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La magia del zurdo



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Zurdos han sido varios de los mejores futbolistas de todos los tiempos. Puskas, decía Di Stéfano, “manejaba la bola con la pierna izquierda mejor que yo con la mano”. Zurdos fueron también cracks como Maradona, Rivaldo, Cesar Cueto, Hagi, Ryan Giggs o Rivelino. Messi, el mejor de hoy, lo es. Pero los derechos han sido grandes. Desde Pelé hasta Cristiano Ronaldo pasando por, Willington Ortiz, Zico o Zidane. La leyenda del fútbol, sin embargo habla de la grandeza de los zurdos. Utilizando datos de 566 mediocampistas y delanteros que jugaron entre la temporada 2009/10 y 2015/16 en las English Premier League y la Liga española evaluemos si los zurdos marcan sistemáticamente más goles, realizan más asistencias y regatean más.

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¿Modric? El crack es James


El Madrid perdió por tercera vez consecutiva ante el Atlético de Madrid en el Santiago Bernabéu.  Nunca, ningún equipo, había logrado tal hazaña. Cuando en la final de la Copa del Rey de 2013 el Atléti venció al Madrid 3-1, no sólo ganó el trofeo sino que derrotó por primera vez en el Siglo XXI a su eterno rival. La historia, también en el fútbol, es de ciclos. Hoy, el equipo más rico del mundo, se está hundiendo.

En abril de 1987 tras la debacle ante el Bayern Munich en el primer partido de semifinales de la Copa de Europa, el Madrid anunció el extraño fichaje de Milan Jankovic. La hepatitis de Valdano, unido a la compleja situación de Juanito (tras pisar la cabeza a Mattheus en Múnich) abría el camino a un miembro de la Quinta del Buitre que aún no lograba afirmarse en el equipo: Rafael Martín Vásquez. Ramón Mendoza, entonces presidente, apostó en cambio por un semidesconocido yugoslavo proveniente del Estrella Roja de Belgrado quien apenas había sido 7 veces internacional con su selección.

Jankovic estuvo a punto de debutar el 12 de abril frente al Barcelona, equipo que según sus declaraciones era “el segundo mejor equipo de España”. No se estrenó aquel día, pero sí el 18 de abril ante el Sporting en el Molinón. Marcó el gol de la victoria. Jankovic terminó siendo pieza importante esa temporada logrando con la Quinta del Buitre la segunda de las cinco ligas consecutivas que ganarían. La temporada siguiente fue el hombre por el que pasaba todo el juego del Madrid. Pero en semifinales de Copa de Europa, ante el PSV holandés, nuevamente el Madrid no pudo alcanzar la gloria. La ida en Madrid se saldó con empate a uno. En la vuelta, con la estrella del Eindhoven -Ronald Koeman- sancionado por haber felicitado a su compañero de equipo Gilhaus por lesionar de forma premeditada al francés Tigana, del Girondins de Burdeos en el partido de ida de los cuartos de final de la Copa de Europa, ni siquiera una espectacular chilena de Hugo Sánchez fue suficiente para batir la valla de van Breukelen.

Era ese un Madrid ultra ofensivo. Defensa de tres, Gallego (el 10 antes de la llegada de Jankovic) y Gordillo (flecha andaluza por la izquierda) por delante. Michel, Jankovic y Martín Vázquez más adelante. Arriba los dos cracks: Butragueño y Hugo Sánchez. Jankovic triunfó siendo un jugador correcto, simple, sin complicaciones. No destacaba pero cumplió a cabalidad lo que se le pidió esa temporada.

Pero en el verano del ’88 Mendoza comprendió que al Madrid tenía que moverlo un crack superior. Schuster, estrella ocho años en el Barcelona, se puso a tiro. A Jankovic lo mandaron al Anderlecht belga y con el alemán dirigiendo la orquesta el Madrid encandiló a los amantes del fútbol. Ganó la liga perdiendo un solo partido. Consiguió además la Copa del Rey. Los éxitos domésticos no se pudieron refrendar en Europa porque en semifinales se cruzó el Milan de Sacchi que les metió 5 en Milán. Las grandes victorias requieren también de algo de suerte. Lo que le sobró de calidad a la Quinta, le faltó de suerte.

Modric me recuerda a Jankovic. Es un jugador correcto, simple, que cumple. Pero no es el jugador desequilibrante que necesita un Madrid trabado. La prensa madridista suele salvar a Modric de las debacles que se suceden cada vez con más frecuencia. Lo hacen porque pasa fácil, corre mucho, aprieta. Pero ni desequilibra ni marca diferencias. Quien puede desequilibrar es James Rodríguez. Pero desequilibrar es más difícil y cuando no se puede se nota. James es un jugador superior, lo mostró con Colombia en el Mundial y con el Madrid la temporada pasada. Más allá de sus desavenencias con Benítez, de las preferencias de la prensa de Madrid por Isco, Modric y hasta el tal Borja Mayoral, James bien ubicado debería ser el Schuster que afine la orquesta. Salvo que efectivamente tenga unos problemas que escapan al gran público, es sobre su figura que Zidane debería comenzar el trabajo de reconstrucción.

La dificultad para triunfar en el Madrid: de Zidane a James


El debate sobre la compatibilidad de James Rodríguez con la táctica y las demás estrellas del Real Madrid recuerda lo sucedido cuando llegó Zinedine Zidane al equipo blanco.

En julio del 2001 el Real Madrid presentó al entonces jugador más caro de la historia. Ante 300 periodistas, Florentino Pérez se mostró orgulloso de su último fichaje galáctico. Poco importaban los 70 millones de euros que acaba de desembolsar a la Juventus deTurín. Estaba destinado a hacer historia en Madrid. Lo que pocos imaginaban, eran las críticas fuera de tono que llegó a recibir durante sus primeros meses en el equipo.

Zidane, como se lo recordaría al mundo entero en la final del mundial del 2006, tenía un temperamento fuerte y agresivo más allá de su inigualable clase. Así que llegó al Madrid con cuatro partido de sanción en la Champions League. En consecuencia, durante los primeros meses de la temporada, el crack francés debía demostrar la valía de su fichaje en la Liga.

El Madrid se estrenó aquella temporada frente al Valencia con derrota uno por cero de visitante. Si bien para el Madrid la derrota nunca se acepta como algo natural, no era un resultado inesperado. El Valencia era un gran equipo que, a la postre, se coronaría como Campeón de Liga.

Pero el debate comenzó. La prensa cuestionaba la posición idónea de Zidane. Aquel día, dicen las crónicas, arrancó por izquierda, cerca de Figo y Roberto Carlos. Pero su juego no tuvo el esplendor ni la constancia esperada y terminó ofreciendo poco de su excelso repertorio.  Con el correr de los partidos las cosas no mejoraban. Transcurridas seis jornadas, el Real Madrid registraba el segundo peor arranque de su historia. Habían logrado apenas 5 puntos de 18 posibles. Cero puntos de visitante. Era, junto al Espanyol, el equipo más goleado de la liga con un promedio en contra de dos goles por partido. El descenso directo estaba a un punto. El Madrid galáctico naufragaba.

Zidane, individualmente, rendía. Era el máximo goleador de equipo, y destacaba por su calidad. Pero el Madrid obtenía mejores resultados cuando él no jugaba. Eran los mismos jugadores blancos los que justificaban el pobre desempeño en la liga en los problemas de Zidane para ajustarse tácticamente a las necesidades del equipo. El Madrid, argumentaban, había jugado la temporada anterior con dos medios defensivos definidos: Helguera y Makelele. La llegada de Zidane obligaba a plantear un rombo donde Makelele era el único medio defensivo definido. Éste llegó a afirmar en L’Equipe “que el Madrid no defendía como un equipo”.

Figo, el primer galáctico, había sido decisivo la temporada anterior, particularmente en ataque. Su capacidad de desborde y sus centros de rosca perfectos para Morientes, Guti o Raúl destrozaron defensas contrarias. Su rendimiento en la nueva temporada, sin embargo, no era el mismo. La explicación, según sus propias palabras, era simple: “Con un único medio centro debo defender más que con doble pivote”. No había necesidad de nombrar a Zidane para señalarlo con el dedo. Salgado, el correoso marcador derecho, venía a decir lo mismo: “ahora [sin Makelele y Helguera en la zona de volantes de contención] todos tenemos que estar más atentos en defensa“.

Mientras tanto, en la Champions League, sin Zidane por la mencionada sanción, el Madrid había logrado cuatro victorias en cuatro partidos, marcando 12 goles a favor y 2 en contra.

A pesar de ello, la prensa y afición reconocía que el fútbol de Zidane era el esperado. Incluso era visto como el mejor del equipo en el empate de local que antecedió a su debut en liga de campeones. En aquel partido ante el Celta, Vicente del Bosque, entrenador del Madrid retiró a Zidane a falta de 10 minutos. El Bernabéu explotó contra cuerpo técnico y jugadores: “¡fuera, fuera!“. Del Bosque diría después que “hasta mi mujer y mi hija de seis años me han preguntado por qué cambié a Zidane“. Era ya el mejor, pero el equipo no rendía con él.

El crack francés intentaba entender lo que pasaba: “Es verdad que nos falta compenetración, automatismos, el hecho de buscarse con los ojos cerrados”. Tales eran sus quejas ante la negativa de sus compañeros a devolverle la pared que con tanta calidad él proponía. De cara a su debut ante la Roma, Zidane lo tenía claro:  “los miércoles el equipo juega bien y gana y llega el sábado o el domingo y no funciona tan bien. Creo que sólo es un bache. Espero ganar al Roma porque si perdemos o empatamos será algo grave. Grave para mí”. No ganó el Madrid, pero tampoco perdió.

Afortunadamente para el Madrid existe el Barça. Y afortunadamente para el Barça, existe el Madrid. Cuando el uno o el otro está mal, ganar al eterno rival permite, al menos, campear el temporal. Y así sucedió con el Madrid. En noviembre de 2001, en la jornada 11, el Madrid venció 2-0 al Barcelona.  Los catalanes llegaban segundos, detrás del Deportivo; el Madrid era un equipo de media tabla: puesto 10. Terminada la jornada, el Barcelona era tercero y el Madrid séptimo. Se dio un respiro.

Aquella temporada, el Madrid terminó tercero, detrás de Valencia y Depor, pero, por encima de todo, logró su novena Copa de Europa. Venció en cuartos de final al Bayern Munich, en semifinales al Barcelona y, en la final, frente al Bayer Leverkusen, Zidane marcó uno de los mejores goles de la historia de la competición. La floja temporada liguera quedó para siempre oculta tras la gran temporada europea y el golazo de Zidane. El gol de la novena.

James llega al Madrid con 23 años. Zidane llegó con 29. Para entonces el francés ya era Campeón del Mundo, de Europa, de todo lo que había por jugar. Pero, como Zidane, la calidad de James nadie la discute. Se discute la ‘táctica’ que debe seguir el equipo. Al final, De Bosque, como años atrás Zagallo, entendió que la labor del entrenador consiste también en adaptarse para que los mejores rindan lo mejor posible. Ancelotti, el entrenador actual del Madrid, añorará a Di María porque era la pieza ideal para ajustar su esquema táctico. James, no es Di María. Aún es joven para saber hasta donde llegará. Pero insisto. Como Zidane, su calidad no se discute. Es labor del entrenador engranar las piezas.

La premisa del fútbol: pases y estrellas en los mundiales


Lo dijo el ‘Tata’ Martino: “el pase es la premisa del fútbol”. La idea, por supuesto, no es novedosa. Ya Bill Shankly, el legendario entrenador del Liverpool lo afirmó en los años sesenta: “Por encima de todo, el objetivo principal es que todo el mundo pueda controlar el balón y hacer lo básico del fútbol. Es control y pase , control y pase. Todo el tiempo”.

El pase, por tanto, es la premisa del fútbol hace muchos años. Pero, no todos son tan acertados en el pase. Hace un tiempo analicé el patrón de pase en los mundiales de fútbol desde 1966 a 2010. En esta entrada quiero revisar la eficacia en el pase de los jugadores que han participado en los mundiales, desde Inglaterra 1966 a Sur África 2010.

Los 3.651 jugadores para los que OPTA reporta información entre el mundial de Inglaterra 1966 y Sur África 2010, registran en promedio un acierto en el pase del 78,4% . Es decir, de cada 10 pases que intentan, casi 8 llegan a su destino. La participación de los futbolistas en los mundiales, por definición no es la misma. Algunos juegan muchos partidos, otros apenas unos minutos. Así que el ejercicio se enfoca en aquellos jugadores que disputaron al menos 45 minutos en un mundial. Son 2.956 jugadores que cumplen esta condición. Su porcentaje de acierto en el pase es de 79,6%.

Quien menos acierto en la premisa del fútbol en un partido determinado es Thomas Enevoldsen, danés él, quien jugó 56 minutos en 2010. Empezó de titular pero su relevo parece explicarse fácilmente. Medio campista, acertó 4 de los 10 pases que intentó. La siguiente tabla ilustra el porcentaje de acierto en el pase para los 2.956 jugadores. Oscila entre el 0,4 del mencionado danés y 1.  Si, hay jugadores que tienen récord perfecto de acierto en el pase. Pero están lejos de ser cracks. Joseph Marion Leandre, haitiano, jugó 65 minutos en Alemania 1974. Siendo defensa, intentó 23 pases y acertó todos. No se lo imagina uno arriesgando mucho el balón hacia adelante. Tanto José Fernández, con Perú en 1970 y Robert Huth con Alemania en 2006, participaron en un único partido. Siendo defensas de pocos pases y evidentemente poco riesgo, no sorprende el resultado.

Porcentaje Acierto Pases jugadores en los mundiales

De hecho, la gráfica sugiere que los grandes cracks de los mundiales son jugadores de media tabla. Maradona, Pelé, Cruyff, Teófilo Cubillas (Perú) o Bobby Charlton (Inglaterra) se muestran en la gráfica como jugadores promedio. El ‘Pibe’ Valderrama, el excelso conductor de Colombia en los años noventa, sobresale un poco más. Pero no llega a los niveles del ‘Kaiser’ Beckenbauer o Pirlo ni por supuesto de Xavi. El nivel de acierto de todos es superior a 0,8. Pero no es descollante.

La pregunta queda en el aire. ¿De verdad son estos cracks apenas pasadores de media tabla? Algunos puntos merecen anotarse. Primero, precisamente por su condición de cracks son jugadores que suelen estar en zona caliente, con rivales apretando. Segundo, el juego del equipo influye. Xavi, por ejemplo, está arriba por la forma como juega España, con mucha posesión en zona limpia de rivales, siempre esperando al profundizar eventualmente el juego. Tercero, los Pelé, Maradona y compañía, al participar más en el juego del equipo, realizan muchos pases. Más pases que el promedio.

Este último punto lo ilustra con mayor detalle la siguiente gráfica. En ella se pondera el acierto en el pase por el número de pases. De esta forma, aquel que acierte mucho porque realiza pocos pases tendrá un valor menor que aquel que acierte como jugador promedio (el caso de los cracks) pero realice muchos pases.

Porcentaje Acierto Pases jugadores en los mundiales ponderado

La percepción cambia totalmente. Los mejores jugadores ahora están entre los mejores de la historia de los mundiales (al menos desde 1966). Xavi y Beckenbauer son tercero y cuarto respectivamente, el ‘Pibe’ y Maradona comparten honores y los demás también se encuentra entre el 20% superior. Los datos para Pelé, el “peor” de esta muestra de estrellas, son apenas de sus dos últimos mundiales. No hay (o no conozco) datos para los partidos que jugó en 1958 y 1962.

Es decir, sí, los mejores jugadores también son superiores en el arte del pase. Son mejores porque tienen arte, meten goles, mueven un equipo. Pero también lo son porque cumplen con la premisa del fútbol: excelsos en el pase.

 

La decisión de Neymar. Adiós a la mística del Real Madrid

La primavera del 2011 trajo consigo una verdadera maratón de clásicos Real Madrid vs. Barcelona, los dos gigantes de la liga española. Quizás los partidos más notorios fueron los choques por la semifinal de la Copa de Europa. El partido de ida se jugó en el estadio Santiago Bernabéu. Allí el Barcelona de Guardiola tumbó por 0-2 al Madrid de Mou. La eliminatoria parecía sentenciada.




De cara al partido de vuelta, las palabras exactas de Guardiola fueron: “Un equipo que tiene nueve Copas de Europa nunca da un partido por perdido. Le he visto muchas veces, de niño, como jugador y como entrenador y no da nada por perdido.” Guardiola, como yo, creció en los ochenta. El Real Madrid no era el invencible equipo de Di Stéfano pero sí era un equipo que jamás daba un partido por perdido. Sus espectaculares remontadas en las Copas de la UEFA que ganó en 1985 y 1986 no son más que una pequeña muestra de un equipo cuya derrota sólo llegaba tras el pito del árbitro. Y las derrotas eran pocas.

La mística del Madrid era única. El Madrid, eliminado a finales de los ochenta en tres semifinales consecutivas de Copa de Europa era entonces el campeón moral. Ellos, sinceramente lo sentían, eran los mejores del mundo. Lo sucedido no tenía más explicación que la mirada odiosa de los dioses del fútbol. En aquellos años el Madrid era el destino preferido de los mejores jugadores del mundo. Era el pináculo de su carrera.

El dream team de Cruyff, tras sus cuatro ligas consecutivas entre 1991 y 1994, no logró mermar la imagen única del Real Madrid. Si el Barça con Cruyff por fin logró ganar una Copa de Europa, la de 1992 en Wembley, el Madrid se alzó con tres en 1998, 2000 y 2002. Nuevamente los mejores del mundo ansiaban vestir la camisa blanca. No era sólo el “traidor” Figo, era también Zidane, el ex-cule Ronaldo y el mítico Beckham quienes sentían que su nombre debía ligarse al equipo dueño de la camiseta más histórica del mundo.

Beckham, en 2003, rechazó al Barça quién debió conformarse con la segunda opción: Ronaldinho. Allí comenzó un cambió de imagen. Curioso, Florentino Pérez, el presidente más poderoso económica y políticamente que ha tenido el Madrid desde los tiempos de Santiago Bernabéu logró destruir el mayor activo intangible del Real Madrid: ser la institución mítica por excelencia en el mundo del fútbol. Lo que se denominaba el “señorío”  del Real Madrid.

El “señorío” era lo que diferenciaba al Madrid del resto, particularmente del Barcelona. Si del Barça se iban peleados Schuster, Maradona o Ronaldo, del Madrid sus grandes ídolos salían agradecidos.

Florentino comenzó a destruir el “señorío” cuando echó al Del Bosque. Simplemente necesitaba una “libreta más moderna”. El tiro le salió por la culata. El Madrid llegó a estar tres temporadas sin títulos, lo nunca visto. En las últimas 10 temporadas, el Real Madrid apenas ha ganado tres ligas. En ese mismo período 6 ganó el Barcelona. Tres Copas de Europa tuvieron color blaugrana. El Madrid, de manera inconcebible, ahora celebra jugar la semifinal. 10 entrenadores ha tenido la casa blanca desde que echaron al Del Bosque. El undécimo está en camino.

Del Real Madrid salieron ídolos como Hierro, Guti y sobretodo Raúl González por la puerta de atrás. Iker Casillas está por salir igual, maltratado por Mourinho a quién la directiva encabezada por Pérez le dieron un poder jamás imaginado en el Madrid.

La madriditis del Barcelona de los ochenta es hoy la barcelonitis del Madrid. Si en los ochenta las continuas derrotas del Barça se justificaban en el apoyo institucional a favor del Madrid, hoy, desde todos los estamentos blancos, prensa, afición y el mismo equipo, se intenta justificar esas derrotas en el apoyo institucional a favor del Barça.

El Barcelona tuvo mucha suerte. Beckham quizás hubiese triunfado en el Barça, fue un profesional como pocos en el fútbol. Pero jamás habría dejado una huella como la que dejó Ronaldinho. Su fútbol mágico, de la mano de Rijkaard y acompañado de la consolidación de una generación única que venía de las inferiores llevó al Barça a ser de cara al mundo la cara alegre del fútbol.

No obstante la cara alegre de Ronaldinho, el Madrid mantenía su mística. Por ello Cristiano Ronaldo, el mejor jugador del mundo en el mercado, aceptó en 2009 ir al Real Madrid por encima de las intenciones de cualquier otro gran equipo. Siendo el crack que es, con el Madrid apenas ha conquistado una Liga, una Copa del Rey y una Supercopa de España. Poco bagaje para un crack que salió de Manchester buscando ampliar su palmares.

Neymar, el joven ídolo brasileño es el próximo crack del fútbol mundial. Al menos así lo vende el mercadeo brasileño. Su triunfo en Europa está por ver. Su traspaso del Santos a Europa fue, como tantas otras veces, una puja entre Real Madrid y Barcelona por hacerse con los servicios del mejor jugador del mundo disponible en el mercado. El Real Madrid, según algunas fuentes, habría pagado los 100 millones de euros que suponía traer a Neymar a la casa blanca. La cifra sale de los 40 millones con que debía indemnizar al Barça, más lo del Santos y comisiones. El Barcelona dicen, habrá gastado en la operación 54 millones de euros. Además, el Real Madrid ofrecía a Neymar 11 millones de euros, un sueldo equiparable al de Cristiano Ronaldo y Kaká en el Madrid. El Barcelona “apenas” 7 millones.

El Santos aceptó tanto la oferta del Madrid como la del Barça. La decisión final la dejó en manos de Neymar. Éste eligió al Barça. Es un golpe muy duro para el Real Madrid. No porque Neymar sea o no el próximo número uno del fútbol mundial. Es un recto a la mandíbula porque representa el fin de la mística del Madrid. Ya los mejores del mundo no piensan que el blanco sea el pináculo de su carrera. Lo construido por el Madrid desde 1953 cuando arribó Di Stéfano lo destruyó Florentino Pérez en apenas 10 años.

El Madrid, por supuesto, no está acabado. Pero su imagen está muy golpeada. Cristiano Ronaldo, su buque insignia, no quiere renovar su contrato. Éste vence en 2015. Es decir, si Ronaldo lo decide, abandonaría el equipo merengue en verano del 2014. Caso contrario el Madrid corre serió riesgo de no ingresar nada por su traspaso.

Guardiola lo decía. El Madrid no se rinde. En diciembre del 2012 el Madrid estaba renunciando a la liga. Algo impensable hasta hace muy poco. El denominador común es su presidente, Florentino Pérez.

 

El mejor futbolista de la historia. Los cinco del Olimpo

El debate sobre el mejor jugador de todos los tiempos es tanto o más apasionante que aquel sobre el mejor equipo del mundo. Como con los equipos, un buen número de “expertos” censura este debate. Argumentan, no sin razón, que comparar jugadores de diferentes épocas y que juegan en diferentes posiciones es elegir entre peras y manzanas. Puede ser cierto, pero esta es una discusión que ningún aficionado al fútbol puede eludir.



El Olimpo del fútbol está reservado para aquellos que marcaron una época y cuya leyenda trasciende sus años dorados. No es sorpresa que esté altamente correlacionado con aquella de los mejores equipos del mundo. Al fin y al cabo ya anotamos que una característica común de los mejores equipos de la historia era que contaban con un jugador franquicia.

La FIFA a finales del siglo XX decidió elegir al mejor jugador del siglo mediante una votación por Internet. La idea se les enredó. En el ciberespacio ganó Maradona. Pero el ciberespacio era en esa época territorio inexplorado por aquellos con edad para haber visto a Pelé en directo. La juventud, por el contrario, había visto en directo las hazañas de Maradona. Las de Pelé apenas las conocían por padres y abuelos. Y ya se sabe. Una imagen vale más que mil palabras. La FIFA decidió entonces ofrecer a ambos cracks compartir el premio. Maradona no aceptó. Pelé tampoco. Sus palabras fueron: “Antes de hablarme a mí, Maradona debería pedir permiso a Sócrates, Tostao, Zico, Romario y a tantos otros jugadores brasileños. Y luego de hablar con ellos, tendría que pedir permiso a Di Stéfano y a Moreno”. La decisión pasó por entregar dos premios. Uno a Maradona como ganador de la encuesta por Internet. Otro a Pelé, nombrado mejor jugador del siglo por el comité de técnicos de la FIFA. Una solución salomónica que no dejó satisfecho a nadie.

Escoger uno es casi imposible. Pero sí hay un ramillete de jugadores que están en todas las quinielas. Pelé, Maradona, Cruyff y Di Stéfano están entre los cinco mejores jugadores de todos los tiempos para la práctica totalidad de aficionados y profesionales relacionados con el mundo del balón. No hay una encuesta universal. Al menos no la conozco, pero esa es mi percepción.

Algunos, quizás los más jóvenes, incluyen a figuras como Ronaldo (el brasilero) o Zidane entre los mejores jugadores de la historia. No les faltan méritos objetivos. Ambos campeones del mundo, Ronaldo máximo goleador histórico de los mundiales, Zidane lo ganó todo a nivel de selección y de clubes. Pero les faltó ese intangible para entrar al Olimpo. Un intangible indescriptible que quizás tenga que ver con la leyenda propia de jugadores o con el hecho de que ninguno jugó en uno de los mejores equipos de toda la historia. Ambos, es cierto, coincidieron en el Madrid de los “Galácticos”. Aquel que armó Florentino Pérez trayendo a los mejores jugadores del momento. Primero llegó Figo (en el 2000), luego Zidane (2001), Ronaldo (2002) y por último David Beckham (2003). Aquel equipo “Galáctico” ganó la liga de 2001, la Liga de Campeones en 2002 y su correspondiente Copa Intercontinental. En aquel equipo no jugaba Ronaldo. Ambos si estarían en la liga conquistada en 2003. A pesar de estos triunfos pocos, incluso entre los madridistas más acérrimos, se atreverían a poner a aquel equipo al nivel del Madrid de las 5 Copas de Europa.

Pero sí Zidane y Ronaldo no llegan al podio, si hay un quinto candidato que juega entre nosotros en la actualidad: Lionel Messi. Su nombre genera polémica por diferentes razones. Sobre todas destaca la polarización que vive el mundo futbolístico entre barcelonistas y madridistas. Los azulgrana los defienden, los blancos lo repudian. Otros, más objetivos, argumentan que sus triunfos en el Barcelona no se corresponden con su éxito en la selección nacional. Participó decisivamente en el torneo olímpico que ganó Argentina en China 2008. Pero en Copa América y, particularmente, en mundiales no ha podido triunfar. En 2007, en la Copa América de Venezuela la albiceleste partía favorita para ganar el partido decisivo a Brasil. Pero un sorpresivo 3-0 evitó que la selección Argentina levantara un trofeo que no obtiene desde 1993.

Messi ha jugado dos mundiales, en Alemania 2006 y en Sur África 2010. Al primero llegó joven, era suplente y aunque marcó un gol frente a Serbia su papel era secundario. Tan secundario que en cuartos de final Pekerman, el entrenador argentino, se negó a meterlo para rematar el partido que ganaban 1-0 frente al anfitrión. Cuando el mundo esperaba la entrada de Messi para aprovechar los huecos que dejaban los alemanes desesperados por alcanzar el empate, Pekerman se decidió por el rocoso delantero del Inter de Milan, Julio Cruz. El resultado final fue de empate a uno y la posterior eliminación desde el punto de penal.

Cuatro años después, Messi llegó como líder de un equipo que entrenaba Diego Armando Maradona. Ni Messi fue el líder que todos esperaban, ni Maradona era el entrenador que sólo él se imaginaba. Alemania le pasó por encima a Argentina en cuartos de final. Messi no marcó un solo gol en aquel mundial.

Pero siguió ganando y rompiendo récords. Y camino a Brasil 2014 su peso en la selección Argentina ha subido enteros. Para ser el mejor de la historia, como demuestran el caso de Cruyff o Di Stéfano, no hay que ganar un mundial. Pero si lo gana, nadie lo pondrá en duda. El debate sobre la presencia de Messi en el Olimpo continúa. Yo creo que ya entró. Pero el mejor sigue siendo Pelé!

Votemos sobre el mejor futbolista de la historia. Yo, definitivamente, creo que está entre estos cinco. Pero la libertad de opinión es norma en Gol y Fútbol. Puede votar por otro. En los comentarios (no es necesario registrarse) puede indicarnos cual fue la “otra” elección.

Quién ha sido el mejor futbolista de la historia?

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