein es una concesión a un entrenador que quieren mucho los británicos. Murió prácticamente sentado en el banquillo. Ganó una final de Copa de Europa con el Celtic aunque perdió en una detestable batalla campal contra el Racing de Avellaneda la final de la Copa Intercontinental. Aquel título lo pone en el mapa porque fue el primer equipo no latino en ganar la Copa de Europa, pero no era un equipo maravilla como para considerar a su entrenador entre los mejores de la historia. Matt Busby, del Manchester United y Bill Shankly del Liverpool son conceptualmente muy similares. Fueron ellos quienes crearon las bases del equipo de leyenda que son los dos combinados rojos. Busby sobrevivió al accidente de Múnich y logró reconstruir el equipo hasta ganar la Copa de Europa exactamente diez años después de aquella tragedia. Shankly no ganó tanto como Busby, pero su influencia en el Liverpool exitoso fue mucho más importante de lo que fue la de Busby en el triunfal United de Ferguson. Siendo ídolos de sus equipos, su influencia no parece ser tan universal como para considerarlos entre los mejores de la historia.

Giovanni Trapattoni ha ganado mucho en diferentes latitudes. Es un hijo de los maestros del catenaccio de los años sesenta, particularmente de Nereo Rocco. Sus notables triunfos a nivel de clubes no se corresponden con los de la selección italiana donde nunca pudo triunfar. Su estilo no es innovador y ganó siempre con un esquema similar, inspirado en el de sus maestros.

Mourinho, es mi parecer, está ahí porque la lista se hizo en 2013, cuando su nombre aún esta vigente. En 2050 dudo que Mourinho esté en cualquier lista de los 10 ó 20 mejores entrenadores de la historia. Es un entrenador ganador, no cabe duda. Su triunfo más meritorio en Europa fue con el Porto, un equipo relativamente humilde en el ámbito europeo. Triunfó con el Chelsea y luego en Milán con el Inter y parcialmente con el Madrid. Pero sus triunfos fuera de Portugal han estado ligados a equipos sin prácticamente restricción presupuestaria. Esos equipos, moldeados a su gusto, no tuvo pudor en colgarlos de la portería cuando a priori se sintió superado. Lo hizo con Chelsea, Inter o Madrid. Con el Inter, así ganó en Europa, con el Chelsea no. Con el Madrid fracasó. Siendo un personaje de ego inmenso no deja de causar curiosidad que sus equipos, en los momentos claves, carezcan de esa misma personalidad.

Eliminar a los dos siguientes de la lista se hace con dolor en el corazón. De Clough hablamos ya en detalle. Hizo milagros, caso único en la historia. Pero fue apenas un gran motivador, no un gran estratega. Lovanovski viene de la escuela del Este. El padre del pressing es Viktor Maslov, pero los éxitos de Lovanovski eclipsaron al padre de la criatura. Al menos de cara al mundo occidental. Además Lovanovski fue más allá. Creó el fútbol robotizado donde todo estaba planeado, aunque él lo comparaba más al ajedrez, donde se siguen unas reglas pero se adapta según las circunstancias del juego. Hizo equipo con un especialista en bioenergía para mejorar la condición física de sus jugadores que permitieran instituir eficientemente un sistema de pressing. Fue un innovador en todo el sentido de la palabra. Incluso en Europa, con el Dinamo de Kiev, llegó a ganar una Copa de Europa de Campeones de Copa, la antigua Recopa. En 1986, dirigiendo a al Unión Soviética, fue eliminado, en gran partido y con la colaboración del línea español, en cuartos de final por Bélgica. Pero sus métodos, demasiado rígidos, o estrictos según se prefiera no crearon escuela fuera de la Unión Soviética. Incluso, ya caído el muro de Berlin, aún siendo muy respetado en su tierra, sus excesivamente estrictos métodos no prosperaron con las nuevas generaciones.

A partir de aquí no se elimina, sino se elige. De la lista de ESPN quedan once, así que hay que descartar a uno para tener diez candidatos. Los argumentos se dificultan, pero me decanto por Vicente del Bosque. El gran mérito de del Bosque es saber manejar vestuarios con grandes estrellas. Cogió el Madrid en crisis y lo hizo Campeón de Europa. Pero no logró nunca consolidar el rendimiento en ambas competiciones simultáneamente. Si ganó la liga en 2001 y 2003, levantó la orejona en 2000 y 2002. Es inteligente. Tomo el proceso de Aragonés en la selección española, originado en el fútbol de toque del Barcelona y lo mantuvo apenas retocando los puntos necesarios. Así logró ser Campeón del Mundo y de Europa. Sus triunfos son meritorios pero, insisto, en este puntos simplemente se elige unos por encimas de otros.

Se da la curiosa circunstancia que no consideraron a uno, británico él, que debería estar: Herbert Chapman, el inventor de la WM. Cruyff, autor del Dream Team tampoco está. En perspectiva, quizás sí sea uno de los 20 mejores de Europa, pero no está entre los 10 mejores de la historia. La lista queda así.

  1. Alex Ferguson
  2. Rinus Michels
  3. Bob Paisley
  4. Helenio Herrera
  5. Arrigo Sacchi
  6. Ottmar Hitzfeld
  7. Ernst Happel
  8. Marcello Lippi
  9. Bela Guttman
  10. Pep Guardiola

Comencé diciendo que la lista era Eurocéntrica. Hay y ha habido entrenadores en Sur América que cumplen con los requisitos para ser considerados como algunos de los mejores de todos los tiempos. Destacan Zubeldía, Bilardo, Menotti, Bianchi, Luis Cubilla o Zagallo; Feola, Telé Santana o el mismo Scolari.

De los mejores y sus méritos hablaremos en la próxima entrada.

La posesión del balón: Una estrategia defensiva

El Barcelona de los últimos años es, sin duda, uno de los equipos más ofensivos que ha dado la historia del fútbol. Buena parte de su éxito se basa en la posesión del balón. En los cuatro años que estuvo Guardiola al frente del Barcelona, el equipo marcó 603 goles y apenas recibió 170. El control del juego, basado en la posesión, tuvo días memorables. Uno especialmente. El día que marcaron 4 goles al Santos de Neymar en la final de la Copa Mundial de Clubes del 2011. Aquel día el Barcelona tuvo una posesión del 71%.

A raíz del éxito del equipo catalán, prolongado en la selección española, han surgido en el mundo múltiples sucedáneos que buscan imitar -en la medida de lo posible- el juego de posesión y ataque. En el ideario popular la posesión del balón se relaciona con fuerza atacante, idealmente con efectividad goleadora. Pero las cifras no sustentan ese precepto. Con datos de la Eurocopa 2012, hace un tiempo, ya tuvimos dificultades para encontrar esa relación.

A continuación utilizo datos de OPTA de la Copa Libertadores 2013 para relacionar posesión del balón con algunas variables de interés que ayuden a ilustrar qué se consigue con la posesión del balón. Antes, anotemos que en el torneo que ganó el Atlético Mineiro de Ronaldinho, un equipo tuvo una posesión del balón promedio del 55,4% cuando jugó de local. Ese valor cayó al 44,3% cuando jugó de visitante. El Toluca fue el equipo con mayor posesión promedio jugando de local: 67,5%. De poco le sirvió pues fue eliminado en primera ronda. Vélez siguió con 64, 8% compartiendo el tercer lugar Newell´s y Millonarios ambos con 64,3%. A éste último, al igual que al Toluca, de nada le sirvió pues perdió dos de los tres partidos que jugó de local.

En campo visitante los tres equipos con mayor posesión promedio fueron el Sao Paulo, el Fluminense y el Toluca con el 59%, 58,9% y el 58,1% respectivamente. El Sao Paulo fue eliminado en segunda ronda y el Fluminense en tercera.

El campeón, el Atlético Mineiro, obtuvo una posesión promedio del 58,6 jugando de local y 49,7% jugando de visitante. Cifras ligeramente por encima del promedio general. Contrastan significativamente con los valores de posesión del subcampeón, el Olimpia paraguayo: 46,2% de local (el tercer equipo del torneo que menor posesión tuvo) y el 33,1% de visitante (el equipo que menos posesión tuvo de los 32 participantes).

Los números parecen sugerir que hay poca relación entre la  posesión y los resultados del equipo. La siguiente gráfica ilustra la correlación entre la posesión del balón y los goles marcados por cada equipo. En términos estadísticos, tal relación es inexistente. No se puede afirmar que haya una relación positiva entre posesión del balón y goles por partido.

Posesión y Goles Copa Libertadores 2013

Quizás el problema sea simplemente de eficiencia. Tener el balón puede relacionarse con disparos al arco. La siguiente gráfica, también con datos de la Copa Libertadores 2013 relaciona disparos a favor y posesión del balón. Nuevamente, la relación es estadísticamente insignificante. Es decir, no se observa una correlación entre la posesión del balón y los disparos que realiza un equipo. No es pues, un problema de eficiencia.

Posesión y disparos al arco Copa Libertadores 2013

Falta por analizar lo que Cruyff, hace más de dos décadas, ya sabía:”sólo hay un balón y sólo se juega con ése balón. Por lo tanto, mientras yo tengo el balón, no me atacan”. La siguiente gráfica relaciona posesión del balón con los disparos que un equipo recibe en contra a lo largo de un partido.

La premisa de Cruyff era casi tautológica. Si tengo el balón todo el partido, el contrario podrá defenderse, pero no me marcará goles. Tener el balón, por supuesto, requiere de un nivel de habilidad que garantice que no pederlo cerca de la portería propia o con el equipo a desubicado. La premisa puede ser obvia, la práctica no.

La siguiente gráfica demuestra cuánta razón tenía Cruyff y, años después, Guardiola. El equipo que tiene el balón recibe menos disparos en contra. La relación es estadísticamente significativa. De hecho, considerando una relación de causalidad entre posesión del balón y disparos en contra se concluye que por cada 10 puntos adicionales de posesión se logra disminuir en uno el número de disparos en contra por partido. Dado que en promedio el número de disparos en contra es de 4,75 por partido, la cifra es muy relevante pues es una disminución de aproximadamente el 20%.

Posesión del balón y disparos en contra Copa Libertadores 2013

Tener el balón es por tanto una buena idea. La pregunta es cómo. Viene a la memoria aquella historia de Garrincha jugando contra un equipo colombiano en El Campín de Bogotá. Antes de comenzar el partido, el entrenador le indico con lujos de detalle al marcador de Garrincha como operaba el crack brasilero. “Siempre”, decía el entrenador, “utiliza la misma jugada. Amaba y sale por derecha”.

Al finalizar el primer tiempo, Garrincha había bailado infinitas veces a su marcador. El entrenador disgustado se acercó y, de manera airada, protestó: “Pero le dije que siempre usaba la misma jugada, amaga y sale. Cuál es el problema?”. El jugador, humilde él, contesto: “Si profe, siempre usa la misma, amaga y sale. Pero el problema es que usted no me dijo cuándo……”

No basta con saber la teoría. La práctica es la clave.