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Cuando Colombia jugaba con hambre

 



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La Selección Colombia de fútbol participará en Río de Janeiro en unos Juegos Olímpicos por primera vez desde 1992. A Barcelona ‘92 llegó como candidata a medalla. La escasa ambición y el comedor de la Villa Olímpica fueron los factores determinantes para caer eliminados en primera ronda.
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Neymar y la dejadez del árbitro


Nada más triste que una de las máximas estrellas del planeta fútbol deba abandonar el mundial por culpa de una lesión. En Brasil culpan a Zuñiga. Es la frustración hablando. Su entrada, quizás imprudente, fue estándar en el partido. Con el partido apretado y un árbitro permisivo, las entradas fuertes eran norma.

En Brasil, en los primeros 60 partidos, se pitaron, según OPTA, 1.776 faltas y se sacaron 171 tarjetas amarillas. Esto da 29,6 faltas por partido y 2,85 tarjetas por partido. Es decir, en promedio, se requieren 10,4 faltas para sacar una tarjeta amarilla. En el partido de Brasil vs. Colombia cada amarilla llegó, en promedio, tras 13,5 faltas. ¡Un 30% más!

La FIFA indica que un jugador será amonestado con tarjeta amarilla, entre otras, si infringe “persistentemente las Reglas del Juego”. Esto no parece haberse cumplido en el mundial. Fellaini, el belga, cometió 8 faltas en el partido ante EE.UU. No recibió tarjeta. Besic (Bosnia) y Blind (Holanda) con 7 sí recibieron, pero no Lens (Holanda) ni Ghoochanneijhad (Irán).

No hay criterio en el arbitraje. De los 4 jugadores que han cometido 7 faltas en un partido, sólo 2 resultaron amonestados. De los 6 que hicieron 6 faltas, sólo 2 vieron la tarjeta amarilla. Y de los 14 que cometieron 5 faltas, a 10 no se amonestó, a 3 se sancionó y a 1 se expulsó por doble tarjeta. Se entiende así que Marcelo, con 5 faltas en el partido contra Colombia, no viera el cartón amarillo. Pero tampoco lo vio Fernandinho que hizo todas sus 4 faltas en el primer tiempo. Ante Chile, ya había hecho lo mismo. Cuatro faltas en el primero tiempo, más 2 adicionales en el segundo no resultaron en tarjeta amarilla. El único amarillo que Fernandinho ve es el de las camisas de sus compañeros.

Tras la victoria ante Colombia, el mundo se apresta a no ver el jogo bonito brasileño más que en vídeos antiguos. Los 2 partidos en los que más faltas se han pitado en el mundial, tuvieron a la canarinha de protagonista. Contra Colombia 54, contra Chile 51. En ambos, Brasil pegó más. Hizo el 55% de las faltas ante Colombia y el 57% ante Chile.

En octavos y cuartos Brasil, quizás reconociendo su inferioridad con el balón, dedicaron buena parte de sus esfuerzos a repartir zapato. Tal como muestra la gráfica, entre los 7 jugadores que más faltas cometieron en las rondas de octavos y cuartos de final, 3 son brasileros. Copan los primeros lugares de una estadística en la que, hasta hace muy poco, no se esperaría encontrar a medio equipo brasileño.

Tarjetas Amarilla Brasil 2014

Pero es que el partido contra Colombia efectivamente fue especial. La gráfica siguiente compara las tarjetas amarillas recibidas en cada partido con el número de faltas. Incorpora además (medido por el diámetro de los círculos) el número de faltas que se requirieron en el partido para que se mostrase una tarjeta amarilla. Es decir, cuanto más grande el circulo, menos tarjetas por falta mostró el árbitro de turno.

 

Faltas Cometidas y Tarjetas Amarillas Brasil 2014 4tos 8vos

 

No hay una correlación evidente entre el número de faltas cometidas por partido y el número de tarjetas amarillas. Pero si hay algunos patrones que merecen la pena analizarse.

Si fijamos el número de faltas (por ejemplo en 25), el número de tarjetas amarillas suele aumentar. En consecuencia, el diámetro del circulo tiende a hacerse más pequeño porque con 25 faltas, si se saca una tarjeta amarilla, se habrán necesitado 25 faltas para una tarjeta. Con 25 faltas cometidas y 6 tarjetas a amarillas, se requerirían 4,16 faltas para sacar una tarjeta. Es el caso del partido de Holanda vs Costa Rica donde se cometieron 28 faltas (recordemos el gran partido de Robben) y el árbitro mostró 6 tarjetas amarillas.

El partido de Brasil vs Colombia, con 54 faltas, se ve como un valor atípico. El círculo es demasiado grande para los demás partidos con 4 tarjetas. Por tamaño del diámetro, debería ser entre 5 y 6 tarjetas. 5, de haber sido un partido relativamente calmado como el Argentina vs Suiza, o 6 en un partido más vigoroso como el Holanda vs Costa Rica. Pero futbolísticamente hablando, una tarjeta a Fernandinho al comenzar el partido, cuando se hacía evidente que la estrategia era ´calmar´ a patadas a James Rodríguez habría frenado el ímpetu de los 22 jugadores. Simplemente Velasco Carballo, el árbitro, no supo manejar la situación. La consecuencia fue un partido que se le iba yendo de las manos, y un Neymar, tristemente lesionado de gravedad.

La FIFA, con buen criterio, no sancionó a Zuñiga, pero la lesión de Neymar debería ponerlos a pensar sobre el rol del árbitro. Por más Brasil que sea, el juego brusco debe frenarse desde el principio.

Colombia en cuartos: Por un Brasil Feliz


La derrota de Brasil frente a Italia en España ’82, para todos los amantes del jogo bonito, fue las más triste de la historia. Tras la inesperada debacle de Zico y compañía, los brasileros iniciaron un proceso de reconversión futbolística que terminó en tragedia: el delantero centro titular en Brasil 2014 es el tal Fred.

Brasil sigue siendo potencia, pero ya no encandila ni enamora. En 1994, de la mano del tacaño Parreira ganó con un sistema ‘europeizado’. El triunfo los terminó de convencer: ¿para qué jugar bonito y no ganar como Brasil en 1982 o 1986? Era mejor jugar feo pero ganar. Nunca admitieron, por supuesto, que jugaban feo pues contaron con dos cracks arriba: Romario y Bebeto. En 2002, de la mano de Scolari, el mismo tacaño que hoy entrena a Brasil, volvieron a triunfar. Nuevamente se equivocaron en el diagnóstico.

Scolari y seguidores creyeron que el fútbol cobarde había sido la clave. Pareciera que nunca entendieron que en ese equipo jugaban tres crack de dimensión histórica: Rivaldo, Ronaldo y Ronaldinho. La transformación condujo a que poco a poco en Brasil, la tierra de Leónidas, Pelé, Zico, Romario y Ronaldinho, se de prioridad a tipos rocosos con escasa técnica, mucha fuerza y nada de imaginación. Así se ha llegado a lo que es hoy la selección brasileña: 9 futbolistas promedio más Fred intentando que Neymar, el último brasilero en Brasil, pueda inventar algo. Pero Neymar apenas tiene 22 añitos. Muy pocos para lo que  se le exige.

Si Brasil gana el Mundial del 2014 será desastroso para todos aquellos que creemos que el jogo bonito. El ciclo habrá terminado. Habrán ganado apenas con una estrella naciente y el tal Fred de titular.

Colombia, el próximo rival en cuartos de final tiene una misión histórica. No sólo se juega el pase a semifinales por primera vez en su historia. Además tiene la obligación de recuperar para el mundo futbolístico el jogo bonito brasilero. El país de la samba necesita un choque estructural. Algo que los haga despertar de esa horrible noche donde predomina el fútbol ‘táctico’, aburrido, tacaño y sin imaginación.

El choque está a la vuelta de la esquina. Perder contra un novato en instancias avanzadas, a quien ven como un pequeño obstáculo en espera de rivales más poderosos, es el choque que Brasil y el fútbol necesita. Tostão, la leyenda de Brasil 1970 afirmó días antes del partido que “Argentina, Alemania, Holanda, Francia y Brasil tienen las mismas posibilidades [de ganar la copa]. Cuatro de esas cinco selecciones estarán en semifinales (más probable Alemania que Francia)“. Feo y todo, en Brasil no hay dudas del resultado del partido contra Colombia.

Pero si gana Colombia, se les habrá hecho un favor. Llorarán después del partido. Pero a la larga el debate se abrirá y con algo de suerte abrirán los ojos: hay que recuperar la identidad que hizo a Brasil la primera potencia futbolística del planeta. Con los años agradecerán a Colombia. Sólo con una cachetada pueden reaccionar.

Futbolísticamente hablando, la misión de Colombia no es sencilla. El equipo brasileño, salvando a Neymar, es mediocre arriba, pero contiene al rival como pocos. Además es local. La siguiente gráfica, basada en datos de OPTA, deja muy a las claras que las estrellas son dos jóvenes: Neymar y James. Pero mientras el peso del equipo brasilero recae casi exclusivamente en Neymar, Colombia tiene alternativas. Cuadrado es líder en asistencias de gol y recibe faltas. En Brasil, son varios los que lideran las asistencias de gol, ninguno ha hecho más de una. A quién más faltas han cometido es a Julio César, el arquero. En Colombia, James mueve el equipo, en Brasil, quien más pases registra es Dani Alves. Dice mucho de como han jugado uno y otro.

Brasil Colombia Comparativo Jugadores_

 

Brasil, muestra la gráfica siguiente, la toca más. Mucho toque toque y de aquello poco. El que la toquen tanto, y que sea un defensa quien más pases totales tiene, así éste se llame Dani Alvez, se explica en los preceptos de Scolari. Es un equipo de poco riesgos cuando no hay que arriesgar.

Pero Brasil parece un equipo más dinámico. Habiendo jugado cuatro partidos, sus indicadores generales revelan cifras mayores a las de Colombia. Pasan mas y realizan más pases buenos  (aunque la precisión es similar, alrededor del 77%). Pierden más y recuperan más el balón además de tirarlo más al área. Es, fruto de la reconversión que anotamos arriba, una selección muy europea, dinámica, vertical y rápida. La pausa del fútbol sudamericano la tiene Colombia.

Brasil Colombia Comparativo Equipos

Colombia, el más brasilero de los que queda en carrera, busca derrotar a Brasil, el más europeo de los que queda en competencia. La victoria no sólo alegrará al pueblo colombiano. La victoria, con los años, devolverá la alegría a los brasileros.

 

 

 

Pekerman, pilas con la tendencia


Colombia ha disputado a lo largo de su historia 508 partidos. Tal número ha sido insuficiente  para trascender más allá de las ilusiones del hincha colombiano. El Mundial de Brasil es una nueva oportunidad de entrar al libro dorado del fútbol mundial. Calidad hay para ello. Pero la historia nos mira con desdén. Históricamente Colombia no llega a empatar su partido promedio: 1,21 goles a favor, 1,22 en contra.

La gráfica, que ya hemos descrito y utilizado antes, mediante técnicas estadísticas, construye y suaviza la tendencia de la diferencia de goles como indicador de desempeño. Por ejemplo, el 5 de septiembre de 1993, el día del 0-5 frente a Argentina, Colombia tocó techo. Estaba, literalmente, en la cresta de la ola con una diferencia de goles a favor de más de 1 gol por partido.

Colombia Diferencia Goles de Cara a Brasil 2014

Las últimas participaciones mundialistas, sin embargo, nos pillan cuesta abajo. Sucedió en 1990 cuando, paradójicamente, la tendencia alcanzó su punto más bajo el día del recordado partido frente a Alemania. En 1994, el equipo que partía favorito fue humillado por rumanos y gringos. Sin notarlo, la selección había llegado meses después de su pico de rendimiento. La imagen de Francia ’98 son las lágrimas del arquero Mondragón. Aquel llanto, el día que Inglaterra derrotó y eliminó a Colombia, escenificó a la perfección el fin de una generación. Como indica la gráfica, se había tocado fondo.

A pesar del pobre desempeño Leonel Álvarez, la verdad es que, como se ilustra en la gráfica, Pekerman tomó el mando de la selección en un período de recuperación. El impulso inicial de su gestión fue clave para clasificar al Mundial. Pero se tocó techo el 12 de octubre de 2012, tras derrotar a Paraguay. En aquel momento la tendencia de la diferencia de goles llegó a ser de 1,3 goles a favor. Nunca antes fue tan alta.

Todo lo que sube baja. Pero desde entonces Pekerman se ha mostrado incapaz de revertir la tendencia decreciente. La selección no juega bien y no se llega al Mundial, a priori, lo fuerte que se quisiera. Ese es el reto del seleccionador, hacer la de Italia: llegar mal, con perfil bajo y regresar llenos de éxitos.

Afanados en no autoproclamarnos campeones del mundo como hicimos en 1994, quizás no nos estamos exigiendo. Los analistas del mundo entero ven a nuestro grupo como aburrido, sin emoción, pero siempre  con Colombia en la segunda fase. Es el objetivo mínimo. Grecia es el primer paso.

Colombia clasifica al Mundial 2014 en curva descendente

Cuando Colombia clasificó al Mundial de 1994 tras arrasar a Argentina 5-0, los elogios fueron universales. Para Pelé, Colombia era favorita, estaría en la final. El diario Marca situaba a Colombia “mínimo” en semifinales. Los jugadores eran considerados los mejores del mundo. El Corriere dello Sport apuntó que “a Asprilla le están saliendo las antenas en la cabeza, signo evidente de que su patria de origen no es Colombia sino Marte”. Demasiada flor. Sobre aquel fracaso ya hablamos aquí.

Colombia, por primera vez desde 1998, clasificó al Mundial de Fútbol. En el partido decisivo, Chile ganaba en Barranquilla 0-3 al finalizar los primeros cuarenta y cinco minutos. En términos prácticos poco importaba el resultado pues con el triunfo de Ecuador en Quito ante Uruguay, Colombia igual clasificaba matemáticamente. Afortunadamente el fútbol tiene ese algo adicional que hace que en situaciones como esa, jugadores y cuerpo técnico sintieran la necesidad de demostrar que no requerían de ayudas externas. El resultado es de sobra conocido: atacó y atacó y al final logró empatar el partido.

La euforia colectiva sólo recuerda los tres goles colombianos. Ya el día después, pocos recordaban la vergüenza colombiana durante el primer tiempo de aquel partido. El diario AS de España, en un titular que no puede calificarse más que risible, habló del retorno de un clásico a los mundiales. Risible porque no puede ser un clásico aquel que apenas ha jugado cuatro mundiales y sólo en una ocasión pasó de primera ronda. Como hace 20 años, los elogios llegan de todo el mundo. Jorge Valdano anotó “si les hacemos caso a las sensaciones, es una selección que aún no toca techo, porque sigue evolucionando. Todas son razones para estar ilusionados.” Las encuestas sobre sí esta es la mejor selección colombiana de la historia pululan en los medios colombianos.

Colombia, sin embargo, llega en curva descendente. Hace ya unos meses hablamos de la pobre historia de la selección Colombia desde que jugó su primer partido. Estadísticamente calculé la tendencia de la diferencia de goles en cada partido y concluí que en promedio Colombia pierde un partido. Eso, aún hoy, sigue siendo cierto.

La gráfica siguiente actualiza el estimativo de la tendencia hasta la clasificación de Colombia al Mundial del 2014. Futbolísticamente es evidente que el nivel de juego de la selección ha caído en los últimos partidos. La gráfica muestra que el pico se alcanzó el 12 de octubre del 2012 cuando se derrotó a Paraguay 2-0 de local rumbo a Brasil. A partir de ahí, si bien se logró sellar la clasificación, la tendencia de la diferencia de goles ha venido cayendo. El empate frente a Chile marca un mínimo histórico en la era Pekerman.

Tendencia histórica Colombia

Lo anterior preocupa porque ya se vivió algo similar. Colombia alcanzó su pico en el 5-0. Ya se conoce el resultado del mundial. El 0-2 ante Inglaterra que eliminaba a Colombia del Mundial de 1998 representa un punto histórico bajo. La diferencia en la actualidad es que Colombia tiene espacio para mejorar. Pekerman, conocedor del fútbol, sabrá si de aquí al Mundial se casa con el mismo grupo o reconoce que algunos puestos requieren de sangre nueva. Alguna vez tuve un entrenador que nos repetía constantemente: “Yo los acompaño a la tumba …. pero no me tiró”.

Pekerman sabe que está es su segunda y, presumiblemente, última oportunidad de participar en un Mundial de Fútbol. Quizás, y sólo quizás, deba jugársela con algunos que no contaron durante la fase de clasificación. Ello es un riesgo. Pero debe darle vuelta a la tendencia.

20 años del 0 – 5

Todo colombiano con edad suficiente sabe exactamente donde se encontraba el 5 de septiembre de 1993. Aquella tarde colombiana amigos, familiares, conocidos y desconocidos se reunieron para ver el enfrentamiento que decidiría un cupo directo al Mundial de Estados Unidos en 1994. El partido, a disputar en Buenos Aires, enfrentaba a una potencia emergente, Colombia, frente a una potencia regional y mundial que venía de ganar un mundial y ser subcampeón en otro. Era además la campeona de América, el último título que, a nivel de mayores, ha ganado la selección albiceleste.

Colombia llegaba con ventaja. Un empate lo clasificaba. Argentina debía ganar. La derrota colombiana llevaría a la selección de Pacho Maturana a jugar el repechaje contra Australia. Habría sido el mismo camino que tuvo que seguirse cuatro años antes cuando se viajó a Israel para asegurar el regreso de Colombia a un Mundial de fútbol por primera vez desde 1962. Argentina podía perder por tres goles. Pero si perdía por cuatro y Paraguay, que jugaba en Lima contra Perú, ganaba, perdía incluso el derecho al repechaje.

El partido venía caliente. Colombia había sido eliminada en semifinales de la Copa América de 1993 en Ecuador tras perder por penales frente a Argentina. Colombia, por su parte, había frenado la racha de 33 partidos invictos que traía Argentina al vencerlos por 2 – 1 en el partido de eliminatorias jugado en Barranquilla.

Maradona, el crack argentino no jugó. Era esencialmente un ex jugador, pasado de peso (aunque había vuelto a adelgazar), que no decidía si quería seguir o no jugando. La selección, en todo caso, parecía no extrañarle. Sin embargo, él calentó los ánimos: “La historia”, decía, “sitúa a Argentina arriba, Colombia abajo”. Argentina era local, debía ganar.

Pero sucedió lo inesperado, porque todos en Colombia confiaban en la selección. Pero nadie con conocimiento de la realidad deportiva apostaba por un 0 – 5. El relato del partido lo desarrolla de forma amena y agradable Mauricio Silva en su libro tiulado el 5 – 0. Un libro ligero, fácil de leer, casi como un reportaje largo del partido. Tiene un buen recuento de las historias relacionadas con el partido que serán las delicias de aquellos que por edad o estar de paseo en Marte no pudieron disfrutar del partido en directo.

Colombia ganó dos partidos aquella tarde. Uno, 0 – 2. Aquel donde Argentina jugo de tú a tú con Colombia. Donde pudo marcar pero Córdoba, inmenso, frenó en seco las intenciones de los argentinos. El otro inició en el minuto 71, cuando Basile, el entrenador argentino, desesperado, dio entrada al ‘Beto’ Acosta, delantero, por Redondo un volante que luego brillaría con luz propia en el Real Madrid. Como dijo el Bolillo en aquel momento: “se nos abrieron”. Y se abrieron, de par en par. Tres goles en 20 minutos humillaron a Argentina y, casi los elimina del mundial. Porque simultáneamente, en Lima, Perú y Paraguay empataron a dos goles.

Antes de aquello, la gloria colombiana se resumía en dos empates, frente a rivales europeos en los dos mundiales que había jugado. El 4 – 4 contra la U.R.S.S que a Chile ’62 llegaba como Campeona de Europa. En blanco y negro habíamos aprendido que Colombia perdía 1 – 4 a falta de 20 minutos y, frente a uno de los mejores arqueros de todos los tiempos, Lev Yashin, había logrado empatar y, casi ganar. Además, aún hoy, Marcos Coll conserva el honor de ser el único jugador en la historia de los mundiales que ha marcado un gol olímpico. Después llegó el 1 – 1 frente a Alemania. En aquella ocasión se perdía por 1 – 0 en el minuto 90. La gloría llegó con el empate de Rincón. Lo triste es que en 1962, ese fue el único punto que Colombia logró. A cambio recibió 11 goles en tres partidos. Pero la selección volvió feliz. En 1990, aún sin el gol de Rincón, Colombia pasaba a octavos; como mejor tercera. En la siguiente ronda Camerún envió de vuelta a la selección. Nuevamente, derrotados, 3 puntos de 8 posibles, pero felices.

La celebración excesiva del 0 – 5, lo que que nos lleva a que veinte años después esté yo escribiendo está nota de recuerdo, no fue la clasificación al Mundial. Fue el haber derrotado a la poderosa argentina de una forma humillante. Pero, no avanzamos. Años después Ruggeri afirmó, cansado de que le preguntarán por el 0 – 5:  “yo jugué dos finales de Copa del Mundo. Nunca vi a Colombia saltar al campo”.

Colombia, como demostré hace tiempo en una entrada sobre la historia de la selección Colombia, tuvo su pico frente aquel 3 de septiembre. A partir de ahí, literalmente, todo fue cuesta abajo.

Colombia era un país sin apenas glorias deportivas en 1993. Algunos boxeadores, la épica de Lucho, Parra y demás héroes en Europa, pero sin victorias sistemáticas que trascendieran al mundo. Quizás, con la única excepción de la Copa Libertadores que había ganado Nacional en 1989, no había triunfos objetivos que celebrar. Desde luego no en fútbol. Por eso, un partido que apenas nos clasificó entró en la historia de forma tan especial.

Hoy, hay la sensación, la realidad es otra. Ir al mundial es un objetivo, no una meta que justifique alegrías desbordadas. Ahora hay campeones olímpicos, campeones del mundo, podios repetidos en las grandes carreras de ciclismo del mundo y futbolistas que actúan en equipos de primer nivel en Europa.

Es válido recordar aquella victoria. Pero también debe recordarse que no dejó nada. Colombia fracasó en USA 94 y cuatro años después el ´Bolillo´ Gómez aún sentía susto por enfrentar a rivales europeos.

Como yo veo, el 0 – 5 es la evidencia palpable de que la mejor generación de la historia del fútbol de Colombia se desperdició. Los de hoy tienen el potencial, pero el fútbol que podían desarrollar los Valderrama y compañía aún supera al que han mostrado Falcao y demás. Pero no ganaron nada. Ni Copa América, ni una actuación histórica en los mundiales. Se desperdició esa generación. El libro de Silva nos recuerda que mientras los Estados Unidos y Rumanía nos estudiaron durante un año, Maturana y su equipo no se inquietaron, siquiera, por conocer quién era el tal Hagi.

Esa es la lección que debemos aprender. Cuando se tiene los mejores en el campo, deben rodearse de los mejores y de los más profesionales. Colombia no puede darse el lujo de desperdiciar otra generación soberbia. Ahí queda el reto para Brasil 2014.