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Florentino: el talismán del Barça


Santiago Bernabéu ha sido el presidente más exitoso en la historia del Real Madrid. Bernabéu llegó al cargo el 15 de septiembre de 1943. El palmarés del Madrid entonces exhibía apenas 2 títulos de liga y 7 copas de España. La última liga databa de 1933, la última copa de 1936. Al retirarse en 1978, el Madrid había adicionados a su museo 16 ligas, 6 copas de Europa, 6 copas de España y 1 copa intercontinental.

Florentino Pérez accedió a la presidencia blanca en el verano del año 2000. Al posesionarse, el Madrid tenía 27 títulos de liga, 17 Copas del Rey, 5 Supercopas de Europa y 7 Copas de Europa. Era el mejor equipo del S. XX. Con el afán, nunca disimulado, de emular y superar las gestas de Bernabéu, Florentino trajo a los mejores jugadores del mundo al Real Madrid. El primero en llegar fue Figo quien tras jurar en la prensa catalana que no tenía nada firmado con Florentino, –cuando éste aún era candidato – debió irse al Madrid tras ganar Pérez las elecciones. Luego llegarían Ronaldo, Zidane y Beckham quienes juntó a Raúl, Roberto Carlos y Guti armaron un equipo que ganó 2 ligas, 1 Champions League, 1 Supercopa de Europa, 2 Supercopas de España y 1 Copa Intercontinental. Pero todos estos títulos se obtuvieron entre las temporadas 2000/2001 y la 2002/2003. Después nada.

La dimensión del Madrid es difícil de entender sin pasar un tiempo en Madrid. La mejor manera de explicar la importancia del club quizás sea a partir de los dos periódicos que siguen día y noche lo que acontece en el equipo: Marca y As, enfocados en el Real Madrid, tiene ventas conjuntas que rozan los 250.000 ejemplares diarios y en número de lectores superan a medios generales como El País de España. No en vano había un fotógrafo de AS apostado un 1 de enero para simplemente registrar la entrada de los jugadores al entrenamiento. Nadie esperaba que James llegaría perseguido por la policía.

En Madrid echan entrenadores siendo líderes por jugar feo (Beenhakker), ganando la liga (Capello dos veces) o por ser poco comerciales (Del Bosque). Pero años sin ganar exige cabezas de mayor jerarquía. Así que Pérez cayó en febrero de 2006. Volvió en 2009, con la llegada de Cristiano ya negociada por la Junta saliente. Pérez buscó galácticos pero en esta ocasión los mejores estaban concentrados en el Barcelona y ninguno quiso hacer de Figo. Así que llegó Kaká, desilusionante en resultados. En 6 años y medio apenas ganó 1 liga (tiene 32 el Madrid), 2 copas del Rey, 1 Supercopa de España y 1 Champions.

Florentino y los títulos del Barçac

La escasez de títulos de Madrid se agrava cuando el Barça gana. Hasta 1990 el Barça apenas tenía 10 títulos de liga. Y ninguna Copa de Europa. La década de los noventa fue maravillosa, pero el siglo XXI, que ha coincidido con la presencia de Florentino Pérez en la poltrona del Madrid, ha sido apoteósica. Enfocados en los títulos más relevantes (Liga, Copa del Rey, Copa de Europa/Champions, Copa Intercontinental/Munidal de Clubes, Supercopa de España y de Europa) el Barça ha ganado en el siglo XXI el 35% de sus trofeos. Para un equipo que entró acabo el S. XX con 100 años recién cumplidos, es una cifra muy importante. Con Florentino en la presidente (contando los obtenidos al finalizar la temporada 2005/2006), el Barça ha ganado el 27% de sus títulos.

El Madrid es, gracias a Florentino, el equipo más rico del mundo. Pero como decía casi entre lagrimas el fanático periodista del Diario As tras perder 0-4 antes el Barça: “la afición no sale a Cibeles a celebrar que son los más ricos”.

El Madrid era muy grande antes de Florentino. El Barça ha sido muy grande durante Florentino. No hay evidencia de causalidad. Pero ayuda que tras 16 temporadas, acaba de contratar a su undécimo entrenador. Florentino es el talismán del Barça.

 

La clave es Omar Pérez


El día del ya histórico 0-4 del Barça al Madrid, Iniesta ejecutó 69 pases, 66 acertados. Aquel día los pases acertados del Barça (586) superaron el total de pases del Madrid, 488.

 

Si bien el fútbol es tan simple como pasar y recibir, hacerlo bien sólo está al alcance de unos pocos. Recientemente la Web Four Four Two analizó los tres primeros partidos del Liverpool de Klopp con los tres últimos de Rodgers, el destituido entrenador red. Aunque ambos buscaron recuperar el balón inmediatamente, aplicando lo que Guardiola llamó la “ley de los seis segundos”, Klopp busca implementar una muy veloz transición de defensa a ataque. Así le metieron tres de los cuatro goles al City.

Las cifras sugieren un problema inesperado: los jugadores con los que cuenta Klopp no logran acertar en el pase a altas velocidades. Aun ganando 1-4, el Liverpool tuvo aquel partido un porcentaje de acierto en el pase de 68,3%, cifra inferior a cualquier partido disputado la última temporada. Lo relevante es el resultado, pero lo anterior sugiere que Klopp buscará refuerzos en el próximo mercado de fichajes.

 

El día del City el Liverpool realizó 385 pases. Es, hoy por hoy, un equipo mundano comparado con Barça, Madrid o Bayern. En Colombia, antes de ser eliminado por Junior, Santa Fe ejecutó un total de 314 pases por partido. Tuvo un acierto del 74%. Lejos del 88% que maneja el Barcelona, pero superior a lo registrado por el Liverpool en su mal día.

Quien ha movido a Santa Fe por más de un lustro es Omar Pérez, intermitente por las lesiones este semestre y jugando en Colombia gracias a su delicada rodilla. El fútbol colombiano, los hinchas rojos en particular, celebran que el miedo a una recaída de su lesión de rodilla haya permitido que el decaído campeonato local haya disfrutado de un jugador de los que hace mucho tiempo no se veía en vivo.

Aun jugando a medias este semestre, la importancia de Pérez se entiende a la luz de las cifras. En el semestre Santa Fe realizó 317 pases cuando el argentino no disputó el partido. Con Pérez en el campo durante al menos 45 minutos, el equipo realizó 330 pases. El porcentaje de acierto en el pase sube del 72% al 76%. Es decir, no sólo juega sino que pone a jugar.

Uno quisiera tener un dato adicional de Omar Pérez, pero ese dato no existe, y si existe, no lo tengo. Sin Omar, el balón en manos de Santa Fe tiende a parecerse a un globo. Vuela y vuela por el aire. Con Omar, el globo pasa a ser un balón y termina siendo tratado con el respeto que se merece. El balón aterriza y comienza a dibujar peligro en el arco contrario.

Muy poco ha jugado la sudamericana, lo que quizás explique que de local Santa Fe apenas haya intentado 269 pases en promedio (186 de visita). Tras el empate alcanzado en el partido de ida de la final de la Sudamericana ante Huracán, lo mejor que le podría pasarle a Santa Fe es que Pérez estuviese en condiciones de participar activamente en la final. Contra Junior no jugó su mejor partido; sin él, Santa Fe está en la final. Pero con él en condiciones, la ilusión de un título continental se dispara.

Europa: La preocupante relación entre riqueza y títulos


El inicio de la nueva temporada en Europa tiene a todo el mundo futbolístico emocionado. El motivo es simple. En Alemania, España, Francia, Inglaterra e Italia juegan los mejores futbolistas del mundo.

Pero objetivamente, más allá de disfrutar del fútbol ¿cuál es la emoción cuando de antemano se sabe que ganará uno de los mismos? En Alemania, la incógnita está en saber si el Bayern Munich ganará, por primera vez en su historia 4 ligas seguidas. En Italia, ¿ganará la Juve el quinto trofeo en línea? En España, ¿Madrid o Barcelona? En Inglaterra, ¿superará el United su crisis y será rival de Chelsea y el City? En Francia, ¿logrará el PSG su cuarto trofeo en línea?

El fútbol, el europeo en particular, ha sufrido un proceso de concentración de recursos sin igual en los últimos 25 años por dos factores principales.

El primero tiene que ver con la denominada Ley Bosman. En 1995 el jugador belga Jean-Marc Bosman demandó ante la Corte Europea de Justicia (CEJ) al Club RFC Lieja. El contrato entre jugador y club había llegado a su fin. El Lieja le ofreció la renovación en unos términos inferiores a los que tenía Bosman hasta ese momento. El jugador no aceptó y comunicó su decisión de fichar por el US Dunkerque, entonces en la segunda división francesa. Pero el Lieja no lo autorizó a firmar por los franceses.

Los belgas  actuaban como era costumbre hasta ese momento. Los jugadores sin contrato podían cambiar de equipo entre dos países de la Unión Europea siempre y cuando se llegase a un acuerdo sobre el precio de la transferencia. La CEJ sentenció que esto era incompatible con el artículo 48 del Tratado de Roma relacionado con el libre movimiento de trabajadores en los países de la Unión. La CEJ fue más allá. El mismo artículo tampoco permitía que hubiese un límite al número de jugadores extranjeros siempre que fuesen comunitarios.

La sentencia cambió el fútbol para siempre. El flujo de jugadores africanos, latinoamericanos y hasta asiáticos con antepasados europeos no se hizo esperar. Los mayores recursos del fútbol europeo se dispararían además con la llegada de la Champions League, el nuevo formato de la tradicional Copa de Europa.

La idea de un torneo más lucrativo que reuniese sistemáticamente a los mejores clubes europeos (más allá del simple campeón como era la Copa de Europa) surgió a finales de los 80 por el entonces magnate del Milan, Silvio Berlusconi. En 1992 la UEFA inició el experimento al dividir en dos grupos de cuatro a los últimos 8 sobrevivientes de la Copa de Europa. La UEFA centralizó los contratos de televisión y la publicidad asociada tanto dentro como fuera de los estadios. La estrategia dio resultados y el dinero comenzó a fluir.

En consecuencia, a mediados de los 90 los equipos con presencia sistemática en la Champions League podían legalmente tener prácticamente cualquier jugador que deseasen sin importar su lugar de nacimiento y, además, tenían los recursos para ello. Los grandes equipos europeos, desde entonces, han reunido lo más selecto del fútbol mundial bien sea para su equipo titular o la suplencia. El dinero sigue fluyendo.

Al tiempo que los clubes más poderosos de Europa exprimen el talento de América Latina y África, también extraen lo mejor del resto de equipos europeos (sean o no de las cinco grandes ligas). La distancia entre los Real Madrid, Barcelona, Bayern, Manchester United o Juventus es cada vez mayor respecto a cualquier equipo de media tabla de las cinco grandes ligas y casi infinita respecto a equipos de otras ligas.

Esto es la teoría. Vale la pena preguntarse si el campeón de las cinco grandes ligas es, en realidad, siempre el mismo. Para ello tomamos todos los torneos disputados en Alemania, España, Francia, Inglaterra e Italia desde que comenzaron hasta la temporada 2014 – 2015. En el caso de Alemania se toma sólo la Bundesliga, es decir, desde la temporada 1963 – 1964.

El objetivo es establecer si, considerando únicamente al campeón, ha habido un proceso de concentración de los títulos a lo largo del tiempo. Para ello consideramos cinco períodos. Antes de 1950. Entre 1950 y 1969 cuando el fútbol superaba la posguerra y aún los grandes fichajes eran cosa de pocos. Entre 1970 y 1989, un período que se caracterizó por grandes equipos (destacaron: Ajax, Bayern Munich, Liverpool y Milan) al tiempo que se empañó por la violencia que llegó a causar tragedias tan dolorosas como la de Heysel.

El período de 1990 a 1999 es de transición. Si bien se implantó la Champions League, y llegaron los grandes contratos de televisión en los diferentes países, es apenas el inicio de un periodo donde, se presume, el dinero fluye hacia unos pocos. El Siglo XXI, el de la consolidación, es el último período.

El indicador que se construye se denomina en la literatura de organización industrial índice Herfindahl – Hirschman. En esencia, si un sólo equipo hubiese ganado el título en cualquiera de estos períodos, el índice sería de 1. Cuanto más cerca a 1 sea el indicador, más concentrada será la liga.

Concentración de títulos

 

Los resultados se muestran en la gráfica. La concentración en todos los países en el primer período es, históricamente, la más baja. Entonces el título estaba más disperso. En el período 2 destaca la concentración en España. Fue el Madrid de Di Stéfano. En los 20 años considerados el Madrid ganó 12 títulos. Barcelona apenas raspó 4, 3 el Atlético de Madrid y 1 el Athletic de Bilbao.

En Italia también hubo un salto de concentración en el período 2. La Juve, el Inter y el Milan ganaron todos los títulos excepto tres. En las tres ocasiones el subcampeón fue así mismo uno de estos tres equipos. La crisis del Milan en buena parte de este período, y sobretodo la del Inter llevaron a que la concentración se mantuviese. Cagliari, Verona, Lazio, Napoli y Torino tuvieron su oportunidad. En general la concentración en Italia está determinada por la crisis de uno de los 3 grandes. En los 90 el Inter no ganó ningún título. Se lo repartieron Juve y Milan, las migajas quedaron para Napoli y Sampdoria. En el Siglo XXI el Milan apenas ha ganado 2. Lazio y Roma 1. El resto Juve (6) e Inter (5).

En Alemania la concentración se dispara en el Siglo XXI. La razón es el Bayern Munich que ejerce hace décadas un grosero dominio sobre el fútbol alemán. El equipo bávaro prácticamente gana la mitad de los títulos por período: 9 en los 20 años del período 3 y 4 en los 10 del período 4. En los años 70 la alternancia con el Borussia Moechengladbach (que ganó 5 frente a los 9 del Bayern en el período 3) eleva la concentración. En el S. XXI el Bayern Munich ha ganado 10 ligas. Las migajas son para Borussia Dortmund (3 títulos), Bremen, Stuttgart y Wolfsburg.

Francia, históricamente el menos concentrado también ha presentado un importante crecimiento en el indicador. Si en los 90s dominó el Olympique de Marsella (ningún otro equipo ganó más de un título), en el siglo XXI correspondió al Lyon primero y al PSG después.

En España la década de los 90 fue (con la honrosa excepción de un título para el Atlético de Madrid) cosa de dos: Barcelona (6 títulos) y Real Madrid (3). La concentración reciente en España la camuflan los títulos de comienzo de siglo del Deportivo La Coruña y el Valencia (2).

Destaca, en el último período, el caso inglés. La concentración ha ido subiendo constantemente desde los años 70, hasta tal punto que en el S. XXI es la liga más concentrada entre las cinco grandes. Sólo 4 equipos han ganado la liga en lo corrido de siglo: Manchester United (8), Chelsea (4), Manchester City (2) y Arsenal (2).

El dinero, en Europa, es el que da títulos de liga. El trofeo más complicado por la regularidad que requiere. La legislación y el dinero se concentra en unos pocos que son los que ganan siempre. El fútbol, como espectáculo, sigue siendo apasionante. La variedad no llega porque otros tengan buenos jugadores. La variedad llega por la crisis, generalmente fruto del mal manejo, de uno de los grandes. Sin empezar la Champions, prácticamente con los dedos de una mano se puede anticipar que el campeón no saldrá de 2 equipos de España, 1 alemán, 1 italiano y quizás alguno inglés. ¿Será que el francés, tricampeón en su país, es la sorpresa?

Quizás valga la pena pensar en estrategias alternativas para que el dinero fluya a los demás equipos. Es triste, por ejemplo, que en la temporada 2014 – 2015 el público no haya podido disfrutar de jugadores como Cuadrado, Falcao, Pedro, Keylor Navas, Götze y tantos otros quienes pierden el tiempo sentados en banquillos dorados pero sin opciones de ejercer lo que los llevó allí precisamente.

 

 

 

 

Del Barça de Guardiola al Barça de Messi


La historia dice que el mejor Barcelona de siempre, aquel que ganó el famoso sextete (Copa de Europa, Liga, Copa del Rey, Supercopa de Europa, Supercopa de España y Mundial de Clubes) se identifica como el ‘Barça de Guardiola’.

El Barça de Guardiola tenía cracks de talla histórica. Destacaron tres por encima de todos. Xavi, ya maduro e Iniesta y Messi en lo mejor de sus carreras. Con Guardiola en la dirección, el Barcelona jugó el mejor fútbol que se ha visto en el Siglo XXI. Algunos dirán que el mejor de la historia.

Con esos tres cracks, más otra serie de jugadores superlativos como Alves (en su mejor momento), Piqué, Valdés, Busquets, Henry o Eto’o, surge de manera natural una pregunta: ¿por qué se conoce al equipo como el Barça de Guardiola y no el Barça de Messi, de Iniesta o mejor todavía, el Barça de Xavi?

La razón tiene fecha exacta: 2 de mayo de 2009. El Barcelona llegaba líder al Bernabéu. Tenía 4 puntos de ventaja, suficientes para permanecer en punta aún cuando perdiese el partido. Pero el Madrid, es mucho Madrid. Después de perder 2-1 en el Camp Nou el clásico de la primera vuelta el Madrid ganó 52 de 54 puntos posibles. De ganar el clásico, por aquello de que el deporte es también de momentos y psicología, la remontada no parecía una quimera.

Fue entonces cuando ‘Pep’ Guardiola hizo el movimiento que cambiaría la historia. La de su Barça, la de Messi. El concepto que escribió su nombre con letras de oro para siempre en la historia del fútbol mundial.

La delantera del Barça que saltó al gramado blanco estaba compuesta por Eto’o, Messi y Henry. Guardiola mandó a Eto’o a jugar de extremo, siempre pegado a la banda derecha. El camerunés cumplió de tal manera que las crónicas del partido al día siguiente decían que el Barcelona había ganado, 2 – 6, sin precisar del mejor Eto’o.

Messi jugó de cuarto centrocampista, de delantero retrasado. Por la mitad. Messi jugó de falso nueve. Aquel día el Barcelona marcó 6 goles sin delantero centro. No fue aquella la primera vez que Messi jugaba ahí. Ya lo había hecho antes por momentos en partidos ante rivales importantes como Valencia o Sevilla. Sí fue la primera vez que salió a jugar de inicio de falso nueve.

Eto’o, que poco participó en el partido diría después: “el mister estuvo muy lúcido cuando me mandó a la banda mientras Messi se iba al centro”. Entre Xavi, Iniesta y Messi destrozaron al Real Madrid. Un Madrid, la historia olvida, que venía de arrasar a cuanto rival se encontraba en la liga española.

Guardiola justificó el movimiento en la necesidad de recuperar la ventaja numérica en el centro del campo. Con Messi por la derecha, la referencia del marcador era clara. En general los cuatro defensas del rival marcaban los tres atacantes blaugranas al tiempo que los medios neutralizaban su medio del campo. Aquel día salieron Xavi, Iniesta y Touré Yaya. Al mover y retroceder a Messi al centro, argumentó Guardiola, no lo seguía ninguno de los centrales. De hacerlo, quedaría un boquete entre el central restante y el marcador respectivo que a buen seguro Xavi e Iniesta aprovecharían para lanzar con su acostumbrada precisión al par de flechas Henry y Eto’o. Así que Messi bajaba, recibía sin hombre encima y creaba diferencias.

Con el tiempo, por supuesto, la estrategia se intentó contrarrestar. En ocasiones, como lo hizo Mourinho o incluso Ancelotti, se contrarrestó con éxito. Pero para la historia quedó aquel Barça que ganaría el sextete, además de un buen número de títulos adicionales.

El Barça versión 2014 – 15 también ganó el triplete (Champions, Liga y Copa del Rey). Como Guardiola, Luis Enrique, su entrenador, ganó el año de su estreno. Con Xavi de salida, reemplazado por un eficiente, pero lejos del mejor Xavi, Rakitić, el Barça siguió fiándose de Iniesta, de un joven Neymar, un todoterreno Luis Suárez y sobretodo un inconmensurable Messi.

A diferencia de Guardiola, Luis Enrique ya había dirigido al máximo nivel, particularmente la Roma de Totti. Allí fracaso y además terminó enfrentado a la máxima estrella romana. En el Barcelona le vino a pasar algo similar. Intentó castigar a Messi, el Barça perdió aquel partido donde sentó al argentino y a Neymar y las directivas tuvieron que echar al director deportivo, Zubizarreta, para no despedir al entrenador. Luis Enrique entendió a tiempo que debía poner a Messi, siempre. Y así ganó.

Pero la sensación de este Barça es diferente. Si en ambos Messi era la estrella, con Luis Enrique se percibe un entrenador que tiene la suerte de contar con uno de los mejores jugadores de la historia. El asturiano entiende que Messi debe jugar, pero no tiene reparos en alinearlo al lado de la suplencia. El experimento, Messi o no Messi, salió mal. La humillante derrota en la Supercopa de España (4-0 en la ida, 1-1 en la vuelta), cuando alineó un equipo llenó de suplentes, hace incierto el futuro.

¿Es Luis Enrique un gran entrenador que gracias a su habilidad estratégica y su dominio del vestuario logro ganar cuatro títulos en serie (hay que adicionar la Supercopa de Europa)? o ¿es Luis Enrique un entrenador que tiene la gran suerte de contar con un gran equipo y con Messi (además de Neymar y Luis Suárez)? La ida de la Supercopa de España demostró que no es partidario de jugar con tres delanteros. Ante la baja de Neymar por paperas, optó por Rafinha en la mitad, no por Pedro arriba. Los tres delanteros no los usa por convicción, parece más una obligación.

El debate está abierto. Luis Enrique no salió del Barça porque ningún equipo echa a un entrenador que gana el triplete. Pero creo que nunca convenció del todo.

En mi opinión Luis Enrique no es un gran estratega y, más allá de la calidad de su nomina, son limitadas las virtudes que exhibe. Desde luego no es un entrenador excepcional. Por eso, un equipo ganador como este Barcelona será para siempre recordado como el ‘Barça de Messi’. Nadie nunca lo llamará el Barça de Luis Enrique.

La historia al final dictará sentencia. ¿Será alto, medio o bajo el rol de Luis Enrique en este Barça?

 

El rol de Luis Enrique en el 'Barça de Messi' es:

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El Arte de Celebrar un Gol


Cuando yo era niño, en los partidos de barrio, en esos clásicos contra los de la otra cuadra, el gol se celebraba a rabiar. El partido solía arrancar en algún punto después del almuerzo y terminaba cuando la luz no permitía ver ya el balón. Los goles se celebraban, pero ese gol definitivo, ese que marcaba el 15-14 en el marcador se celebraba como si hubiésemos ganado la Copa del Mundo. Y sin importar si el gol era maradoniano o de palomero, el equipo entero salía corriendo tras el goleador a celebrar sobre él la victoria que nos llenaba de orgullo.

La celebración siempre se enfocaba sobre aquel que marcaba el gol. Palomero o no. Había una excepción: el penal. Un gol de penal no se celebraba, apenas un ligero gesto de complicidad. Tanto ha cambiado el fútbol. Ahora los penales se celebran, así sea el cuarto en una victoria holgada como aquella burda celebración de Cristiano Ronaldo en la final de la Champions League del 2014.  No sé en que momento se empezó a celebrar el penal. En la final de 1974 entre Alemania y Holanda hubo dos penales. Aún en plena final, las celebraciones fueron de lo más parcas. Un brazo arriba, media vuelta, y algunos abrazos. Tanto Neeskens como Breitner.

Claro que el gol hay que celebrarlo. No hay nada más desagradable que un Balotelli ‘celebrando’ un gol. Cuándo los marcaba por supuesto. Según él, no los celebraba, ni una pequeña sonrisa, porque “ese era su trabajo”. Desde que llegó al Liverpool, parece haber olvidado cuál era su trabajo.

En algún momento la celebración degeneró hasta el punto de convertirse en un anuncio publicitario. Así sucedió con la selección Colombia que, rumbo a Estados Unidos 1994, celebraba cada gol levantando el dedo índice. El patrocinador les pagaba para luego anunciar que su producto era “el número 1”.

Poco a poco se han vuelto extrañas las que para mí son las grandes celebraciones. Esas espontáneas, llenas de alegría. Cuando Jairzinho marcó el 1-0 sobre Inglaterra en el Mundial de 1970, nadie se fue a abrazar a Pelé o a Tostão, asistente y artífice de la jugada respectivamente. Jair salió corriendo y los cracks lo siguieron. Siempre a celebrarlo con el goleador. Hasta el gran Maradona salió a perseguir a Burruchaga tras el gran pase que le dio para que marcará el tercer y definitivo gol en la final ante Alemania en 1986.

 

El mundo cambia. Quizás sea nostalgia. Pero duelen y molestan las palabras de Thierry Henry sobre el gol del “Chicharito’ Hernández en los cuartos de final de la Champions League.  En ese decisivo partido el ‘Chicharito’ Hernández por fin pudo jugar. Jugó con ganas, con rabia, con mucha ambición. Y metió gol. Fue el gol que definió la eliminatoria entre el Real Madrid y Atlético de Madrid. El ‘Chicharito’, consciente que se jugaba su oportunidad lo celebró, con mucha emoción. Pero a Thierry Henry no le gustó. Lo acusó de celebrar como “si hubiese ganado la Copa del Mundo“. Según el francés, el mexicano debió salir corriendo a abrazar a Cristiano Ronaldo que fue quien lo asistió para marcar un gol que, todo hay que decirlo, no tuvo un gran nivel de dificultad.

No. ‘Chicharito’ marcó un gol y salió a celebrarlo con el alma como se celebran los goles importantes, los que clasifican, los que dan títulos y los del barrio. Me alegra que ‘Chicharito’ haya celebrado su gol como lo hizo. Porque, entre otras, de haber ido a abrazar a alguien, debió ser a James. Fue él quien rompió la defensa del Atléti con su pase filtrado al área. Pero esa, es otra historia.

Lamento Sudaca


Durante años, una de las expresiones más despectivas que se escuchaba en España hacia el inmigrante latinoamericano era aquella que lo tildaba de “sudaca”. Dado el trabajo estereotipado al que se dedicaban ecuatorianos, colombianos, caribeños y demás hijos del nuevo continente, la expresión era un insulto multidimensional.

Pero había una donde el insulto simplemente rebotaba. En fútbol eramos históricamente superiores. Pero no sólo eramos superiores a España. Mirábamos de tú a tú a las grandes potencias europeas. Nuestro fútbol destacaba a nivel de selecciones y a nivel de clubes. Si el Liverpool arrasaba en Europa, el Flamengo lo arrasaba en Tokio.  Si el Milan de Sacchi le metía cinco al Madrid en la Copa de Europa, apenas derrotaba al Nacional con un gol al minuto 119. El mayor desarrollo, la mayor riqueza del viejo continente no fue nunca obstáculo para que el fútbol suramericano destacará en sus enfrentamientos.

En mundiales nos respetaban e incluso nos temían. En la Intercontinental la excusa siempre fue la falta de interés. La realidad es que el Campeón de Europa no podía pasarle por encima al campeón de la Copa Libertadores. Era un partido donde llegaban los mejores del mundo y con frecuencia, en la cancha, se demostraba que el mejor del mundo venía de Sur América. La foto es Arrigo Sacchi metiéndose a la cancha en 1989 a celebrar el gol que les daba la Copa Intercontinental; aquel título que ‘no importaba’.

Sacchi 1989

Pero el cambio de Intercontinental a Mundial de Clubes ha resultado nefasto para Sur América. No por el cambio, sino porque el fútbol cada vez deja en evidencia que a éste lado del Atlántico el fútbol que se juega ya no es el que fue. El desastre suramericano no tiene que ver con el cambio de nombre o formato del torneo. Los resultados son consecuencia de un proceso que ha llevado a que el futbolísta suramericano se forme para irse.

A 2014, incluyendo la primera edición, casi pirata, del año 2000, se han disputado 11 ediciones del Mundial de Clubes. Europa ha vencido en 7 oportunidades. Esas victorias han llegado en las últimas ocho ediciones disputadas. Sólo el Corinthians, que derrotó al Chelsea, fue capaz de ganar el partido. Es casi un error estadístico.

Aún más, de las últimas cinco ediciones, en sólo tres, el finalista ha sido el campeón de la Copa Libertadores. En las otras dos, el segundo lugar fue el campeón  africano. Nuestro fútbol, el de clubes, se hunde y no pareciera que la Conmebol o las diferentes asociaciones suramericanas se dieran cuenta.

La respuesta a estos deplorables resultados no puede ser criticar que Messi, Di María, Agüero, Neymar, Falcao, James o Luis Suárez jueguen en los mejores equipos del mundo. Los mejores cracks suramericanos, desde hace décadas, juegan en los grandes clubes europeos.

El motivo de la mediocridad evidente de nuestro torneo continental es que ahora se van hasta los jugadores de medio pelo.  Según el CIES football Observatory en la temporada 2013 – 2014 había 31 jugadores colombianos jugando en las cinco grandes ligas europeas, 7 peruanos, 8 venezolanos, 2 ecuatorianos, 20 chilenos, 7 paraguayos y, por supuesto, 112 argentinos y 130 brasileros. Eso, insisto, sólo en Alemania, España, Francia, Inglaterra e Italia en sus diferentes categorías.

El siguiente cuadro refuerza el argumento. El 82,6% de los jugadores registrados por Sur América para disputar el Mundial de Brasil jugaban fuera de la liga doméstica. El 66% fuera de América. Aunque varios de ellos que lo hacían en América lo hacían fuera de Sur América, generalmente en México o la MLS de los Estados Unidos.

Lugar de juego de jugadores Brasil 2014

En la MLS, un torneo deportivamente lejos de las grandes ligas, en 2014, había 60 jugadores suramericanos inscritos, 18 argentinos, 18 brasileros, 11 colombianos, 7 uruguayos, 3 ecuatorianos, 1 chileno, 1 peruano y 1 venezolano.

Es decir, es cierto que Sur América no puede retener a un Messi, un Neymar o un James. Si antes el objetivo del fútbolista suramericano era triunfar en el club de sus sueños, sea River, Boca, Peñarol, Nacional, Millonarios o Alianza Lima, ahora el sueño es emigrar lo más pronto posible. Muy hinchas serán Falcao de Millonarios o Messi del Newell’s, pero allí no jugarán. Otros, y se viene a la cabeza Mao Molina, hincha del Medellín, prefieren hacer su carrera en exóticas ligas como la surcoreana.

El sueño hoy día no es la gloria, es el dinero. A la gloria se aspira después, por supuesto, pero en tierras extrañas. Es la consecuencia de un mundo globalizado y tal realidad hay que aceptarla. Pero las ligas nacionales, la Conmebol tiene que entender que hay que devolverle identidad al fútbol suramericano, hay que volverlo algo deseable y hay que lograr que esos jugadores aceptables prefieran jugar en San Lorenzo, Universitario, Colo Colo o Santa Fe por el mismo dinero que recibirían en la MLS, Corea del Sur o la B de Francia, Alemania o Inglaterra. Quizás un primer paso sea eliminar esos torneos de 6 meses que premia la mediocridad. El mejor debe serlo después de un trabajo planificado de un año. Quizás haya que coordinar mejor los torneos domésticos con la Copa Libertadores y la Suramericana. Quizás la Copa Libertadores deba disputarse con cierto orden, no mil partidos donde se pierde el hilo de la ronda que se disputa, donde se parte en la mitad por el Mundial o la Copa América de turno. Quizás los torneos de playoffs impiden el triunfo de los equipos estructurados premiando la suerte de los que se arman para el corto plazo. Quizás … pero algo hay que hacer.

Porque el dinero es mucho, pero no lo es todo. El Eibar, jugando por primera vez en la primera división española, tiene un presupuesto de US$19.400.000. Y no va precisamente de último.

El San Lorenzo, que con tanto temor se enfrentó al Madrid en la última final del Mundial de Clubes, tiene un prespuesto de 12 millones de euros. Algunos dirán que la diferencia de presupuesto con el Madrid (55 veces superior) explicaría el temor con que se plantó en la cancha. Yo no he visto al San Lorenzo asustado cuando se enfrenta al Boca Junior o Cruzeiro (al que eliminó camino al título de Copa Libertadores), equipos con un presupuesto 6 veces superior. ¿A partir de cuándo comienza a dar miedo? El Eibar ha jugado de tú a tú ante Madrid y Barça. Nunca lo vi asustado como vi al San Lorenzo.

La prensa argentina habla de derrota digna y, cómicamente en Fox Sports, durante la transmisión llegaron a hablar de ‘campeón moral’. Pero era el Campeón de América. Heredero de una saga que durante décadas se plantó orgullosa ante el Campeón de Europa sin miedo y aspirando a algo más que a no salir goleado.

El fútbol suramericano, humillado en Brasil 2014, requiere una inyección de confianza y dinero que retenga a esos jugadores que, sin ser el Maradona o Messi de la época impidan que en España se vuelva a escribir lo que, no sin razón, escribió Relaño en su editorial del Diario As: “El salto entre Europa y el resto de continentes es tal que este campeonato [El Mundial de Clubes] resulta deslucido por lo desequilibrado. Lo fue la propia final, a pesar del innegable oficio de todo jugador y equipo argentino. San Lorenzo retrasó su derrota embarrando el partido en la primera parte, con faltas, protestas y barullo. El Madrid pareció perderse por ese camino durante bastantes minutos. No hizo lo que debía, no  respondió con fútbol a la estrategia de San Lorenzo de alborotar.

Aquello de que el fútbol suramericano es toque y el europeo es fuerza ha pasado a la historia. Ahora alborotamos, como cualquier mosquito … pero no llegamos a picar. La triste realidad.