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La envidia que frenó a Messi con Argentina



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Para algunos es el mejor jugador de la historia. Para otros, “apenas” está entre los cinco mejores. Para mí, después de Pelé, es lo mejor que ha trotado sobre un campo de fútbol. Argentina, la misma de Di Stéfano y Maradona; aquella de los entrenadores exitosos alrededor del mundo, se ha mostrado incapaz de sacarle provecho al maravilloso talento de Lionel Messi. El problema es simple. Los compañeros le niegan el balón.
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Ese Argentina vs Colombia



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Avanza la eliminatoria de la Conmebol rumbo a Rusia 2018. Todo el mundo da (¿daba?) por descontado que había 3 cupos para disputar. Dos eran “fijos” para Argentina y Brasil. Pero jugados 11 partidos, Argentina está por fuera. Y juega mal, muy mal. Horrible. Colombia está dentro, pero no marca diferencias en casa. El Argentina vs. Colombia del martes 15 de noviembre puede comenzar a sepultar las aspiraciones de uno u otro.

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Messi y la desconfianza de sus compañeros


La pregunta está en boca de todo aquel que se interese lo más mínimo por el fútbol: ¿Por qué Messi, uno de los tres mejores jugadores de la historia, no rinde con la selección Argentina? Hay teorías para todos los gustos. La mía es que a Messi los compañeros  no le dan el balón que en el Barça sí le dan.




Las cifras, sin embargo, indican que Messi sí toca mucho balón con Argentina. Algo menos que en el Barça, pero en la selección sí lo buscan para que él arme, filtre y genere peligro. En Chile 2015 realizó 53 pases por partido con un porcentaje de acierto del 83,7%. En la Champions League 2014-15 realizó 64 pases (86,2%) y 61 pases en la liga de la misma temporada (82,9%). Las diferencias en otros indicadores, incluyendo asistencias y pases claves, son aun menores.

Pero observando a Messi con la selección y con el Barça, se tiene la sensación de que  Argentina le priva el balón en la zona caliente, allí donde él es capaz de definir partidos. La pared que Iniesta y Xavi o más recientemente Neymar y Suárez no le niegan a pesar de verlo rodeado de contrarios, sí se la niegan en la selección Argentina. Cuando Messi propone una pared, es común que lo haga con dos o más defensores apretándolo. De ahí que quien recibe, en el Barça o en Argentina, se sienta más libre de lo común. Agüero, Pastore, Higuaín o Tévez se creen entonces lo suficientemente hábiles como para intentar definir ellos sin contar ya con Messi. Brasil 2014 y Chile 2015 demuestran que están equivocados.

A pesar de tocar aproximadamente el mismo número de balones, en el Barça Messi recibe donde hace más daño, en Argentina no. Revisando los datos disponibles de recepción de balón por área del campo del Mundial 2014 y La Liga (2012-13 y 2013-14) se observa que Messi recibió con el Barça 1 de cada 4 balones en el último tercio de frente al marco contrario. Con Argentina, 1 de cada 7 balones.

Messi Pases Recibidos

 

Llama la atención que durante el Mundial de Brasil Messi recibió apenas 1,9% de los pases dentro del área. Con el Barça esa cifra es superior al 6%. Es decir, apenas recibió un pase por partido en el área (ninguno el día de la semifinal frente a Holanda). Esa cifra con el Barça sube a más de tres. Cierto, algunos rivales del Barcelona en la liga no son lo poderosos que se espera. Pero tampoco lo eran Bosnia, Irán, Nigeria o Suiza. Las cifras del Mundial se pueden trasladar fácilmente a la Copa América. Aquella  jugada del último minuto del tiempo reglamentario de la final frente a Chile donde Lavezzi la cruza a Higuaín. En el Barça el receptor habría sido Messi. El resultado, seguramente, habría sido otro.

El 60% de los balones los recibe Messi en el segundo tercio del campo cuando juega con Argentina. Con el Barça la cifra es inferior en casi 9 puntos. Con el cuadro catalán recibe el 48% de los pases en el último tercio. En Argentina apenas 37% y en su mayoría escorado a la derecha.

Messi no rinde en Argentina porque sus compañeros no asumen que es el mejor del mundo. Como tal, debe ser aprovechado donde ha demostrado que rinde más: con el balón cerca del área. Maradona metió un gol desde la mitad del campo. Pero fue un gol con la mano, en el área y de frente al arco contrario lo que garantizó el triunfo frente a Inglaterra. No se puede jugar a que el mejor del mundo, sea El Diego, o Messi, se regateé siempre a medio equipo contrario.

Alguno, no sin razón, podría argumentar que le falta peso, personalidad. Es cierto. No tiene la personalidad de Maradona. Quizás un día deba frenarse y gritarle a la cara, en frente del todo el estadio, a Agüero o Tévez por no devolverle la pared. El día que asuman que el balón es de Messi, Argentina será campeón.

 

Messi: Del Barça, ¡yo lo vendería!


Comencemos por el principio. Para mí Messi es uno de los cinco mejores jugadores de la historia del fútbol. Independientemente de si ganó o no el mundial. Eso es algo que he discutido en detalle con anterioridad. Pero todo jugador, desde Pelé al tal Fred (el seudo delantero centro de Brasil 2014), tiene un proceso de declive. El de Messi, es mi conclusión, ha iniciado.

Ya, antes del Mundial, había signos. La participación de Messi en el Barcelona había caído sistemáticamente durante las tres últimas temporadas en el Barcelona. Pero siendo crack, Messi llegó con toda la energía, con todas las ganas al Mundial de Brasil 2014. Era su mundial. Allí entraría, incluso para sus contradictores, al Olimpo de los elegidos. Ese reducido club en el prácticamente sin discusión están Pelé, Maradona, Di Stefano y Cruyff.

No comenzó mal Messi en el mundial. Incluso, en 3 partidos marcó cuatro goles. Los rivales, Bosnia, Nigeria, Irán, es cierto, no eran los mejores, pero mundial es mundial No todos marcan diferencias, así sea en la primera fase.

Pero aún en esa primera fase Messi no era sistemático. Ante rivales menores, una jugada, un pase, un disparo le alcanzó para marcar las diferencias como el crack inigualable que fue. Pero lejos estaba de ser el jugador que estaba en capacidad de generar peligro al rival durante 90 minutos. Seguía, y sigue siendo, sin embargo, un jugador al que hay que cuidar durante los 90 minutos. Pequeña pero sustancial diferencia.

Un equipo chico, aquellos sin los grandes nombres, no están capacitados para vigilarlo eficientemente durante los 90 minutos. De ahí su aceptable rol en la primera fase, y puede que incluso en el partido de octavos de final ante Suiza. Ante Bélgica en cuartos, un pase nos recuerda que era crack. Pero los títulos se disputan ante los grandes. Allí Messi se sintió como lleva ya sintiéndose un par de años en el Barcelona cada que llega la primavera: incapaz de marcar diferencias. Holanda primero y Alemania después, fueron demasiados para que el otrora desequilibrante Messi logrará romper las defensas rivales.

Como sabiamente dijo Valdano, “dMessi no se puede esperar una gran actuación sino una gran jugada.”. En la semifinal, tuvo por ahí algún pase, algún regate, pero en un partido cerrado no pudo desequilibrar más, que por ejemplo, Robben por el lado holandés. El día de la final, ante Alemania, Messi lo intentó. Tuvo la gran jugada de la que habla Valdano, pero no pudo centrar bien. Después se diluyó hasta prácticamente desaparecer.

A Messi, en una decisión que le quita todo el valor al balón de oro del mundial, le dieron el trofeo al mejor jugador del torneo. Estoy seguro que él sabe que no lo fue. Lo recibió con desgana. Y es que las cifras lo demuestran. Messi ni siquiera fue el mejor jugador de Argentina.

Desempeño Messi Brasil 2014

Messi, es cierto, marcó 4 goles. Pero en tres mundiales que ha jugador, jamás ha podido anotar un gol más allá de la primera fase. En las rondas eliminatorias, no logra anotar. El mundo se queda, nosotros nos quedamos esperando su pase, su finta, su centro. Pero su gol, casi que está escrito, no llegará.

Utilizando datos de OPTA, considerando jugadores que han disparado al menos una vez en 2 partidos jugados, Messi tiene un porcentaje de acierto a portería apenas promedio. Su bajo porcentaje no se explica necesariamente en que dispare mucho. Di María, lesionado ante Holanda y Alemania, disparó en todo el torneo 23 veces, las mismas que Messi en 7 partidos. Su porcentaje de acierto fue apenas inferior al del crack del Barcelona (30,4% por 34,8% de efectividad). Incluso Lavezzi, quien inexplicablemente fue sustituido en el descanso de la final, con muchos minutos menos jugados que Messi, acertó más a portería: 40%.

Tampoco en el regate Messi logro destacarse sustancialmente sobre los demás. Palacio, el flojo delantero que participó en 5 partidos intentó 8 regates y fue exitoso en 5; 62,5% de efectividad. La efectividad de Messi fue de 45,4%. Si la comparación con Palacio es injusta y hasta ofensiva dada la diferencia abismal evidente de calidad entre ambos, no lo es tanto la comparación con Di María: 45 intentos de regate, 24 exitosos. Una tasa de éxito del 53%. Superior a la de Messi que de 97 regates que intentó, logró ser exitoso en 44.

Ello nos lleva a un indicador donde Messi incluso se convertía en un peligro para su propio equipo: las pérdidas de balón. Con diferencia, Messi fue quien más balones perdió: 98. La confianza del equipo en él, aunado a su propia convicción de ser capaz, lo llevó a arriesgar sin el resultado esperado. Es cierto que los delanteros tienden a perder más balones que los defensas.

Di María perdió 75 en los algo menos de 5 partidos en los que participó. Extrapolando los datos, su promedio de perdidas de balón por partido es más o menos la misma de Messi, 15 balones por partido. El punto es que Messi ya no sobresale sobre sus compañeros como lo hacia antaño, es uno más.

Desempeño Messi Brasil 2014

OPTA tiene un indicador que denomina ´participación en jugadas´, el que en la gráfica titulo ‘eventos por partido’. No viene siendo más que una proxy del rol de un jugador en el equipo. Mascherano, Di María, Zabaleta y, la revelación argentina para mí, Rojo, superan a Messi en la participación de eventos en el equipo.

El acierto en el pase tampoco fue su fuerte. Hemos encontrado en diversas entradas que los delanteros tienden a lograr porcentajes de acierto en el pase menor que sus contrapartes de la defensa o el medio campo. Es natural pues un defensa pasa el balón sin oposición, mientras que un delantero suele tener algún tipo de presión. Por encima de todos, en Argentina, destacó Mascherano. Él fue quien movió el equipo durante el mundial. Entre los delanteros, tampoco Messi fue el más preciso. Fue Higuaín.

Finalmente queda por revisar esa sensación tan dolorosa de ver a Messi caminando el campo. Quizás sea sólo eso, sensación. Algunos han dicho, no sin razón, que no se puede esperar que Messi corra lo que Robben. Es cierto. Messi, sin ser un jugador estático, tampoco fue un jugador tan dinámico. Pero en ese gran Barça de Guardiola, nunca dio la sensación de ser diferente. Era el primero que apretaba y presionaba.

La siguiente gráfica muestra los metros recorridos por minuto por Messi durante Brasil 2014. Dado que son números que apenas se están comenzando a evaluar, no es claro que quiere decir que Messi corra menos que el promedio del equipo. Quizás, pensaría uno, es simplemente que los delanteros corren menos. Así que lo comparamos con Higuaín, delantero centro, casi al estilo antiguo. Siendo así casi que se espera que Higuaín corra menos que Messi porque éste, al jugar retrasado, tendría que hacer un mayor recorrido para recoger el balón, armar y luego llegar a pisar el área.

Dado que no jugaron los mismos minutos, normalizó los metros recorridos por los minutos jugados. De esta forma puedo comparar cuánto corrió Messi, cuánto Higuaín y cuánto el equipo Argentino completo por partido jugado.

Argentina Messi Higuaín metros recorridos por minuto

 

La gráfica es diciente. No sólo Messi corre menos que sus compañeros, sino que corre mucho menos que Higuaín. El único partido dónde Messi corrió a la par de sus compañeros fue contra Nigeria. Ese partido, fue evidente, Messi había ‘ordenado’ a Sabella que sólo jugaría 60 minutos. Es decir, aquel día no se reservó. Pero, ¿será que Messi se está reservando?  No hay evidencia clara. Messi en los segundo tiempos, en promedio, corrió más o menos lo mismo que en el primer tiempo. Incluso contra Suiza, durante el tiempo extra, cubrió la misma distancia por minuto que en el tiempo reglamentario. No así en la semifinal ante Holanda ni ante Alemania dónde corrió 89 metros por minuto en el primer tiempo (87 en la final), 80 en el segundo tiempo (85 en la final) y 76 en el tiempo extra (75 en la final). Es decir, en esos momentos tan decisivos de la final, Messi cubrió, por minuto jugado, una distancia 12% menor que lo que logró hacer en el segundo tiempo.

De Messi no tengo dudas sobre su espíritu ganador. El problema es, parece ser, de aire. En su acepción más amplia. Por razones que el gran público desconoce, Messi no logra permanecer de manera sistemática en el circuito del partido. Sus indicadores así lo sugieren. Es entonces cuando se acuerda uno de Messi vomitando. No es nada, nos dicen. Deber que no es nada. Pero ¿y si resulta que si es algo?

En cualquier caso, a Messi aún le quedan trucos bajo la manga. Pero yo me apropió de la frase de Valdano. Le quedan grandes jugadas, no grandes actuaciones, al menos de forma sistemática. Y si la tendencia se mantiene, las grandes jugadas cada vez serán más escasas. Yo, del Barça, si es verdad que ofrecen 150 o 200 millones de euros por su pase, lo vendería. A Ronaldinho no lo vendieron cuando valía 100. Lo terminaron vendiendo un año tarde a precio de ganga.

Messi ya fue uno de los cinco jugadores más grandes de la historia. Pero no logró superar al más grande. Para mi sigue siendo Pelé.

20 años del 0 – 5

Todo colombiano con edad suficiente sabe exactamente donde se encontraba el 5 de septiembre de 1993. Aquella tarde colombiana amigos, familiares, conocidos y desconocidos se reunieron para ver el enfrentamiento que decidiría un cupo directo al Mundial de Estados Unidos en 1994. El partido, a disputar en Buenos Aires, enfrentaba a una potencia emergente, Colombia, frente a una potencia regional y mundial que venía de ganar un mundial y ser subcampeón en otro. Era además la campeona de América, el último título que, a nivel de mayores, ha ganado la selección albiceleste.

Colombia llegaba con ventaja. Un empate lo clasificaba. Argentina debía ganar. La derrota colombiana llevaría a la selección de Pacho Maturana a jugar el repechaje contra Australia. Habría sido el mismo camino que tuvo que seguirse cuatro años antes cuando se viajó a Israel para asegurar el regreso de Colombia a un Mundial de fútbol por primera vez desde 1962. Argentina podía perder por tres goles. Pero si perdía por cuatro y Paraguay, que jugaba en Lima contra Perú, ganaba, perdía incluso el derecho al repechaje.

El partido venía caliente. Colombia había sido eliminada en semifinales de la Copa América de 1993 en Ecuador tras perder por penales frente a Argentina. Colombia, por su parte, había frenado la racha de 33 partidos invictos que traía Argentina al vencerlos por 2 – 1 en el partido de eliminatorias jugado en Barranquilla.

Maradona, el crack argentino no jugó. Era esencialmente un ex jugador, pasado de peso (aunque había vuelto a adelgazar), que no decidía si quería seguir o no jugando. La selección, en todo caso, parecía no extrañarle. Sin embargo, él calentó los ánimos: “La historia”, decía, “sitúa a Argentina arriba, Colombia abajo”. Argentina era local, debía ganar.

Pero sucedió lo inesperado, porque todos en Colombia confiaban en la selección. Pero nadie con conocimiento de la realidad deportiva apostaba por un 0 – 5. El relato del partido lo desarrolla de forma amena y agradable Mauricio Silva en su libro tiulado el 5 – 0. Un libro ligero, fácil de leer, casi como un reportaje largo del partido. Tiene un buen recuento de las historias relacionadas con el partido que serán las delicias de aquellos que por edad o estar de paseo en Marte no pudieron disfrutar del partido en directo.

Colombia ganó dos partidos aquella tarde. Uno, 0 – 2. Aquel donde Argentina jugo de tú a tú con Colombia. Donde pudo marcar pero Córdoba, inmenso, frenó en seco las intenciones de los argentinos. El otro inició en el minuto 71, cuando Basile, el entrenador argentino, desesperado, dio entrada al ‘Beto’ Acosta, delantero, por Redondo un volante que luego brillaría con luz propia en el Real Madrid. Como dijo el Bolillo en aquel momento: “se nos abrieron”. Y se abrieron, de par en par. Tres goles en 20 minutos humillaron a Argentina y, casi los elimina del mundial. Porque simultáneamente, en Lima, Perú y Paraguay empataron a dos goles.

Antes de aquello, la gloria colombiana se resumía en dos empates, frente a rivales europeos en los dos mundiales que había jugado. El 4 – 4 contra la U.R.S.S que a Chile ’62 llegaba como Campeona de Europa. En blanco y negro habíamos aprendido que Colombia perdía 1 – 4 a falta de 20 minutos y, frente a uno de los mejores arqueros de todos los tiempos, Lev Yashin, había logrado empatar y, casi ganar. Además, aún hoy, Marcos Coll conserva el honor de ser el único jugador en la historia de los mundiales que ha marcado un gol olímpico. Después llegó el 1 – 1 frente a Alemania. En aquella ocasión se perdía por 1 – 0 en el minuto 90. La gloría llegó con el empate de Rincón. Lo triste es que en 1962, ese fue el único punto que Colombia logró. A cambio recibió 11 goles en tres partidos. Pero la selección volvió feliz. En 1990, aún sin el gol de Rincón, Colombia pasaba a octavos; como mejor tercera. En la siguiente ronda Camerún envió de vuelta a la selección. Nuevamente, derrotados, 3 puntos de 8 posibles, pero felices.

La celebración excesiva del 0 – 5, lo que que nos lleva a que veinte años después esté yo escribiendo está nota de recuerdo, no fue la clasificación al Mundial. Fue el haber derrotado a la poderosa argentina de una forma humillante. Pero, no avanzamos. Años después Ruggeri afirmó, cansado de que le preguntarán por el 0 – 5:  “yo jugué dos finales de Copa del Mundo. Nunca vi a Colombia saltar al campo”.

Colombia, como demostré hace tiempo en una entrada sobre la historia de la selección Colombia, tuvo su pico frente aquel 3 de septiembre. A partir de ahí, literalmente, todo fue cuesta abajo.

Colombia era un país sin apenas glorias deportivas en 1993. Algunos boxeadores, la épica de Lucho, Parra y demás héroes en Europa, pero sin victorias sistemáticas que trascendieran al mundo. Quizás, con la única excepción de la Copa Libertadores que había ganado Nacional en 1989, no había triunfos objetivos que celebrar. Desde luego no en fútbol. Por eso, un partido que apenas nos clasificó entró en la historia de forma tan especial.

Hoy, hay la sensación, la realidad es otra. Ir al mundial es un objetivo, no una meta que justifique alegrías desbordadas. Ahora hay campeones olímpicos, campeones del mundo, podios repetidos en las grandes carreras de ciclismo del mundo y futbolistas que actúan en equipos de primer nivel en Europa.

Es válido recordar aquella victoria. Pero también debe recordarse que no dejó nada. Colombia fracasó en USA 94 y cuatro años después el ´Bolillo´ Gómez aún sentía susto por enfrentar a rivales europeos.

Como yo veo, el 0 – 5 es la evidencia palpable de que la mejor generación de la historia del fútbol de Colombia se desperdició. Los de hoy tienen el potencial, pero el fútbol que podían desarrollar los Valderrama y compañía aún supera al que han mostrado Falcao y demás. Pero no ganaron nada. Ni Copa América, ni una actuación histórica en los mundiales. Se desperdició esa generación. El libro de Silva nos recuerda que mientras los Estados Unidos y Rumanía nos estudiaron durante un año, Maturana y su equipo no se inquietaron, siquiera, por conocer quién era el tal Hagi.

Esa es la lección que debemos aprender. Cuando se tiene los mejores en el campo, deben rodearse de los mejores y de los más profesionales. Colombia no puede darse el lujo de desperdiciar otra generación soberbia. Ahí queda el reto para Brasil 2014.

Batistuta il Capocannoniere

La referencia de Valdano en uno de sus libros sobre Gabriel Omar Batistuta, es quizás una de las que más enriquece y plasma lo que era Batistuta. Cuenta Valdano que Newell’s fue a un pueblo (Reconquista) en su pretemporada a jugar contra el equipo local. El director técnico dijo: “mira el centro delantero del pueblo, ese gordito no puede jugar fútbol”. Ese gordito les hizo cuatro goles ese día y se llamaba Gabriel Omar Batistuta y por supuesto decidieron contratarlo.

La historia de Batistuta es particular, es de esos jugadores que realmente merecen ser llamados profesionales. En un fútbol como el italiano, Batistuta fue “Capocannoniere”, es el décimo goleador histórico de esta liga con 184 goles, sin contar la temporada en la que su equipo perdió la categoría y abandono la Serie A. Y ese es un episodio que habla de la calidad de este jugador. Recuerdo cuando la Fiorentina perdió la categoría, ya por esa época Batistuta gozaba de un prestigio con su equipo y con la selección, por supuesto que ofertas no le faltaban para irse a otros equipos, pero en una entrevista dijo: “Con la Fiorentina desciendo pero con la Fiorentina volveré a subir, no me voy a ningún lado”. Y lo cumplió. Rompió todas las redes, volvió a la Serie A y volvió para ser protagonista. El titulo le fue esquivo a pesar de tener uno de los mejores equipos, pero realmente la Fiore no se ha caracterizado por ser un equipo de buenos manejos, de ahí que su permanencia en la Serie A no sea algo garantizado. Batistuta tuvo que ir a la Roma para cumplir su sueño de ser campeón del Calcio.

Y a nivel de selección, el Bati es el máximo goleador en la historia de la selección Argentina. Con 56 goles en 78 partidos mantiene un record que por ahora permanece lejos de Leo Messi, quien con 31 goles es tal vez el único jugador activo que podría amenazar esta cifra.  Claro, por ahora la producción goleadora de Messi con la selección (0.41 goles por partido) está muy lejos del promedio de Batisuta (0.72 goles por partido).

Batistuta era simplemente un goleador de raza, basaba mucho de su juego en su potencia y en su inteligencia para estar en el momento indicado. Pero más de una vez lo vimos llevarse a toda la defensa rival con su fuerza y su remate de media distancia resolvió más de un problema para sus equipos.

Su legado a parte de sus goles, fue su profesionalismo. Ese gordito de Reconquista supo mantenerse, supo entender la dinámica del juego y por eso fue goleador en su equipo, en su selección y pasara a la historia como uno de los mejores goleadores con un repertorio que incluía goles de media distancia, dentro del área, con derecha, con izquierda, con la cabeza.

Y pensar que por allá en el 99 Van Gaal prefirió a Sonny Anderson por encima de Batistuta, ¿que estaría pasando por la cabeza del Holandés?

Un jugador del que hay mucho que aprender, no solo en lo futbolístico sino en lo personal y profesional.

Y por supuesto un video para recordar al mejor goleador de la selección Argentina en la historia: